31 de enero de 2014

"Interesante fenómeno sobre Mieres en enero de 1929", el reflejo de una luz roja muy intensa que se extendía por todo el firmamento.

Cuando el cielo sangró sobre Mieres.

 El extraño fenomeno atmosferico del cielo Rojo

El 31 de enero de 1929 la villa mierense vivió un fenómeno atmosférico por el que el cielo desprendió una luz roja muy intensa, similar a otro hecho acaecido en México en 1991, para el que no hay explicación.

                                          Ilustración de: Alfonso Zapico
http://www.lne.es.
En la casa familiar de mi amigo Silvino, que ya hace mucho fue reemplazada por un moderno edificio, el balcón de la fachada se abría frente a la entrada de la plaza cubierta de Mieres, cuando la mañana de cualquier día de diario tenía más actividad de la que ahora se vive en los mercados de los domingos. Allí pasábamos muchas tardes jugando o viendo correr la vida, mientras la televisión más cercana era la que el pacífico Goyo encendía para sus clientes a las horas de comedor en "La Madrileña", un bar entrañable que abría sus puertas en los bajos del portal inmediato.
En la sala había un mueble con una pequeña pero maravillosa biblioteca donde reinaban los libros encuadernados en piel del siglo XIX, y entre ellos una gran Astronomía de Camille Flammarion, donde se recogían desde los avances tecnológicos de su época hasta un capítulo dedicado a los llamativos fenómenos celestes que habían sorprendido a todas las civilizaciones a lo largo de la historia. Ya sé que ahora parece imposible, pero los niños de la calle también nos divertíamos mirando aquellas ilustraciones e incluso -no les exagero- leyendo.
Entre otras maravillas, el sabio francés hablaba de lluvias de peces y ranas, explicando que seguramente se debían a un extraño fenómeno atmosférico que absorbía a aquellos animales hacia las nubes en alguna parte para dejarlos caer después a mucha distancia y lo mismo sucedía cuando del cielo llovían cruces, que en épocas de superstición no eran otra cosa que pequeñas ramas secas arrancadas desde el suelo de algún pinar, o tierra roja que lo dejaba todo como bañado en sangre. Estos prodigios son tan antiguos que ya los citan los autores de la antigüedad clásica, pero el caso es que las lluvias inexplicables se siguen repitiendo actualmente en diferentes partes del mundo.
En una fecha tan cercana como junio de 2012, la ciudad india de Kanpur recibió una que después de 15 minutos lo impregnó todo con un líquido que, al decir de los testigos, era como una mezcla de sangre con agua y desprendía un olor desagradable. Y en otra zona tan alejada de allí como Dinamarca y el sur de Suecia, también se registran periódicamente estas precipitaciones que a veces tienen un color rojo muy intenso.
En el caso de la India, los investigadores piensan que el origen estuvo en un meteoro que se partió en pequeñísimos fragmentos al chocar con la atmósfera, mientras en los Países Escandinavos, el Instituto de Meteorología e Hidrología de Suecia las atribuyeron a partículas arrastradas desde el Sahara, pero ustedes conocen perfectamente que el color de la arena no es el rojo, así que la explicación científica definitiva sigue pendiente.
Otro de estos misterios que de vez en cuando nos sorprende, también está relacionado con el mismo color, aunque no se trata de precipitaciones sino del propio cielo que en ocasiones llega a adquirir una tonalidad tan llamativa que es capaz de alterar a los ciudadanos hasta el punto de que se detienen todas las actividades para centrar la atención por unos minutos en la contemplación de este regalo de la madre Tierra.
Y no se crean que estoy hablando de esa agradable matiz rosado que tienen algunos atardeceres, sino de una visión que fue descrita como "apocalíptica" y "perfecta para rodar una película de ciencia ficción" en una día tan cercano como el miércoles 25 de febrero de 1998 -miércoles de ceniza- y en una ciudad tan populosa como Monterrey, aunque pudo apreciarse en todo el noreste de México.
Al parecer, los astrónomos estaban esperando un eclipse de Sol para el día siguiente, pero sin que tuviese ninguna relación, unas horas antes, sobre el mediodía, el hermoso cielo azul que siempre acompaña a esta zona se fue tornando en un rojo intenso desde el norponiente para acabar cubriendo toda la metrópoli.
Buscando en la red, he encontrado varias explicaciones a este caso: según el periódico El Norte lo ocurrido fue un raro fenómeno natural conocido como "inestabilidad del aire" que puede producirse por la llegada de un frente frío; sin embargo el prestigioso meteorólogo Miguel Ángel Vidal lo identificó como un oscurecimiento producido por concentraciones de humo y polvo, mientras que para el jefe de la Unidad de Hidrometeorología de la Comisión Nacional del Agua mexicana, no fue otra cosa que el producto de las cenizas de un incendio forestal que se acumularon y fueron arrastradas por vientos del sureste.

