31 de enero de 2016

El Infante Alfonso Enríquez, primer conde de Gijón

La olvidada casa real de Trastámara
El escudo de armas de Alfonso Enríquez
Se cumple el 660.º aniversario del nacimiento del Infante Alfonso Enríquez, primer conde de Gijón
«Castillo de Noreña» de José Manuel Fanjul Cabeza - [1]. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Castillo_de_Nore%C3%B1a.png#/media/File:Castillo_de_Nore%C3%B1a.png
Se cumple el 660.º aniversario del nacimiento del gijonés, el Infante Alfonso Enríquez (Cimadevilla-Gijón 1355) I Conde de Gijón. Heredó el título de Conde de Noreña de Rodrigo Álvarez de las Asturias, que había fallecido sin descendencia, al ocupar Alfonso Enríquez una posición predominante en la nobleza asturiana por ser el hijo mayor del rey -aunque natural- y de Elvira Íñiguez de la Vega. Fué armado caballero por su padre el rey Enrique II en Santiago de Compostela y recibió el título de I Conde de Gijón y Conde de Trastámara. Ostentó estos otros: Señor de Ribadesella, Villaviciosa, Nava, Laviana, Cudillero, Luarca y Pravia. Señor de las dos Babias y Argüellos. Señor de Paredes de Nava, Sahagún de Campos, Valencia de don Juan, de Cabrera, y de Ribera de El Bierzo, entre otros títulos nobiliarios y territorios.
Sobrino de Pedro I el Cruel, hijo de Enrique II el de las Mercedes, hermanastro de Juan I y tio de Enrique III el Doliente, todos ellos de la Casa Real de Trastámara, emparentada con las Casas de Borgoña y de Braganza y de Lancaster. La última de los Trastámara fue Juana I la Loca -hija de los Reyes Católicos- que casó con Felipe I de Habsburgo el Hermoso, introduciéndose de esta manera "los Austrias" en España. La casa Real de Trastámara "produjo" reyes a Castilla y León, Aragón, Navarra, Portugal, Valencia, Mallorca, Sicilia y Nápoles, e indirectamente a Brasil.

30 de enero de 2016

La historia del desarrollo Industrial de Mieres del siglo XIX en un libro

Un archivo al alcance de todos
El libro de Félix Martín Vázquez y Rolando Díez González
Los datos, las historias y las anécdotas que encierra el libro "Desarrollo industrial de Mieres. Segunda mitad del siglo XIX"
Ilustración de Alfonso Zapico
Seguro que llamo su atención si les digo que hubo mierenses trabajando en la Gran Muralla China, pero más les va extrañar si añado que dormían cada noche en Ujo o Santullano.
Para solucionar el misterio debemos acudir al libro "Desarrollo Industrial de Mieres. Segunda mitad del siglo XIX", donde sus autores nos informan de que este fue el nombre que llevaba una mina de carbón registrada entre las dos localidades mierenses en 1898 por Pedro Vercier Rivoir.
Sorprende conocer cómo entre 1835 y 1900 hubo en el concejo de Mieres nada menos que 1.169 registros mineros y más aún al verlos repartidos por parroquias: 30 en Seana, 76 en Figaredo, 52 en Ujo o 128 en Gallegos, por ejemplo.
¿Cuántas de estas explotaciones seríamos capaces de localizar actualmente? ¿Qué ilusiones tuvieron que despertar en sus propietarios? ¿A cuántas familias dieron de comer y qué dramas albergaron sus galerías?
Félix Martín Vázquez y Rolando Díez González las han clasificado todas -abarcando las de hulla, hierro y cinabrio-, citando su ubicación, la fecha en que se inscribieron en la notaría y el nombre de sus titulares. Es un regalo para la imaginación intentar adivinar la razón de algunos de sus nombres. Abundan, por supuesto, los de mujeres, de santos o de lugares, pero junto a ellos hay también otros que invocan la esperanza e incluso las que recuerdan la fatalidad.

28 de enero de 2016

Gumersindo Díaz Morodo (Bori), periodista de Cangas del Narcea - (Asturias)

«Borí», vida de un periodista rebelde

Gumersindo Díaz Morodo, de Cangas del Narcea, emprendió en 1908 una inquieta carrera en prensa en la que destacó por su denuncia del caciquismo y de la censura.
Ilustración de Alfonso zapico
Hay quien viene al mundo para comérselo y hay quien viene a contemplar cómo lo hacen esos que se lo comen. Hay escritores de acción y hay escritores de escritorio. Hay escritores a lo Lord Byron y hay escritores a lo Balzac. Constantino Suárez, «Españolito», tuvo su pequeña ración de los dos tipos. En su juventud fue emigrante pobre y aventurero en Cuba y en su madurez se convirtió en el mayor vertedero de biografías imaginable. Desde 1924 se empeñó en sacar adelante una galería de escritores y artistas asturianos que daría sus primeros frutos -en forma de tres volúmenes- poco antes de la Guerra Civil. La publicación de los restantes, como tantas otras cosas, la interrumpió la guerra, pero el trabajo estaba hecho y José María Martínez Cachero se encargaría entre mediados y finales de los años cincuenta de editar los cuatro tomos que completaban «Escritores y artistas asturianos».
Para sacar adelante esta empresa «Españolito», además de visitar archivos institucionales y privados, necesitó de la colaboración de muchas personas. Como él explica en el prólogo al primer tomo, intentó establecer un contacto en cada uno de los concejos de Asturias con el deseo de que le informaran de los escritores y artistas vivos del entorno y le aclararan dudas diversas. No lo consiguió en todos, pero sí en Cangas del Narcea. Su contacto cangués fue Gumersindo Díaz Morodo, «Borí», quien se convertiría en destacado colaborador, lo que «Españolito» le agradece en el prólogo mencionado.
A los colaboradores tenaces y desinteresados como «Borí» solía recompensarlos dedicándoles un espacio preferente en la enciclopedia, espacio que a menudo rellenaban ellos mismos dando noticia de su vida y su obra. En el tomo tercero se encuentra la biografía del periodista cangués Gumersindo Díaz Morodo contada con desparpajo por él mismo.   

