22 de diciembre de 2014

Las impresiones sobre la Asturias del siglo XIX las plasmó Richard Ford en ilustraciones a lápiz y tinta

La Asturias que dibujó Richard Ford.

Retrato de Richard Ford
El viajero inglés dejó constancia de su paso por la región Asturiana con un boceto de Gijón y otro de Oviedo.
 
Vista de Oviedo dibujada en su viaje por Asturias

Era el 20 de mayo de 1832 cuando Richard Ford (1796-1858), el viajero hispanista británico que residió en España entre 1830 y 1833, arribaba a Ribadeo, "ciudad con un privilegiado emplazamiento en la desembocadura del Eo, que se atraviesa con un ferry, más allá de la cual discurre paralela a la costa" una carretera "hermosa pero pesada, ya que era un continuo [...] cuesta arriba y cuesta abajo". El viajero no tuvo tiempo para dibujar esa tarde y esa misma noche de los albores del verano de 1832 llegó a Navia, "que tenía un mesón decente", y a la mañana siguiente alcanzó Luarca, "anidada en una protegida ensenada", atravesando comarcas "densamente pobladas y llenas de maizales", con casas más confortables que las de Galicia ya que "a menudo tenían ventanas con cristales", y donde los "trajes y las maneras cambian y mejoran a medida que se avanza hacia Asturias".
Pero las siete leguas hasta Muros de Nalón les costó "nueve horas de cabalgar" por escenarios que "se parecían a los de Devonshire" (como recordaría cuando, más tarde, residió allí). No le impresionó Avilés, "una ciudad vieja y lúgubre", con poco "que mereciera la pena ver", aunque sus mujeres le parecieron "bastante hermosas". Tras hacer un único boceto de la lejana Gijón sin entrar en la ciudad, giraron hacia el interior para ir directamente a Oviedo, a la que describió como "una hermosa y limpia ciudad", cuya catedral, si no grande, era "muy bonita y elegante" y contenía numerosas y viejas reliquias. De sus otros monumentos, "el antiguo palacio de Santa María en la cuesta de Naranco" se encontraba "decentemente mantenido por la vicaría", pero la cercana iglesia de San Miguel de Lillo estaba "arruinándose rápidamente, en estado de vergonzoso abandonado y desacralizada".


Recorrido de Richard Ford en su viaje por España.
Al dejar Oviedo, Ford siguió la carretera de la diligencia, "que iba cuesta arriba hacia el Sur a través de Olloniego y Mieres, ofreciendo bellas vistas", hasta llegar al puerto de Pajares, "con una tolerable posada y una trucha excelente". Era ya el 25 de junio y Ford abandonaba Asturias rumbo a La Robla (León) en el que había sido un breve paso por la región, de la que sólo había contemplado, una parte del occidente y del centro de la misma.
Todasen su conocida obra "Manual para viajeros por España y lectores en casa", un libro de referencia ineludible de la literatura de viajes en el siglo XIX, que fue publicado en Londres en 1844. Richard Ford también realizó muchos dibujos, acuarelas, a lápiz, a tinta..., en sus tres años de viajes por España, se calcula que cerca de 500, aunque nunca se publicaron en las sucesivas ediciones de su manual, ya que estas ilustraciones fueron pegadas en álbumes que se han mantenido en el patrimonio familiar.
Las ilustraciones nos nos permiten reconstruir la imagen de España, tal como era en los años posteriores a la guerra contra Napoleón y al inicio de la moderna ciudad decimonónica, es una ocasión única para descubrir la imagen de España que embriagó a los viajeros románticos.
La mayoría referentes a Andalucía, principalmente, a Sevilla y Granada, aunque hay estampas de Extremadura, Madrid, Santiago de Compostela, Cataluña, Zaragoza..., dos dibujos de Oviedo y Gijón. Ambos hechos desde lejos, de hecho Ford los tituló, "Oviedo y Gijón desde la lejanía" y en los que apenas se pueden intuir el apiñamiento de casas en torno a la torre de la catedral gótica de la capital del Principado, o el núcleo poblacional de Gijón en Cimadevilla. Y es que hay que tener en cuenta que en aquella época ambas ciudades apenas pasaban de los 5.000 habitantes.
Se sabe que Ford dejó constancia gráfica a su paso por Asturias de aspectos de la costa, de Luarca o de Santa Cristina de Lena, aunque los mismos no aparecen en la actual exposición.
El conjunto de ilustraciones de Ford es, en fin, una ventana al paisaje de España tras la guerra contra Napoleón, cuando ya se esbozaba el espíritu de las ciudades modernas españolas del siglo XIX. Los intelectuales y artistas del Romanticismo veían en España un singular ejemplo de exotismo europeo, un territorio en el que se unían influencias árabes y judías con la siniestra herencia de la Inquisición católica. Ford la definía como un "curioso país, que oscila entre Europa y África, entre la civilización y la barbarie" y utiliza el dibujo para aproximar a la mirada anglosajona a ese "Oriente cercano y confortable".
El británico Richard Ford ( 1796-1858 ), hispanista inglés que viajó por la geografía española,  y residió en Granada y Sevilla.
FUENTE: 
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 Richard Ford. Viajes por España (1830-1833)
Toledo. Vista hacia San Juan de los Reyes
http://www.realacademiabellasartessanfernando.com