 Desde otra institución, el responsable del Sistema Integral de Monitoreo Ambiental llamó al fenómeno "refracción", lo cual ocurre cuando, según dijo, "el sol se refleja en la humedad del ambiente" y por último, otro investigador mexicano, Jaime de la Garza, lo resumió en el encuentro de un frente frío con el calor seco y los incendios de la sierra, aclarando que el fenómeno no fue originado por el humo, sino más bien por el choque de temperaturas.
Saquen ustedes su propia conclusión y cuando la tengan intenten aplicarla al Mieres de 1929, porque aquí ocurrió lo mismo el 31 de enero de aquel año, llamando la atención de la prensa nacional que se hizo eco del caso en una pequeña pero significativa reseña, que apareció sin firmar en El Heraldo de Madrid.
Vean como lo explicaba la crónica titulada "Interesante fenómeno sobre Mieres": "Al levantarse esta mañana, el vecindario pudo apreciar el reflejo de una luz roja muy intensa que se extendía por todo el firmamento. Parecía que en los montes próximos se había declarado un fuego muy vivo que abarcaba una gran extensión. Varios guardias se trasladaron a las afueras alejándose unos 500 metros para divisar bien el punto de donde partía la luz, y vieron por la parte del naciente que la luz roja se extendía por todo el valle de Mieres. El efecto era realmente encantador. Una mujer que habita en la parte norte del barrio de Sueros, al levantarse vio que el caudal del río presentaba color rojo. El espectáculo duró desde las cinco a las siete y media de la mañana".
Uno recuerda todavía las grandes nubes de color óxido que coronaban las instalaciones de la Fábrica antes de su desmantelamiento y ha visto en esta tierra algunos amaneceres dignos de figurar en las láminas de un calendario, pero deténganse con atención en el día que se cita en el diario: a finales de enero y a esa hora la noche es aquí tan intensa que mirando al cielo resulta difícil contemplar otra cosa que el brillo de la luna, por lo que debemos desechar tanto las hipótesis de que el origen del fenómeno tuviese que ver de alguna manera con la actividad de un horno o con la salida del Sol.
También leemos que se intentó buscar el foco del que partía el rojo intenso que irradiaba sobre todo el valle en un punto concreto, que por la descripción tenemos que situar detrás de las alturas de Polio; otra curiosidad, porque si realmente daba la sensación de que partía de allí, el color tendría que haberse notado más en la ladera opuesta a Mieres y sin embargo parece que los vecinos de esa parte no se percataron del mismo fenómeno.
A pesar de todo, hay que reconocer que la escena de los guardias -no sabemos si municipales o civiles- subiendo monte arriba para encontrarse con la luz desconocida, tiene que hacer saltar todas las alarmas de los aficionados al mundo de los ovnis, entre los que no me encuentro.
La otra imagen que nos queda de aquel día es la impresionante imagen de las aguas del río Caudal bajando rojo, otra circunstancia que entonces debía ser a la fuerza más llamativa de lo que ahora podemos suponer, ya que entonces el lavado del carbón volvía a la corriente completamente negra, haciendo mucho más difícil que su superficie pudiese reflejar cualquier otro color y mucho menos dar esa sensación desde un punto tan cercano al cauce como Sueros.
En fin, si en el caso de México los expertos no pudieron ponerse de acuerdo a pesar de tenerlo tan reciente y contar con las tecnologías más modernas, mucho menos podemos hacerlo nosotros, que sabemos muy poco de meteorología y menos aún de astronomía, con el fenómeno de Mieres, del que ya han pasado 85 años, sin testigos que puedan recordarlo y con la pequeña información que recogió entonces aquel diario madrileño.
Aunque casi lo prefiero así, qué quieren que les diga, porque no está mal que la naturaleza nos recuerde de vez en cuando que no somos tan listos y aún nos queda mucho por descubrir en este pequeño y querido mundo que tanto maltratamos.
                                 Ilustración de: Alfonso zapico

FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR.
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29 de enero de 2014

LOS NOMBRES DE LA MONARQUÍA ASTURIANA (VII), Mauregato, que reinó desde 783 hasta su muerte en 789.

La mala imagen de Mauregato.