26 de enero de 2016

El poeta langreano Valentín Ochoa Rodríguez, "Antón el Chiova"

La tristeza de "Antón el Chiova"
Valentín Ochoa Fernández “Antón el Chiova, nació el 23 de marzo de 1879 en el barrio Los Nozalones de Sama de Langreo y falleció en Gijón el 8 de diciembre de 1951
Valentín Ochoa fue un hombre sencillo, poeta y activo republicano que, como otros muchos, tuvo que ocultar sus ideales en el franquismo

Ilustración de Alfonso Zapico
En 2010 Pablo Antón Marín Estrada publicó la novela "Mientres cai la nueche", ambientada en la vida de posguerra de Sama de Langreo. En su argumento se mezclan personajes y escenas reales con otras imaginadas, como la que refleja el encuentro entre los jóvenes protagonistas con un anciano que pasea su soledad por el parque Dorado: "Es Valentín Ochoa, "Antón el Chiova", símbolo lírico de las fiestas del pueblo, poeta popular? Un hombre bueno y tranquilo que jamás hizo mal a nadie y que supo ganarse el cariño de sus vecinos con sus modestos, pero bellos, poemas en asturiano".
En efecto, el poeta Valentín Ochoa Rodríguez (lo del Chiova es una transposición de su nombre) fue sobre todo poeta, admirador confeso de Teodoro Cuesta y amigo de otros grandes como Daniel Albuerne, Pin de Pria o Constantino Suárez "Españolito", pero también activo republicano y masón en la primera mitad de su vida, aunque los acontecimientos le convirtieron más tarde en uno de aquellos hombres que tuvieron que ocultar sus ideales y se convirtieron en poco más que una sombra para no destacar entre la negrura del franquismo.
Las escasas enciclopedias que citan a nuestro personaje dicen que nació el 23 de marzo de 1879 en el barrio de Los Nozalones de Sama, acudió a la escuela de José Bernardo, como tantos niños de la zona y pronto se puso a trabajar en una fragua familiar junto a su padre y sus hermanos, aunque pudo desplazarse cada tarde hasta Mieres para asistir a las clases nocturnas de la Escuela de Capataces.
Y así sería, porque Valentín fue tan buen estudiante que al cumplir los veinte ya pudo firmar como capataz facultativo, la denominación de entonces, y al año siguiente entró en la empresa Duro y Cía. compaginando sin problemas este empleo con el de docente en la Escuela Elemental del Trabajo de La Felguera e incluso con el de profesor de clases particulares.

25 de enero de 2016

"Hay batallas que hay que dar" Los presidentes de José Ángel Fernández Villa (y IV)

Todos los presidentes del hombre 

José Ángel Fernández Villa
Fernández Villa y Álvarez-Cascos fueron los dos rostros de los fondos mineros, una lluvia de millones para las Cuencas, a las que el SOMA se replegó


Ya estaban recogiendo la romería de la fiesta minera en la campa de Rodiezmo (León). Eran las siete y media del 1 de septiembre de 1985. De un camión de sidra cayeron siete cajas sobre José Ángel Fernández Villa. El líder minero quedó sin sentido. En la residencia Nuestra Señora de Covadonga de Oviedo le dieron el alta a las dos de la tarde del día siguiente. En los días siguientes sufrió insomnio, jaqueca, mareos y sudores.
Ocho años después, recuperándose de una operación de su triple hernia discal que se achaca a aquellas cajas verdes, se vio en la cama del sanatorio Adaro decidiendo quién de los diputados socialistas sería el próximo presidente del Principado tras la dimisión de de Juan Luis Rodríguez-Vigil.
Ahí perdió su última oportunidad Bernardo Fernández Pérez, licenciado en Derecho, representante socialista en el anteproyecto del Estatuto de Autonomía con 28 años, arquitecto de la administración autonómica, consejero de Presidencia con Rafael Fernández y Pedro de Silva y vicepresidente con Rodríguez-Vigil, un segundo que parecía llamado a ser primero. Joven, menudo, culto, escritor corto y hablador quedo, perdió ante Antonio Trevín, maestro, alcalde de Llanes, muy polémico en el concejo durante las décadas del crecimiento urbanístico.
Para Trevín, de 37 años, fue un ascenso político de muchos escalones con lo que ello supone de agradecida aceptación hacia su mentor. De alcalde de Llanes y diputado regional a presidente de Asturias. En 1995 encabezó la lista del PSOE al Principado y el PP ganó por primera vez las elecciones. Asturias, la isla roja del Norte, cayó en manos de la derecha un año antes de que José María Aznar ganara las elecciones generales.

24 de enero de 2016

"Hay batallas que hay que dar" Los presidentes de José Ángel Fernández Villa (III)

Todos los presidentes del hombre

Por la izquierda, en primera fila, Rafael Fernández, José Ángel Fernández Villa, Felipe González, Pedro de Silva y Luis Martínez Noval, en un mitin de la campaña electoral de 1982 en Oviedo.
Villa aprovechó el poder cercano de la autonomía, desconocido hasta entonces, y destituyó y nombró a los gobernantes socialistas de Asturias                          
Ilustración  de José Ángel fernández Villa con la imagen de tres presidentes asturianos
http://www.lne.es
José Ángel Fernández Villa siguió el modelo de Manuel Llaneza, fundador del SOMA-UGT, de dominar el partido desde el sindicato e influir en cuanto fuera posible, con la novedad democrática de la autonomía, un gobierno de proximidad con una incidencia en el territorio desconocida hasta la democracia.
En pocos sitios como Asturias era tan obrero el Partido Socialista Obrero Español porque en pocas regiones hubo una industrialización y, en menos aún, acabó en manos de empresas estatales. Conforme fue ganando poder, Villa fue adueñándose cada vez más del Gobierno autonómico. Nombró muchos presidentes y cuando no pudo mandar, negoció.
El primer presidente del Principado volvió a España porque se lo pidió Felipe González. Rafael Fernández era un abogado ovetense exiliado que se había hecho rico en México, tenía 60 años y modales cautelosos de político viejo con largo historial socialista. Durante la Revolución de 1934 estaba al frente de las Juventudes Socialistas. Durante la Guerra Civil fue consejero de Hacienda y de Justicia y Orden Público por el Consejo Soberano de Asturias y León. En 1937 se casó con Purificación, la hija de Belarmino Tomas, que había sido secretario general del SOMA y presidía el consejo de Asturias y León.
Pura y Rafael se exiliaron en México y tuvieron cinco hijos. Regresó 40 años después para ser cuanto se pudiera en el socialismo regional como una de las escasas figuras puente entre la Segunda República y la que se esperaba fuera una nueva democracia. Por entonces, Villa había vuelto a Hunosa desde Ensidesa, donde ya estaba metido en sindicalidades.
Rafael Fernández fue presidente del Consejo Regional de Asturias -el órgano preautonómico- desde el 27 de septiembre de 1978 al 11 de enero de 1982 y del Principado desde esa fecha hasta el 17 de junio de 1983 y presidió un Gobierno que dio cabida a todos los partidos con representación parlamentaria.

