26 de agosto de 2013

Oviedo en la Historia

Oviedo - "Doce siglos de Historia".
                                                                                   

Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias en la Cámara Santa de Oviedo http://www.independentrip.com

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En el siglo IV el Imperio romano se extiende por el amplio territorio sobre el cual se asentarán después, las sociedades políticas que hoy llamamos europeas.
El Imperio romano se hace cristiano con Constantino el Grande, deja de concebirse como un Imperio rodeado de bárbaros y pretende hacerse universal (católico), tratando de incorporar al nuevo orden a todos los demás pueblos de la Tierra que presionan sobre él y amenazan siempre con destruirlo. Se ha dividido en dos polos, Roma y Constantinopla.
Pero en el siglo V, los pueblos bárbaros del norte que lo rodean, atraviesan el Danubio y se infiltran en las provincias romanas descomponiendo el Imperio de Occidente. Las partes descompuestas de este Imperio se reorganizan como reinos sucesores: el reino de los francos en la Galia y el reino de los visigodos en Hispania, principalmente. El Imperio romano de Constantinopla, el Imperio Bizantino, se mantiene e incluso pretende recuperar, con Justiniano en el siglo VI, las provincias perdidas.
En los siglos VII y VIII, el Islam –una herejía del cristianismo católico, según la fórmula de San Juan Damasceno– ha heredado el imperialismo ecuménico cristiano y rodea por el sur al Imperio de Constantinopla y a los reinos sucesores de Roma. El Imperio bizantino resistirá durante siglos la presión del Islam, hasta que en 1453 los musulmanes entran en Constantinopla.
Los reinos de Occidente también serán invadidos por las oleadas musulmanas, que arrasan los reinos occidentales. Pero en Covadonga (722) y en Poitiers (732), el impulso musulmán podría ser frenado.
Este primer impulso de resistencia, en Covadonga y en Poitiers, se transformará en muy pocos años, y necesariamente si quería mantenerse, en un impulso de avance indefinido como único modo de detener la presión del Islam, de «recubrir» su Imperio con otro Imperio universal (y no de mera resistencia). El imperialismo surgido de estos reinos sucesores occidentales no está por tanto inspirado solamente por el imperialismo musulmán sino que tiene, el mismo, orígenes cristianos, católicos.
Gracias a esta transformación imperialista del primer impulso de resistencia el orden cristiano de Occidente podrá mantenerse frente al Islam siglos después del hundimiento del Imperio bizantino.
La primera constatación de este impulso imperialista y no de mera resistencia nos la ofrece ya la época de Alfonso I el Católico (vinculado familiarmente a Don Pelayo). Pero, sobre todo, cristaliza cuando Alfonso II, para reorganizar su reino, que se extiende ya a lo largo de toda la cordillera cantábrica, de Galicia hasta Navarra, traslada en el 812 la capital de su reino a Oviedo, como centro de operaciones de un reino que sabe que tiene que desbordar continuamente sus fronteras si quiere subsistir.
Oviedo será así refundado como ciudad imperial, émula del antiguo Toledo, que, a su vez, quiso emular a Constantinopla y a Roma. De este modo, podrá decirse que Alfonso II anima un proyecto imperialista paralelo al que Carlomagno anima en Francia. Carlomagno se extenderá por los actuales territorios de Bélgica y Alemania, masacrando, cuando fuera preciso, a pueblos enteros (lo que no fue obstáculo en el momento de ser elegido como emblema de la actual Europa). Carlomagno también quiere extender su Imperio hacia el Sur, por lo menos hasta el Ebro. Pero será detenido en Roncesvalles (en la batalla del año 808 y no en la del 778): las figuras de Roldán y de Bernardo del Carpio, sobrino de Alfonso II, simbolizan este enfrentamiento.
Alfonso II, desde Oviedo inicia el camino de Santiago y llega hasta Lisboa. El impulso del nuevo Imperio cristiano organizado desde Oviedo en el reinado de Alfonso II se mantiene en sus sucesores. Alfonso III el Magno asumirá ya el título de Imperator Totius Hispanie. Su reino desborda ampliamente el territorio asturiano: Alfonso III funda Burgos y llega en sus correrías hasta Algeciras. Por ello no es propio hablar, a partir de Alfonso II, de los «Reyes de Asturias» —que fueron los reyes originarios-, sino de los Reyes de Oviedo. Los reyes de Oviedo no sólo han frenado definitivamente el avance musulmán en Europa (si no hubiera sido por ellos gran parte de los europeos actuales –españoles, franceses, ingleses, alemanes o belgas— vestirían desde hace siglos chilabas y turbantes y adorarían a Alá), sino que han orientado la dirección de los otros reinos.
El impulso imperialista de los reyes de Oviedo y sucesores, que asumirá durante siglos la forma de una «reconquista» del reino de los visigodos, no se agota en tal forma. Pero la consolidación y crecimiento del nuevo reino exigirá, por razones estrictamente estratégicas, a la muerte de Alfonso III, en el 910, el traslado de la capitalidad del reino de Oviedo a León. Y aquí se formarán nuevos reinos cuyo origen está vinculado siempre a los primitivos, como puedan ser los reinos de Navarra, Castilla o Aragón (en cuyo reino se englobará después Cataluña).  Todos ellos coordinados en un proyecto imperialista implícito que culminará con la toma de Granada en 1492. Pero que no se detiene allí. El impulso imperialista que moldearon desde el principio los reyes de Oviedo no se identifica por tanto con el proyecto de la Reconquista, lo desborda. Los Reyes Católicos, si apoyaron a Colón, no fue tanto, o únicamente, para abrir un nuevo camino hacia Poniente que les llevase a China, al Japón o a la India, sino, sobre todo, para poder envolver a los musulmanes por la espalda, a los musulmanes que acababan de entrar por Constantinopla y se disponían a pasar el Danubio.
El Imperio español de los siglos XVI, XVII y XVIII es así una continuación o resultado del impulso imperialista inicial de los reyes de Oviedo. Un impulso que cobrará fuerzas al andar; por ejemplo, con Alfonso VIII en las Navas de Tolosa.
Por ello sólo podrá medirse el alcance y significación histórica de los reyes de Oviedo cuando se mantenga la percepción de la conexión entre aquel impulso, inicial pero ya plenamente cristalizado, y su resultado, España y la Hispanidad. Quien subestime el significado y alcance de España y de la comunidad de los pueblos hispánicos, tendrá que subestimar también el alcance y significado de los reyes de Oviedo, así como recíprocamente: solamente podrá ponderarse el significado histórico de los reyes de Oviedo cuando se perciba la conexión entre el proyecto imperialista ya iniciado por ellos y el Imperio español que realmente existió. El alcance y significado de un proceso histórico jamás podrá medirse circunscribiéndonos al análisis de la época en que se gestó ese proceso, sino incorporando a este análisis su posterioridad.

                                    Santa María del Naranco
La Expansión del Reino de Oviedo.


