11 de marzo de 2014

Ramón Pérez de Ayala, poeta, narrador, ensayista, periodista y diplomático español, nacido en Oviedo

Ramón Pérez de Ayala, proyecto de cosmopolita y novelista de Oviedo.

                              Retrato de Ramón Pérez de Ayala de Joaquín Sorolla
http://ignaciogracianoriega.net.
Si Clarín es el «provinciano universal», Ramón Pérez de Ayala reúne en su persona y actitudes, con bastante eficacia, esos dos rasgos distintivos del asturiano de ley, el provincianismo (y en su caso, más exactamente, el localismo) aunado con el universalismo, que es de estirpe superior al cosmopolitismo, que se queda en un universalismo que no va más allá de la agencia de viajes y de los hoteles internacionales. Pérez de Ayala, en sus novelas, no va más allá de Pilares, de Canciella y del valle de Congosto, capital Reicastro, y de Madrid, que es la meta de todo provinciano, como la de un argentino es París, en «Troteras y danzaderas». Entendiendo bien este rasgo, el gran crítico alemán Ernest Robert Curtius escribe, en sus «Ensayos críticos acerca de la literatura europea», que «al lector superficial las novelas de Pérez de Ayala pueden parecerle productos de un regionalismo literario; pero, en realidad, Pilares no es más que la localización casual de su existencia, desde la cual abarca con clara mirada el conjunto de la naturaleza y de la vida. Esta patria asturiana del escritor, con sus cumbres rocosas y verdes valles, con sus antiguas y adormecidas ciudades, linda, sin embargo, con el mar del mundo, y su rugido es perceptible en sus páginas como la voz de una fuerza elemental. Pilares o Congosto son algo más que unas ciudades provincianas pintorescas o arcaicas, son también algo más que «el ombligo del mundo», que es como las conciben los políticos de campanario y los intelectuales de café que en ellas residen: son símbolos universales de la vida del hombre en la tierra, esta vida que puede convertir en infierno o en paraíso tanto los escenarios franconianos de Jean-Paul como los asturianos de Pérez de Ayala». En esta fusión de localismo y universalismo, Curtius señala que «la imaginaria Pilares, una ciudad de provincia del norte de España, en la obra total de Pérez de Ayala posee la misma significación central que Dublín en la obra de Joyce».
                                        Ramón Pérez de Ayala y su mujer
Entre Ramón Pérez de Ayala y James Joyce, aunque sean de grado muy distintos sus respectivas categorías y significaciones literarias, existen coincidencias evidentes: ambos pertenecían a familias burguesas, ambos estudiaron con los jesuitas, de los que recibieron una buena preparación clásica; ambos abandonaron sus ciudades de nacimiento muy pronto, para no regresar a ellas, aunque, en el aspecto literario, Dublín jamás abandonó a Joyce, como Oviedo no abandonó a Pérez de Ayala, de quien fue una constante referencia y un vivo recuerdo. Cuando, durante su exilio en Argentina, le encargan escribir un prólogo a tres novelas cortas de Clarín, Pérez de Ayala evoca con nostalgia su etapa de estudiante en la Universidad de Oviedo, en la que se produjo un hecho revolucionario trascendental: los catedráticos dejaron de usar almadreñas para calzar chanclos Boston. Ayala, alejado de Asturias físicamente, siempre estuvo ligado a ella sentimental e intelectualmente, y en «lugar asturiano» reúne páginas muy hermosas, que patentizan un asturianismo de excelente ley.
Pérez de Ayala es un escritor extraño, ya que cierra su obra narrativa (por la que en su tiempo era más conocido) demasiado pronto. Publica sus novelas entre 1907 («Tinieblas en las cumbres») y 1929 («La revolución sentimental»), retirándose con esta narración del género narrativo. Tampoco vuelve a mirar hacia la Academia de la Lengua, de la que era miembro. A partir de entonces se dedica a asuntos públicos, a la política y a la diplomacia, y escribe preferentemente ensayos: género que se adecuaba mejor a su estilo pulido, artificioso, irónico, arcaizante, levemente humorístico, que se burla de sí mismo, que el género narrativo, muchas veces interrumpido por largos excursos o digresiones, a modo de expresiones ensayísticas intercaladas, que unas veces dispersan y otras detienen la acción. Como ensayista, Pérez de Ayala se manifiesta como uno de los escritores españoles más cultos de su tiempo.