Hijo de Alfonso I, derrocó a su sobrino Alfonso II - Su nombre se vincula con el tributo de las cien doncellas al emir musulmán para compensar el apoyo a su causa.

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A la muerte de Silo, le sucedió en el trono su sobrino Alfonso, apoyado por su tía Adosinda y los integrantes del "palacio", nombre que designaba al conjunto de nobles y oficiales que junto al rey gobernaban, legislaban y administraban la justicia. La "Rotense" dice: "Muerto Silo, todos los magnates de palacio, con la reina Adosinda, colocaron a Alfonso en el trono del reino paterno". La "Sebastianense" introduce en su relato algún matiz: "Muerto Silo, la reina Adosinda y todos los oficiales de palacio pusieron en el trono paterno a Alfonso, hijo de su hermano Fruela". Del relato de ambas crónicas destaca el papel protagonista de Adosinda al encumbrar a su sobrino en el trono de su padre. De esta proclamación de Alfonso, nada cuenta la "Crónica Albeldense", para la que a Silo le sucede Mauregato "tras hacerse ilegítimamente con el poder".
Inmediatamente después de narrar el encumbramiento en el trono de Alfonso II, las dos versiones de la "Crónica de Alfonso III" dan cuenta de su derrocamiento por su tío Mauregato. "Su tío Mauregato, que había nacido del príncipe Alfonso el mayor (Alfonso I), aunque de una sierva, se levantó hinchado por la soberbia y expulsó del trono al rey Alfonso", se dice en la "Rotense", mientras la "Sebastianense" se expresa en términos similares.
Mauregato, que reinó desde 783 hasta su muerte en 789, era hijo de Alfonso I y de una sierva. El hecho ha dado lugar a todo tipo de especulaciones. Empezando por su nombre, que algunos han querido explicar como derivado de "maurus", término latino que significa "moro", lo que indicaría que era hijo de una sierva de origen árabe. El hecho de que fuera hijo de Alfonso I, fuera de su matrimonio, dada la consideración de "católico" con que es reconocido este rey por el prodigio divino que rodeó su muerte, llevó a autores cristianos como Lucas de Tuy a afirmar, sin fundamento alguno, que lo engendró después de muerta su mujer Ermesinda, agregando para justificar la debilidad carnal del rey que la sierva era de "gran belleza".
Para el derrocamiento de Alfonso, Mauregato tuvo que contar con ayuda, lo que ha dado pie a todo tipo de conjeturas desde tiempos antiguos. Para algunos, los árabes le prestaron ayuda y a cambio Mauregato les entregaría cada año cien doncellas cristianas. Más verosímil parece la hipótesis de que Mauregato debió de contar con el apoyo de aquellos que habían tenido alguna responsabilidad en el asesinato de Fruela I, ya que serían los más interesados en que no reinara su hijo, pues en tal muerte debieron estar implicados los miembros del linaje cántabro, al que pertenecía Mauregato. Pero la figura de éste, al contrario que la de otros miembros del linaje cántabro, es presentada en las crónicas en términos muy negativos. Mientras la "Albeldense" afirma rotundamente que se hizo ilegítimamente con el poder, la versión "Sebastianense" se mantiene en un tono mucho más suave, pues indica que se hizo con el reino "con astucias". En la "Rotense" hay una censura clara, al señalar que se levantó "hinchado por la soberbia" y se apoderó "ilegítimamente" del reino. De cualquier forma, su golpe de Estado favoreció, sin duda, al linaje cántabro.
Un dato que no aclaran las crónicas es cuánto tiempo medió entre el encumbramiento al trono de Alfonso y su derrocamiento por Mauregato. Se supone que fue un espacio de tiempo muy breve, ya que según la "Nómina" de los reyes asturianos reinó cinco años y seis meses. Tal duración lleva a situar el comienzo de su reinado en 783, el mismo año de la muerte de Silo.
Quizá su golpe no fue tan inmediato, según hacen sospechar dos noticias. Por un lado, la reina viuda Adosinda se vio forzada a profesar como religiosa tras el derrocamiento de su sobrino Alfonso y el triunfo de Mauregato, y se sabe que la ceremonia de su ingreso en el convento tuvo lugar el 26 de noviembre de 785, más por imposición del bando vencedor que por verdadero impulso piadoso. Las viudas de los reyes, según el canon V del Concilio XIII de Toledo, celebrado el año 683, no se podían casar para "evitar la horrenda profanación del lecho real que resulta de que la esposa del rey difunto vuelva a casarse enseguida o se someta a la liviandad del príncipe sucesor". No parece, sin embargo, que Mauregato pudiera temer un nuevo matrimonio de Adosinda, sino su decidido apoyo y el de sus seguidores a la causa del derrocado Alfonso.
Otra noticia a favor de retrasar la fecha del golpe de Estado de Mauregato es la transmitida por el historiador árabe Ibn al-Atîr, que sitúa en el año 168 de la Hégira (784-785 de la cronología cristiana) un ataque musulmán a Oviedo, coincidiendo con los tiempos inseguros suscitados por la rebelión de Mauregato. De ser cierto este ataque y la fecha del mismo, pudo haber mediado más de un año entre la proclamación de Alfonso y su derrocamiento, aunque las crónicas asturianas nada digan de ello. Cuenta Ibn al-Atîr: "En este año 168 (784) murió Chîloûn (Silo), rey de Galicia, al que reemplazó Alfonso. Pero Mauregato le atacó y le mató. En esta situación turbulenta, el lugarteniente de Abd al-Rahmân en Toledo hizo una incursión en el país; lo masacró y volvió sano y salvo, trayendo consigo botín y cautivos".

