1 de agosto de 2014

Las representaciones en el teatro Capitol de Mieres

A gloria y buen estilo del "teatro instantáneo"


La Banda música en la inaguracion del teatro Capitol.16 de junio de 1951-Foto Paco
Las representaciones en el teatro Capitol de Mieres impulsadas por Marcelino Camporro, quien puso su nota original.

María del Rosario Álvarez, "Charo", detrás de la barra.
El Ayuntamiento nombra hijo adoptivo de Mieres al cura de San Xuan, don Nicanor López Brugos. Pero... antes decían que era el padre y ¿ahora quieren hacelo fiu? Hay que ver les coses que pasan por aquí...".
En escena la figura de Marcelino Camporro, el del restaurante Camporro de Mieres, con otros cuantos actores. Y todo dentro del recordado marco del Teatro Capitol, para representar una de las actuaciones del llamado "teatro Instantáneo" por él inventado y del que era autor, guionista y primera figura con la obra "Les coses como son". Desarrollando esa gracia que le caracterizó siempre -hoy, por fortuna, sigue entre nosotros con sus noventa y un años a cuestas- Marcelino cogía LA NUEVA ESPAÑA del día y repasaba las noticias relacionadas con Mieres en clave de titulares y, luego, él se encargaba de añadirles "les morcilles" que su privilegiada inventiva le inspiraba. Como muestra otro botón: "Diz el periódicu que una muyer de Ablaña, calzá con madreñes, retorció un pie, siendo trasladada al hospitalillo de Fábrica de Mieres, donde se apreció rotura del tacón y de la argolla madreñera". Ahí queda eso.


Marcelino Camporro.
Pero vayamos a los detalles de esta fórmula puntera que, si bien no fue a más, constituyó todo un éxito en las tres representaciones que se dieron en Mieres, siendo solicitada para otras localidades de Asturias sin que, por circunstancias especiales, llegase a fructificar su difusión.
En el plató del Capitol, ante un auditorio numeroso y con ansias de conocer el desenlace, se preparaba la escena que, dicho sea de paso, ni era ensayada ni respondía a los cánones tradicionales. De ahí su denominación de "teatro instantáneo". El ambiente respondía a un bar de pueblo, con la dueña del cotarro Charo, papel representado por la cantante de tonada María del Rosario Alvarez quien, de vez en cuando, aprovechando sus quehaceres de limpieza y cuidado del establecimiento, entonaba, con una bonita voz, alguna de las baladas de su repertorio. En una mesa jugaban la partida cuatro parroquianos rodeados de otros tantos que contemplaban el desenlace del juego. Eran los componentes del Ochote la Unión -que dirigió Baldomero Pérez- el primero y precursor formado por Jovino, Calixto, Naves, Julio, Chuchu, Perdiguer, Alvarito y Pepín que, como tertulia, también en los descansos del tute, soltaban armoniosamente algunas de sus más queridas creaciones, cuyas estrofas salteadas dejaban un gran sabor de boca. Cerca de allí se encontraba Joaquín González "Xuaco" el ciegu, persona muy conocida y otro tanto querida en la localidad que, con su acordeón, llenaba, musicalmente hablando, cualquier hueco que aparecía en el marco escénico.
Y ya entrados en situación, ocupando un rincón del chiringo, con claros síntomas de haber "soplado" más de un campanu de vino de Mangas, aparecía la figura de Marcelo (Marcelino Camporro), con LA NUEVA ESPAÑA en riestre, para "trasegar" unas cuantas noticias mierenses, poniéndoles al final la guinda de su propia cosecha. Pero, siempre, en estos y otros muchos casos, aparecía el pero. De vez en cuando se abría la puerta de la estancia y aparecía la figura de Falín (Rafael Rodriguez, el "guaje", monologuísta de tan grato recuerdo como intérprete del chascarrillo asturiano, a quien hoy, hecho un mocetón, seguro que le va la vida como él merece por tantos y tan buenos momentos que nos hizo disfrutar, para soltar la frase de rigor: "Pero, papa, diz ma que vayas pa casa que ya tas bien preparau pa dormila?". Pero, que si quieres arroz Catalina. El amigo Marcelo seguía con su perorata "filosofando a su forma y modo de la actualidad mierense". Y así una, otra y otra, hasta que por fin el "fíu lograba arrastrar a su pa y llevalu pal catre".