Los dibujos de Ford constituyen un extraordinario complemento visual de su conocida obra "Manual para viajeros por España y lectores en casa", un libro de referencia ineludible de la literatura de viajes en el siglo XIX. Aunque Ford realizó numerosos dibujos en sus rutas durante los tres años de su estancia en España, de 1830 a 1833, las sucesivas ediciones de su "Manual" se publicaron sin ilustraciones. Los dibujos, muy apreciados por Ford, fueron pegados en álbumes que se han mantenido en el patrimonio familiar. Ford nos ha legado un conjunto de dibujos a lápiz y tinta, así como acuarelas, que permiten reconstruir la imagen de España, tal como era en los años posteriores a la guerra contra Napoleón y al inicio de la moderna ciudad decimonónica. La mayoría de los doscientos tres dibujos seleccionados en la exposición son obras inéditas hasta ahora, lo que la convierte en una ocasión única para descubrir la imagen de España que embriagó a los viajeros románticos.
“Los (viajeros) que aspiran a lo romántico, lo poético, lo sentimental, lo artístico, lo antiguo, lo clásico, en una palabra a cualquier tema sublime y bello, encontrarán en el actual y el antiguo estado de España material suficiente si vagan con lápiz y cuaderno en ristre por este curioso país, que oscila entre Europa y África, entre la civilización y la barbarie”. Estas palabras están extraídas de un apartado introductorio del Manual para viajeros por España de Ford, publicado en Londres en 1844. El fragmento del más conocido libro de viajes anglosajón por España hace alusión a los dos principales temas de esta exposición: la construcción de una mirada y la forma de registrarla. Ford advierte que el lápiz y el papel son la mejor manera de aproximarse a ese “Oriente cercano y confortable”que España representaba en el imaginario colectivo de la Europa de la época. Cuando el libro se edita, la fotografía acaba de nacer, y quedaba mucho tiempo por delante para que se convirtiera en una herramienta útil y accesible para fijar la realidad. Viajando por España a principios de la década de los treinta, Ford utilizó pequeños cuadernos para las anotaciones y papeles de muy diversa calidad y formato para sus dibujos y acuarelas.
La exposición es el resultado de un largo proceso de estudio y selección de ese riquísimo material. Su comisario, Francisco Javier Rodríguez Barberán, ha centrado el proyecto en hacer visible la figura de Richard Ford en su dimensión de viajero y dibujante por la España del primer tercio del siglo XIX, buscando ofrecer un nuevo perfil que enriquezca el que ya goza de reconocimiento a través de sus textos.     
Sevilla. Iglesia del monasterio de Santa Paula

Manual, pero la faceta gráfica de Ford sólo fue valorada por los especialistas en la época o por la aportación hecha en publicaciones sobre la iconografía de las dos ciudades en las que vivió de un modo continuado, Granada y Sevilla.
Sin embargo, la importancia de los dibujos es enorme: se trata del gran álbum prefotográfico de la España de comienzos del siglo XIX. Ford realizó casi todas las obras en coincidencia con sus rutas por la Península Ibérica: eran pues apuntes del natural hechos con la voluntad de fijar lo visto por medio de sus habilidades artísticas.
Richard Ford no es, sin embargo, un artista profesional, como tampoco lo era su esposa Harriet, de quien también se exponen una pequeña pero interesante serie de dibujos. Sí lo eran contemporáneos y amigos suyos como John F. Lewis y David Roberts, quienes también visitan España por esos años. Éstos aprovecharon su viaje para profundizar en su técnica y para adquirir el reconocimiento que les llevaría, años después, a ser autores de prestigio. Para ellos, lo más importante era la imagen de los lugares pintorescos, los grandes monumentos o las costumbres y fiestas populares. Ford, sin embargo, tiene la mente puesta en un objetivo distinto: probablemente piense escribir más adelante sus impresiones sobre “las cosas de España”, como a él le gustaba decir, pero sobre todo lo que quiere llevarse consigo es una memoria objetiva de lo que ve. Las limitaciones de su técnica quedan suplidas por algo mucho más importante: al no depender de la obra, ni tener que llevarla a cabo pensando en una clientela potencial, Ford tiene un perfil singular. Así, le atraen lugares a priori poco relevantes, y cuando se acerca al ámbito de lo urbano prefiere las vistas generales, e incluso disfruta retratando el entorno de las ciudades, su periferia; frente a los edificios singulares, opta por representar las calles y plazas con su actividad cotidiana. Sus dibujos y acuarelas sirven por tanto como memoria fiel de un tiempo y de un país que amaba, pese a tantas cosas en él que le producían rechazo.
fotógrafo antes de la fotografía –con el interés que ello conlleva, al haberse adelantado en el tiempo a los primeros registros sistemáticos de la España del XIX-, sino que aporta algunas cosas más que el valor que se le concede a un dibujo sobre la reproducción mecánica. Al no estar atado por ninguno de los condicionantes comerciales de los álbumes y colecciones fotográficas, Ford ofrece con su obra la exploración de temas que la fotografía no empezará a registrar hasta mucho tiempo después. Podría decirse, de modo gráfico, que Ford suele ampliar el plano más allá del monumento, o que abre su objetivo ante lugares y situaciones que tardarán en ser fijados en el negativo.
Granada. Alhambra. Vista desde la Cuesta del Rey Chico
La idea central de la exposición es la recreación de las rutas de Ford por España, de unos itinerarios que le llevan a lo largo de tres años a recorrer todo el arco del Levante, desde tierras almerienses hasta Barcelona; a tomar la Ruta de la Plata y, a través de Extremadura y Castilla, llegar a Santiago de Compostela; a moverse por el centro de la Península para visitar Madrid, Toledo, Salamanca, Segovia o Guadalajara; a rastrear las huellas de la historia en Andalucía, estableciendo su residencia en Sevilla y Granada. Pero estos itinerarios no se ofrecen aislados, sino que se contextualizan a través de los temas presentes en su obra: el interés por registrar los paisajes de España, tan escasos de representaciones hasta esa época, previa a la eclosión del género que tendrá lugar poco tiempo después; la importancia que en esos paisajes concede a las ciudades, retratadas desde la distancia y a veces mostradas con el detalle y la precisión propia de un “curioso impertinente” –como denominó Ian Robertson a los viajeros de la época-; la atracción que siente por los monumentos heredados del pasado, lo que convierte sus dibujos en una fuente extraordinaria para la iconografía de estas obras antes de que apareciera el fenómeno de la restauración; la ineludible presencia del orientalismo, una corriente estética que estará presente en la cultura europea del siglo XIX a partir del triunfo y difusión del Romanticismo.

