29 de junio de 2016

Los espectáculos taurinos en la ciudad de Oviedo

Breve historia de la tauromaquia ovetense
La Plaza de Toros de Oviedo durante la guerra civil
Los espectáculos taurinos en la ciudad datan, al menos, de la época de Alfonso II, fueron disfrutados por el Cid y se ganaron el rechazo de Jovellanos y Leopoldo Alas, "Clarín"
Leopoldo Alas, Clarín
¡Qué extraño!, pensarán ustedes, a juzgar por el título. Parecía que Alberto iba a hablarnos de toros y, sin embargo, comienza citando al Rey de Oviedo. Bien que lo siento, pero se han equivocado de pe a pa porque, quién lo diría, cuando a Dios gracias ni rastro de afición se conserva, parece ser que el citado monarca fue el promotor de las primeras corridas de toros de las que haya noticias. Alfonso X el Sabio cuenta, en la "Crónica" del siglo XIII, que convertida Oviedo en corte por Alfonso II el Casto, convocó Cortes en el año 815: "Mientras duraron aquellas se lidiaban de cada día toros"; lidia que se practicaba a lo caballeresco, realizada por nobles personajes.
Años más tarde, con motivo de la apertura del Arca Santa de San Salvador, Alfonso VI viene a Oviedo acompañado de su hermana Urraca y un gran séquito de nobles y cortesanos entre los que se encontraba don Rodrigo Díaz de Vivar y su esposa doña Jimena. Se da por seguro que, para conmemorar la, visita el Rey a la ciudad y, en su honor, se corrieron toros, destacando, no podía ser de otra manera, entre todos los alanceadores el Cid Campeador.
Aunque referido a Llanes, cuenta Lorenzo Vital (natural de la parte francesa de Flandes, hijo de Juan Vital, agregado a la casa de Carlos el Temerario, autor de la Relación del primer viaje de Carlos V a España, realizado en los años 1517-1518) el momento en el que, por confusión, "un sábado, 19 de setiembre y duodécimo del viaje, a eso de las seis de la mañana, escuchó un murmullo entre los pilotos, y bien parecía, por su continente y manera de hacer, que la cosa nada les agradaba; porque tenían entonces perfecto conocimiento de su error y descarrío, en cuanto se encontraban frente a las montañas y costas de Asturias, allí donde la noche anterior afirmaban estar en las costas de Vizcaya, que están a cuarenta leguas detrás la una de la otra".

27 de junio de 2016

Algunos de los parásitos presentes en Asturias

Chupadores de sangre
Sapo (bufo bufo), parasitado con la Lucilia bufonivora
Las garrapatas, las moscas del sapo y del corzo y la lamprea marina son algunos de los parásitos presentes en Asturias que se alimentan de otros organismos, enfermándolos o matándolos
Algunos parásitos chupadores de sangre
La naturaleza tiene múltiples expresiones de belleza. Pero oculta un reverso tenebroso, un lado oscuro, mucho menos divulgado, del que forman parte los organismos con un aspecto, unos hábitos, unas conductas o unas funciones biológicas que, desde el punto de vista humano, son repulsivos. Entre ellos se encuentran los parásitos, cuya sola mención es causa de azoramiento. El reciente fallecimiento de una persona en Asturias por complicaciones derivadas de la picadura de una garrapata los ha puesto momentáneamente bajo la luz de los focos y ha suscitado cierta alarma social. A nadie le agrada tener un "chupasangres" en su cuerpo, ya sea una garrapata, una sanguijuela o un mosquito.
Molestias aparte, el peligro de los parásitos radica en que transmiten enfermedades (las garrapatas son vectores de la bacteria "Borrelia burgdorferi" que causa la borreliosis de Lyme, tratable pero que puede derivar en serias complicaciones cardíacas, neurológicas y articulares) y socavan la salud de sus huéspedes. Por definición, no matan al organismo (animal o planta) que los aloja, pero no todos practican ese "juego limpio": las larvas de las moscardas "Lucilia bufonivora" y "Lucilia sylvarum" nacen sobre la piel de su huésped, el sapo común, muy cerca de los orificios nasales, a los que se dirigen nada más eclosionar, utilizándolos como vías de penetración para devorar al anfibio por dentro, empezando por las cavidades nasales, y continuando por los ojos y por el cerebro.