Santa María del Naranco
Tras la última incursión de los musulmanes en Oviedo en el año 795, Alfonso II el Casto, que reinó desde el 791 hasta el 842, inicia un proceso de renacimiento y expansión del Reino: se  instituye su capital en Oviedo en el año 812, alcanzando el reino toda la franja norte y consolidándose en la región castellana tras la cornisa cantábrica. En el año 798 Alfonso II realiza una profunda incursión en territorio árabe y conquista la ciudad de Lisboa, obteniendo un gran botín. Con el objeto de establecer alianzas frente al Islam, el Rey Casto decide enviar ese mismo año una embajada a Carlomagno presidida por el embajador Froila y el teólogo Basilisco, donde se ofrecen al emperador francés varios de los objetos obtenidos en el saqueo de Lisboa, como una lujosa tienda de campaña árabe. Muchos historiadores de prestigio, como Claudio Sánchez Albornoz, coinciden en que el saqueo de Lisboa tuvo una gran repercusión en el mundo cristiano, por lo que esta comitiva constituye un acto simbólico en el que el soberano Alfonso II manifiesta su poder ante un Rey nombrado por el Papa y tributario suyo: primero nombrado rey de los francos por el Papa Zacarías en el 751 y después emperador del futuro Sacro Imperio por León III en el año 800.
De esta época también data la Batalla de Roncesvalles, negada por una parte considerable de la crítica desde el siglo XVII pero aceptada por los historiadores franceses, en la que el sobrino de Alfonso II, Bernardo del Carpio, vence a Roldán y a los Doce Pares de Francia en una fecha que se sitúa probablemente en el año 808, año en que se forja la Cruz de los Ángeles, reliquia donada por Alfonso II a la Iglesia de San Salvador de Oviedo, fundada también por el Rey Casto y que incluye la Cámara Santa con las principales reliquias de la cristiandad. Posteriormente en el siglo XI se atribuyó a la cruz una leyenda que supone a dos ángeles como los orfebres de la misma, relatada en la Crónica Silense (año 1115), donde se relaciona a Alfonso II con el arca de las reliquias ovetenses contenida en la Iglesia-Catedral de San Salvador.
La cruz incluye las letras griegas alfa y omega (principio y fin), símbolos del Apocalipsis y de Dios, como se señala en La Biblia. En el brazo inferior de la cruz aparece la inscripción Hoc signo tuetur pius=Hoc signo vincitur inimicus (Con esta señal se defiende el piadoso=Con esta señal se vence al enemigo), resonancia del lema del emperador bizantino Constantino, Hoc signo victor eris (Con este signo vencerás), ya utilizado por el Imperio Romano en tiempos de Constancio II (337-361). Pronto la inscripción se convirtió en un lema de la monarquía ovetense, que también aparece en la Cruz de la Victoria en tiempos de Alfonso III (año 908). Estas inscripciones nos sirven para concluir que la Cruz de los Ángeles es un símbolo del poder de Alfonso II, representado en la donación a la Iglesia de San Salvador de Oviedo, símbolo de un imperio cristiano que se intenta consolidar en Europa con Carlomagno y Alfonso II como competidores, uno al albur de Roma y el otro desligándose de ella.
Pero fundar un imperio cristiano al margen de Roma implica también crear lugares simbólicos y de peregrinaje, fundar una nueva iglesia distinta de la visigoda, que ha quedado en manos de los musulmanes. Alfonso II, con el posterior descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago poco después de ser instituida Oviedo como capital, funda un centro de peregrinaje en Santiago de Compostela, el Camino de Santiago, con una parada obligada, la Iglesia de San Salvador de Oviedo, como bien señala el lema: «Quien va a Santiago y no a San Salvador, visita al siervo y olvida al Señor». Así Alfonso II podría competir con las peregrinaciones cristianas a Roma y las musulmanas a Córdoba, en la línea del imperio cristiano que buscaba construir.

                       Cámara Santa
 Oviedo, Capital simbólica del Reino de España.
Cuando en el 908 Alfonso III traslada su corte a la ciudad de León, la unidad política del Estado no se rompe. Oviedo queda convertida en capital simbólica, en ciudad-relicario, donde se guarda la Cruz de la Victoria  símbolo de la Reconquista.
No sólo la Cruz, sino todas las reliquias que guarda la Cámara Santa (ampolla con la sangre de Cristo, leche de la Virgen, maná, santo sudario, &c.) de la Catedral de Oviedo, se convierten en símbolo espiritual del nuevo Estado que empuja hacia el sur de la Península Ibérica. Según F. J. Simonet, (Historia de los mozárabes españoles, Madrid, 1903, pág 253 y ss.) las reliquias de San Vicente fueron veneradas en Valencia hasta el ataque de Abderramán II a las posesiones de Teodomiro, cuando fueron trasladadas a Zaragoza y de allí al Algarbe,  yendo parte de ellas al territorio asturiano con el abad Fromestano y sus seguidores.
En 1075, Alfonso VI acude a Oviedo para la apertura del Arca Santa junto a su hermana Urraca, con un séquito en el que figura el Cid, cuya esposa Jimena, era copropietaria del monasterio de San Salvador de Tol en Castropol, por el que tuvieron pleito, que perdieron, contra el obispo de Oviedo Arias. Cuando abrieron el arca, salió de ella tal resplandor que cegaba los ojos de los presentes impidiendo ver nada más que la luz:
«Tanta lux emicuit ab illa ut pro ipso splendore oculi non possent aspiciere que habebatur intra claustra arche...». Ante esto, Alfonso VI dispuso que una nueva arca de chapas de plata ricamente labradas y que aún podemos admirar guardase dignamente en adelante tan preciadas reliquias.
Durante todo este periodo, Oviedo ha ido perdiendo importancia como capital política en beneficio de León.  Pelayo de Oviedo, va a intentar que su diócesis vuelva a tener la importancia de épocas anteriores ante el empuje de León, Toledo y Santiago. 
Se desconocen muchos datos de vida de este importante personaje de la Historia de Oviedo, entre ellos el lugar de su nacimiento. Se sabe con certeza, por ejemplo, que en 1098 recibió la consagración episcopal como auxiliar de Martín I, el titular de la sede. Se caracterizó por la defensa de los intereses territoriales de la diócesis de Oviedo.
El obispo Pelayo, tiene una gran significación para el estudio de la historiografía del reino de Oviedo. De su «oficina» salió el Corpus Pelagianus, cuya parte principal está compuesta por el Liber Chronicorum, donde se encuentran copiadas la mayoría de las Crónicas compuestas anteriormente, como la Historia Gothorum, la Historia Universal de S. Isidoro, la Crónica de Sebastián y la de Sampiro. Compuso, además una crónica original, que lleva su nombre y que continúa las anteriores, donde se encuentran sintetizadas y subrayadas todas las características de la historiografía medieval: providencialismo, moralismo histórico; e instrumentalización de la nobleza frente a los intereses de la Iglesia (agustinismo político). El hipercriticismo de diversos autores (i.e. Lucien Barrau-Dihigo) ha cargado las tintas contra la labor historiográfica de Pelayo, tachándole de falsario, fabuloso e interpolador, de forma no siempre justificada. La obra que ha hecho más célebre al obispo Pelayo ha sido el Libro de los Testamentos donde el prelado ovetense recogió todos los documentos relacionados con la situación jurídica, la historia y las posesiones de su diócesis.
La crónica del Obispo Pelayo está a la altura de las anteriores o las posteriores de Silense, Toledano o Alfonso X, por lo tanto, debe ser reivindicado como historiador de España a la altura de los anteriores, luchando contra la leyenda negra de falsario e interpolador que le rodea.
                                   Estatua de Valdés
La Herencia del Gran Inquisidor. 
El inquisidor Valdés Salas dejó en su testamento el deseo de convertir Oviedo en ciudad universitaria.  Además del deseo hizo figurar la cantidad  que debía consignarse a la fundación y construcción de un centro de estudios mayores y gracias a esta donación  se consiguió que Oviedo, además de ciudad imperial, fuese ciudad universitaria. La Universidad de Oviedo es el valioso legado y regalo del inquisidor a la ciudad.Fernando Valdés Salas (1483-1568), fue Arzobispo de Sevilla (1483-1568), y  entre 1529 y 1530 obispo de Elna (Francia). Fue nombrado obispo de Oviedo en 1532, y ejerció dicho puesto  durante siete años (1532-1539). El día 2 de mayo de 1566 firmó su testamento  y murió el 9 de diciembre de 1568, por lo que en el año 2008 se  cumplirán 440 años de su muerte. En su testamento establecía las cuantías que habían de repartirse entre los tres colegios que fundó y  las donaciones a distintos templos y monasterios a los que se encontraba ligado, así como su deseo de fundar un centro de estudios mayores en Oviedo.

«Porque en la ciudad de Oviedo tengo fundado un colegio y es­tudio, en el cual ahora se lee y ha de leer y estudiar gramática hasta que se de orden para que sean otras facultades, y para la latinidad ha de haber en el dicho colegio un preceptor y un repetidor y dos colegiales y tres familiares, demás del servicio de lavandera y cocinero, médico y botica y fábrica de la casa, quiero y es mi voluntad que, para sustentar y alimentar las personas susodichas del dicho colegio, hayan y tengan cada un año trescientas mil maravedíes de renta, demás del pan de renta que yo tengo en la comarca de la ciudad de Oviedo, las cuales dichas trescientas mil maravedíes y pan se han de repartir en las personas susodichas por la dicha orden y forma que a mí, o a la persona que yo para ello nombrare, pareciere que más convenga al servicio de Dios, nuestro Señor, y a la  autoridad y gobierno de la dicha ca­sa y colegio.» José Luis G. Novalín, El Inquisidor general Fernando de Valdés, Cartas y documentos, pág.364. Oviedo, 1968.


                          Plaza de Feijoo
Feijoo y Oviedo. 
En 1564 sus albaceas testamentarios pidieron bula papal a Gregorio XIII con el consentimiento de Felipe II a fin de fundar la universidad de Oviedo, aunque la institución y el edificio que la albergaría no se inauguró hasta 1608, cuarenta años después de la muerte de su mecenas.

