8 de enero de 2013

El prolífero seminarista de Pola de Lena

Félix Granda Buylla, el artista de Dios.

 
El blog de Acebedo ya hizo referencia a este prolífero seminarista en un artículo del 24 de agosto de 2012 (Félix Granda Buylla - sacerdote y escultor)

El seminarista, nacido en Pola de Lena en 1868, se prodigó en el mundo de la escultura religiosa, fundó los Talleres de Arte y recibió numerosos reconocimientos por sus obras

Publicado por La Nueva España el Martes 08 de enero de 2013.
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Cuentan quienes conocieron a Félix Granda que el lema que guiaba su vida era el salmo XXVI, 8, que puede traducirse más o menos así: «Señor he amado la hermosura de tu casa y el lugar de la morada de tu gloria», y a embellecer aquella casa, representada en cualquier iglesia, dedicó su existencia.
Félix Granda Buylla nació en Pola de Lena el 21 de febrero 1868, aunque su sobrina Maruja Granda, que trabajó con él y lo acompañó hasta el final de sus días, afirmaba que en realidad había llegado al mundo en Mieres pero que muy pronto la familia se había trasladado al vecino concejo.
Buscando este dato, he consultado en el archivo parroquial de San Juan de Mieres y puedo decir que allí no figura este asentamiento, por lo que podemos afirmar definitivamente su origen lenense, siendo el primer hijo de los seis que tuvo el matrimonio formado por don Wenceslao Granda, médico de la localidad, y doña Elvira Buylla.
Es seguro que en Lena transcurrió su infancia, hasta que a los 10 años ingresó en el Seminario de Oviedo y pudo conocer los rudimentos del dibujo y la escultura, pero donde verdaderamente fue creciendo la certeza de que tendría que partir su vocación entre el sacerdocio y el arte fue en sus estancias en Muros de Nalón, donde en el verano de 1884, Tomás García Sampedro y Casto Plasencia habían iniciado una «colonia artística» frecuentada por más de una docena de pintores de toda España, que iban a atraer a sus playas a otros ya consagrados como los valencianos Cecilio Pla o Joaquín Sorolla, que estuvo aquí en las primaveras de 1902 a 1904, e incluso al poeta Rubén Darío, quien veraneó en San Juan de La Arena en 1905 y en Riberas de Pravia en 1908 y 1909.
Parece que fue el obispo don José María de Cos, que lo había conocido en Oviedo, el que se dio cuenta de las actitudes del seminarista y lo animó a seguir por esa senda. El caso es que la ordenación de Félix Granda como sacerdote en diciembre de 1891 casi coincidió con el traslado de don José María desde la diócesis de Mondoñedo a la de Madrid-Alcalá y hasta la capital se fue también el lenense para compaginar su actividad parroquial con la apertura de un estudio en la calle de Fernando El Santo.
Tenía entonces 23 años y llamó a aquella empresa «Talleres de Arte». Allí recibió los primeros encargos para algunas iglesias al mismo tiempo que acrecentaba sus contactos con aquellos artistas que había conocido en la costa asturiana, porque siempre tuvo claro que sus talleres no podían limitarse a ofrecer lo mismo que los de la competencia. Esa búsqueda de la calidad fue recompensada en 1899 con una Medalla de Oro en la Exposición Regional de Bellas Artes de Gijón, pero sobre todo por el éxito comercial que le permitió abrir mercado por toda Europa y en América del Sur.
De forma que cuando entró el nuevo siglo ya trabajaban para él más de 200 artesanos creando todo tipo de ornamentos e imaginería para los templos católicos y su catálogo abarcaba pintura, bronce, esmaltes, madera, bordados y cualquier material que pudiese emplearse para embellecer la liturgia. Allí se imitaban los estilos clásicos y hoy pueden verse piezas suyas que siguen los cánones del mozárabe, el románico, el gótico o el barroco, obedeciendo las modas y los gustos caprichosos de los clientes.
Félix Granda tampoco se negó a seguir las modas más avanzadas de su tiempo y mantuvo contactos con los arquitectos catalanes que trabajaron en la Montaña Central para la Sociedad Hullera Española e incluso con Antonio Gaudí, del que aprendió a integrar las formas de la naturaleza en sus obras. En este sentido, algunos especialistas han observado semejanzas tan concretas como la representación de las tortugas marinas, que sostienen en Barcelona las columnas de la Sagrada Familia y sirven como peanas de las custodias de Granda.