23 de enero de 2016

José Ángel Fernández Villa, ex líder del SOMA-UGT, extendio sus "tentáculos por Asturias (II)

De la tensión al reconocimiento

Pedro de Silva
De Silva pasó de renunciar a seguir en la Presidencia regional tras las difíciles relaciones con Villa a mostrar aprecio por su labor.
El líder sindical y político forjó su poder desde las entrañas de las minas y ahora su figura se ve enterrada por un derrabe de oscuro dinero
www.lne.es
La trascendencia del líder minero José Ángel Fernández Villa va más allá de la acción sindical. La consternación y decepción confesada por históricos del PSOE como Alfonso Guerra y Juan Carlos Rodríguez Ibarra tras destaparse la "fortuna oculta" de 1,4 millones del exsecretario general del sindicato SOMA refleja la dimensión que llegó alcanzar Villa, no ya sólo en el socialismo asturiano sino también en la ejecutiva federal del PSOE, en la que permaneció quince años, desde 1979 hasta 1994. Eran los tiempos del cambio en España y también los años más duros de la reconversión en Asturias.
En medio de esos tres lustros, Pedro de Silva, por entonces presidente del Principado, anunció que no repetiría como candidato en unas terceras elecciones apenas renovado el cargo en las elecciones autonómicas de 1987. Era la particular manera de Pedro de Silva de liberarse de ataduras para su último mandato tras discrepar con la dirección federal socialista, en la que mandaban Felipe González y Alfonso Guerra, y también con el líder minero, José Ángel Fernández Villa. Aquel anuncio de Pedro de Silva tan prematuro, con cuatro años por delante, tenía la finalidad de dejar claro desde el arranque de la última legislatura que iba a desarrollar el programa lealmente pero con menos atadura "no sólo de Villa, aunque daba siempre la lata", recuerdan testigos directos aquella relación y de aquel tiempo.

20 de enero de 2016

José Ángel Fernández Villa, ex líder del SOMA-UGT, extendio sus "tentáculos" por Asturias (I)

Una mina de poder

José Ángel Fernández Villa en su etapa de Secretario general del SOMA
Villa trasvasó la fuerza del SOMA al PSOE para ejercer durante años un férreo control en el partido y condicionar la política regional.
Por la izquierda, Rafael Fernández, José Ángel Fernández Villa, Felipe González, Pedro de Silva y Luis Martínez Noval, durante un mitin en Oviedo para las elecciones de 1982.

José Ángel Fernández Villa entró en la ejecutiva del Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias (SOMA) en un congreso celebrado en Mieres el 6 de mayo de 1978 y no había pasado ni año y medio cuando, el 15 de septiembre de 1979, se convertía en secretario general de la organización fundada por Manuel Llaneza. Aquellos fueron los dos primeros peldaños de una escalera hacia el poder, tanto sindical como político, que le llevarían al control absoluto de la Federación Socialista Asturiana (FSA), a poner y quitar presidentes del Principado, a propiciar cambios en la dirección de Hunosa, a aupar y a defenestrar alcaldes, o a compatibilizar un puesto en la ejecutiva federal del PSOE con movilizaciones obreras contra su propio partido. Destaca, por encima de todas, el encierro del pozo Barredo en la Navidad de 1991.
Caído en desgracia por haber escondido al fisco una fortuna de 1,4 millones de origen desconocido, hubo un tiempo, entre los ochenta y los noventa del pasado siglo, en el que casi nada se movía en Asturias sin el visto bueno de un Villa apoyado en la fiel, monolítica y disciplinada estructura del SOMA. En las minas asturianas había entonces más de diez mil trabajadores.

18 de enero de 2016

En el Año 23 antes de Cristo, los romanos ya dominaban los pasos de las montañas de la Carisa (entre los municipios de Aller y Lena-Asturias)

8.000 romanos para conquistar Asturias
Ilustración de Alfonso Zapico
Los estudios del teniente coronel Francisco Jiménez cuantifican las fuerzas que Publio Carisio empleó en su campaña contra los astures
Ilustración de Alfonso Zapico
Año 23 antes de Cristo. Los romanos ya han dominado los pasos de las montañas de la Carisa (entre los municipios de Aller y Lena) y sólo mantienen un destacamento estival en el campamento de Curriel.los, formado por 160 hombres. Los legionarios están tranquilos. Sus únicos encargos son el control del territorio, apostados en sus puestos de vigilancia a más de 1.500 metros de altitud, y servir de apoyo para la construcción de la calzada que unirá Legio (León) con Noega (puerto de Gijón). Sólo un año después, Publio Carisio, legado de César Augusto al frente de las operaciones de la conquista de Hispania en el territorio que actualmente ocupa Asturias, tiene que cambiar sus planes. Una revuelta hostil obliga a incrementar las fortificaciones y a llenar los campamentos con ocho mil legionarios. Es la rebelión de los astures, documentada por Dion Casio en el año 22 antes de Cristo. La Carisa es su escenario.
El teniente coronel del Ejército de Tierra Francisco Jiménez Moyano es quien ha hecho los cálculos del contingente que Roma habría enviado para someter a los astures. Jiménez lleva más de diez años estudiando la estrategia bélica de los romanos en la Carisa y ha llegado a una conclusión rotunda: los montes en los que limitan Aller y Lena fueron el escenario de la rebelión astur. "Está demostrado desde el punto de vista arqueológico, pues se ven con claridad las ampliaciones en el campamento de Curriel.los y también la compleja fortificación en L.lagüezos", afirma el experto. Los dos campamentos romanos están a unos cinco kilómetros de distancia, siguiendo la calzada romana denominada Vía Carisa.

16 de enero de 2016

La revolución industrial en el valle Langreano

Los trenes del progreso
Ferrocarril de Langreo Locomotora nº 26 , foto Lawrence G. Marshall, fondo MVF. www.spanishrailway.com
La influencia de las líneas ferroviarias de la comarca en el desarrollo fabril y político
EL ferrocarril de Langreo se fundó en 1846, con capital mayoritariamente asturiano y domicilio social en Madrid.
En 1854 llegaba a Langreo un tren mixto de viajeros y mercancías procedente de Gijón. Un acontecimiento celebrado con gran solemnidad por autoridades y vecinos. Su primer objetivo era transportar carbón y acero al mar. Y estar cerca del mar era entonces como estar cerca del mundo. Ese ferrocarril permitió también que las inversiones más dinámicas de aquellos tiempos se movieran hacia las minas de carbón, favoreciendo una etapa de "delirio industrial" en el valle langreano: fue cuando Pedro Duro se decidió a levantar en La Felguera una planta siderúrgica que transformó la economía de la región. Y durante tres décadas fue la primera factoría de su naturaleza a escala nacional.
A finales del siglo diecinueve, con la puesta en marcha del ferrocarril del Norte, se establecía en la orilla izquierda del Nalón otra fábrica pionera en España: la Compañía de Asturias, más conocida como los Talleres del Conde, de los que aún se conserva una parte de sus polémicas reliquias.
Por el ferrocarril llegaron igualmente a Langreo las primeras doctrinas del movimiento obrero. El anarquismo vino de Gijón, arraigando con fuerza en la fábrica de Duro. Por el tren del Norte se introdujo el ideario socialista, con gran influencia entre los mineros. Inventos, avances, novedades culturales, así como una pléyade de personalidades atraídas por la prosperidad de estas tierras, llegaron a través del ferrocarril.

