7 de enero de 2013

El padre Gafo, dominico asturiano con mala suerte

José Domingo Gafo Muñiz.

 http://www.ecured.cu

Biográfia.

Nace en Tiós (pueblo del concejo o municipio asturiano de Lena) el 20 de octubre de 1881. Comienza a los once años los estudios de Latín, guiado por el coadjutor de su parroquia. Simultanea las lecciones en lengua clásica con las tareas en los trabajos de campo, ayudando a sus padres. De niño siente inclinación por la Iglesia y ayuda de monaguillo en los cultos. El 21 de septiembre de 1896 toma los hábitos de Santo Domingo en el colegio-convento de Corias (Cangas del Narcea), donde estudia también Filosofía. Con la esperanza de estudiar Teología pasa al convento de San Esteban de Salamanca, gustándole mucho ya por entonces la problemática obrera y social, temática que no abandonaría durante el resto de la vida. Siendo todavía estudiante inicia las controversias en la revista Ideales. 

Estudios

Estudió filosofía en Corias y teología en Salamanca, presbítero a finales de 1905; desde la ordenación hasta 1936 su vida fue una no interrumpida campaña apostólica a favor de la clase obrera. Estuvo en el colegio de Vergara (Guipúzcoa), de 1907 a 1911, donde tuvo contacto con el gran sociólogo P. Pedro Gerard; en Santo Domingo el Real de Madrid colaboró con artículos de carácter social en la prestigiosa revista «La Ciencia Tomista», rector del colegio de Oviedo (1918-1921), de nuevo en Vergara y de nuevo en Santo Domingo el Real. Con el P. Tomás Sánchez Perancho recorrió de manera discreta buena parte de España en busca de información sobre la situación de los obreros y la cuestión social; en Barcelona recibieron información directa de Ángel Pestaña. Desempeñó el cargo de consejero de trabajo desde el cual inspiró la creación de comités paritarios; en 1932 estuvo encarcelado en el penal de Ocaña, donde realizó gran labor apostólica a favor de los presos; elegido diputado a Cortes en 1934 por la provincia de Navarra, en representación de los sindicatos católicos. Buen religioso, observante y en la actuación externa un hombre excepcional.

Trayectoria.

Tras recibir las órdenes sacerdotales, es en su pueblo natal, Tiós, donde canta su primera misa, en la Navidad de 1905. Seguidamente se va como profesor de Segunda Enseñanza a Vergara (Guipúzcoa), donde estará cinco años explicando Ética, Historia y Derecho. A la vez es profesor de Economía en la Escuela de Comercio. Colabora en las revistas de su Orden: El Santísimo Rosario, de Vergara, y Ciencia Tomista, de Madrid. Impulsó el sindicalismo católico, con los calificativos de Libre o Profesional. El febrero de 1914 fundó el Sindicato de Ferroviarios Libres de Madrid, con la misma estructura de los sindicatos católicos pero sin el distintivo de católico. En verano de 1923 viajó a Barcelona y se entrevistó con Ramón Sales, dirigente de los Sindicatos Libres, impulsando el proceso de unión de los Sindicatos Católico-Libres del norte de España con los Libres de Barcelona, que cuajaría a finales de año con la constitución en Pamplona de la Confederación de Sindicatos Libres de España. Fue miembro del Consejo de Trabajo de la dictadura de Primo de Rivera. Quedó postergado con la proclamación de la Segunda República Española en 1931, y apoyó el intento de golpe de estado del general José Sanjurjo del 10 de agosto de 1932. En las elecciones de noviembre de 1933 fue elegido diputado por Navarra en la candidatura del Bloque de Derechas. En diciembre de 1934 firmaba el manifiesto del Bloque Nacional, inspirado por José Calvo Sotelo y se manifestaba partidario de la acción extraparlamentaria, siguiendo la trayectoria de la extrema derecha tradicionalista.

El padre Gafo es autor de las siguientes obras:
  • Doctrina del Sindicalismo libre (Vergara, 1923)
  • Polémica (Barcelona, 1923)
  • El momento social de España: hechos e ideas, conferencia (Madrid, 1929). 