En 1903 la plantilla había seguido creciendo y se hizo necesario buscar nuevos locales para lo que ya tenía la envergadura de una pequeña fábrica. Félix Granda adquirió entonces el Hotel de las Rosas, situado en la zona que hoy conocemos como Nuevos Ministerios. El edificio estaba rodeado por unos jardines que dejaron de cuidarse, pero aún así servían para dar espacio a los talleres, llenos de luz en una de las zonas más ventiladas de Madrid y el cura se reservó una zona para vivienda, que compartía con su hermana Cándida, viuda y sin hijos.
Muchos años más tarde, en 1928, un visitante dejó escritas sus impresiones sobre este lugar: «Todo aquí respira un trabajo intenso, zumban los tornos, rechinan las sierras, tunden los mazos de los tallistas, crepitan los cinceles de los repujadores. Porque no hay forma de arte decorativo que no tenga aquí sus artífices».
Durante décadas Félix Granda bajó cada día a inspeccionar personalmente los encargos, dando instrucciones precisas a los artesanos que tenían que realizarlo y explicando de paso el porqué de cada iconografía a los jóvenes aprendices, completando así su instrucción manual con una formación teórica que les hacía entender el trabajo como una vocación.
Los talleres de Félix Granda volvieron a ser galardonados en 1911, esta vez con la Medalla de Oro en la Exposición de Arte Decorativo de Madrid, que otorgaba el Círculo de Bellas Artes de Madrid y dos años más tarde, debido a la progresión imparable de sus pedidos, se constituyeron como Sociedad Mercantil.
Resulta imposible resumir aquí el catálogo de su producción histórica, que va de lo más cercano a lo internacional y nos sorprende en varios puntos de nuestras Cuencas, pero por lo que nos toca no podemos olvidarnos de dos de sus obras más queridas: el ángel de la muerte que preside la tumba de su pariente Vital Aza en el cementerio de La Belonga y el conjunto de bronces, ángeles con luminarias, mármoles, sagrario e imágenes del altar mayor de la Iglesia de San Juan que quiso donar al pueblo de Mieres.
También llevan su firma piezas tan emblemáticas para los asturianos como las dos parejas de mazas de plata de la Junta General del Principado, realizadas en 1925 por su empresa; el tríptico y las coronas de la Virgen y el niño de Covadonga; la urna de San Pelayo y el retablo de San Juan El Real en Oviedo; la lámpara votiva de la parroquial de Pravia y el mobiliario interior de la iglesia medieval de Santo Tomás de Canterbury en Avilés.
Entre sus obras más conocidas figuran el monumento a Pío X en Riese (Italia) y el retablo de la iglesia neogótica de Belén en La Habana y sin salir de España varios pasos procesionales de la Semana Santa andaluza; la capilla sepulcral de mármol y bronce de San Juan de la Cruz que se construyó en 1926 para conmemorar el bicentenario de su canonización; el retablo de San Isidro de Dueñas, en Palencia; las coronas de las Vírgenes de Guadalupe en Cáceres y del Sagrario en Toledo, esta última en oro, platino y pedrería y todo el interior del famoso Santuario Nacional de la Gran Promesa, que el franquismo levantó en Valladolid en 1941 para fomentar la devoción al Sagrado Corazón que unía directamente a su victoria en la Guerra Civil.
Félix Granda Buylla murió en Madrid el 23 de febrero de 1954 a los 86 años, pero su memoria goza de buena salud: en 1997 se creó una Fundación que lleva su nombre y en 2005 Gerardo Díaz Quirós leyó en la Universidad de Oviedo una tesis doctoral que estudia exhaustivamente su vida y su obra en esta región. También perdura su herencia material y en la actualidad los Talleres de Arte siguen despachando sus encargos hasta el último rincón del mundo católico.
 Ilustración de: Alfonso Zapico

FUENTE:  ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR 
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 Félix Granda Buylla trabajando en el taller (fundación Félix Granda)

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Félix Granda Buylla, (Pola de Lena, 21 de febrero 1868 – Madrid, 23 de febrero de 1954), fue un sacerdote, escultor, pintor y orfebre español, que fundó el taller de arte litúrgico Talleres de Arte que dirigió hasta su muerte. El taller es ahora conocido como Talleres de Arte Granda, en países de habla española y como Granda Liturgical Arts en países de habla Inglés.
  