En Oviedo la lengua española se expresó en todo su esplendor gracias a Benito Jerónimo Feijoo, cuyas obras alcanzaron una difusión extraordinaria incluso para los parámetros de nuestra época: sus volúmenes impresos rondaron los 420.000 ejemplares, cifra superior si se computan las ediciones clandestinas que se enviaban a Hispanoamérica.  Feijoo escribió «discursos varios en todo género de materias, para desengaño de errores comunes»,  incluyendo referencias a estampas cotidianas, incluso históricas, de la ciudad de Oviedo, sobre todo de  las supercherías y supersticiones que abundaban entre las gentes de la ciudad durante la primera mitad del siglo XVIII y de las que realizó profunda crítica.
Benito Jerónimo Feijoo nació en Casdemiro (Orense) en 1676. Tras ingresar en la Orden de San Benito en 1690, en el Monasterio de San Julián de Samos (Lugo), en 1709 recaló en el Monasterio de San Vicente de Oviedo, donde desarrolló su trayectoria como profesor y escritor hasta su fallecimiento en 1764. Feijoo fundó el ensayo filosófico en lengua española, conociendo sus obras traducción a otras lenguas como el italiano, el portugués, el inglés y el alemán.
Desde que en 1726 publicara el primer tomo de su Teatro Crítico Universal (1726-1739), el Padre Feijoo se vio envuelto en numerosas polémicas, continuadas en las Cartas Eruditas y Curiosas (1742-1760). Autores como el médico de la corte Martín Martínez y su compañero de orden Martín Sarmiento defendieron a Feijoo en unas controversias que aún hoy tienen interés, en temas como la astrología o la medicina. Especial interés alcanzó una polémica sobre si las mujeres alcanzan o incluso superan en inteligencia e ingenio a los hombres, defendiendo el benedictino en su famosa «Defensa de las mujeres» (1726) la valía del sexo femenino frente a numerosos autores conocidos y anónimos, un tema que  hoy día está de plena actualidad.


Placa dedicada a los héroes del Nueve de Mayo
Oviedo y la francesada. 
 Desde el balcón de correos en la ciudad de Oviedo, el cartero, D. Álvaro Ramos leyó la correspondencia en la que se narraban los detalles de los sucesos del Dos de Mayo de 1808 en Madrid. Es necesario recordar que en esta simbólica  fecha de  Dos de Mayo, el pueblo de Madrid, acaudillado por Daoíz y Velarde, se rebela contra el invasor francés. Si bien es verdad que esta rebelión no triunfa en principio, va a suponer uno de los principales  focos de los que surja la resistencia popular contra Francia. En Asturias prendió con fuerza la rebelión: muchos asturianos habían muerto en Madrid y el pueblo se exaltaba ante la lectura de la correspondencia que detallaba los crímenes.
Encontramos  una relación de los asturianos muertos y heridos en Madrid en Fermín Canella Secades, Memorias asturianas de 1808, Oviedo, Imprenta de Flórez, Gusano y Compañía, Calle de San José, núm. 6, 1908, págs 15-24.
Después de la lectura del correo, con los ovetenses ya enfurecidos, los magistrados y  Nicolás Llano Ponte, Comandante Provincial, pretendieron publicar el bando de Murat. De la Escosura se dispuso a leerlo, pero la algarabía en las calles no le permitía hablar. Frente a la fuente de Cimadevilla, María Andallón y Joaquina Bobela, estallaron en gritos ¡qué no se publique! A partir de aquí, otras personas se sumaron a la indignación, como el médico Reconco o el conde de Peñalva que  lanzaron la consigna : ¡A las armas! Los sublevados rompieron el parche del tambor de la guardia que acompaña al comandante y comienzaron a tirarles piedras a los magistrados que retrocedieron y se refugiaron en la Audiencia. Por un balcón de ésta, el Obispo Hermida procuró sin éxito, calmar a la muchedumbre.

El pueblo de Oviedo seguía reclamando a gritos el bando de Murat para quemarlo. Cada vez más gente se arremolinaba en la puerta de la Audiencia. Una columna de estudiantes y otra de vascos, trajeron las armas de fuego, procedentes del asalto a la fábrica de armas. Tomaron al asalto la audiencia entre gritos de ¡viva la religión! y ¡Viva el Rey!
Comandados por el Procurador General y otros personajes de Oviedo el bando se quemó en el actual parque. A las cinco de la tarde de ese mismo día, se reúnen el pueblo y algunos diputados y entre todos deciden no reconocer más Rey que a Fernando VII y confiarse a la Junta, en lugar de a la Audiencia.
El 25 de mayo, tras golpe de mano de varios patriotas, se produjo la creación de una Junta Suprema que enviaría emisarios a Inglaterra para firmar la paz en nombre de España y aliarse con los británicos, consiguiendo así suministros y armas, además de medios para repatriar a tropas españolas desplazadas por toda Europa en las campañas napoleónicas, como en el caso del regimiento del Marqués de la Romana.  Como señala Ramón Álvarez Valdés en sus Memorias del levantamiento de Asturias  en 1808, esta Junta Suprema ejerce las funciones de soberanía en nombre de Fernando VII, es decir, en nombre de España:

«Nota de las demandas expresivas de la voluntad del pueblo de esta capital [...]
Art. 2.° Siendo la primera medida de salvación la de crear un Gobierno patriótico, enérgico y entendido que dirija con acierto los esfuerzos de los asturianos en resistir la horrible agresión que les amenaza, crea e instituye una Suprema Junta de Gobierno con todas las atribuciones de la Soberanía que ejercerá en nombre de Fernando VII mientras no fuese restituido al Trono, compuesta del patricio D. José María del Busto, Juez primero noble de esta ciudad y de los demás individuos que merecen la confianza del pueblo y se designan en la lista entregada al Sr. Comandante general.
Art. 3.° Esta Suprema Junta no procederá a ningún acto hasta que haya prestado sobre los Santos Evangelios el juramento de fidelidad al Rey y a la Patria y de sacrificar en sus aras la vida, antes que supeditarse a la ignominia de sufrir el yugo de la dominación francesa.»
                        