Se va a Madrid como redactor de Ciencia Tomista, máximo exponente de las teorías de la O.P., donde tiene a su cargo la sección «Crónicas Científico—sociales de España» y colabora en el «Boletín de cuestiones sociales». Intenta organizar a las masas obreras —cuyos condiciones, como también la de los campesinos, conoce tras recorrer España con tal propósito—, alejándolas por igual del marxismo y de las tácticas puestas en marcha por los sindicatos católicos. Con motivo de la huelga ferroviaria de 1912 el P. Gafo presta su concurso para que organicen el Sindicato Ferroviario de Madrid. En el mes de febrero de 1914 funda el primer Centro de Sindicatos Libres.
  • En 1918 viene a Oviedo con la misión de dirigir el colegio de Enseñanza Media (Colegio Santo Domingo) que la Orden tiene en la capital asturiana. Permanece tres años al frente del mismo sin abandonar tampoco las luchas sindicales ni la dirección de la Academia Santo Tomás.
  • Da conferencias por las cuencas mineras asturianas y polemiza con Isidoro Acevedo, director del semanario socialista La Aurora Social. Siendo presidente de la Academia Santo Tomás, consigue agrupar a los estudiantes universitarios y del magisterio bajo sus auspicios.
  • Desarrolla un cursillo de conferencias bajo el título de «Puntos de coincidencia entre el Catolicismo y el Socialismo». Retorna a Vergara en 1921, donde estará cinco años volcado en la docencia, la cuestión social y el fortalecimiento de la Confederación de Sindicatos Libres del Norte de España.
  • En 1926 se reincorpora a la redacción de La Ciencia Tomista. Desde sus columnas y las crónicas «La situación religiosa en España» ataca de frente la conducta de los católicos convencionales, levantando con ello una tormenta de protestas.
  • Con la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera, éste le nombra vocal de la Comisión Interina de Corporaciones en el Ministerio de Trabajo, encargada de organizar los Comités Paritarios. Más tarde es vocal del Consejo de Trabajo en el mismo ministerio.
  • Interviene en varios debates en el Congreso y forma parte de distintas comisiones parlamentarias, en las que se muestra muy tolerante.
  • Después de la Revolución de Octubre de 1934 viene a Asturias e intenta la reconciliación de las clases sociales. 
Muerte.
Fue vilmente torturado hasta su muerte, no renunciando a su principios e ideas religiosas. Por ausencia del prior estaba en funciones de superior del convento de Santo Domingo el Real en julio de 1936, procuró poner a salvo tanto a sus hermanos como a las dominicas del monasterio vecino; con otros religiosos estuvo en una pensión unos veinticinco días; optimista, con fe ciega en las clases populares, pero sobre todo en la masa obrera; hasta escribió una carta a Indalecio Prieto confiándole el cuidado de los libros y documentos del P. Luis G. Alonso Getino y los suyos propios, pero todo se destruyó. Lo detuvieron el 11 de agosto por su condición de sacerdote y religioso; estuvo en los calabozos de la dirección general de seguridad hasta el día 14, en que lo llevaron a la cárcel Modelo; lo colocaron en la misma galería en que estaban los PP. Alfredo Fanjul e Isabelino Carmona, comprendidos en esta Causa. Muy consciente de que se buscaba la eliminación y exterminio de los sacerdotes y religiosos por razón de su fe. Lo sacaron en la noche del 3 de octubre, al grito de: Padre Gafo, en libertad. Fue martirizado al amanecer del 4 de octubre a pocos pasos de la puerta de la cárcel; al contemplar la foto de su cadáver acribillado a balazos el agustino P. Carlos Vicuña, compañero de prisión, exclamaba: «Parecía dormido el gran batallador católico».

FUENTE:  José Gafo, publicado en “/www.dominicos.org
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 José Domingo Gafo, el beato sindicalista.
  http://www.lne.es

El sacerdote nacido en Campomanes dedicó casi toda su vida a defender los derechos de los trabajadores, pero lo hizo como cristiano y no como socialista