Estas características conceden a la obra de Ford un carácter muy especial: no sólo es un
A pesar de que fueron –entre obras elaboradas y bocetos- más de quinientos los dibujos que Ford realizó en esos años, han sido conocidos sólo de modo indirecto hasta hace muy poco tiempo: de hecho, se los llevó consigo a Inglaterra tras su marcha definitiva en 1833 y han permanecido hasta hoy en poder de la familia, que ha conservado ese maravilloso legado en su integridad. El prestigio del viajero inglés se ha apoyado sobre todo en su
Richard Ford, Acueducto de los Milagros. Mérida (Badajoz). Acuarela sobre papel Academis de Bellas Artes
FUENTE: http://www.realacademiabellasartessanfernando.com
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Richard Ford (hispanista).

Biografía.
Richard Ford (Londres, 21 de abril de 1796 - 1858) fue un viajero e hispanista inglés.
En su necrológica aparecida en un diario inglés en 1858, se describe a Ford vestido “con su chaqueta de piel negra de oveja española”.
Se formó como abogado y colaboró como periodista y dibujante en varios periódicos de Londres, entre ellos el Quarterly Review.
En 1830, se trasladó a España a causa de la precaria salud de su esposa que hacía preciso un cambio de clima. Fijó su residencia en Sevilla y en Granada, donde se albergó en el palacio del Generalife. Desde allí viajo por toda la península en compañía de arrieros y vestido como un natural, frecuentando siempre las clases bajas y criticando acerbamente el mal gobierno de las clases dirigentes de España; aprovechó además para elaborar más de 500 dibujos.
A su vuelta a Inglaterra en 1833 se instaló en Exeter, construyendo una residencia a capricho en estilo neomudéjar que recordaba el Generalife y sus jardines y donde instaló una gran biblioteca de libros en español que se había confeccionado para estudiar a partir de 1837 la historia y costumbres de este país, labor a la que quiso dedicar su vida. Publicó numerosos artículos eruditos sobre temas españoles.
Sería un artículo suyo, escrito en 1840, sobre la fiesta de los toros, el que le pusiera en contacto con el editor Murray, por entonces inmerso en la publicación una serie de guías turísticas sobre los distintos países de Europa bajo el título de “Handbook”.
Ford aceptó gustoso el encargo del editor de escribir sobre España. Como resultado de esta participación, en 1844 vio la luz el voluminoso A Handbook for travellers in Spain and readers at home (Manual para viajeros por España y lectores en casa), una confrontación crítica de los tópicos que sobre España había puesto en circulación el Romanticismo con la realidad del país; el éxito fue total y se reimprimió varias veces.
En 1846, publicó materiales no incluidos en su Gathering from Spain (Cosas de España), un libro pintoresco con detalles y anécdotas muy curiosas de Andalucía y en 1852 The Spanish bull fights (Las corridas de toros).
Todas recogen y amplían aspectos del Manual para viajeros en España.
Sevilla. Vista desde la Cartuja
FUENTE:  http://es.wikipedia.org
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