15 de enero de 2016

La trágica cantidad de accidentes mortales de la minería asturiana desde en el siglo XIX (y II)

Vidas perdidas en el corazón del Principado
Bocamina anterior y plantilla del Grupo Asentadero.
Mario García Antuña documenta 63 accidentes graves en su libro "Catástrofes mineras asturianas"| «El grisú es el enemigo público número 1, traidor y cobarde», dice sobre un gas que ha provocado la mayoría de los siniestros que narra en su obra
Salida de los ataúdes desde el sanatorio Adaro tras la catástrofe de mina Cardiñuezo, en Langreo, el 1 de mayo de 1920. / FOTOS POR CEDIDAS POR MARÍA GARCÍA ANTUÑA
Mina Esperanza fue el escenario del mayor accidente ocurrido en las entrañas de Asturias. Corría el 2 de enero de 1889, la fecha en la que perdieron la vida 30 trabajadores en la explotación ubicada en la localidad allerana de Boo. Una explosión de grisú fue la causa del suceso, que tiñó de luto el primer día laborable de aquel año. La mala fortuna quiso que los seis rescatadores que trataron de auxiliar a sus compañeros perdieran la vida en el intento de rescate, que fue en vano.
Porque el grisú es el principal ‘asesino’ en este tipo de catástrofes. Así lo asegura Mario García Antuña, ingeniero técnico de minas jubilado de Hunosa y autor del libro ‘Catástrofes mineras asturianas’, que acaba de publicar. Estos dos volúmenes, que suman casi 1.400 páginas, repasan los accidentes más terribles ocurridos en las explotaciones. En concreto, aquellos que se saldaron con más de cuatro muertos. Ascienden a 63 desastres. En total, fueron 425 las víctimas mortales registradas en estos siniestros.
La tragedia de mina Esperanza fue la mayor que se ha vivido en Asturias desde el siglo XIX. La segunda catástrofe más luctuosa en cuanto a número de víctimas mortales se produjo ya en el siglo XX. El histórico pozo María Luisa fue el escenario en el que 17 mineros perdieron la vida, también a causa de una explosión de grisú. El letal gas «provocó el disparo de un barreno, que sepultó a varios obreros», explica el autor en el libro. Quince trabajadores fallecieron en el acto y otros dos lo hicieron posteriormente debido a las graves quemaduras que sufrieron.

14 de enero de 2016

La trágica cantidad de accidentes mortales de la minería asturiana desde en el siglo XIX (I)

El primer minero muerto en Asturias por el grisú, en 1876, fue un quirosano
Ilustración de Alfonso Zapico
El Registro Civil del concejo revela el primer caso documentado de este tipo de accidentes, en el que la víctima, Matías Arias, tenía 32 años
Ilustración de Alfonso Zapico

Era un sábado, primer día de julio de 1876, cuando en las cercanías del pueblo de Santa Marina una explosión sorprendió a los tranquilos lugareños y a los sufridos mineros que laboraban en las incipientes minas que se habían abierto, hacía pocos años, en el concejo de Quirós. La Compañía de Minas y Fundiciones de Santander y Quirós, de capital francés, contaba con varias bocaminas para extraer hierro y carbón, también había levantado una acería con dos altos hornos, el segundo inaugurado a principios de agosto de 1.875.
Matías Arias Fernández, quirosano residente en la casería del Regustio, casado con tres hijos, 32 años, tiene el desgraciado honor de ser el primer minero fallecido en la minería asturiana debido a una explosión de grisú. Después de él vendrían varios cientos más. El ingeniero Mario García Antuña, autor del reciente libro "Catástrofes mineras asturianas" documenta 425 muertos en 63 grandes accidentes, con cuatro o más muertos. A ellos hay que sumar varios cientos más, fallecidos en accidentes menores, como este obrero fallecido en Quirós.
Según el Libro de Defunciones del Registro Civil de Quirós, Matías era "Vecino de la casería de Rey Busto. Minero. Falleció el 1 de julio de 1.876, entre las 10 y las 11, por asfixia motivado de una explosión de gas a la puerta de la mina Bega del Rubio sobre el cribo de Santa Marina". El médico de Quirós, Antonio Canseco, y el de Campomanes, Ubaldo Sánchez Puelles le realizaron la autopsia. Fue enterrado en el cementerio de la parroquia de Rano el lunes día 3.

13 de enero de 2016

El pozo Polio (Güeria San Juan-Mieres), fue una de las explotaciones más importantes de la antigua Fábrica de Mieres

El pozo Polio
Montando un castillete del Pozo Polio
Una mina cuyas instalaciones son diferentes a las demás, construida al estilo de los países centroeuropeos
El pozo Polio. 
Cuando se llega al pozo Polio nos invade la sensación de que estamos ante un pozo diferente en lo que se refiere a la distribución de los edificios auxiliares y embarques. Alrededor de los dos castilletes gemelos de 39,41 m de altura se encontraban las máquinas de extracción, los compresores, la subestación eléctrica, la ventiladora, el botiquín y las oficinas, formando un conjunto, un bloque.
Observando las ruinas de Polio no puede evitarse el recordar esos pozos centroeuropeos en los que está inspirado. Destaca la sensación de luminosidad que dan esos embarques con amplios ventanales y la absoluta simetría de los pórticos respecto al edificio de las máquinas de extracción y los castilletes sin tornapuntas.
El origen del Pozo Polio hay que buscarlo en el agotamiento de Mina Baltasara. Ante esta situación Fábrica de Mieres decide poner en explotación la zona de Polio. Se toma la decisión de profundizar el pozo porque avanzar desde la zona de Baltasara supondría largos traslados por el interior y además entre la zona de Baltasara y Polio estaban los yacimientos de Minas Tres Amigos. Recordar en este punto que Fábrica de Mieres a partir de 1948 había comenzado un proceso de inversiones y modernización de sus instalaciones.
Dentro de este proceso había presentado en 1952 un plan para aumentar su producción de hulla hasta el total de un millón de toneladas anuales. Por ello no sólo se acometieron las obras de Polio, también se profundizó el pozo principal de San Nicolás que llegó el 31 de diciembre de 1955 a 505 metros y se estaban construyendo en esa fecha los edificios para instalar la máquina de extracción, compresores, subestación eléctrica... comenzando la explotación en 1959. A la vez en este periodo 1948/1960 se acometieron diversas inversiones en las instalaciones siderúrgicas destacando un nuevo Horno Alto, el N.º 2 y una nueva batería de cok.