Alguna vez se ha escrito que el padre Gafo murió por las balas de los milicianos republicanos, pero que, de igual forma, los de la otra trinchera también podían haber apretado el gatillo, porque el cura buscaba el reencuentro entre las dos Españas y eso, entonces -y no sé si ahora también- era una veleidad que se pagaba con la muerte.
Sólo dos párrafos para conocer un poco al personaje: José Domingo Gafo Muñiz nació en Tíos, una aldea cercana a Campomanes, en 1881 y allí se crió, ayudando a sus padres en las cosas del campo, hasta que la necesidad vino a favorecer su ingreso, cuando cumplió los quince años, en el Convento de Corias, de Cangas de Narcea, regido por la Orden de Santo Domingo. El chaval era listo y lo hizo bien, así que acabó sus estudios de Filosofía y Humanidades, doctorándose en Teología en Salamanca.
En 1905 fue ordenado sacerdote y seis años más tarde ya había ganado el suficiente prestigio entre los suyos como para que sus superiores le enviasen a Madrid, encargado de una sección fija en la revista «La Ciencia Tomista» donde trataba a menudo el puntilloso asunto de las tensiones entre la religión y el mundo civil y sobre todo entre la Iglesia y el Estado.
Al padre Gafo se lo conoce por su defensa del sindicalismo cristiano y así ha pasado a la historia. No sabemos si tuvo siempre inquietud por este tema, seguramente sí, porque en cuanto pudo, creó su propia revista «Ideales», dirigida a los jóvenes que se acercaban a los colegios de su orden y en la que abundaban las referencias a la cuestión social; pero el hecho que le impulsó definitivamente a dirigir su labor hacia el mundo obrero fue la huelga ferroviaria que se declaró en el verano de 1912 y que se resolvió con una victoria para los trabajadores que obtuvieron por vez primera logros como veinte días anuales de vacaciones pagadas.
Al dominico no se le escapó que el conflicto se había cerrado con éxito gracias a la unidad de aquel sector que había celebrado previamente un congreso en el que estaban representados 70.000 hombres. Seguramente vio claro que el punto de unión entre la religión y el mundo obrero pasaba forzosamente por la creación de sindicatos cristianos. Ya existía el Sindicato Católico, pero su total dependencia de los patronos lo hacía poco creíble; por ello el padre Gafo decidió apostar por otra cosa, organizando el primer Centro de Sindicatos Libres en marzo de 1913.
Las críticas de la época lo acusaron de heterodoxo, lo que le abre las puertas de esta página de par en par, pero, dejando claro que el fraile era más progresista que la mayoría de sus compañeros de fe, tampoco hay que exagerar las cosas. Lo digo porque en junio de 2009 se presentó en el Círculo de Bellas Artes de Madrid un libro del investigador asturiano Etelvino González López, con el título «José D. Gafo Muñiz, OP. (1881-1936). Por la concordia en España».
Entre el público, mayoritariamente católico, estuvieron aquella tarde los representantes asturianos en el órgano dirigente del neo-socialismo patrio, Hugo Morán, ex alcalde de Lena, y Álvaro Cuesta, mientras en la mesa de honor, se sentaron junto al autor dos relevantes miembros de la orden religiosa a la que perteneció el biografiado y el entonces Presidente del Congreso de los Diputados José Bono, quien calificó en su intervención al fraile como «cristiano y socialista».
Pues no. Se puede decir con verdad que José Domingo Gafo dedicó su vida a defender los derechos de los trabajadores, pero lo hizo como cristiano y no como socialista, porque siguió siempre la línea de quienes interpretan que el Evangelio manda servir los pobres en vez de procurar que no los haya, para no tener que servirlos ni a ellos ni a quienes los empobrecen. Veamos unos ejemplos de lo que digo.
Según está escrito, cuando en 1918 se trasladó a Oviedo, no cesó su inquietud por el mundo del trabajo e incluso desarrolló un ciclo de conferencias en la Escuela Normal sobre el tema «Puntos de coincidencia entre el Catolicismo y el Socialismo», pero a la vez mantuvo una polémica con Isidoro Acevedo, director en Oviedo del semanario socialista en la ciudad «La Aurora Social», quien no encontraba aquella supuesta coincidencia en los constantes enfrentamientos que se producían entre el punto de vista de los marxistas y el de los sacerdotes.