Estatua de la Regenta a los pies de la catedral. El Oviedo del Magistral.
 En el siglo XIX Oviedo vive los cambios propios de la revolución industrial y la modernización de su paisaje urbano. Todos estas transformaciones, que trascienden el ámbito geográfico y se instalan en las costumbres sociales, fueron recogidas por Leopoldo Alas Clarín. Fiel testigo de estos cambios es el Magistral Don Fermín de Pas, personaje de La Regenta, que desde la torre de la catedral asiste a la metamorfosis de Oviedo.
Leopoldo Alas Ureña, Clarín, describe en esta obra cumbre de la literatura universal, a  Vetusta, «la heroica ciudad», su expansión urbana, su composición social, la moral, las costumbres y a los personajes que la habitan. El plano que Clarín traza de su Vetusta, concuerda con la ciudad modelo, Oviedo.
Don Fermín de Pas es el personaje a través del cuál Clarín describe la ciudad, sus paseos y su estructura, sus virtudes y sus defectos.  El verdadero amor de Don Fermín es Vetusta, eclipsado transitoriamente por la mujer del ex regente. Es Don Fermín quien abre la puerta de Vetusta, y quien nos conduce, primero a vista de pájaro por su fisonomía global, y más tarde a paso de sotana descubriendo una a una sus calles y costumbres. En el prólogo a La Regenta, Benito Pérez Galdós dice  sobre el Magistral: 
«(…) la gran figura del Magistral  D. Fermín de Pas, de una complexión estética formidable, pues en ella se sintetizan el poder fisiológico de un temperamento nacido para las pasiones y la dura armazón del celibato, que entre planchas de acero comprime cuerpo y alma. D. Fermín es fuerte, y al mismo tiempo meloso; la teología que atesora en su espíritu acaba por resolvérsele en reservas mundanas y en transacciones con la realidad física y social. Si no fuera un abuso el descubrir y revelar simbolismos en toda obra de arte, diría que Fermín de Pas es más que un clérigo, es el estado eclesiástico con sus grandezas y sus desfallecimientos, el oro de la espiritualidad inmaculada cayendo entre las impurezas del barro de nuestro origen. Todas las divinidades formadas de tejas abajo acaban siempre por rendirse a la ley de la flaqueza, y lo único que a todos nos salva es la humildad de aspiraciones, el arte de poner límites discretos al camino de la imposible perfección, contentándonos con ser hombres en el menor grado posible de maldad, y dando por cerrado para siempre el ciclo de los santos. En medio de sus errores, Fermín de Pas despierta simpatía, como todo atleta a quien se ve luchando por sostener sobre sus espaldas un mundo de exorbitante y abrumadora pesadumbre. Hermosa es la pintura que Alas nos presenta de la juventud de su personaje, la tremenda lucha del coloso por la posición social, elegida erradamente en el terreno levítico, y con él hace gallarda pareja la vigorosa figura de su madre, modelada en arcilla grosera, con formas impresas a puñetazos. Las páginas en que esta mujer medio salvaje dirige a su cría por el camino de la posición con un cariño tan rudo como intenso y una voluntad feroz, son de las más bellas de la obra». Benito Pérez Galdós, Prólogo a La Regenta, Madrid, Enero de 1901.
                                         Catedral de Oviedo.  Revolución y Guerra.
 Oviedo no fue ajena a las convulsiones mundiales sufridas durante el siglo XX, viviéndolas con una intensidad inusitada: en 1934 Oviedo fue destruida durante la denominada Revolución de Octubre de 1934, y en la guerra civil de 1936 fue de las primeras ciudades del mundo en ser bombardeada desde el aire, precedente de los destrozos y horrores sufridos por otras ciudades: Londres, Berlín, Dresde, Hiroshima, Beirut, Sarajevo... La ciudad de Oviedo fue así destruida doblemente y con especial énfasis en sus edificios y lugares más emblemáticos: la calle Uría, la Universidad de Oviedo y la Catedral, entre otros, quedaron en ruinas. En total tres cuartas partes de los edificios se vieron afectados y la mitad de la ciudad quedó destruida. Zonas enteras como Buenavista, San Lázaro o el Campillín fueron completamente restauradas y proyectadas desde cero.
Una vez finalizada la guerra, se comenzó la reconstrucción de la ciudad, dando paso de manera paulatina al Oviedo actual. En primer lugar se siguió el plan del Servicio Nacional de Regiones Devastadas, que elaboró un plan de reconstrucción ya en 1940, incluso antes que el plan para Madrid, teniendo Oviedo el privilegio de ser una de las primeras capitales de provincia en ser reconstruida tras la guerra. Germán Valentín-Gamazo elabora un nuevo plan en 1943, con especial énfasis en definir la ciudad según áreas sociales. Paralizado el plan por motivos económicos, hasta 1955 se construyen solares en la zona de Llamaquique para la clase media, mientras las clases populares se asentaron en las zonas de Santullano-Pumarín. Para resolver el problema de la vivienda obrera se modificó el Plan inicial de Gamazo paralelamente al crecimiento de la ciudad, que pasó de 71.000 a 130.000 habitantes entre 1950 y 1970. En 1956, con la Ley del Suelo, se soluciona el problema de acceso a la vivienda. Desde 1965 la permisividad de la altura de los edificios aumenta, erigiéndose construcciones modernas como el edificio de La Jirafa, en el centro de la ciudad.  Poco a poco Oviedo va tomando el aspecto que la caracteriza en la actualidad.


Premios Príncipe de Asturias. Oviedo, cuna de la Hispanidad.
Oviedo, ciudad más antigua de España y cuna de la hispanidad se presenta hoy como núcleo moderno que ha ido configurándose a través de las luchas políticas, sindicales y administrativas a lo largo del tiempo para transfomarse, en los últimos treinta años, en una población que basa su ritmo diario en los servicios, los congresos, los premios de proyección internacional (Príncipe de Asturias) y el turismo cultural de calidad. Oviedo cuenta hoy con los mejores servicios turísticos de Asturias y se convierte en atalaya privilegiada para observar restrospectivamente la historia de los doce siglos de hispanidad . Para satisfacer esas demandas, cuenta con numerosos hoteles, algunos conocidos  a nivel nacional, como El Reconquista, restaurantes, museos, teatros, ópera y diferentes lugares de reunión y esparcimiento
El calificar a la ciudad de Oviedo como «cuna de la hispanidad» queda justificado en el sentido de que fue Oviedo, según se ha interpretado en las páginas anteriores, la ciudad primera o más antigua de las fundadas en España, a partir de la cual se inicia el movimiento expansivo que conformará el cuerpo político de un Imperio Universal. A partir de la batalla de Covadonga, la expansión musulmana queda frenada y después, contraída y neutralizada.
En relación con la Idea de Hispanidad, otro dato de interés es el siguiente: una de las personas que propusieron la creación del Día de la Raza o Día de la Hispanidad, nació y murió en Oviedo, en sitio tan emblemático como lo es San Vicente, donde se fundó la ciudad o Feijoo tenía su celda, &c. Se trata de José María González, alias Columbia.
Actualmente, en Oviedo se celebra una fiesta anual con resonancias hispanas: el día de América en Asturias, en el cual se celebran los lazos de hermanamiento con las naciones hispanoamericanas y se recuerda a los emigrantes.
Entre todos los actos  celebrados en Oviedo destaca el acontecimiento anual de los Premios Príncipe de Asturias. Con ellos se recupera la importancia para España, desde Oviedo, del Príncipe de Asturias y de la Monarquía Hispánica en general, proyectándose una imagen de unidad política en torno a la monarquía.



La Regenta en la plaza de la catedral
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La elegancia francesa de la Cámara Santa.

La estética y la delicadeza de las figuras románicas del apostolado evidencian la influencia gala del taller y del maestro que las realizó.

Los expertos califican de «excepcional» el conjunto escultórico de la nave central, que «nada debe al Pórtico de la Gloria compostelano».

Cruz de los Ángeles, símbolo de Oviedo, en la Cámara Santa http://www.independentrip.com





Depositaria de un tesoro a la vez espiritual y artístico, la Cámara Santa de la catedral de Oviedo nació hace casi nueve siglos como santuario dedicado a albergar las reliquias que, según la tradición, llegaron a Asturias desde Jerusalén huyendo de las dominaciones infieles. Hoy, la Cámara Santa, de estilo románico de influencia francesa, es el tesoro más preciado de la Catedral, sigue recibiendo a centenares de visitantes y mantiene viva la costumbre iniciada por el rey Alfonso VI cuando, en 1075, la visita para asistir a la apertura del Arca Santa, viaje en el que lo acompaña casi toda su corte, además de don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador.
El viaje del monarca para visitar las reliquias ovetenses iba a ser el germen de un fenómeno que convirtió la capital asturiana en centro de una destacada corriente de peregrinación complementaria de la compostelana. La villa ovetense va a verse beneficiada por un fenómeno que, además de contribuir a su desarrollo comercial, será crucial para la introducción de corrientes artísticas europeas que van a desarrollar el estilo románico que se impone a finales del siglo XII.
Donde hoy está situada la Cámara Santa de la catedral de Oviedo existía un espacio prerrománico vinculado a la torre de San Miguel, un recinto techado a dos aguas con techumbre de madera y algo más alto que el actual. Allí, se realiza hacia 1170, en pleno auge del Románico, una rehabilitación importante promovida por el obispo Gonzalo Menéndez, «Gundisalvo», gobernador de la diócesis entre 1162-1175. El resultado de las obras es una pequeña nave de dos cuerpos con el central adornado con un triple arco fajón y rosetas en los intradoses. Cuenta con bóveda de medio cañón sobre una imposta decorada que recorre tres de las cuatro paredes de la nave.
Pero si algo llama la atención en el pequeño recinto de la Cámara Santa es el conjunto escultórico que forman las seis columnas con pedestal del apostolado. Se trata de una obra excepcional a la que se une el Calvario, situado en el muro de entrada a la nave. Hoy únicamente se conservan las cabezas en relieve al haber desaparecido con el paso del tiempo los cuerpos pintados.
La paternidad del apostolado ha sido a lo largo del tiempo un asunto de interés, ya que han sido varias las opciones utilizadas para poner autor al conjunto. Para algunos, el estilo de las seis columnas-esculturas que representan a los doce apóstoles es similar al que en el Románico temprano se emplea en Borgoña, Normandía.
Gerardo Boto, descendiente de asturianos y profesor de Historia del Arte medieval de la Universidad de Gerona, aprovecha estos días de verano incierto para visitar una vez más la Cámara Santa y reparar en la influencia francesa que aprecia tanto en la estética como en la elegancia de las figuras románicas del apostolado. Ante Agustín Hevia Ballina, responsable del Museo Diocesano, que hace de guía para construir este reportaje, Boto habla del apostolado como un conjunto «excepcional» atribuible a un maestro llegado del otro lado de los Pirineos «que nada debe al afamado Mateo» autor del Pórtico de la Gloria de Santiago.
Sin dejar de elogiar la calidad de las figuras, corrobora la pertenencia de las obras al último tercio del siglo XII, mientras Hevia observa la humanización de los rostros de los apóstoles «que, sonrientes, parecen estar dialogando entre ellos». César García de Castro, acompañante de Boto en el recorrido por la Catedral, suscribe su admiración por el trabajo artístico e innovador que desembocó en una de las más destacadas obras del Románico asturiano.
Aunque no se puede conocer con exactitud cómo se desarrolló la historia que daría paso a tan singular creación, se sabe que desde mediados del siglo XII surge un mayor interés de los artistas por la escultura y la iconografía, en lo que parece haber tenido cierta influencia el taller impulsado por el obispo Gonzalo Menéndez -promotor de la obra arquitectónica de la Cámara Santa- que funcionó como foco de atracción de numerosos artistas llegados de otros puntos de Europa.
En esas etapas de clara influencia eclesial, los artistas trabajaban bajo la dirección de obispos y teólogos, eran los encargados de planificar los programas y elegir los motivos que servían de ornamento a muros de iglesias y monasterios. Un ejemplo claro lo tenemos en los capiteles del apostolado, con un repertorio iconográfico que recoge a escenas de la Biblia.

