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6 de mayo de 2013

Los tesoros de Oviedo (Asturias)

Un tesoro inimaginable

 
Plaza de Alfonso II en Oviedo

Alfonso VI convirtió la ciudad en uno de los centros de peregrinaje más importantes cuando abrió el Arca Santa, el 13 de marzo de 1075, «en medio de gran temor»l Las reliquias incluyen, según los inventarios, 85 objetos de Jesucristo, la Virgen, los Apóstoles y el Sudario, que el Ayuntamiento quiere ahora potenciar turísticamente



                                                                        Alfonso VI
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Era el año 614 después de Cristo y los discípulos de los Apóstoles vieron cómo las tropas persas del rey Cosroes II avanzaban sobre Jerusalén. Aquellos hombres y mujeres guardaban y veneraban algunos objetos, reliquias de los primeros seguidores de Cristo, del propio Jesús y de la Virgen. Lo guardaron en un arca de madera y abandonaron la ciudad rumbo a Egipto. Hoy, según el relato legendario, esas mismas tablas, recubiertas ahora por unas planchas de plata decoradas en el Románico, se guardan en la Cámara Santa de la catedral de Oviedo junto al tesoro encerrado en aquel cofre: hasta 85 reliquias entre las que destaca el Santo Sudario. El equipo de gobierno ha lanzado estos días la idea de relanzar este «activo» de la ciudad para potenciar un turismo religioso similar al de Turín con la Sábana Santa. La historia, al menos el relato mítico, les da la razón. Las reliquias ya pusieron a Oviedo en el mapa en la Edad Media.

                                                                   Camara Santa

La peripecia del Arca Santa dice que fue el presbítero Filipo el que se encargó de ponerla a salvo y condujo el arcón hasta Alejandría. Pero el avance de los persas no cesaba. El cofre siguió avanzando por el Mediterráneo, con varias paradas por el norte de África y entró en la Península por la actual Cartagena. La siguiente documentación afirma que en el año 636 estaba en Sevilla. Habían pasado 22 años desde que saliera de Jerusalén. Ni un siglo descansaron las reliquias de la cristiandad. En el 705 los árabes conquistan Tánger y el Arca Santa viaja hacia el Norte y se para en Toledo. Pocos años después, en 711, se traslada de nuevo y queda custodiada, dicen las crónicas, en la cueva de Santo Toribio, en lo que hoy se conoce como el «mayáu de les capilles», en el monte Monsacro. Allí, en uno de los lugares míticos del territorio norte, santuario religioso pagano, centro druídico, ombligo del mundo, quedan las reliquias de Cristo y los suyos guardadas durante ochenta años.
Durante ese tiempo, Máximo y Fromestano fundan el monasterio de San Vicente, y Fruela establece allí la ciudad de Oviedo. Y Alfonso II manda construir la Cámara Santa para custodiar, precisamente, el tesoro de reliquias que había venido de Toledo huyendo de los musulmanes. Es él, pues, quien traslada el cofre de madera del Aramo a la ciudad, en un momento indeterminado entre finales del siglo VIII y principios del IX. Se supone que en 812 ya se cita San Tirso y la Cámara Santa tenía que estar ya construida para albergar el tesoro. Si nos fiamos de los ochenta años en el Monsacro, habría sido en el año 791 cuando Alfonso II la habría puesto a salvo en Oviedo.
Pasaron más de dos siglos hasta que alguien se decidió a abrir el Arca Santa. Fue el obispo Ponce en el año 1035. El resultado fue trágico. «Informado por algunos creyentes de las grandezas que allí se contenían», dicen las crónicas, «quiso comprobar lo que había oído. Intentando, pues, acompañado de algunos de sus abades y clérigos, abrir la cubierta del arca, fue tal la luz que salió de ella que, a causa del resplandor, sus ojos no pudieron ver lo que había dentro de las paredes del arca en que se contenían las preciadas prendas de los santos de Dios, y a punto estuvieron todos de caer por tierra debido a la magnitud del espanto. En cierto modo, pues, cegados por oculto designio de Dios, dejaron las cosas tal cual hasta entonces habían estado. Algunos, sin embargo, siguieron ciegos por todos los días de su vida».