Biografía.
Era el mayor de los seis hijos del médico Wenceslao Granda y su esposa Elvira. Comenzó sus estudios para el sacerdocio en el seminario de Oviedo a la edad de diez años, donde realizó conocimientos en dibujo, pintura, escultura y orfebrería. Estuvo muchos veranos en Muros de Nalón, donde conoció un grupo de pintores, entre los que se encontraban Joaquín Sorolla y Cecilio Pla. Fue ordenado sacerdote de la diócesis de Madrid en 1891.

Talleres de Arte Granda 

Ese mismo año, a la edad de 23 años, fundó los Talleres de Arte Granda, en Madrid. El Arzobispo-Obispo de Madrid-Alcalá, José María Cos y Macho, a quien había conocido Granda cuando Cos estaba de rector de la Catedral de Oviedo, aprobó el trabajo del joven sacerdote:

Las obras de arte que salen de su taller se abrirán caminos, tanto en las repúblicas de América del Sur como en las naciones europeas ... por la profundidad del pensamiento y el espíritu cristiano que los anima, por la novedad y la belleza del dibujo y la ejecución cuidadosa ... Continuar sin vacilación, por el bien de la religión, la profesión de las artes, uniéndose a la perfección su vocación sacerdotal con su aptitud artística.
El taller original se situó en la calle Fernando el Santo, en Madrid, pero pronto se trasladó a la residencia de Hotel Las Rosas en los Altos del Hipódromo para dar cabida al creciente número de artesanos que trabajaban con él. Granda describe la ubicación:
Para ser capaz de hacer el arte que nos proponemos, todos vivimos dentro de una moral y un ambiente físico sano ... en la parte alta de Madrid, en la ampliación de la Castellana, son edificios rodeados de jardines, con los estudios y viviendas que son espaciosas y están inundadas de luz y aire.
Félix Granda vivía en el Hotel de las Rosas con su hermana Cándida, viuda sin hijos, que le ayudaba en la administración del taller. En 1900, tenía empleados a más de 200 artesanos, para la creación de retablos, esculturas, sagrarios, relicarios, custodias, y otras obras de arte sacro. Las relaciones con los artistas que Granda había establecido en sus años de formación, resultaron muy valiosas para reunir tantos artesanos en una sola empresa. Según él mismo confesaba, su deseo era conseguir bajo un mismo techo, la colaboración de especialistas en diferentes profesiones artísticas como la pintura, la escultura, la orfebrería, los esmaltes, la carpintería, los trabajos en bronce o la elaboración de bordados para religiosos.
Granda no iniciaba ningún proyecto nuevo, sin una explicación detallada de su iconografía a todos los artesanos con los que iba a trabajar. Cada estudio fue dirigido por él y enseñó a los aprendices con clases y conferencias y les dio tiempo para la formación. El escultor José Capuz, Luis Ortega Bru y Juan Vargas Cortés, fueron algunos de los discípulos que recibieron su formación.
En 1911, se realizó el Congreso Eucarístico Internacional en Madrid, Félix Granda ganó la medalla de oro en la Exposición de las Artes Decorativas en ese mismo año publicó el primer catálogo general del taller.
 Escultura del Sagrado Corazón del retablo mayor del Santuario Nacional de la Gran Promesa (Valladolid), realizada por Félix Granda.
  