 Mauregato es el rey que peor imagen dejó en la literatura histórica posterior. De su reinado, las crónicas asturianas sólo dan cuenta del derrocamiento de Alfonso y de que retuvo el trono en su poder cerca de seis años. Hay que tener en cuenta también que el canon XVII del VI Concilio de Toledo señalaba como impedimento para el acceso al trono el origen servil, así como el logro del mismo de forma tiránica, circunstancias ambas que coinciden en Mauregato. Los historiadores posteriores, ya del siglo XIII, asociaron su nombre al ominoso tributo de las "cien doncellas", que este rey debía entregar al emir musulmán por su apoyo para lograr el trono.
Durante su reinado fue escrito el llamado "Himno para el día de Santiago" y también "O Dei uerbun" ("Oh, Verbo de Dios"), por su primer verso. En este poema, las letras iniciales de sus versos componen un acróstico cuyo texto traducido dice así: "Oh, rey de reyes, escucha al piadoso rey Mauregato, defiéndele y protégele con tu amor". Esta invocación sitúa su composición con toda probabilidad durante el reinado de Mauregato. En este himno hay una alusión al reparto del mundo entre los apóstoles para su evangelización (las llamadas "sorte apostolicae"), en la que aparece Santiago el Mayor como encargado de la predicación en Hispania. Esta vinculación de Santiago a España se empezó a extender en el siglo VII y está en el origen del posterior culto jacobeo y en la declaración de Santiago como patrono de España, pues sus versos finales declaran: "Oh, muy digno y muy santo apóstol, dorada cabeza refulgente de Hispania, sé nuestro protector y natural patrono...".
También durante su reinado se había expandido hasta Asturias la herejía adopcionista, que declaraba que Cristo, en cuanto hombre, sólo era hijo adoptivo de Dios, y que era sostenida por Elipando, obispo metropolitano de Toledo. En la profesión como religiosa de la ex reina Adosinda estuvo presente un abad asturiano, de nombre Fidel, que portaba una carta del citado Elipando en la que recriminaba duramente a Beato de Liébana y a Eterio, obispo de Osma, por la oposición a su doctrina sobre Cristo.
Beato de Liébana y Eterio son considerados por algunos como seguidores de la causa de Adosinda y su sobrino Alfonso, pero que una vez triunfante Mauregato cambiaron de bando. En el citado "Himno para el día de Santiago", atribuido por la mayoría de los estudiosos de esta época a Beato de Liébana, algunos han querido ver en él un intento por parte del monje de Liébana de congraciarse con el rey y atraerlo a la causa antiadopcionista, pues su concurso era fundamental.
Mauregato murió de muerte natural y, según recoge el canónigo ovetense e historiador Tirso de Avilés, fue enterrado en Pravia y en su mausoleo se leía: "Hic iacet in Pravia / qui pravus fuit" ("Aquí yace en Pravia quien fue depravado").