 Una de las columnas de la Cámara Santa, con las figuras de San Pedro y San Pablo.  Nacho orejas

 FUENTE:  M. S. MARQUÉS.
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VIDEOS DE OVIEDO.




24 de agosto de 2013

Asturias - la historia del siglo XX en Imagenes (15 Videos)

 Asturias El siglo XX en Imagenes.
La historia del siglo XX que no se puede perder

ENLACE:
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(pinchar el enlace para ver los videos)

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Los videos del enlace:

Titulo y duración: 
  1. Video 1.- Las imagenes de una gran Transformacion. Duración 51:26
  2. Video 2.- 1900-1930.Acontecimientos,politicos,sociales y culturales. Duración 1:04:39
  3. Video 3.- 1930-1936.Republica y Revolucion de Octubre. Duración 1:05:49
  4. Video 4.- 1936-1939.La Guerra Civil. Duración 56:22
  5. Video 5.- 1939.1959.El primer Franquismo,.La larga posguerra.Le Eutarquia. Duración 43:47
  6. Video 6.- 1959-1975.De la apertura economica,A la muerte de Franco.Desallorrismo y Huelgas Mineras. Duración 1:00:01
  7. Video 7.- 1975-1981.Transicion y Preautonomia.El Retorno de la Democracia.              Duración 1:00:37
  8. Video 8.- 1981-2000.Una Autonomia en Europa. Duración 48:04
  9. Video 9.- Poblacion y sociedad,1900-2000. Duración 52:56
  10. Video 10.- Economia en Asturias,1900-2000. Duración 50:36
  11. Video 11.- El arte en Asturias,1900-2000. Duración 52:03
  12. Video 12.- La cultura en Asturias,1900-2000. Duración 55:33
  13. Video 13.- El deporte en Asturias.El Futbol. Duración 48:40
  14. Video 14.- El Deporte en Asturias. Duración 54:38
  15. Video 15.- Fiestas Religiosas y Populares,Grandes Acontecimientos. Duración 50:03   




    FUENTE: YouTube.es

22 de agosto de 2013

Las operaciones republicanas más importantes en el frente del Norte.

Una extraña ofensiva.

La operación republicana más importante en el frente del Norte nació fracasada por la exigua superioridad de las tropas que se movilizaron.

http://www.lne.es
El día 21 de febrero de 1937 el Ejército Popular Republicano del Norte se lanzaba a la ofensiva más importante de todas las que desencadenó durante los dieciséis meses que duró la guerra en el escenario Cantábrico. El objetivo era -de nuevo- la toma de Oviedo. Una vez más, el Estado Mayor Republicano central exigía al Ejército del Norte que iniciase una potente ofensiva para que el ejército franquista tuviese que detraer fuerzas del frente de Madrid al reforzar Oviedo. El general en jefe del Ejército Republicano en el Norte, Llano de la Encomienda, solicita al gobierno vasco un total de 12 batallones para emprender la ofensiva, pero el lehendakari Aguirre sólo le autoriza a trasladar 6, más el batallón Meabe que ya se encontraba en Asturias desde el mes de enero, mientras que el ejército santanderino solamente aportará otros tres.

                     Catedral de Oviedo http://www.sigojoven.com


Llano de la Encomienda consigue reunir, a mediados de febrero, unos 59 batallones de infantería que encuadrarían un total de 35.000 hombres. Estas cifras contrastan con las que algunos estudiosos proclives al bando vencedor establecen en 60.000 hombres. Teniendo en cuenta que el ejército franquista alineaba en el frente de Asturias unos 30.000 hombres, las tropas republicanas solamente serían superiores en un 15 por ciento.
Con tan exigua superioridad de tropas, y gran número de ellas pésimamente equipadas (una buena cantidad de milicianos calzaban alpargatas y madreñas), resulta totalmente incomprensible que, aunque con cierta superioridad artillera, el Estado Mayor Republicano del Norte vuelva a diseñar una ofensiva general en toda la línea del frente, semejante a la infructuosa de finales de noviembre y principios de diciembre, sin contar con unos objetivos tácticos y estratégicos precisos y suponiendo que en poco tiempo el ejército franquista en la ciudad y en el pasillo de Grado sería completamente aniquilado. La Gran Guerra ya había demostrado en las ofensivas de Verdún, Somme o el Chemin des Dames que ejércitos ofensivos con el doble de efectivos que los defensores habían sido completamente frenados y dado paso a combates de desgaste.

                       Estación del norte (RENFE) en Oviedo.http://www.sigojoven.com

Lo más lógico hubiese sido haber optado por lanzar una potente ofensiva en el sector del pasillo de Grado (la «Voie Sacrée» de Oviedo) con el fin de cortar la vital línea de suministros a la ciudad, acompañada de ataques diversivos a muy pequeña escala en toda la línea del frente, con la intención de fijar el mayor número de tropas enemigas en sus posiciones. De modo que, si se conseguía que las tropas republicanas al norte del pasillo, entre el Pico del Arca y el Monte de la Trecha, se uniesen con las tropas procedentes del Sur, entre Valduno y el Escamplero, la tenaza sobre Oviedo quedaría cerrada, pudiendo inmediatamente las tropas republicanas ponerse a la defensiva y obligar al ejército franquista a tener que pasar a la ofensiva con la intención de romperla. Así se hubiese conseguido que el ejército republicano, carente de maniobrabilidad ofensiva por la falta de oficiales y suboficiales profesionales en los mandos intermedios, pudiese pasar rápidamente a la defensiva, donde no era tan necesaria la maniobrabilidad para desbordar por flanqueos al enemigo. De este modo, se evitaría el ataque directo contra una ciudad, que siempre lleva aparejada una interminable lucha callejera con un gran número de pérdidas para los atacantes y más para un ejército como el de milicias republicano, con muy poca capacidad operativa táctica.
La embestida brutal que el Ejército republicano llevó a cabo el 21 de febrero a lo largo de todo el frente consiguió en el primer momento hacerse con objetivos parciales, pero las divisiones de Trubia y Avilés, que efectuaron el ataque sobre el pasillo de Grado, quedaron completamente paralizadas en los días siguientes por la falta de reservas que fuesen revelando a las tropas de vanguardia para seguir avanzando. Mientras que las divisiones de Lugones y Oviedo tenían comprometidos todos sus efectivos en una encarnizada lucha callejera con pocas posibilidades de avance, la ofensiva consiguió su logro táctico más importante en la Loma de Pando, al cortar la carretera entre Oviedo y Grado por el alto del Escamplero, pero al no cerrarse totalmente el cerco sobre Oviedo, los franquistas pudieron construir una pista militar que les permitió mantener su vital cordón umbilical de aprovisionamiento.
El paso de los días y las duras condiciones climatológicas convirtieron la ofensiva en una mera guerra de desgaste y las fuerzas republicanas, aunque persistían en sus ataques, ni estaban coordinadas ni contaban con objetivos tácticos o estratégicos precisos.
De todas formas, si el Ejército republicano hubiese cerrado el cerco en torno a la ciudad, seguramente no habría conseguido su rendición, pues en Oviedo había suministros suficientes para poder aguantar bastante tiempo completamente cercada. Además, la aviación franquista contaba con infraestructura aérea, con los Junkers 52 alemanes de la Legión Cóndor, para proceder a efectuar lanzamientos de suministros sobre la ciudad. Pero sí que se habría logrado que el Estado Mayor franquista hubiera tenido que sacar fuerzas del frente de Madrid, para emplearlas en una nueva ruptura del cerco de Oviedo, y se habría alcanzado de este modo el principal objetivo estratégico: sacar tropas franquistas del frente de Madrid.