12 de enero de 2016

El Gijón de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, camino de la prosperidad

La villa sin servicios municipales en la que se construyó una plaza de toros

Ver artículo del Blog, La Plaza de toros "El Bibio" de fecha 25 de marzo de 2013
http://elblogdeacebedo.blogspot.com.es/2013/03/la-plaza-de-toros-de-gijon-el-bibio.html
Año 1888 construcción de la plaza de toros-Técnicos y obreros
El paisaje urbano era terrible, con calles malolientes y delincuencia En las fiestas de San Pedro participaban caballeros en la lidia taurina
La plaza de toros de Gijón. La ciudad tuvo coso taurino un año antes que París
Aquel Gijón que se había puesto en el camino de la prosperidad gracias a la instrucción nada tenía que ver, sin embargo, con un oasis existencial, ya que padecía problemas cotidianos que no habían sabido ser afrontados desde el Ayuntamiento con la eficacia que demandaba la modernidad en una población que había superado los diez mil habitantes.
No había bombas de agua que pudieran ser utilizadas en casos de incendios, por lo que había que recurrir a los baldes de los vecinos dado que no existía un servicio municipal organizado.
Eso sí, la popular expresión de: "¡Agua va!" imperaba como aviso a los peatones que transitaban por unas oscuras, estrechas y malolientes vías, dado que tampoco el alcantarillado era un lujo del que pudiera disfrutar toda la ciudadanía.
1912 vista desde los jardines de la reina
El paisaje urbano era terrible, aunque la ciudadanía se sintiese feliz con el boulevard de Corrida Street y los balnearios que tanto dinamizaban la vida turística gijonesa. Todo era una pantalla que pretendía ocultar la vida real de lo que ocurría en el otro Gijón no turístico. Los animales domésticos -gallos, gallinas, perros y gatos- deambulaban por las calles sin control alguno y cuando se morían se pudrían en las vías públicas. Hasta se dio el caso, al final de la playa de San Lorenzo, de un caballo que fue pasto de los cuervos entre los montículos del arenal del río -al que con el tiempo le bautizarían con su propio nombre "Piles"- sin que nadie retirase sus restos para evitar las indudables pestilencias a la población.

11 de enero de 2016

Francisco Álvarez Velasco, el poeta que milita en la cofradía de los tímidos

El tímido que llevó versos a la nube
Tras el poeta Francisco Álvarez Velasco (Cimanes del Tejar -León-, 1940) hay una amplia y respetada obra
El poeta y profesor jubilado recibe el premio "María Elvira Castañón" de animación a la lectura por sus quince años de labor en Portal de Poesía
Ilustración de Mortiner
Tiene pinta de profeta veterotestamentario, con las barbas y el pelo un poco revueltos crispando el perfil de quien sabe, como César Vallejo -el peruano de las tristezas infinitas y uno de sus maestros reconocidos-, que la cólera del pobre "tiene un aceite contra dos vinagres". Pero no hallaréis en Francisco Álvarez Velasco, que así se llama el último ganador del premio "María Elvira Muñiz" de animación a la lectura, el enfático fustigamiento de sus semejantes que proclamaban aquellos tipos poseídos de Jehová o de la ira, alucinados bajo el sol jerosolimitano. Al contrario, como Antonio Machado (su otro maestro en la cuerda floja de la lírica y en el arte de andar por la vida sabiendo que todos llevamos un prójimo dentro), quienes conocen a este leonés de Gijón y gijonés ciudadano del mundo dicen de él que es también buena persona, es decir, "en el buen sentido de la palabra, bueno".
Los del "María Elvira Muñiz", ese premio que recuerda a una de las leyendas vivas de la enseñanza en Asturias, se fijaron en Paco Álvarez Velasco por sus obras y sus hechos. Y, sobre todo, por el Portal de Poesía que nació con el siglo en Internet, como una página web "en continuo proceso de construcción", en la que el galardonado ha acogido, como en una posada fraterna, a poetas de un lado y otro del Atlántico. Ahí sube palabras, versos, libros que deja para que ustedes y yo no perdamos el hilo que de verdad importa. Gratis total, como se dice ahora incurriendo en simpático pleonasmo, y sin molestas publicidades. A su creador le cuesta un trabajo por el que no cobra y aflojar su peculio. Va, digámoslo de una vez, de amor al arte. Y así tantos años ya, hasta hoy.

9 de enero de 2016

Adiós a Ramiro Arias López (1931-2015), persona muy relevante en la compañía asturiana Duro Felguera

Ramiro Arias, un pilar de Duro Felguera
El empresario Ramiro Arias, accionista de Duro Felguera
El empresario Ramiro Arias, era el segundo mayor accionista del grupo Duro Felguera y aliado de su principal propietario, Arrojo, con quien creó Avanza y otros negocios
Ilustración de Pablo garcía
Con la muerte el día 17 de noviembre de 2015 en León, a los 84 años, del empresario Ramiro Arias López, consejero y segundo accionista más relevante de la compañía asturiana Duro Felguera (9,796%) e inversor en múltiples negocios durante más de medio siglo en Asturias y otras regiones, desaparece uno de los más significativos ejemplos -y a la vez también más discretos- de una larga tradición de emprendedores que, procedentes del otro lado de la Cordillera, fueron capaces de crear sólidos grupos empresariales a este lado del Pajares.
Originario de El Bierzo, Arias López y el empresario noreñense Gonzalo Álvarez Arrojo (este último, mayor propietario de Duro, de la que controla el 24,33%) protagonizaron un caso singular de amistad y de alianza empresarial inquebrantables a lo largo de una vida entera. La relación la habían establecido sus padres y la prolongó e intensificó la siguiente generación hasta constituir un binomio de lealtad mutua. Álvarez Arrojo se refirió alguna vez en privado a Ramiro Arias como "camarada de esfuerzos desde la juventud".
Juntos desarrollaron numerosos negocios en el sector del transporte de viajeros por carretera. Fueron socios en las empresas que prestaron el servicio urbano de autobuses en Oviedo (Traval) y Gijón (Traval y Tunisa) a partir de los años 50 y hasta 1981 en el primer caso y 1978 en el segundo. Los dos empresarios gestionaron a su vez durante décadas la concesión de los autobuses urbanos de Vigo (Vitrasa) y de Zaragoza (Tuzsa) -en algún caso, en alianza con la familia Martí-, y promovieron otras empresas para servicios discrecionales.
Un hermano de Ramiro Arias que participó en esta alianza se independizó y creó su propio grupo en el sector servicios y de transporte, con implantación en varias regiones y sur de Francia.