Mauregato

FUENTE: 

Mauregato. Rey de Asturias (783-788)

http://www.mcnbiografias.com
Séptimo rey de Asturias desde el año 783 hasta la fecha de su muerte. Nacido en lugar y fechas desconocidos y muerto en Pravia en el año 788. Llegó al poder tras destituir a su sobrino Alfonso II el Casto.
Hijo natural del monarca Alfonso I el Católico, se desconoce la identidad de su madre, aunque la mayor parte de los investigadores coinciden en señalar que ésta debió ser una cautiva de origen musulmán, con la que el mencionado monarca mantuvo relaciones tras quedar viudo, puesto que parece que de maurae captae ('mora cautiva') procede la etimología de su nombre, Mauregato.
Desde su nacimiento éste debió ocupar un puesto destacado en la corte de su padre, aunque ignoramos en que condiciones fue educado y que puestos ocupó durante el reinado de su hermanastro Fruela I y posteriormente con los reyes Aurelio y Silo, aunque se puede intuir que no debió estar muy alejado del trono, como lo prueba el hecho de que se proclamara rey de Asturias, poco después de la muerte de este último.
La llegada de Mauregato al poder está descrita en la crónica de Alfonso III en la versión dedicada a Sebastián (Ad Sebastinum) del siguiente modo: "Muerto Silo, la reina Adosinda y todos los oficiales de palacio pusieron en el trono paterno a Alfonso, hijo de su hermano Fruela. Pero víctima del fraude de su tío Mauregato, hijo del Alfonso el Mayor, aunque nacido de una sierva, expulsado del reino se quedó entre los parientes de su madre en Alava". De este modo parece evidente que Mauregato aprovechándose de la juventud de su sobrino y sobre todo gracias a que debió contar con importantes apoyos entre la nobleza, logró hacerse con el poder de forma casi fulminante, aunque no parece que su advenimiento fuera extremadamente violento, ya que el futuro Alfonso II el Casto logró huir y Adosinda aunque perdió gran parte de su influencia, no fue obligada a ingresar en el convento de San Juan de Pravia hasta el 26 de noviembre de 785, aproximadamente dos años después de la llegada de Mauregato al trono. En este sentido hay que señalar que en opinión de algunos estudiosos es evidente que Mauregato contó con el apoyo de la corte del primer emir Omeya, Abd al-Rahman I, lo cual explicaría que su candidatura prevaleciera frente a la de Alfonso, a pesar de que en un principio partía con mucha desventaja por su condición de hijo bastardo.
Prueba de los numerosos apoyos con los que contó Mauregato es que durante los 5 años y los 6 meses que permaneció en el poder, no tuvo que hacer frente a ningún tipo de sublevación interna, de este modo en opinión de prestigiosos eruditos como Menéndez Pidal hay que destacar que durante estos años se produjo un gran avance en la organización y administración del reino astur, sobre todo en materia religiosa, puesto que durante este reinado la monarquía Asturiana reafirmó su independencia religiosa con respecto a Toledo, ya que el monarca muy influenciado por algunos de sus obispos y sobre todo por el personaje denominado Beato de Liébana, se negó aceptar la llamada herejía adopcionista, por lo que se separó de la doctrina emitida por el arzobispo de la mencionada ciudad de Toledo, el cual decidió aceptar ésta herejía con el fin de evitar que la corte de Carlomagno, lograra sus propósitos de obtener su independencia respecto a la sede toledana. Además durante el reinado de Mauregato el culto al Apóstol Santiago se desarrolló profundamente, gracias sin duda a la composición del Himno Jacobeo, el cual está dedicado al monarca y que se convirtió años después, en un importante elemento dinamizador del ideal de Reconquista.
Por lo que respecta a los musulmanes, Mauregato mantuvo la política de paz que habían desarrollado sus antecesores. De este modo tras realizar nuevas negociaciones, logró comprar la paz a costa de entregar importantes tributos al emir de Córdoba, tanto en moneda como en especie, entre los que se encontraba el famoso Tributo de las cien doncellas. Aunque muchos historiadores opinan que éste fue una simple leyenda creada con posterioridad, no es extraño que desde la corte de Abd al-Rahman I se reclamaran como tributo mujeres de piel y ojos claros, puesto que este tipo de mujeres eran muy valoradas como esclavas en todo al-Andalus.
Mauregato murió en su corte de Pravia por causas naturales, como apuntan todas las crónicas asturianas, en el año 788 y fue sepultado en la iglesia de San Juan. Ignoramos si éste estuvo casado aunque algunas fuentes afirman que su esposa se llamó Creusa, con la que al parecer tuvo un hijo llamado Hermeregildo, aunque no ha quedado constancia de estos datos en las mencionadas crónicas. De este modo en el hipotético caso de que Mauregato hubiera tenido descendientes, éstos no fueron considerados como candidatos al trono por los nobles, los cuales eligieron a Bermudo I el Diácono, sobrino de Alfonso I, como su sucesor.