 Ametralladoras antiaéreas en Oviedo durante la Guerra Civil.

FUENTE:  La Nueva España,  Asturias
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 El frente del Nalón, Contexto histórico del espacio histórico.

           Frente del Nalón, columnas gallegas (1937)

http://1937.es
La con­tienda bé­lica que asoló Es­paña en­tre 1936 y 1939, bau­ti­zada por al­gu­nos his­to­ria­do­res como “la gue­rra de los mil días”, tuvo en As­tu­rias, en cuanto a ope­ra­cio­nes mi­li­ta­res se re­fiere, una du­ra­ción me­nor: 15 me­ses, en­tre ju­lio de 1936 y oc­tu­bre de1937, en los que prác­ti­ca­mente no hubo día sin com­ba­tes de in­ten­si­dad. El con­trol de Oviedo por parte de los su­ble­va­dos du­rante todo el pe­riodo de hos­ti­li­da­des de­ter­minó las ac­cio­nes mi­li­ta­res lle­va­das a cabo en As­tu­rias: la ciu­dad per­ma­ne­ció cer­cada du­rante 3 me­ses y luego pre­ca­ria­mente co­mu­ni­cada con Ga­li­cia a tra­vés de un es­tre­cho “pa­si­llo”, hasta que se pro­dujo la vic­to­ria fran­quista en todo el Norte.
Ese pa­si­llo, o co­rre­dor, par­tía de Oviedo por el Oeste ha­cia San Clau­dio y se­guía en di­rec­ción a El Es­cam­plero para en­la­zar con la vi­lla de Grado por el des­fi­la­dero de Pe­ña­flor, cru­zando el río Na­lón. Veinte ki­ló­me­tros de­fen­di­dos con po­si­cio­nes como la Loma del Pando, la sie­rra del Na­ranco y Vi­lla­verde, los mon­tes de La Tre­cha, Otero, Gui­lero, Ania, La Pa­rra, el monte Los Pi­nos y en esta sie­rra el pico del Arca, el Ci­mero, La Manga y Co­ta­nie­llo (hos­ti­li­za­das tam­bién en la pro­pia sie­rra por las del Pe­droso, Car­ba­lli­nos y La Escrita).

                    Combatientes en el frente de candamo (1937)

El río se con­vir­tió, en su tramo bajo, desde Pe­ña­flor hasta su desem­bo­ca­dura en la ría de San Es­ta­ban, en pri­mera lí­nea de frente y la zona sur de la sie­rra en in­ter­sec­ción de los dos fren­tes, el del Na­lón, con un bando a cada lado del cauce y el frente del pa­si­llo, que en Pe­ña­flor cru­zaba el río, con­vir­tién­dose por tanto la sie­rra en en­clave de suma im­por­tan­cia, pues su do­mi­nio sig­ni­fi­caba para unos el man­te­ni­miento del co­rre­dor Oviedo-Grado y para otros, la opor­tu­ni­dad de cor­tarlo y ais­lar Oviedo.
Tras la fa­llida ofen­siva re­pu­bli­cana que tuvo lu­gar en oc­tu­bre del 36 y desem­bocó en el es­ta­ble­ci­miento de es­tos dos fren­tes, el mando gu­ber­na­men­tal pre­paró una nueva ope­ra­ción que inició el 27 de no­viem­bre. En la sie­rra, la toma del pico Ci­mero fue un efí­mero éxito, pues la po­si­ción fue re­cu­pe­rada por los su­ble­va­dos. La ba­ta­lla del Monte los Pi­nos (Grado), al otro lado del río, donde va­rios ba­ta­llo­nes con el apoyo de nue­vos blin­da­dos ru­sos, avan­za­ron lle­gando al cen­tro de Grado, dejó clara la vul­ne­ra­bi­li­dad del pa­si­llo aun­que sin lo­grar estrangularlo.
En fe­brero del 37 el ejér­cito re­pu­bli­cano lanzó el que pre­ten­día ser ata­que de­fi­ni­tivo so­bre Oviedo. Quince bri­ga­das con el apoyo de casi cien pie­zas de ar­ti­lle­ría, de­ce­nas de blin­da­dos, apoyo aé­reo y dos tre­nes blin­da­dos, ata­ca­ron la ca­pi­tal de As­tu­rias y tam­bién el pa­si­llo de Grado. Pero el único éxito para los ata­can­tes fue to­mar la Loma del Pando, fra­ca­sando nue­va­mente el in­tento de cor­tar las co­mu­ni­ca­cio­nes en las in­me­dia­cio­nes de Pe­ña­flor. El Ejér­cito Po­pu­lar del Norte que­da­ría de­bi­li­tado ma­te­rial y mo­ral­mente desde ese mo­mento. La As­tu­rias re­pu­bli­cana pasó en­ton­ces a la de­fen­siva bajo el lema “For­ti­fi­car es vencer”.

 Milicanos en el puente de Peñaflor. (1936)

Aún in­ten­ta­rían to­mar el pa­si­llo en agosto, par­tiendo desde las po­si­cio­nes de la sie­rra. Fue la última ofen­siva re­pu­bli­cana en el frente Norte. Tuvo lu­gar el 1 de agosto del 37 con el ob­je­tivo de to­mar las po­si­cio­nes del Ci­mero, La Manga, Co­ta­nie­llo y Arca, de­fen­di­das por el 3º Ba­ta­llón del re­gi­miento Mé­rida 35 y una amal­gama de com­pa­ñías de di­versa pro­ce­den­cia (In­fan­te­ría de Ma­rina, Ter­cio de Re­queté Ga­llego, R.I. Za­ra­goza, R.I.Zamora, y una secc. De la 10º Com­pa­ñía de Zapadores).
Dos di­vi­sio­nes de in­fan­te­ría lle­va­ron el peso de la ope­ra­ción, la Di­vi­sión de Cho­que As­tu­riana y la Div. de Re­serva del III Cuerpo de Ejér­cito de As­tu­rias, con la Di­vi­sión Mon­ta­ñesa en re­serva y apoyo de ar­ti­lle­ría, avia­ción y vehícu­los blindados.
La vic­to­ria se an­to­jaba se­gura por la ma­ni­fiesta su­pe­rio­ri­dad de hom­bres y ar­mas, pero la ope­ra­ción fra­casó. La ar­ti­lle­ría re­pu­bli­ca­na­que de­bía cas­ti­gar las po­si­cio­nes enemi­gas an­tes del ama­ne­cer para fa­ci­li­tar el asalto de la in­fan­te­ría, pero esta re­trasó su ac­tua­ción, y no pu­die­ron apro­ve­char la os­cu­ri­dad para apro­xi­marse sin ser vis­tos. Ade­más, erro­res de cálculo lle­va­ron a que el fuego de las ba­te­rías re­pu­bli­ca­nas hi­ciera blanco en sus pro­pias fuer­zas. La avia­ción gu­ber­na­men­tal su­frió tam­bién su­friço va­rios per­can­ces: dos apa­ra­tos cho­ca­ron en Gi­jón al co­lo­carse en for­ma­ción y otros cua­tro re­sul­ta­ron al­can­za­dos por los an­ti­aé­reos enemi­gos, dos de ellos de­rri­ba­dos en el campo. No tu­vie­ron me­jor suerte los blin­da­dos, re­ci­bi­dos en Cuero con fuego de un ca­ñón an­ti­tan­que. La ofen­siva dejó en una sola jor­nada de lu­cha más de 600 muer­tos en el campo de­ba­ta­lla y una in­gente can­ti­dad de heridos.
Tras este fra­caso, las fuer­zas del Ejér­cito del Norte no em­pren­die­ron más ac­cio­nes ofen­si­vas. La cam­paña or­de­nada por Franco en la cor­nisa can­tá­brica les obligó a man­te­nerse en per­ma­nente de­fen­siva hasta la caída del frente Norte, en oc­tu­bre de 1937.