7 de enero de 2016

Un omóplato desenterrado en el yacimiento de la Campa Torres, en Gijón es de un cetáceo, extinguido en el Atlántico hace cientos de años

Una ballena gris milenaria emerge en Asturias

Ver artículo del blog de fecha 23 de junio de 2013 “Ballenas en Asturias y hallazgos espectaculares en la costa Asturiana” 
Ballena Azul con su Cría bajo el Barco
Un hueso de los siglos IV o III antes de Cristo hallado en la Campa Torres (Gijón) en 1996 acaba de ser identificado como perteneciente al cetáceo, extinguido en el Atlántico hace cientos de años y hasta ahora desconocido en la región

Esta historia comienza en julio de 1996 y finaliza el pasado 20 de octubre (aún resta un epílogo, pero previsiblemente el desenlace no variará). Diecinueve años a la caza (arqueológica) de la ballena, en busca de la identidad de la especie a la que perteneció una escápula (omóplato) desenterrada en el yacimiento de la Campa Torres, en Gijón, en un nivel correspondiente al siglo IV o III antes de Cristo. El final es feliz (un hallazgo): se trataba de una ballena gris, una especie extinguida en el Atlántico Norte hace siglos y actualmente confinada al Pacífico. Su presencia en Asturias no estaba documentada.
Los protagonistas del relato, además del propio hueso (de más de un metro de longitud), son los biólogos José Antonio Pis, del Centro de Experimentación Pesquera del Principado de Asturias, y Carlos Nores, profesor titular de Zoología de la Universidad de Oviedo. Y hay dos actrices invitadas: Anne Charpentier, investigadora del Centro de Ecología Funcional y Evolutiva de la Universidad de Montpellier II, y Camilla Speller, del departamento de Paleontología de la Universidad de Nueva York y especialista en ADN antiguo, que aportó confirmación molecular al estudio morfológico de Pis y Nores.
"Aunque partimos del supuesto de que fuera una ballena de los vascos, especie capturada ampliamente en el Cantábrico durante la Edad Media, las proporciones no parecían coincidir con el material de comparación de esta especie que estaba a nuestro alcance ni con la iconografía publicada que habíamos podido reunir, ni tampoco con las de los rorcuales, que son mucho más aplastadas y proporcionalmente bajas. No obstante, era sólo una impresión, ya que a la escápula le faltaba buena parte del arco superior y, por tanto, la altura era puramente estimativa", comentan los dos autores del descubrimiento. Fue un viaje de Nores a Argentina, en diciembre de 1996, lo que amplió el horizonte de búsqueda e incluyó la ballena gris en sus pesquisas. "La primera impresión ante esta sugerencia -en una visita al Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Ribadavia"- fue de incredulidad, ya que en la actualidad esta especie se encuentra exclusivamente en aguas del Pacífico, si bien sabía que se había especulado sobre su presencia en las costas europeas situadas al norte del Canal de la Mancha".

6 de enero de 2016

Luis Estévez Llaneza "Cholo" el de la radio

Recordando a Luis Estévez, "Cholo"
Luis Estévez, Cholo.
Con su humildad firmó una brillante trayectoria en el mundo del periodismo radiofónico
Cholo y Rosa María Prieto, el día de su boda
Hace unas fechas se cumplieron dos años del fallecimiento de Luis Estévez Llaneza, cariñosamente conocido como "Cholo", un mierense que, desde su natural plano de humildad, escribió una de las páginas más brillantes del reciente pasado de Mieres. Así debería figurar en una imaginativa placa, y de esa forma lo recuerdan muchos habitantes de la cuenca del Caudal, de la que se erigió en "voz" permanente de defensa, denuncia y acontecer, a través de los medios informativos, principalmente la emisora de radio ubicada en el Nalón, primero Radio Juventud y posteriormente Radio Langreo, como también en Radio Oviedo.
Cholo -resulta difícil referirse a él de otra forma- nació, a la altura de abril de 1934, a mitad de la cuesta de Seana, en una modesta vivienda en cuyo pequeño patio figuraba una palmera de la que se sentía orgulloso. De cuna humilde, condición de la que hizo siempre bandera, tras sus estudios preliminares de primaria hubo de cogerse pronto al carro de una actividad profesional, puesto que, huérfano de padre, fallecido en la guerra civil, a muy temprana edad se erigió como cabeza de familia ante su madre y su hermana. Así fue como desarrolló actividades de aprendiz de camarero y más tarde oficial con todas las de la ley, hasta alcanzar puesto de empleado de banca en la plaza mierense. Allí desarrolló este trabajo con el sentido responsable que lo caracterizaba, dejando por ello, a la hora de su jubilación, todo un campo sembrado de amistad y reconocimiento.

5 de enero de 2016

Claudio López Brú, semblanza histórica del Marqués de Comillas (y III)

Claudio López Brú (1853-1925), desde 1883 segundo Marqués de Comillas
Fallecimiento, causa de beatificación y Centenario (Continua)
Por fin se decidió que el traslado de los restos de Claudio López, fallecido en Madrid el 18 de abril, y enterrado con gran pompa el 20 de abril de 1925 en la Capilla Panteón de su Palacio de Comillas, hasta la iglesia del Seminario Universidad Pontificia, tuviera lugar el 19 de abril de 1953. Esta es la crónica oficial de los «comilleses unionistas» publicada en la revista Unión Fraternal para uso interno:

Vista del palacio del Marqués de Comillas en Comillas ( Cantabria ) hacia 1900.
«En el centenario de su nacimiento (del Siervo de Dios, Claudio López). Estamos acostumbrados a los centenarios, casi los miramos como un tópico histórico. Sin embargo la frase: «Centenario, que algo queda» está llena de verdad, y de nosotros depende colmarla de toda verdad. Obligación nuestra es sembrar sobre todas las aguas para lograr la pronta beatificación del Siervo de Dios, Excmo. Sr. D. Claudio López Brú. No quiero desviarme de lo que quiere ser una crónica, pero no olvidemos el motivo del traslado de los venerandos restos del segundo Marqués de Comillas.
El 18 de Abril [de 1953] por la mañana se exhumaron en la Capilla Panteón de familia los restos del Marqués, en presencia del Excmo. Sr. Obispo de la Diócesis, D. José Eguino; del presidente del Tribunal Eclesiástico en el proceso de beatificación, ilustrísimo Sr. D. Agustín Tobalina, Deán y Vicario de la Diócesis; del fiscal de la misma, Rvdo. P. Lodos, S. J. y del notario del acto exhumatorio Rvdo. Sr. José Bigordá. Presenciaron también la exhumación el Rector Magnífico de la Universidad, Rvdo. P. Pablo Pardo, los PP. Regatillo y Marín, el Capellán de la Casa Marquesal, Monseñor Borja Cossío, Prelado Doméstico de S. Santidad Pío XII y los seminaristas José Angel Ezquerra y Emiliano Gutiérrez Simón.