 En el Arca Santa fueron encontradas: Santas Espinas, un relicario en forma de Cruz, un Santo Sudario, trozos del sepulcro de la Virgen María y una Sandalia de San Pedro encerrada en una teca de plata.
Tal maldición hizo que 40 años después, en el segundo intento, Alfonso VI, el 13 de marzo de 1075, tomara todo tipo de precauciones. Se rodeó, en primer lugar, de un gran séquito: nobles, clérigos de Toledo, sus hijas las infantas Urraca y Elvira, el obispo Pelayo, condes, un notario, un herrero y hasta Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. «Mortificaron sus cuerpos aún más de lo que era costumbre en tiempos de cuaresma», asistieron a misa y «a la hora tercia del día tercero de los idus de marzo» (nueve de la mañana del 13 de aquel mes) se dirigieron hacia el arca «entre cánticos de salmos». Allí, «empujando suavemente, al tiempo que de una y otra parte se lanzaban con los turíbulos bocanadas de oloroso incienso, se abre el Arca, en medio de gran temor, quedando patente lo que a Dios habían pedido, es decir, un tesoro inimaginable»
Así lo cuenta el acta firmada por los allí presentes, un documento del siglo XI del que se conserva una copia posterior, del XIII. Los presentes dan fe también de las reliquias. Un inventario extenso que, entre otras cosas, cita: «del leño [de la cruz] del Señor, de la sangre del Señor, del pan del Señor, esto es, de su Cena, del sepulcro del Señor, de la tierra santa sobre la que estuvo el Señor, del vestido de Santa María y de la leche de la misma Virgen y Madre del Señor, del vestido del Señor dividido a suertes y de su sudario». Añade reliquias de todo tipo de santos y profetas y remata con un «y de otros muchísimos, cuyo número sólo la ciencia de Dios abarca».

El descubrimiento es de tal importancia que el 13 de marzo se convierte en la «Fiesta de las santas reliquias», celebrada durante siglos en la ciudad. Al día siguiente, Alfonso VI celebra el hallazgo con la donación a Oviedo de Langreo. El rey manda también recubrir el arca de plata, como se realiza en 1113, orfebrería románica primitiva, con influencias arábigas e inscripción en aljamiado.
La apertura del arca convirtió a Oviedo en uno de los principales centros de peregrinación del mundo medieval. Los fieles acudían atraídos por las reliquias que se veneraban en ella. El cementerio de peregrinos, el espacio exterior anexo a la Cámara Santa, atestigua la función milenaria del santuario. Sin embargo hay que destacar que, como señaló el canónigo Enrique López, «el Sudario nunca fue el gran reclamo de las reliquias, ya que se menciona en documentos del siglo XII y no vuelve a aparecer hasta 1566»
En 1572 Ambrosio de Morales, comisionado por el rey Felipe II, acude a Oviedo para hacer un inventario del Arca Santa y unos años más tarde, durante la peste de 1598, parece que el Sudario ya ha cobrado auge, porque consta que lo sacan por la ciudad, como último recursos contra la epidemia.
Después de este inventario es el del propio Enrique López, en «Las reliquias de San Salvador», de 2004, el más importante de los realizados sobre las reliquias de la catedral de Oviedo.
Del Santo Sudario que el equipo de gobierno del PP ambiciona ahora en convertir en reclamo turístico similar a la Sábana Santa de Turín, un lienzo de lino de 83x53 centímetros, hay que decir que según la tradición nunca salió de Asturias. No así el arca, que fue enviada a Madrid para su restauración después de la voladura de 1934. La tela se expone el Viernes Santo y al inicio y final del jubileo, 14 y 21 de septiembre.


Vista de Oviedo, la catedral al fondo

FUENTE:  Chus NEIRA

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