Bibliografía

  • GIL FERNÁNDEZ, J., MORALEJO, J. L., RUIZ DE LA PEÑA, J. I. Crónicas Asturianas. (Oviedo, Universidad de Oviedo, 1985).
  • JOVER ZAMORA, J. M. Historia de España. España musulmana (711-1031). (Madrid, Espasa-Calpe, 1994).
  • MARTÍN, J. L. Manual de Historia de España. La España medieval. (Madrid, Historia 16, 1993).
  • MENÉNDEZ PIDAL, R. Historia de España. Los comienzos de la Reconquista (711-1038). (Madrid, Espasa-Calpe, 1976).
  • MENÉNDEZ PIDAL, R. Historia de España. La España Cristiana de los siglos VIII al XI. El reino Astur-leonés (722-1037). (Madrid, Espasa-Calpe, 1976).

Autor: Cristina García Sánchez

FUENTE: texto extraido de http://www.mcnbiografias.com

                                                       
                                                        

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27 de enero de 2014

El crucero clase "Velasco" hundido en 1898 la batalla de Cavite (bahía de Manila-Filipinas) «Don Juan de Austria» (calidad hecha en Fabrica de Mieres)

Las dos vidas del «Don Juan de Austria»     (artículo actualizado)

 
Cañonero D. Juan de Austria
 

Los cruceros de la Armada española se han dividido históricamente en nueve categorías. La denominada Clase Velasco es una de ellas. La componían ocho cañoneros grandes de segunda que se construyeron entre 1881 y 1888 entre el astillero inglés de Blackwall y los españoles de Cádiz, el Ferrol y Cartagena. Todos ellos tuvieron mala suerte y corta existencia, salvo el «Infanta Isabel», que se desguazó en 1926: cinco no llegaron a ver el siglo XX y la pareja que sí lo hizo fue dada de baja antes de que hubiese transcurrido su primer lustro. Tres se fueron a pique el 1 de mayo de 1898, cañoneados en la batalla de Cavite, aunque uno tuvo una segunda vida al ser rescatado del fondo: fue el «Don Juan de Austria», que volvió a ser empleado por la Marina estadounidense a pesar de que había recibido nada menos que trece impactos en su casco, pero los mismos que lo habían hundido estimaron que merecía la pena devolverlo a la superficie por la calidad de su factura. No en vano -digámoslo con orgullo- había salido de la Fábrica de Mieres. Ésta es su historia.
Durante décadas, el mayor problema que se vivía en los arsenales del Estado español era la falta de materiales con los que poder trabajar adecuadamente, por lo que muchas veces los proyectos de origen nacional tenían que acabar encargándose en astilleros particulares del extranjero. Por ello, cuando el 23 de enero de 1887 fue botado en el arsenal de Cartagena el crucero de tercera clase «Don Juan de Austria», el acontecimiento se celebró como un logro de nuestra ingeniería marítima porque su construcción se había activado con materiales exclusivamente nuestros, procedentes en su mayor parte de los hornos mierenses, en cuyos talleres se había conseguido además realizar en el tiempo récord de dos meses más de la cuarta parte del trabajo total del casco, lo que implicaba que en caso de necesidad un buque de la importancia del que nacía en aquel momento podría completarse en ocho meses, compitiendo en brevedad con los tiempos internacionales.
Además, el trabajo del hierro realizado por los obreros asturianos fue elogiado por los especialistas, que recogieron en sus informes frases afirmando que «la mano de obra es esmerada» o que «lleva el sello de perfección de cuanto elaboran nuestras inteligentes maestranzas».
El nuevo crucero tenía 63,85 metros de eslora, 9,73 de manga, 3,8 de calado medio y llegaba a desplazar 1,160 toneladas. Su estructura se remató en la misma grada de construcción de Cartagena, para ser arrastrado después hasta el dique flotante haciendo uso de un sistema ingenioso que nunca se había empleado en España y que consistió en desplazarlo sobre unos 1.100 rolletes de fundición colocados en una extensión de 85 metros. La llamativa operación se verificó en 77 minutos con una precisión y seguridad que arrancaron los vítores de las más de veinte mil personas que acudieron a presenciarla y sin que ocurriese el más leve incidente, de manera que la prensa informó de que aquel había sido un verdadero día de satisfacción para los astilleros murcianos.
Y si aquella fue la cara de la moneda en la primera vida del «Don Juan de Austria», la cruz vino, como ya he anticipado, en el desastre de Cavite, donde el Ejército yanqui remató en las costas de Filipinas la faena que había iniciado poco antes en Cuba hundiendo la mayor parte de nuestra flota ultramarina.
Pintura estadounidense que muestra al USS Olympia liderando el ataque a la flota española en la Batalla de Cavite