3 de enero de 2016

Claudio López Brú, semblanza histórica del Marqués de Comillas (II)

Claudio López Brú (1853-1925), desde 1883 segundo Marqués de Comillas
Claudio López, segundo marqués de Comillas.
El Marqués de Comillas y Jacinto Verdaguer (Continua)
Ejercía también Jacinto Verdaguer de limosnero de Claudio López Brú, pero la cosa terminó mal cuando, confundido el poeta, permitió que el presbítero pusiese piso a una admiradora, a cuenta de la generosidad del Marqués de Comillas... así lo cuenta la nada sospechosa enciclopedia Espasa:
«Mosén Cinto tuvo su tragedia, como otros tantos grandes hombres. Según antes se indica, entró en casa Comillas a ruegos de Claudio López y Brú, gran admirador del talento y de las bondades de Verdaguer. Entró de capellán para aplicar diariamente la Santa Misa en sufragio del primogénito López, fallecido prematuramente, pero no entró en calidad de subalterno, con vistas a desempeñar un cargo retribuido, sino que la familia López trató con los honores debidos al gran poeta y al famoso sacerdote, aceptándolo como a un familiar querido y, como tal, a su mesa le sentó siempre. Por su parte, mosén Cinto correspondió a esas pruebas de afecto. En dicha noble casa vio llover sobre sí toda suerte de honores. En un principio, Claudio, que poseía en alto grado el don de caridad, socorría personalmente a unas cuantas familias necesitadas; andando el tiempo, no pudo hacerlo y confió esa misión a mosén Cinto, quien, llevado también de su compasión y de su caridad, vio crecer el número de candidatos a las limosnas de casa Comillas, pero el marqués le autorizó para socorrer cuantas necesidades se ofreciesen, y, en su virtud, Verdaguer se vio asediado a peticiones en el propio palacio, en la calle y en el confesonario. Para el bondadoso poeta, toda lágrima debía enjugarse; pero, con su magnanimidad de corazón, no llegaba a discernir las que eran producidas por la miseria de las que producía la ficción, de manera que, de las cantidades que se repartían, unas servían para endulzar penas y sufrimientos y otras para fomentar corruptelas y disipación en gente maleante. Su corazón compasivo le impelió a dar sin reserva; cada día solicitaba mayores cantidades del marqués, que éste nunca encontró excesivas; pero temiendo abusar de tamaña generosidad, repartió limosnas de casa Comillas y repartió sus propios ahorros, y, cuando éstos se acabaron, acudió al préstamo y contrajo deudas y más deudas, siempre impulsado por el deseo de hacer bien, siempre víctima de descaradas audacias, hasta el extremo que torturaron su vida y priváronle indudablemente de producir nuevas obras literarias. En vista de ello, puestos de acuerdo el obispo Morgades, superior de mosén Cinto, y el marqués de Comillas, propusiéronle que se alejase de tanto agobio y, dejando para otro el reparto de limosnas, fuese él a vivir una vida más en consonancia con su misión de poeta. Así lo aceptó, yendo a instalarse en La Gleva (26 de Mayo de 1893), un santuario de la Virgen, de admirable situación, cerca de Vich. Pero había de ocurrir que, quitada de en medio la mano dadivosa, se perjudicaran intereses creados, y éstos pusieran el grito en el cielo, haciendo correr la especie de que mosén Cinto fue echado de casa Comillas y desterrado a La Gleva. No había tal; el poeta cantaba desde aquel santuario como en sus buenos tiempos, díganlo los libros y poesías que desde allí compuso, y díganlo, sobre todo, su ejemplar vida sacerdotal, dedicada a endulzar tristezas, prodigar consuelos, repartir limosnas y demás obras caritativas de que nos da cuenta Pedro Roca y Redorta, custodio que fue de La Gleva durante la permanencia de mosén Cinto en el santuario. Lo que hay es que, quien más perjudicado se vio con el alejamiento del limosnero de casa Comillas, no paró hasta dar con él en La Gleva, imbuyéndole la idea del destierro y de la persecución y deslizando a su oído tan malsanas ideas, que lograron destruir la felicidad de mosén Cinto, quien acabó por huir de La Gleva y de su obispo, el cual le requirió en vano oficial y oficiosamente, apelando a medios que han dado lugar a hablarse de persecuciones. Empeoró la cosa la publicación de unas cartas del poeta en defensa propia, dando cuenta de su triste vida, escritos que causaron sensación, sí bien el público, lamentando tamaños infortunios no pudo hacer nada por aliviárselos, porque una cosa contaba el poeta y otra veía la opinión imparcial. Ramón Turró, ferviente defensor de mosén Cinto, dice, refiriéndose al marqués de Comillas, «que su Mecenas fue siempre para él un hombre noble y que así hay que proclamarlo y reconocerlo». Cuando el poeta salió de Barcelona, se sabía que el marqués estaba dispuesto a pagar todas sus deudas, a condición de que se dejase guiar y que rehuyera las compañías que le explotaban; y siendo así, entre la gente sensata acabó de descartársele de toda participación en las penas del poeta, máxime cuando el mismo Verdaguer publicó en sus escritos esta carta: «Mi muy querido mosén: En cuanto que examine usted su conciencia acerca de si ha distribuido o no bien mis limosnas, se lo prohibo, si puedo prohibírselo; y en cuanto a que usted en casa no haya hecho nada bueno, sólo le diré que nunca podremos pagarle el bien que nos ha dado y todo el cariño que le debemos. Es usted muy dueño de no creerlo así por su modestia, pero es así, y así lo creo yo. C. López Brú.» ¿Qué barrera infranqueable se oponía a la inteligencia entre Morgades, Comillas y Verdaguer? Nos lo dirá el doctor Turró. Habla de la bondad, candidez y sencillo corazón de mosén Cinto, y exclama: «Sugestionable como era, su cerebro era como de blanda cera; el dedo impreso, allí se quedaba. En estos asuntos doña Deseada era maestra; nadie como ella intuía lo que mejor podía moverle en determinado sentido.» Esta señora, una de las favorecidas con las limosnas de casa Comillas, se trasladó desde su modesta habitación a un confortable piso en la calle de Puertaferrisa, y más tarde en la de Aragón. En aquélla fue a vivir mosén Cinto y allí se hallaba cuando se le prohibió celebrar Misa (23 de julio de 1895) fundándose en la desobediencia a su Prelado, si bien, según dice el reverendo Roca, «en manera alguna ha de considerarse esto como una nota fea para mosén Cinto, atendido a que, si desobedecía, no era directamente para contrariar al Prelado, sino para defender su derecho natural evitando la persecución y la reclusión en un manicomio. Era porque estaba sugestionado, de tal manera, que creía que de este modo cumplía un deber de conciencia...» Porque esto fue así y no de otro modo; porque las obras que compuso mosén Cinto hasta serenarse su tribulación (Flors del Calvari, Roser de tot l'any) en nada desdicen del fervor místico de sus anteriores, si bien manan sangre en algunas de sus composiciones; por ello y nada más que por ello le fueron devueltas por el obispo Morgades las licencias de celebrar, el 5 de Febrero de 1898. El obispo de Barcelona, doctor Catalá, le confirió un beneficio en Nuestra Señora de Belén, y a haberse desasido de aquella familia, que él tomó por una segunda familia, porque decía que le amparó en momentos angustiosos, pero en quien veía todo el mundo a la única causante de sus desdichas, mosén Cinto, para sus propias necesidades, se hubiera enseñoreado nuevamente de la situación, porque el pueblo catalán adoraba en él y, al propio tiempo, lamentaba la excesiva carga que ya pesaba sobre sus espaldas, a la cual debía añadirse el peso de las deudas que antes contrajera, aumentadas durante dicha época con los exorbitantes gastos a que por ellas se vio sujeto. Desde 1896, en que apareció el primer número de la revista quincenal L'Atlántida, data una nueva era de producción verdagueriana. El 17 de Agosto de aquel año presidió un certamen literario, organizado por el Ateneo Graciense, en cuya fiesta leyó Lo lliri de l'Escut de Gracia. Publicó Flors del Calvari y Santa Eularia. Dirigió las revistas La Creu del Montseny y Lo Pensament Catalá; presidió otros certámenes en Lérida, La Bisbal, Berga y Sarriá, recibiendo en todos esos puntos pruebas inequívocas del gran afecto que se le guardaba, hasta que, avanzado el mes de Marzo de 1902, mosén Cinto, que, a pesar de su estado de debilidad, se obstinaba en practicar los ayunos cuaresmales, vio agotarse sus fuerzas y acentuarse la enfermedad que hacía años llevaba latente en sus pulmones, precipitando con ello su desenlace. El 17 de Mayo era trasladado a Villa Joana, una posesión situada en Vallvidriera, y a las cinco de la tarde del 10 de junio de 1902 moría santamente el gran místico, después de pronunciar las palabras: Jesús, Jesús, ampareume! (Jesús, Jesús, amparadme!). Cataluña vibró de dolor ante la pérdida de su poeta.» (EUI 67:1419-1420.)