También es cierto que durante la Dictadura de Primo de Rivera, fue nombrado vocal de la Comisión Interina de Corporaciones en el Ministerio de Trabajo, encargada de organizar los Comités Paritarios y que luego estuvo como vocal técnico del Consejo de Trabajo en el mismo ministerio, donde no tuvo inconveniente en colaborar con los socialistas en todas las reformas sociales favorables a los trabajadores. Concordia, sí, y a la vez suerte, porque al otro lado de la mesa se sentaba un interlocutor partidario del diálogo, Manuel Llaneza, al que su buena disposición para el juego del General le costó perder temporalmente el apoyo de muchos de los suyos.
Aquí hemos escrito otras veces sobre Maximiliano Arboleya, otro sacerdote que también mantuvo sus posiciones en lo que podríamos denominar, para entendernos, la izquierda del catolicismo, pero sin salirse nunca de la línea. Junto a él estuvo en los Sindicatos Libres y en alguna aventura política, como la fundación del Grupo Democracia Cristiana en 1919. Demócratas, pero no socialistas.
Veamos lo que se decía en el «ABC» del 24 de julio de aquel año, anunciando la constitución en España del primer núcleo con esta ideología: «?por cada libro que en las bibliotecas públicas hace la exposición y la propaganda del catolicismo social hay 50 que hacen la exposición y defensa del socialismo, del sindicalismo rojo o de la anarquía. En las ideas guardadas en esos libros está la clave principal de ciertos éxitos y de ciertos peligros que hoy ponen espanto en tantos corazones?».
Para cerrar este tema, no tenemos más que recurrir a su historial político: en 1932 las autoridades republicanas le encarcelaron en el penal de Ocaña por sus actividades contra el nuevo régimen y, ya en libertad, en las elecciones del 19 de noviembre de 1933 obtuvo 65.287 votos para su candidatura dentro del Bloque de Derechas Navarras, lo que le permitió sentarse en al Parlamento junto a otros seis diputados de aquella coalición a la que había sumado a los Sindicatos Católicos junto a la Comunión Tradicionalista, los monárquicos alfonsinos, Renovación Española y la CEDA de Gil Robles, es decir, todo espectro conservador contrario a la República, salvo la Falange, que prefirió ir por su cuenta.
Esta decisión no hizo más que acentuar sus contradicciones ideológicas, y poco después se alejó de aquellas compañías, al darse cuenta de que había caído en el error que llevaba combatiendo toda su vida creyendo que los obreros podían cobijarse bajo el mismo techo político que sus patronos. Así lo escribió en «La Región» de Orense: «Ante estas mentalidades que se dicen cristianas y se lo creen de buena fe, opté por callarme y eliminarme del Congreso para trabajar en otros sitios. Quizá la revolución o la amenaza de la misma sea el único remedio de urgencia. Si las izquierdas viniesen para resolver con buenas reformas sociales el problema social, sin meterse con la Religión, yo diría: bienvenidas sean las izquierdas, hasta que las derechas tengan enmiendas».
Y la revolución llegó, pero dentro de una Guerra Civil y, desde luego, sin tener miramientos con la Religión. Cuando todo empezó, él se ocultó en una pensión con otros compañeros de hábito, pero a la vez no dudó en escribir una carta a Indalecio Prieto, a quien conocía, pidiéndole que cuidase de algunos libros y documentos que veía en peligro. Fue inútil, los libros se destruyeron y José Gafo acabó detenido en la dirección general de seguridad el 11 de agosto, de allí pasó a la cárcel Modelo y el día 3 de octubre se decretó su libertad, seguramente como una disculpa para matarlo al día en la calle.
Murió por las balas que le dispararon cuando apenas se había alejado unos metros de la entrada de la cárcel y como todos los frailes que cayeron por la violencia de la Revolución y la Guerra Civil, es considerado mártir por la Iglesia Católica. El 27 de octubre de 2007 se celebró su beatificación en una de aquellas ceremonias masivas que tanto agradaban al Papa Wojtyla y así subió a los altares junto a otros 500 religiosos entre los que se encontraban varios asturianos.
El acto tuvo que celebrarse en el Vaticano porque aquel año la relación entre el Gobierno socialista y la Iglesia no vivía su mejor momento y no se vio conveniente hacerlo en Madrid. Seguramente, si la ceremonia no hubiese sido colectiva, José Bono habría estado orgulloso de que se celebrase en Madrid, pero hasta para eso el padre Gafo tuvo mala suerte.

 El padre José Gafo, fotografiado tras su ejecución junto a la cárcel Modelo de Madrid, según imagen incluida en la «Causa General».

FUENTE:  ERNESTO BURGOS HISTORIADOR

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