                 Frente del Nalón y de Oviedo

FUENTE: http://1937.es
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Pequeña muestra de imágenes de la guerra civil en Oviedo

http://www.sigojoven.com/

                                       Asedio en San Esteban de las Cruces, Oviedo

                                      Estadio de futbol Buenavista, Oviedo

                                       Largañosa, Oviedo

                                       Plaza de toros de Oviedo

                                      San Lazaro, Oviedo

                                       Silla del Rey, Oviedo

                                     Toreno, Oviedo

FUENTE: http://www.sigojoven.com/

La toma de Gijón por parte de las tropas franquistas supuso el fin de la Guerra Civil en Asturias

Triunfo franquista y desenlace en Gijón Desbandada republicana hacia los barcos

En el torpedero “Nº 3” llegó a Francia la cúpula militar del ejército de Asturias y otras personalidades. (Museo Naval. Madrid).  http://www.asturiasrepublicana.com

La pérdida de la ciudad por parte de los republicanos (va hacer 76 años el  21 de octubre de 2013), precipitó el final de la contienda en toda la región, tras más de un año de cruento enfrentamiento que fracturó la región y causó miles de víctimas.

Vehículos abandonados en El Musel tras la huida republicana.




http://www.lne.es
La Guerra Civil, entendida en sentido estricto como enfrentamiento armado entre dos bandos, finalizó en Asturias hace 75 años (en octubre de 2013 hará 76 años), con la toma de Gijón por parte de las tropas franquistas, que acabaron con el último reducto de sus enemigos. Una vez rebasado el Sella, donde el ejército republicano había puesto sus últimas esperanza de resistencia, el frente se derrumbó y, en apenas diez días, las Brigadas Navarras entraban en la mayor ciudad asturiana y se apoderaban del resto de la región.
Desde que el 27 de septiembre, la I Brigada Navarra ocupara Ribadesella, hasta que las fuerzas que mandaba el general Solchaga consiguieron franquear el río Sella, hubieron de transcurrir casi dos semanas de combates intensos y sin interrupciones. En ellos, las Brigadas Navarras tuvieron que acabar con numerosos focos de resistencia que aún quedaban en la margen derecha del río, en la zona que se extendía al sur de Ribadesella, hasta Cangas de Onís. Los batallones republicanos defendieron cada palmo de terreno con gran tenacidad y hasta el 10 de octubre no fue ocupado Cangas de Onís por las fuerzas franquistas, tras un intenso bombardeo de la aviación que arrasó el lugar.
Por el sur, tras romper la línea defensiva republicana en la cordillera Cantábrica por los puertos de Fonfría (Arcenorio) y Ventaniella, la Agrupación d el coronel Muñoz Grandes maniobró para desbordar el puerto de Tarna por el norte, eludiendo una acción frontal, ya que este paso de montaña, además de las difíciles condiciones orográficas que presentaba, se encontraba muy fortificado. La lucha en las alturas de la cordillera se prolongó también varios días.
El avance de las fuerzas franquistas, una vez superada la divisoria Cantábrica, se hizo pico a pico y macizo a macizo. El 7 de octubre la II Brigada Navarra ocupó el pueblo de Tarna, que estaba totalmente arrasado. Como ocurriera en otros lugares durante esa fase final de la campaña, la aviación había descargado sobre el lugar sus bombas una y otra vez, y el pueblo quedó materialmente reducido a escombros. Posteriormente, la propaganda franquista acusó a los republicanos en huida de la destrucción. Ya el 16 de octubre, las II y III Brigadas Navarras llegaban a Campo de Caso.
En el Sella, la I Brigada Navarra atravesó el río por Las Rozas el día 12 y al siguiente día el Piloña, consiguiendo entrar en Cuadroveña y Arriondas. La línea del Sella comenzaba a ceder y con ella la última barrera que contenía el avance de las fuerzas franquistas hacia el corazón de la Asturias republicana.
En la noche del 17 de octubre de 1937, se reunieron con el delegado del Gobierno, Belarmino Tomás, los componentes de la Comisión Militar del Consejo, Segundo Blanco y Juan Ambou, y los principales mandos militares, con el coronel Prada a la cabeza. Éste presentó un amplio informe sobre la situación militar, exponiendo que había un riesgo eminente de "dividir en dos partes la región leal de Asturias". Ya no había más hombres para movilizar, ni reserva de armas y munición. La opción que se estimó más viable era la de concentrar las fuerzas para sostener un frente continuo, dejando al mar como salida y como vía entrada de una posible ayuda. También se estudiaron las opciones de evacuación y se llegó al acuerdo tácito de preparar la evacuación de las mejores unidades y cuadros. En tal sentido se cursaron órdenes a los Cuerpos de Ejército y a los jefes de División, aunque los hechos se precipitaron de tal modo que impidieron una organización adecuada.
Tras la reunión de la noche del 17 de octubre, el frente se empezó a desmoronar por diversos puntos. Rota la resistencia y cohesión de la defensa republicana, las tropas franquistas lograron avanzar sin grandes dificultades. La aviación continuaba bombardeando la cada vez más menguada retaguardia, aumentando la confusión y el miedo en ciudades como Gijón, atestada de refugiados. Los depósitos de CAMPSA, situados junto al puerto de El Musel, fueron alcanzados por una bomba el día 18 y se incendiaron. Desde entonces, el perfil de la ciudad aparecía recortado en la noche por las luces trepidantes del fuego, que ofrecían un espectáculo dantesco.
Todo el mundo miraba hacia el mar como la única salida, con la esperanza de encontrar plaza en algún barco. Todos vigilaban a todos esperando la señal que anunciara la desbandada hacia los puertos. Los mensajes que se dirigían hacia el frente con instrucciones para la evacuación, se cruzaban en el camino con las noticias del hundimiento de un sector determinado. Los soldados se aprestaban a abandonar las posiciones y corrían a sus pueblos a quitarse el uniforme y buscar ropas de paisano. El fin era inevitable.

 Las brigadas navarras desfilan por las calles de Gijón tras el triunfo franquista. I biblioteca nacional.