Ramón Pérez de Ayala nació en Oviedo el 9 de agosto de 1880. Su padre era comerciante y banquero, y su quiebra, más adelante, constituyó una tragedia literal para la familia. Curiosamente, sus estudios secundarios se realizan fuera de Oviedo y siempre con jesuitas: primero en Carrión de los Condes y más tarde en Gijón. Julio Cejador, por entonces jesuita, le recuerda como «un artista y un extraordinario ingenio desde chiquitín». No obstante, Ayala no debió sentirse a gusto con los secuaces de San Ignacio, a quienes dedica una novela bastante adversa, «A. M. D. G.», del mismo modo que James Joyce arregla cuentas con la misma orden o, como ellos prefieren decir, compañía, en «El artista adolescente». Sin embargo, muchos años después, reivindica a los jesuitas expulsados por Carlos III, en un célebre ensayo incluido en «Nuestro Séneca».
Los estudios universitarios, de Derecho, los realiza en Oviedo. Aquellos años que le correspondieron permanecer en ella fueron los mejores de la Universidad de Oviedo, los de Clarín, Aramburu, Álvarez Buylla, Altamira, Canella... Sin embargo, Pérez de Ayala, como era habitual entre los señoritos españoles hasta época reciente (¡es prodigiosa la cantidad de veces que aparece la palabra «señorito» en sus primeras obras!), nunca abrigó el proyecto de ejercer como abogado. Como tanteo, publica su primer artículo, de crítica literaria, en el diario ovetense «El Progreso de Asturias», y funda en Oviedo con otros dos estudiantes, Benito Álvarez Buylla y Román Álvarez, el periódico satírico «Leño», que no tardó en prohibir el gobernador civil. Por aquel entonces empezaban a manifestarse el localista y el cosmopolita: salía de Oviedo lo mismo para ir a Noreña que para ir a Londres.
                       Retrato de Ramón Pérez de Ayala.
En Londres recibe la fatal noticia de la quiebra y suicidio de su padre. Regresa de allá luciendo chalecos de fantasía, abrigos de lord y sombreros fastuosos, pero Juan Ramón Jiménez, que las veía (y los veía) venir, le describe con un horrible traje de carbonero asturiano. En 1904 estrena en el teatro Campoamor de Oviedo una adaptación de «La intrusa», de Maurice Maeterlinck (obra que inspiraría, según parece, «La dama del alba», de Casona) y en 1904, su primer libro, un volumen de poesías, «La paz del sendero», en el que aplica procedimientos modernistas para la evocación de la tierra asturiana. En 1907 aparece su primera novela, «Tinieblas en las cumbres», para la que emplea el seudónimo de Plotino Cuevas.
Poco a poco Pérez de Ayala va abriéndose paso como escritor en Madrid, aunque reconoce que sus novelas le producen muy poca ganancia, circunstancia habitual que le obliga a colaborar de modo asiduo en la prensa diaria, gracias a lo cual puede vivir pasablemente y hasta comprarle algún juguete a su hijo. Hombre de ideas liberales, toma partido por los aliados durante la Gran Guerra, lo que es motivo para que sea invitado, junto a otros intelectuales españoles igualmente favorables (Ramón del Valle Inclán, Azorín, Manuel Azaña, etcétera), a visitar los frentes de guerra: de su estancia en los de Italia surge el libro «Hermann Encadenado». A esta época se remonta su amistad con Clemenceau, a quien inició en las delicias de la degustación del queso de Cabrales, reconociendo el «Tigre» que se trataba de un queso digno de figurar al lado de los grandes quesos azules y franceses.
Poco a poco va acercándose a la política, militando en el Partido Reformista de su paisano Melquíades Álvarez, y después de ser vicepresidente del Círculo de Bellas Artes de Madrid en 1930 (por aquellos días, se conspiraba en todas partes), constituye con José Ortega y Gasset y Gregorio Marañón la asociación «Al servicio de la República» (una República, obviamente, moderada). Esta república (que muy pronto dejó de ser moderada) le nombra director del Museo del Prado, y poco después embajador en Londres, sin que renunciara a la dirección del museo. Hábil navegante en el oscuro mar de la política republicana, consiguió mantenerse en la Embajada de Londres hasta el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936. Al comienzo de la guerra civil se exilia a París: era natural que un liberal como él no aprobara la política y los desmanes de la conjunción de socialistas y separatistas. Juzgando Ayala sensatamente que Europa era plaza poco segura, con los soviéticos en Rusia acechando tanto como los nacionalsocialistas en Alemania, se exilia a Lima primero y a Argentina después, regresando a Madrid en 1954. En Madrid muere en 1962. Durante este tiempo fue un republicano que colaboró en la tercera de «ABC».
                    Placa a ramón Pérez de Ayala en Oviedo - "Autor" - Belarmino Cabal, 1980.