2 de enero de 2016

Claudio López Brú, semblanza histórica del Marqués de Comillas (I)

Claudio López Brú (1853-1925), desde 1883 segundo Marqués de Comillas
Óleo de Antonio López y López. Primer marqués de Comillas. Del libro LA COMPAÑÍA GENERAL DE TABACOS DE FILIPINAS. 1881-1981
Claudio López Brú, segundo marqués de Comillas Capitalista español, hijo y heredero de Antonio López López, que desarrolló un gran activismo católico como segundo Marqués de Comillas, y del que tiene la Iglesia católica abierta causa de beatificación desde mediados del siglo pasado, secundada entonces incluso por la máxima autoridad política de España, por lo que será elevado a los altares si el Papa decide favorablemente. En 1883 tuvo que hacerse cargo del grupo empresarial y financiero levantado por su padre, manteniendo los compromisos adquiridos, entre ellos el patrocinio del Seminario proyectado por Tomás Gómez Carral, que se convirtió en la Universidad Pontificia de Comillas. Mantuvo una excelente relación con las más altas jerarquías de la Iglesia Católica, incluidos los papas León XIII, Pío X, Benedicto XV y Pío XI, y fue uno de los principales impulsores de la Acción Católica en España.
Claudio Segundo Bonifacio Antonio López del Piélago y Brú nació en Barcelona el 15 de mayo de 1853, poco tiempo después de la llegada de sus padres y sus tres hermanos mayores desde la isla de Cuba para asentarse definitivamente en la península.
«Fue Claudio concebido en Santiago de Cuba, al tiempo en que regía aquella archidiócesis el santo Arzobispo Beato Antonio María Claret, después fundador de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Su madre piadosísima cuando llevaba en su seno al niño Claudio tenía la devoción de salir a recibir la bendición del Santo Arzobispo al pasar éste por la calle, para sí y para el hijo que en sus entrañas llevaba. Años más tarde, al contemplar su madre la extraordinaria virtud de aquel hijo, atribuía su santidad a las bendiciones del Beato Claret. Así nos lo ha relatado persona de su familia, digna de todo crédito.» (Eduardo F. Regatillo, S. J., Causa de beatificación del Marqués de Comillas, 1947.)

1 de enero de 2016

El perverso Rodrigo Álvarez de las Asturias y el derecho que reclamaba a las doncellas de su territorio

"Ius primae noctis"
Ilustración de Alfonso Zapico
La leyenda del noble de Tiraña (Laviana) que cometió todo tipo de tropelías, entre ellas, la de practicar el derecho de pernada

Ilustración de Alfonso Zapico

En otra ocasión ya recordamos en esta página los luctuosos sucesos ocurridos en el Pozu Funeres durante la represión franquista. Hoy volvemos a ese escenario, pero en un tiempo muy anterior, para ver lo que hay de verdad en la leyenda que rodea el lugar. Hasta hace poco aún existía quien podía contarla de viva voz y de esta forma la recogió el erudito Eladio García Jove para publicarla en el capítulo correspondiente a Laviana del libro "Asturias" editado por Bellmunt y Canella en 1895.
De generación en generación se trasmitió en Tiraña (Laviana) el recuerdo de un malvado noble que abusaba de sus siervos y no hacía distingos en pisotear ni lo humano ni lo sagrado, hasta que un día asesinó al cura de la localidad en el mismo altar donde había iniciado la ceremonia de la misa sin esperar a que él regresase de su partida de caza.
Hay que adelantar que la misma historia de un conde sin escrúpulos que mata al sacerdote en el interior del templo de su coto por empezar la misa sin su presencia se repite en otros pueblos de España, y sin salir de Asturias en Boal y Peñaflor, por lo que no debemos darle mucha credibilidad, aunque en el caso de Tiraña se completa con una segunda parte más siniestra: desde entonces el déspota fue perseguido por la fatalidad hasta que murió amargado por su pecado, pero ni aún así pudo descansar, ya que cuando su cadáver era conducido al panteón familiar de la capital lo raptaron los cuervos en Peñacorvera -que debe a este hecho su nombre- para arrojarlo a la sima del Funeres donde lo siguió días después su único amigo, el perro que lo acompañaba en sus monterías.