El ejército franquista aceleró su marcha. El 18 de octubre la IV Brigada de Alonso Vega superó Colunga y avanzó hacia Villaviciosa. La I Brigada se apoderó de Colunga, que estaba destruida por efecto de los previos bombardeos de la aviación alemana. La V, por su parte, proseguía su avance por la carretera de Arriondas a Infiesto. Por las alturas del sur, las Agrupaciones de Muñoz Grandes y Ceano seguían avanzando, aunque con lentitud. El continuo desgaste sufrido les había aconsejado ser prudentes en sus últimos movimientos.
El mismo día 18 de octubre llegó a Gijón el vapor «Reina», que transportaba un cargamento de armas solicitado el mes anterior y ansiosamente esperado durante semanas. Su cargamento hubiese sido vital unas fechas antes para establecer una sólida línea de contención, pero entonces ya era demasiado tarde. No obstante, en una sola noche se hizo la descarga, con tal oportunidad que a la mañana siguiente el barco era hundido por la aviación.
Esa noche del 18 al 19 de octubre se trató de restablecer una línea de frente en torno a Villaviciosa, ordenando el traslado allí de tres brigadas. Pero una se negó a salir hacia allí, otra llegó tarde y la otra se hundió y deshizo en los primeros momentos de la lucha del día 19.
Así, el 19, la IV Brigada Navarra entró en Villaviciosa y todas las demás unidades franquistas continuaron avanzando. La resistencia republicana era ya muy débil. El 20 de octubre fue ocupado Infiesto totalmente, tras una lucha desesperada de algunos grupos republicanos que allí se defendieron y Villaviciosa superada. Por fin, el objetivo perseguido desde casi el inicio de la campaña, la unión de las dos masas de ataque, estaba a punto de producirse. La Agrupación de Muñoz Grandes se encontraba cerca de Infiesto, y el camino se presentaba casi despejado. Cuando la defensa saltó por todas partes, las fuerzas de Solchaga y Aranda habían conseguido constituir un frente único de ataque entre Villaviciosa, Infiesto y Pola de Laviana.
Para entonces, la evacuación por parte republicana ya estaba decidida y en marcha, y sólo restaba esperar a que la retirada hacia los puertos fuera más rápida que el avance de las tropas que cerraban el cerco.
Por parte republicana, tras el fracaso el día 19 del intento de restablecer el frente oriental, se decidió poner en marcha, sin más dilación, los planes de evacuación. El continuo bombardeo de la aviación contraria sobre El Musel y Gijón aumentaba a cada hora las dificultades, e inutilizaba los mejores barcos, entre ellos el destructor «Císcar». El plan puesto en práctica consistía en la evacuación de las unidades de mejor comportamiento militar y más próximas a los puertos de embarque, como eran las que mandaban Carrocera (que se negó a embarcar sin sus hombres), Ladreda (que tampoco embarcó), Oyarzábal y Álvarez, y otras, así como el personal de tanques, batallón de defensa, artillería, aviación, etc., y los mejores núcleos y cuadros entresacados del resto de las unidades.
El 20 de octubre de 1937, a las doce y media de la mañana, en la sede del Consejo Soberano, en la Casa Blanca, en Gijón, bajo la presidencia de Belarmino Tomás, se reunieron todos los consejeros, excepto Amador Fernández, junto con el coronel jefe del Ejército Adolfo Prada. La sesión comenzó con un informe de este último sobre la caótica situación militar, que concluía: «No cabe más que el repliegue si se quiere salvar parte del Ejército». Belarmino Tomás informó que había barcos para evacuar 50.000 o 60.000 hombres, y que había mandado que estuvieran preparados con carbón y víveres. Se acordó que todos los miembros del Consejo salieran juntos y se dio orden de proceder a la destrucción de todo lo que pudiera tener interés militar.   Pese a la afirmación de Belarmino Tomás de que se contaba con barcos suficientes, la evacuación fue, según el calificativo del «Informe» entregado por el Consejo de Asturias y León tras la caída de Asturias, «un rotundo fracaso», pues poco más diez mil personas consiguieron salir . Se cuenta en ese «Informe»: «A las siete y media de la tarde [ del 20] se encontraban en el puerto del Musel la mayor parte de los consejeros de Asturias y León [?]. A las ocho menos cuarto de la noche llegó al Musel el Delegado del Gobierno acompañado de los consejeros que faltaban. Reunidos éstos en el mismo puerto se encontraron con que no tenían embarcación que les llevara. Se destacan los consejeros de Industria, Instrucción Pública y Propaganda hasta el dique Norte, donde encontraron un pesquero de 40 toneladas, el «Abascal» [?] que estaba cargando gente. Volvieron donde estaban sus compañeros y les llevaron al pesquero en cuestión, que no tenía agua para beber ni provisiones, y en compañía de varios milicianos y oficiales, haciendo de fogonero un capitán de milicias y turnándose en el puente un policía y el consejero de Obras Públicas, salimos del Musel a las ocho y cinco, llegando 46 horas después al puerto de Douarnerez, en la rada de Brest, desde donde pasamos a la España leal a ponernos a disposición del Gobierno de la República». 
Tras acordar el Consejo Soberano el abandono de Asturias, Belarmino Tomás llamó al coronel Prada y le comunicó la decisión, dejándole al frente de la situación. Pero Prada no quiso quedar en esas circunstancias y también se embarcó, y el mando fue asumido por el coronel de la Fábrica de Armas de Trubia José Franco Mussió. En la mañana del 20 de octubre, Franco Mussió recibió la orden de volar todos los parques de artillería y a las cuatro de la tarde un pasaporte para embarcarse en el vapor «María Carmen», junto con su mujer y un hijo. Pero el coronel Franco decidió quedarse y tras la marcha de los dirigentes políticos y los jefes militares tomó sus propias decisiones, acompañado de buena parte de los jefes y oficiales de la Fábrica de Armas. Comunicó con las comandancias que aún permanecían y ordenó a los batallones que estaban en Gijón que se trasladasen a Avilés. No dio curso a la orden de Prada de destrucción de industrias, minas e infraestructuras y, de acuerdo con los militares que le acompañaban, todos profesionales, ordenó poner en libertad a los presos, a los que armó para que junto con los miembros de la «quinta columna» que habían salido a la luz se hicieran cargo de la situación en Gijón. Con ese fin, se trasladaron a la cárcel del Coto el capitán de la Revilla y el teniente Alau y pusieron en libertad a los presos.
En la mañana del 21, la orden de rendición y desmovilización se envió a todos los frentes, al mismo tiempo que el capitán Altuna, en compañía de un piloto alemán prisionero, se dirigía al encuentro de las fuerzas que avanzaban desde Villaviciosa para comunicarles la rendición.
Una primera columna alcanzó Gijón hacia las tres y media de la tarde del 21, según un mensaje emitido desde Gijón para Radio Asturias Victoriosa. Poco más tarde, a las seis y media, el coronel Franco confirmaba la rendición del ejército republicano asturiano ante el coronel Camilo Alonso Vega, jefe de la IV Brigada Navarra. El parte del 21 de octubre de la citada Brigada decía: «El día de hoy las fuerzas de la Brigada partiendo de las posiciones que ocupaban al oeste de Villaviciosa, avanzaron con servicio de seguridad propio por la carretera de Arroes sin encontrar resistencia y marchando después, por estar volados los puentes, por Peón e Infanzón dos Agrupaciones y los elementos motorizados de la Brigada, mientras que la otra Agrupación prosiguió su marcha por la carretera de Arroes a Cugeñas [sic], reuniéndose todas las fuerzas y marchando una Agrupación por Somió y otra por la carretera de desviación al sur de la anterior hasta Gijón, que tomó a las 18 horas, siguiendo hasta Musel y túneles de Tamón y Veriña, situados a 18 y 8 kilómetros respectivamente de Gijón en dirección a Avilés». La mayor ciudad de la región había caído del lado franquista y, después, como si fueran piezas de dominó, el resto de las localidades donde agonizaba la resistencia.


 Un aspecto de Tarna, en el concejo de Caso, tras el final de la guerra. 

Bombazo y pánico en pleno desfile Un territorio ocupado y más de 15.000 prisioneros.

Discurso de Belarmino Tomás en el balcón del Ayuntamiento de Sama el 18-10-1934
 
A medida que se cerraba el cerco sobre la Asturias republicana, la tensión en la retaguardia subía de grado. Raro era el día en que no se daba noticia de algún intento de fuga desde alguno de los puertos asturianos. Para intentar subir la moral, el Consejo Soberano y el mando militar organizaron varios actos, incluidos desfiles, en ciudades como Gijón y Avilés. En esta última, el 4 de octubre, tuvo lugar uno al que asistió el presidente el Consejo Soberano Belarmino Tomás, que acabó convertido en una medio batalla. La explosión fortuita de una bomba de mano, desprendida del cinturón de un soldado, sembró la alarma y provocó el caos, suspendiéndose el desfile en medio de la confusión originada y con varios heridos.
Julián Zugazagoitia, ministro de la Gobernación del Gobierno de la República lo contó así: «Asistían a la parada, desde el balcón del Ayuntamiento, Belarmino Tomás, Segundo Blanco y los militares Prada, Galán, Ibarrola y Ciutat. Los espectadores eran muchos. Desfilando, a uno de los soldados se le desprendió del cinturón una bomba, que hizo explosión y produjo varias desgracias. Belarmino Tomás atribuyó el hecho a una mano criminal; sin poder contenerse, desenfundó su pistola, y con la boca espumosa, a grandes voces, se hizo oír en medio del tumulto: "Conocemos la maldad de nuestros enemigos, a los que estamos dispuestos a no perdonar. Este atentado tampoco quedará impune". La Brigada, creyéndose atacada, recurrió a las armas y el desfile, que pudo haber continuado, se transformó en una batalla en la que sonaron muchos tiros, y se recogieron bastantes víctimas. El arco estaba demasiado tenso y se disparaba con la máxima facilidad. La caída inesperada de una hoja producía, en aquel ambiente nervioso, estragos incalculables. Más que en parte alguna, en Asturias las últimas existencias de serenidad estaban en el frente y no en la retaguardia («Guerra y vicisitudes de los españoles»).

  La Tercera Bandera de la Legión en Asturias, octubre 1934.

La toma de Gijón fue rápida. Algunas Brigadas fueron ocupando el territorio entre Villaviciosa y Gijón y tomando contacto con las fuerzas de Muñoz Grandes. La Agrupación de Ceano entró en Pola de Laviana. En el cerco de Oviedo, las fuerzas franquistas avanzaron en todas las direcciones y se apoderaron de las que hasta entonces habían sido posiciones enemigas. Al día siguiente, 22 de octubre, sin encontrar oposición, la IV Brigada hizo reconocimientos por las carreteras de Gijón-Noreña, Gijón-Oviedo y Gijón-Avilés. Desde Oviedo se ocupó Trubia, Sograndio, La Manjoya, Lugones, Cayés y Noreña. Otras fuerzas se dirigieron Sama y a La Felguera, y a Mieres. No eran ya operaciones de guerra, sino sólo acciones de ocupación de todos los rincones del territorio asturiano.
El 23 de octubre, a las siete de la mañana, salió de León el primer tren para Gijón, tras repararse los desperfectos que había en las vías. En los días siguientes continuaron las que en los partes de guerra se denominaban «operaciones de limpieza y policía». El parte oficial del 25 de octubre daba la cifra de 15.000 prisioneros, y el restablecimiento de los servicios civiles y bancarios.


FUENTE:  JAVIER RODRÍGUEZ MUÑOZ.