FUENTE:  José Ignacio Gracia Noriega - Publicado por  La Nueva España el 25 de agosto de 2005.
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Pérez de Ayala y Fernández del Portal, Ramón (1880-1962).

http://www.mcnbiografias.com.
Poeta, narrador, ensayista, periodista y diplomático español, nacido en Oviedo el 9 de agosto de 1880 y fallecido en Madrid el 5 de agosto de 1962. Autor de una extensa y brillante producción narrativa que, desde el sarcasmo, la burla y el humor, pone de manifiesto un talante nihilista y pesimista heredero del legado intelectual y literario de algunos maestros de la Generación del 98, está considerado como uno de los novelistas más destacados de la literatura española de la primera mitad del siglo XX. Por la hondura y calidad de esta sobresaliente producción literaria, fue elegido miembro de número de la Real Academia Española de la Lengua en 1928.

Vida y obra.

Nacido en el seno de una familia acomodada, recibió las aguas bautismales en la iglesia ovetense de San Isidoro, adonde había sido llevado por sus progenitores, don Cirilo Pérez de Ayala (oriundo de la Tierra de Campos leonesa) y doña Luisa Fernández del Portal (natural del concejo asturiano de Valdés-Luarca). Desde su temprana infancia dio muestras de poseer una viva inteligencia natural que aconsejó a sus padres proporcionarle una esmerada formación académica, por lo que, con tan sólo nueve años de edad, quedó ingresado en el colegio de San Zoilo, sito en Carrión de los Condes (Palencia) y regentado por padres jesuitas. Dos años después, regresó a tierras asturianas para cursar estudios de bachillerato en el colegio gijonés de la Inmaculada Concepción, perteneciente también a la compañía de Jesús, en donde obtuvo el grado de bachiller a los quince años de edad.
En 1895, el joven Ramón Pérez de Ayala se matriculó en la Universidad de Oviedo para realizar el curso preparatorio de Ingenieros; un año después, realizó un primer curso de Ciencias, aunque pronto abandonó estos estudios técnicos y científicos para pasarse a las disciplinas humanísticas. Ingresó, así, en la Facultad de Derecho de dicho centro superior, donde tuvo la fortuna de contar con algunos maestros de la talla de Leopoldo Alas (1852-1901), más conocido por su pseudónimo literario de "Clarín". Licenciado en Derecho en 1901, marchó a Madrid para realizar el doctorado en Leyes en la Universidad Central, así como nuevos estudios de Filosofía y Letras.
Poco después, Pérez de Ayala se dio a conocer como escritor por medio de un libro de poemas que, presentado bajo el título de La paz del sendero (1903), ponía de manifiesto la influencia -en estos primeros compases de su trayectoria literaria- del movimiento modernista, al que se había adscrito el autor ovetense en sus recientes colaboraciones literarias publicadas en la revista Helios. Los elogios dedicados a este libro -entre ellos, los del gran vate nicaragüense Rubén Darío (1867-1916)- animaron al joven escritor a seguir cultivando el género poético, aunque no volvió a dar a la imprenta un nuevo volumen de versos hasta mediados de la década siguiente, cuando, ya consagrado como novelista de éxito, publicó El sendero innumerable (1916), obra en la que el furor modernista -tanto el los temas como en la expresión- había cedido paso a una poesía mucho más sobria e intelectual, dotada a veces de una profunda carga ideológica. Esta evolución en su trayectoria lírica quedó confirmada plenamente a comienzos de los años veinte, cuando publicó su tercer volumen de poemas, titulado El sendero andante (1921). Esta trilogía poética, centrada en el paisaje de su Asturias natal, revela la consistencia del escritor elegante, conceptuoso y preciso que se asoma también a sus novelas, en las que, por no desmentir su condición de poeta, se sirve en numerosas ocasiones del verso para orientar al lector en la trama argumental. Tanto era así, que a mediados de la segunda década del siglo XX publicó un libro titulado Tres novelas poemáticas de la vida española (1916), obra que, ya desde el privilegiado frontispicio de su epígrafe, deja patente la inclinación del escritor asturiano hacia el género poético.
 Un buen ejemplo del que hacer poético de Ramón Pérez de Ayala -poco conocido incluso entre sus lectores habituales, debido al mayor peso específico de su prosa de ficción- es el poema titulado "El ideal", del que a continuación se copian algunos versos: "Una casa, y no más; blanca y sencilla, / lejos del mundo y de los hombres vanos. / Un huerto en que frutezca la semilla / por la virtud humilde de mis manos / y del sudor labriego de mi frente. / Una vida sin odios cortesanos; / no incertidumbre del placer presente, / no angustia mensajera del mañana, / ni envidias, donde el mal abre su fuente. / Una vivienda pobre y aldeana, / cerca del bosque, y que del mar, amigo / de mi risa infantil, no esté lejana. / En su quietud, a solas, sin testigo, / he de labrar el alma como el huerto, / del vendaval poniéndome al abrigo. / Mi brazo en la labranza se hará experto. / Aguzaré del alma las pupilas, / cuando en negrura el orbe esté cubierto / y las obras de Dios yazgan tranquilas. / Morderé, de la amada biblioteca, / la fruta idónea, entre apretadas filas, / cuyo zumo no se agria ni se seca. / El alma vestiré del recio lino / que la historia hubo hilado con su rueca [...]".
En 1907, ya firmemente decidido a orientar su creatividad por el sendero de la literatura, Pérez de Ayala marchó a Inglaterra para ampliar sus estudios, actividad que compaginó con su trabajo como corresponsal en Londres del rotativo madrileño El Imparcial, caracterizado por su radicalismo ideológico. Emprendió, entonces, una fructífera trayectoria literaria que le llevó a publicar, en el transcurso de aquel mismo año, la novela breve Artemisa (1907) -aparecida en la célebre colección "El cuento semanal"- y su primera narración extensa, titulada Tinieblas en las cumbres (1907). Publicada bajo el seudónimo de Plotino Cuevas (autor inexistente al que se atribuye la redacción del manuscrito, que lleva por subtítulo "Historia del libertinaje") esta primera novela de Ramón Pérez de Ayala se desarrolla en una ciudad denominada Pilares, nombre con el que el escritor asturiano -como ya hiciera su maestro "Clarín" con Vetusta- alude a su Oviedo natal. Las principales características del estilo narrativo de Pérez de Ayala estaban ya presentes en esta opera prima, marcada por su tendencia al realismo, su enfoque satírico y su descarnado pesimismo.