Hall del teatro capitol
Esa era la fórmula y la esencia del espectáculo, ni ensayado ni previsto que, a lo largo de al menos hora y media servía de deleite al respetable. Y todo organizado a través de la Asociación Recreativo Cultural "Mieres Uno", constituida en 1979 - año Internacional del Niño- con la finalidad de fomentar actividades formativas, culturales y recreativas de los niños de Mieres, con atención preferente a los sectores económicamente más débiles
Según el folleto divulgativo, dentro de su modestia, "Mieres Uno" tenía proyectos ciertamente ambiciosos, entre ellos la creación de un parque infantil de tráfico, una biblioteca infantil y la novedad de una fauna asturiana plastificada. Todo ello sin perjuicio de acudir, como remedio oportuno, a responder en situaciones concretas siempre relacionadas con la infancia. El balance del proyecto quizás no haya alcanzado esos niveles, pero el intento tuvo ciertos frutos.
De la trayectoria vital de Marcelino Camporro se puede y se debe escribir largo y tendido, dados los resultados alcanzados a favor de la comunidad mierense. De ello sabe mucho el antiguo Colegio "Santiago Apóstol", regido por los Hermanos de San Juan Bautista de La Salle, de cuya Asociación de Antiguos Alumnos fue promotor y presidente, puesto que al centro había acudido como tal al igual que posteriormente lo hicieron sus tres hijos. Cuenta en su privilegiada memoria que el invento del "Teatro Instantáneo" ya lo había concebido él al menos veinte años atrás, precisamente en el centro escolar donde cursara estudios. Sin embargo fue por los primeros años de la década de los ochenta, concretamente un diez y ocho de junio, dentro del programa sanjuanino y por imperativos, con petición expresa, de la Comisión de Festejos (COFEMI), cuando tuvo lugar la que sin duda iba a ser su principal función, coincidiendo con otras atracciones escénicas como la compañía liderada por el también mierense Pedro Civera.
Años más tarde, en 1996, pese a su avanzada edad, Marcelino formó parte de la comisión organizadora del "Centenario del Colegio Santiago Apóstol", que tanto eco y entusiasmo despertó, teniendo en cuenta que muchas generaciones de mierenses había pasado por sus aulas forjando así una primera etapa de su formación cívica para posteriormente dirigir sus paso hacia varios frentes de especialización, uno de ellos como paso inmediato a través de la Escuela de Aprendices de Fábrica de Mieres, a la que pertenecía también el Colegio y finalmente encontrar acomodo laboral especializado en los distintos departamento de la actividad de la factoría siderúegica o bien seguir estudios superiores en la que más tarde fue Escuela de Ingenieros Técnicos de Minas y Fábricas.
Los integrantes de la tertulia del "teatro instantáneo" representado en Mieres.
 FUENTE: AMADEO GANCEDO
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Veinte años sin el Capitol                                Artículo de David Montañes y publicado por La Nueva España el Lunes 14 de mayo de 2012