El encargado de consumar la siniestra faena en aquel lugar de la bahía de Manila fue el comodoro George Dewey, responsable de la escuadra asiática de Estados Unidos; frente a él estaba el almirante Patricio Montojo mandando la escuadra española. Tras aquella jornada trágica, el militar fue relevado de su cargo y juzgado posteriormente, a pesar de que había resultado herido en la batalla, porque para evitar un final aún más dramático en aquel desastre, al darse cuenta de que todo estaba perdido, mandó quemar y hundir las naves que aún se mantenían a flote antes de que cayeran en manos de su enemigo.
Uno, que no sabe nada de batallas navales, estudió en su día que el almirante había avisado previamente de que España no tenía nada que hacer ante un Ejército mucho más moderno y mejor equipado, pero también he leído después otras opiniones que mantienen que aunque los buques españoles eran un poco más viejos que los de los americanos, la diferencia no era tanta, y la idea de que la escuadra española presentó una relación de viejos buques de madera frente a la todopoderosa flota de acorazados de los americanos se explotó para eximir de culpa a los responsables políticos de aquella enorme calamidad militar.
Sea como fuere, los españoles perdimos en Manila siete barcos y tuvimos 161 muertos y 281 heridos, mientras que el otro bando también registró nueve heridos y un fallecido, no se vayan a creer.
Y así se acabó la primera vida del «Don Juan de Austria», pero el acorazado, que se había hundido gloriosamente como español, volvió a flote cuando los técnicos de los vencedores estimaron que todavía era posible aprovechar alguno de aquellos restos que ellos mismos habían varado, lo que apoya la idea de que no todos los barcos eran tan malos. Y lo hicieron en tres casos: en el del «Isla de Cuba», que acabó vendiéndose a la Marina venezolana; en el del «Isla de Luzón», transformado en mercante, y en el de nuestro crucero, que por sus posibilidades fue el único que acabó incorporándose como cañonero a la flota americana convertido en el «USS Don Juan de Austria». Ahora pasemos a la segunda parte de esta historia.
Una vez restaurada, la flamante embarcación fue destinada al puerto de Cantón, donde permaneció hasta el 18 de octubre de 1900, protegiendo los intereses de sus nuevos propietarios en las costas del Pacífico occidental; luego volvió a Filipinas y a Japón, para desempeñar labores de transporte de tropas, pero sin abandonar los combates esporádicos. En el verano de 1903 fue reparado de nuevo en los astilleros de Yokohama y aquel invierno partió hacia Europa siguiendo una ruta que le hizo pasar por Singapur, Ceilán, India, canal de Suez y el Mediterráneo, hasta llegar al puerto inglés de Portsmouth el 21 de abril de 1904; allí permaneció en el dique más de un año hasta que recibió un nuevo destino al unirse a la tercera escuadra de la flota atlántica para patrullar entre Norfolk y la República Dominicana.
No les voy a abrumar ahora con el historial de fechas y datos del cañonero, que pueden ustedes sacar de cualquier libro especializado, como yo estoy haciendo ahora, pero sepan que el «USS Don Juan de Austria» cruzó varias veces el gran charco y se dedicó a misiones de escolta durante la I Guerra Mundial. Finalmente, realizó su última labor de acompañamiento en la primavera de 1919 uniéndose desde Boston a un convoy especial que traía de vuelta a casa desde Europa a los miembros de la 26.ª división del Ejército de los Estados Unidos. Poco después, el 18 de junio de 1919, fue dado de baja definitiva en Portsmouth y entregado como chatarra en octubre de aquel año.
Quienes trabajaron a destajo en Mieres para cumplir el encargo que se les hizo en la década de 1880 nunca pudieron imaginar que los remaches que tenían en sus manos iban a recorrer el mundo para ser testigos de primera línea de algunos de los acontecimientos más decisivos de la historia de aquellos años. Ya ven cómo son las cosas. Tampoco se crean que ésta fue la única vez que los talleres de la Fábrica realizaron trabajos navales, aunque seguramente pocos tuvieron la proyección del «Don Juan de Austria».
Hace muchos años alguien muy vinculado a los archivos de la empresa me aseguró que había llegado a ver el proyecto de un submarino para la guerra de Secesión americana -destinado al bando de la Confederación, por supuesto-. He mirado el tema por encima y puede ser verdad, pero no puedo confirmarlo porque en este momento, por la dispersión de los fondos de nuestra Fábrica y las dificultades de acceder a ellos, resulta más fácil hacer el pino con una mano que aclarar algunos datos de su historia.
Así son las cosas, aunque no me cabe duda de que vendrán tiempos mejores y alguien, seguramente más joven y con más tiempo, se lo acabará contando. A ustedes o a sus hijos. Ahora me disculparán, pero me voy a ver el archivo de Mina La Camocha, que se acaba de recuperar entero, hasta la factura más pequeña, para conservarlo perfectamente inventariado y abierto a los investigadores en una sala del Museo del Ferrocarril. ¡Qué envidia nos dan estas cosas!