Al cabo de un año, el inesperado suicidio de su padre le forzó a regresar apresuradamente a España; se instaló entonces en Madrid y comenzó a colaborar asiduamente en diferentes periódicos y revistas, como El Heraldo, Alma Española, El Liberal y el ya citado cotidiano El Imparcial. Emprendió, por aquel tiempo, numerosos recorridos por diversos países de Europa (Inglaterra, Francia, Italia, etc.), y continuó desplegando una intensa actividad literaria que arrojó por fruto una nueva novela corta, Sonreía (1909), publicada en la colección "Los contemporáneos". Pero su primer gran éxito literario lo alcanzó, un año después, con la novela extensa titulada A.M.D.G. (1910), siglas de Ad Maiorem Dei Gloriam, el lema de los jesuitas que tan bien conocía Pérez de Ayala, por su educación primaria y secundaria. En ella trata el tema de la educación, desde su óptica satírica y corrosiva, siempre encaminada a poner de manifiesto la escasa formación pedagógica de los maestros de la Compañía de Jesús y, en general, de todas las instituciones religiosas. Logró, así, levantar una viva polémica intelectual entre los partidarios y detractores de sus tesis, y originó un escándalo en el seno de la Iglesia que le granjeó una enorme notoriedad.
                    Ramón Pérez de Ayala en el jardin de la casa de sorolla sorolla-1920
 La buena acogida dispensada a esta narración extensa propició que Ramón Pérez de Ayala, haciendo alarde de su envidiable fecundidad literaria, continuase la historia por medio de otras dos entregas novelescas, La pata de la raposa (1912) y Troteras y danzaderas (1913), en las que reaparece el protagonista de A.M.D.G., llamado Alberto Díaz de Guzmán y presentado como un trasunto literario del propio autor ovetense. El mismo año de la aparición de la novela citada en último lugar -en la que resulta impagable su reflejo de la vida bohemia en el Madrid de la época-, Pérez de Ayala contrajo nupcias en la capital de España con Mabel Rick, y consiguió un empleo como funcionario en el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes.
Seguía, entretanto, cultivando el periodismo con enorme fortuna entre su legión de lectores, trayectoria que se plasmó luego en otros medios tan divulgados como el rotativo ABC, Los lunes de El Imparcial, El Gráfico, etc. Durante la Primera Guerra Mundial, su prestigio periodístico y literario le sirvió para ejercer de corresponsal, en varios puntos de Europa, del diario bonaerense La Prensa, lo que no le impidió seguir desplegando una intensa labor literaria que dio pie, a mediados de la segunda década del siglo XX, a la aparición de las ya mencionadas Tres novelas poemáticas de la vida española (1916), volumen que recogía las narraciones breves Prometeo, Luz de domingo y La caída de los limones. A partir de estas tres obras, la narrativa de Pérez de Ayala emprendió un nuevo rumbo en el que predominaba la reflexión intelectual en los aspectos ficticios abordados y la proyección simbólica de los personajes, concebidos ahora como paradigmas de diferentes posturas humanas ante la realidad circundante.
Infatigable en su dedicación a la escritura, al año siguiente dio a la imprenta una colección de ensayos titulada Hermann encadenado. Libro del espíritu y del arte italiano (1917), a la que siguió otro ensayo bajo el sugerente título de Política y toros (1918) y la publicación de Las máscaras (1919), una recopilación de las críticas teatrales que, con notable seguimiento por parte de los lectores, había dejado impresas en los medios de comunicación entre 1917 y 1919. En este último año le fue otorgada una beca de la Junta de Ampliación de Estudios para cubrir los gastos de desplazamiento y estancia en los Estados Unidos de América, país en el que permaneció por espacio de diez meses. A su retorno a España, reanudó sus tareas de funcionario y continuó escribiendo con tenacidad e inspiración, para dar a los tórculos a comienzos de la nueva década la que habría de ser considerada unánimemente, por parte de la crítica y los lectores, como su obra maestra. Se trata de la narración extensa titulada Belarmino y Apolonio (1921), un texto de complejo entramado argumental en el que sobresale, por encima de esta riqueza de contenidos, el esfuerzo de Pérez de Ayala por renovar formalmente la narrativa tradicional española.
Ya consagrado entre las grandes figuras de la cultura española de su tiempo, en 1923 se distinguió por ser uno de los escasos intelectuales -junto con Miguel de Unamuno (1864-1936) y Manuel Azaña (1880-1940)- que protestaron airadamente contra el golpe de estado llevado a cabo, el día 13 de septiembre, por Miguel Primo de Rivera (1870-1930), con lo que volvió a dejar patente su ideología progresista y su firme rechazo de las fuerzas reaccionarias: el conservadurismo político, la Iglesia católica, los partidarios de la monarquía títere de Alfonso XIII (1886-1941), etc. Esta vinculación a la política activa no fue óbice para que siguiera escribiendo con la misma feracidad de tiempos pasados, como quedó patente en la aparición, aquel mismo año, de Luna de miel, luna de hiel y Los trabajos de Urbano y Simona (1923), una misma novela presentada en dos volúmenes independientes.
Tras la publicación, al años siguiente, de varias novelas breves compiladas en el libro titulado Bajo el signo de Artemisa (1924), dio a la imprenta el volumen de cuentos El ombligo del mundo (1925) y la célebre novela Tigre Juan (1926), continuada por El curandero de su honra (1926). En estas dos últimas narraciones extensas -en realidad, una misma obra dividida en dos entregas, como las citadas en el parágrafo anterior-, Pérez de Ayala abordó, con su acostumbrado humor pesimista, el espinoso asunto del honor conyugal.
Pérez de Ayala empezó como crítico teatral comentando en la revista Europa -marzo de 1910.