Obras.
Bajo la dirección de Félix Granda, en su taller se diseñaron y fabricaron custodias elaboradas para las catedrales de León, Lugo, Madrid, Oviedo y Burgos. Un retablo realizado para el palacio episcopal en Madrid, dedicado a la Virgen de la Almudena, está colocado en la nueva catedral de la capital de España.
Félix Granda diseñó el nuevo mobiliario interior de la iglesia medieval de Santo Tomás de Cantorbury en Avilés (1903).
El retablo de la Iglesia de Belén en La Habana, fue construido en 1915. Esta iglesia jesuítica es uno de los pocos edificios de arquitectura neogótica en Cuba. El retablo es también del mismo estilo, con pináculos y con elaborada tracería. La imagen central es una gran escultura del Sagrado Corazón. Una procesión de figuras que representan los patriarcas y profetas se encuentran sobre un pedestal de mármol para llevar el Arca de la Alianza, por encima de ellos hay unas estatuas de ángeles que izan al niño Jesús. Las estatuas laterales representan santos jesuitas.
La capilla sepulcral de San Juan de la Cruz en Segovia fue construida en 1926 para conmemorar el bicentenario de la canonización del santo, e incluye un retablo, varias estatuas y relieves, mosaicos, un tabernáculo, y un sarcófago sobre el altar con el torso y la cabeza del santo.
La corona de la Virgen del Sagrario, patrona de Toledo, coronada con ella el día 30 de mayo de 1926. De oro, platino y pedrería. Una auténtica joya de la orfebrería española del siglo XX.
La corona de Nuestra Señora de Guadalupe en Cáceres (1928). A la coronación canónica asistió el rey Alfonso XIII, el nuncio papal, y cardenales de España.
La corona de la Virgen y el Niño de Covadonga se hizo en su taller en 1928, así como otras obras para Asturias fueron el mobiliario de San Juan el Real en Oviedo, y la decoración del templo y el salón del Seminario Conciliar.
Otras obras importantes incluyen el altar mayor del monasterio de San Isidro de Dueñas en Palencia, un altar en la Basílica del Pilar en Zaragoza, el altar de Nuestra Señora del Buen Consejo en la Iglesia de San Isidro en Madrid, y los murales de el ábside de la capilla del seminario en Madrid.
Una iglesia del siglo XVII en Valladolid, que anteriormente habían servido como la capilla del Colegio de los Jesuitas de San Ambrosio: la iglesia parroquial de San Esteban, se convirtió en el Santuario Nacional de la Gran Promesa en 1941 para conmemorar la devoción especial al Sagrado Corazón propagada por el jesuita Bernardo Francisco de Hoyos. Fueron encargados al padre Granda la sustitución de retablos y altares destruidos por el fuego que sufrió dicho templo en 1869. El retablo principal incluye una gran escultura del Sagrado Corazón y diversos relieves como la Adoración de los Magos y la Revelación de la Gran Promesa. Félix Granda también diseñó los altares dedicados a Cristo Rey y el retablo de la Virgen del Pilar, una carroza procesional de Cristo Rey, el púlpito, las estaciones del Vía Crucis, el tabernáculo, la santa cruz y la custodia.
Realizó en 1940 una urna acristalada con ornamentos en bronce para el Cristo yacente de El Pardo de Gregorio Fernández, conservado en el convento de los padres capuchinos, esta obra fue financiada por Francisco Franco.
Para el Cristo de la Expiración del escultor Mariano Benlliure de Málaga, realizó en 1941, el trono para su procesión en Semana Santa, reunió en esta construcción los materiales de madera, bronce y plata y toda una serie de ornamentación con un gran discurso de símbolos cristianos. Otro trono para procesionar fue el realizado para la Cofradía del Nazareno de Cartagena ejecutado en el año 1948.
Corona de Nuestra Señora de las Angustias (1948), realizada para la titular de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y descendimiento de Cristo de Úbeda.
El retablo del altar del sagrario de la Parroquia de San Juan Bautista (Catedral de la Sierra) de Hinojosa del Duque (Córdoba), junto con la escultura del Sagrado Corazón de Jesús de dicho retablo. Además en esta parroquia se encuentra también la talla en madera policromada de un Cristo Yacente perteneciente a la Cofradía del Santo Sepulcro y la Virgen en su Amargura, que en un principio iba destinado a Málaga.


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