                             Ilustración de: Alfonso Zapico.

FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR
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Don Juan de Austria (1883). http://es.wikipedia.org

El Don Juan de Austria fue un crucero no protegido de la Armada Española perteneciente a la Clase Velasco, que recibió su nombre en honor a Don Juan de Austria, militar español hijo natural de Carlos I de España.

Historial

Tras ser hundido en la Batalla de Cavite por la Armada de los Estados Unidos después de recibir 13 impactos, fue reflotado e incorporado a la flota norteamericana como cañonero con el nombre de USS Don Juan de Austria.
Desde el 5 de junio hasta el 18 de octubre de 1900, el USS Don Juan de Austria estuvo anclado en Cantón, China, para proteger los intereses norteamericanos. Partió desde Hong Kong y llegó al Cavite 3 días después. Participó en acciones contra fuerzas insurgentes y transportó tropas. Visitó Japón desde el 1 hasta el 27 de julio de 1902, y continuó con sus tareas de pacificación en las Filipinas hasta abril de 1903.
Tras realizar reparaciones en Yokohama, Japón, desde el 27 de abril hasta el 1 de junio de 1903, el USS Don Juan de Austria navegó a lo largo de la costa china en maniobras con el resto de la flota, con la indicación de intensificar los intereses norteamericanos en el Pacífico tras la anexión de las Filipinas. Partió de Hong Kong el 16 de diciembre de 1903 hacia los Estados Unidos, siguiendo la ruta de Singapur, Ceylan, India, Canal de Suez y puertos del Mediterráneo hasta arribar a Portsmouth el 21 de abril de 1904. Fue decomisionado desde el 5 de mayo de 1904 hasta el 10 de diciembre de 1905.
Se unió a la tercera escuadra, la Flota Atlántica, y patrulló entre Norfolk y la República Dominicana para proteger intereses norteamericanos. Retornó a Portsmouth el 21 de febrero de 1907 y fue desactivado el 7 de marzo de 1907. Fue asignado a la Milicia Naval de Míchigan, Detroit.
El USS Don Juan de Austria fue dado de alta de nuevo el 6 de abril de 1917 y dejó Detroit el 17 de julio con rumbo a Newport, a donde llegó el 6 de agosto. Patrulló la costa de Nueva Inglaterra y arribó a Nueva York el 7 de agosto de 1918 para escoltar dos remolcadores del ejército y sus barcazas hasta Bermuda, tras lo cual retornó a Newport el 1 de octubre; después, escoltó un grupo de submarinos franceses y norteamericanos a Newport, a donde llegó el 1 de noviembre. El 3 de abril de 1919, el USS Don Juan de Austria llegó a Boston para unirse a una escolta especial de los miembros de la 26ª división del Ejército de los Estados Unidos que retornaban de Europa. Fue dado de baja en Portsmouth el 18 de junio de 1919 y vendido el 16 octubre de 1919.

Banderas
España Insignia Naval de EEUU
Historial
Astillero Cartagena
Clase Clase Velasco
Iniciado 1883
Botado 23 de enero de 1887
Asignado Bandera de España 1889
Bandera de los Estados Unidos 1898
Baja Bandera de España 1 de mayo d 1898
Bandera de los Estados Unidos 1919
Destino hundido en 1898
rescatado por la Armada de los Estados Unidos
Desguazado
Características generales
Desplazamiento 1150 t
Eslora 67 metros
Manga 9,4 metros
Calado 3,9 metros
Aparejo 1.132 m² de vela (náutica)
Armamento • 4 cañones González-Hontoria de 120 mm
• 2 Cañones de desembarco de 70 mm
• 4 ametralladoras
• 2 tubos lanzatorpedos
Propulsión • 4 calderas
• 1 máquina alternativa
• 1 hélice
Potencia 1.500 CV
Velocidad 14 nudos
Autonomía 220 t de carbón
Tripulación 180

Fuente:  http://es.wikipedia.org
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