Fachada del emblemático Teatro Capitol de Mieres, actualmente derribado y convertido en viviendas.
Mieres vivió con amargura, en 1992, el cierre del popular teatro, al que se sumó una década después la desaparición del Cine Esperanza, otro referente cultural de la ciudad.
El teatro Capitol de Mieres fue demolido en 1992. Foto de José Ramón Viejo
Los mierenses asistieron apenados, en 1992, al cierre del Teatro Capitol, posiblemente el equipamiento cultural más emblemático que haya tenido la ciudad en toda su historia. El doloroso derribo del viejo y querido edificio fue un punto de inflexión que desencadenó un imparable proceso de decadencia cultural. Abrió una herida que aún está abierta. En 2002, cayó otro referente. El Cine Esperanza puso el «The End» dejando al concejo, que por entonces aún pasaba de los 50.000 habitantes, sin butacas donde disfrutar de los estrenos en pantalla grande. Robert de Niro, Al Pacino o Antonio Banderas no visitaron nunca más la calle Teodoro Cuesta. La ciudad no volvería a tener cine, ya que el parque comercial que rescató el séptimo arte se ubicaría años más tarde en Nuevo Santullano, fuera del casco urbano.
Este año se cumplen, curiosamente, veinte años del cierre del Teatro Capitol y diez años de la clausura del Cine Esperanza. La desaparición del primero de los espacios escénicos fue un golpe especialmente duro para la ciudad. El equipamiento se abrió al público en 1951 y durante décadas fue un punto de encuentro para miles de mierenses. Las compañías teatrales más prestigiosas del país pasaron por el solemne pero acogedor escenario. La decoración y elegante estampa del recinto realzaba los espectáculos y por momentos trasladaba a los espectadores a otros lugares y épocas. 
El prestigioso director de casting Luis San Narciso pasó en este templo de la farándula buena pare de su niñez: «Siempre fui muy cinéfilo y teatrero, crecí disfrutando del Capitol, me acuerdo muy bien de sus taquilleros y acomodadores, de Avelino, Guti y de Ernesto, que aún vive». San Narciso reconoce que la pérdida del popular teatro «es una herida por la que personalmente aún sangro». Desde su punto de vista, se podía haber hecho algo más por evitar el derribo: «La sensación que nos quedó a los mierenses es que el Ayuntamiento tal vez pudo haber puesto más interés en salvar el inmueble, que si se hubiera reformado sería ahora un auténtico tesoro para Mieres», matiza el director de casting.
Estreno de la pelicula "Pachín" en el Teatro Capitol. Foto Alonso 1961
Los propietarios del Teatro Capitol y el Ayuntamiento de Mieres negociaron durante meses la adquisición del inmueble, pero intereses urbanísticos sobre los que el tiempo ha arrojado una capa de aprensión impidieron que la instalación pudiera seguir abierta. Hubo protestas en las calles y muchas quejas, pero las taquillas del viejo teatro colgaron un definitivo «no hay billetes». Meses más tarde el magnífico edificio fue derribado. Sobre sus restos se levantó un gran bloque de viviendas. En sus bajos se dejó espacio para habilitar minicines, un proyecto que nunca se ejecutaría. De hecho, estos locales jamás se utilizaron.
«La pérdida fue irreparable, se perdió la voz del pueblo», puntualiza Luis San Narciso. El pequeño auditorio de la Casa de la Cultura es ahora el rincón que tiene reservado el Ayuntamiento de Mieres para organizar encuentros escénicos. El director del equipamiento. Ismael González Arias, sostiene que el cierre del antiguo teatro de la calle La Vega fue un desgraciado episodio en la historia del concejo: «El abandono de los referentes culturales de una ciudad se puede medir perfectamente en Mieres con el triste destino del Capitol». Para González Arias el cierre del Cine Esperanza también supuso un importante paso a tras, pero más entendible: «Este caso se puede asociar dentro de una tendencia que afectó a casi todas las ciudades, con una desaparición progresiva de viejos locales para dar paso a otro tipo de explotación».
            
Cola de personas en el cine Esperanza en 1958
El próximo 11 de julio se cumplirán 10 años desde que el Cine Esperanza proyecto su última película. El film «Escalofrío», protagonizado por el actor Bill Patxon, tuvo el dudoso honor de poner fin a décadas de actividad. El edificio del Cine Esperanza sigue en pie diez años después de su clausura. Su presencia, no obstante, ya pasa desapercibida para los mierenses.
La calle Teodoro Cuesta con los cines Pombo y Esperanza, foto Alonso
 FUENTE: DAVID MONTAÑES.
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