La obtención del Premio Nacional de Literatura en 1927 y su ingreso en la Real Academia Española al año siguiente fueron dos pruebas fehacientes de la importancia que había cobrado la obra del escritor ovetense en el panorama cultural español del primer tercio del siglo XX. Fruto de este relieve adquirido en la vida pública fue su progresivo abandono de la ficción literaria y su implicación directa en la política española del momento, que alcanzó su máxima expresión en 1931, cuando, a raíz del advenimiento de la Segunda República, Ramón Pérez de Ayala firmó, junto al filósofo madrileño José Ortega y Gasset (1883-1955) y al médico y humanista -también capitalino- Gregorio Marañón (1887-1960), el manifiesto "Al servicio de la República", en el que los tres aventajados intelectuales hacían constar su deseo de trabajar firmemente en pro de la consolidación del nuevo régimen político. Así las cosas, las primeras autoridades republicanas nombraron a Pérez de Ayala director del Museo del Prado, cargo que compaginó con las obligaciones derivadas de su nueva condición de diputado en Cortes.
En 1932, su apoyo incondicional a la Segunda República le valió su designación como embajador español cerca de Londres, en donde permaneció hasta 1936. A comienzos de dicho año, descontento con la política adoptada por el Frente Popular, dimitió de su cargo diplomático y regresó a España, para encontrarse de inmediato con el violento estallido de la Guerra Civil; a tal extremo había llegado su desacuerdo con las últimas autoridades republicanas, que tomó entonces la extraña decisión de enviar a sus dos hijos varones a luchar como voluntarios al lado de las tropas sublevadas, decisión que, dos años después, se creyó obligado a explicar en una "Carta abierta" publicada en tabloide londinense The Times. Entretanto, había abandonado España a finales de 1936 para instalarse provisionalmente en Francia, donde residió primero en París y, poco después, en la localidad costera de Biarritz. Este exilio le condujo luego hasta Buenos Aires, ciudad en la que vivió cómodamente merced al sueldo de funcionario que, mantenido por las nuevas autoridades franquistas, le llegaba puntualmente a través de la Embajada. El viraje ideológico que había hecho público a comienzos de la contienda fratricida propició que nunca fuera perseguido por el nuevo régimen, que permitió incluso que realizara varias visitas a España. Finalmente, retornó a su país natal en 1954 y reanudó su actividad literaria, aunque ahora volcada hacia el campo genérico del ensayo, al que aportó algunos libros tan notables como los titulados Divagaciones literarias (1958), El país del futuro (1959) y Fábulas y ciudades (1961). Un año antes de su muerte -sobrevenida en Madrid en el estío de 1962, cuando estaba a punto de alcanzar los ochenta y dos años de edad-, dio a la imprenta un libro de memorias titulado Apuntes y recuerdos (1961).

                 Ramón Pérez de Ayala, poeta, narrador, ensayista, periodista y diplomatico español

Bibliografía.

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  • AMORÓS, Andrés. La novela intelectual de Ramón Pérez de Ayala (Madrid: Gredos, 1972).
  • AMORÓS, Andrés. Vida y literatura en «Troteras y danzaderas» (Madrid: Castalia, 1978).
  • AMORÓS, Andrés. Ramón Pérez de Ayala, 50 años de cartas íntimas (1904-1956) a su amigo Miguel Rodríguez Acosta (Oviedo: Caja de Ahorros de Asturias, 1980).
  • BOVES NAVES, María del Carrnen. Gramática textual de «Belarmino y Apolonio» (Madrid: Planeta, 1977).
  • COLETES BLANCO, Agustín. Gran Bretaña y los Estados Unidos en la vida de Ramón Pérez de Ayala (Oviedo: Instituto de Estudios Asturianos, 1984).
  • COLETES BLANCO, Agustín. La huella anglonorteamericana en la novela de Pérez de Ayala (Murcia: Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Murcia, 1987).
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  • FERNÁNDEZ AVELLO, Manuel. El anticlericalismo de Pérez de Ayala (Oviedo, 1975).
  • FERNÁNDEZ AVELLO, Manuel. Recuerdos asturianos de Ramón Pérez de Ayala (Oviedo: Biblioteca Popular Asturiana, 1980).
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  • VIÑUELA, Miguel. Desmitificación y esperanza en la novela de Pérez de Ayala (Oviedo: Instituto de Estudios Asturianos, 1991).

Autor.

  • J. R. Fernández de Cano.
                         Ramón Pérez de Ayala (1880-1963)

FUENTE: Texto extraido de:  http://www.mcnbiografias.com
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