26 de junio de 2016

La emigración allerana a Cuba

Luis Muñiz, santo y seña de los alleranos en La Habana
Ver el artículo del blog de 12 de noviembre e 2014:
Luis Muñiz Blanco
La filantropía de un emigrado que propició la construcción del sanatorio ovetense del Naranco, además de obras en su concejo natal
El 13 de febrero de 1928 el Centro Asturiano de la capital cubana crea una Delegación en Oviedo, -que llamará Delegación del Centro Asturiano de La Habana-www.centroasturianooviedo.org
La emigración allerana a Cuba, particularmente la de Felechosa, ha tenido una gran presencia en la isla, mayoritariamente en las primeras décadas del siglo XX, donde se llegaron a contabilizar alrededor de 100 vecinos del pueblo, un 15% de su población.
El 1 de mayo de 1886, hace 130 años, un grupo de 50 asturianos constituía el Centro de Asturianos en Cuba separándose de la Sociedad Asturiana de Beneficencia (1877) por un desacuerdo en la política de ayudas a los concejos de la región.
Emigración marcada por la desgracia. La emigración asturiana a Cuba estuvo afectada por una serie de desastres en cadena. Primero, el fin la guerra colonial dejó a miles de asturianos en una situación al límite de la supervivencia. En mayo de 1912, un incendio destruyó la Delegación del Centro de Cuba en Tampa (Florida, EE UU). Seis años más tarde, en 1918, otro pavoroso incendio arrasó el maravilloso edificio sede del Centro Asturiano, conocido como el Casino Español. En 1936, la gran obra de los emigrados a Cuba en Asturias, los Sanatorios del Naranco en Oviedo, son destruidos totalmente. Y como guinda a tanta desgracia la llegada de Fidel Castro arruina a toda la colonia asturiana.

25 de junio de 2016

El corrupto y tramposo Martín Guterriz, se enriquecía con los peregrinos del camino de San salvador en el Mieres de 1297

El caso del chantre corrupto
La historia de Martín Guterriz, que en 1297 ya se quedaba dinero de las tasas y mercancías de los transportes que tenían que cruzar el puente de Mieres
Ilustración de Alfonso zapico
No señores, no hay nada nuevo bajo el sol y mucho menos en lo que concierne a la picaresca. Desde que el mundo es mundo ha habido estafadores y corruptos, aunque seguramente muchos menos que ahora, pero ya en la antigüedad clásica se conocieron casos sonados y son famosos los discursos de Cicerón denunciando a los políticos de su tiempo que ya se enriquecían, según él desalentando a los ciudadanos honrados, enfadándolos e incitándolos a la rebelión.
Es imposible saber cuándo entró esta lacra en la Montaña Central, pero ya en la Edad Media hubo quien se manchó las manos quedándose con un dinero que no le correspondía y que estaba encargado de guardar.
El primer documento en el que se puede leer el nombre de uno de estos tramposos data del año 1297. Se llamaba Martín Guterriz y era chantre de la Catedral de Oviedo cuando decidió dejar en su bolsa las sustanciosas rentas que producía el puente de Mieres por el que pasaban a diario vecinos, comerciantes, viajeros y peregrinos camino de San Salvador.
Acerca de este puente, que estaba ubicado a la altura del Requexau, muy cerca de la actual pasarela metálica, escribió en su día la historiadora y amiga Mayte Zapico dándonos algunos datos, como el de que tuvo que ser reparado a causa de las riadas en varias ocasiones, por ejemplo en 1233 por el maestro Johannes Pelaiz, o en 1383, cuando el rey Juan I dio la orden desde Segovia de que se arreglase porque, dado su mal estado, eran frecuentes los accidentes y las caídas al río de los romeros que iban a Santiago por nuestro camino.

23 de junio de 2016

Mauthausen, la última parada de un largo viaje

Asturianos en el horror nazi
Republicanos españoles realizando trabajos forzados en la cantera de Mauthausen. Están empujando un vagón cargado de tierra (fotografía 18.229 del servicio de archivos fotográficos del USHMM).
Casi un centenar de asturianos muertos a las orillas del Danubio. Estos republicanos están en la lista oficial de fallecidos en los campos de concentración de Mauthausen y Gusen. 
(Ver listado de asturianos muertos en  Mauthausen al final del Artículo)
(Estas escaleras tienen mucha sangre Española), El infame Todesstiege o Escalera de la Muerte. Los prisioneros eran obligados a llevar a los bloques de cantera de piedra hasta los 195 escalones desiguales estrechos, y hasta en el nivel superior. (Archivos Nacionales de EE.UU., desde el capturado   SS-Archiv)      
Una lista oficial que acaba de publicar el Ministerio de Justicia en su página web cifra en 4.440 los españoles muertos en los campos de concentración de Mauthausen y Gusen, la tumba de los republicanos que cayeron en manos de los nazis ante la indiferencia de la España franquista. De ellos, un total de 84 nacieron en Asturias. No obstante, las asociaciones de supervivientes cifran en 192 los asturianos que fallecieron de extenuación, falta de alimentos o por las brutales palizas a las que eran sometidos los reclusos. Se enfrentaron a la derrota en la Guerra Civil y marcharon al exilio sólo para darse de bruces con un conflicto aún más brutal que terminó llevándose a la mayoría. Justicia también da cuenta de seis asturianas deportadas, sobre todo a Ravensbrück, al menos dos de las cuales murieron en el cautiverio.
Entre los fallecidos se cuenta Belarmino Ramos Méndez, nacido en Avilés el 17 de febrero de 1894, y cuya muerte se produjo en el campo de Gusen el 5 de noviembre de 1941. Belarmino Ramos era uno de los organizadores del PSOE en Avilés y su esposa era delegada de la CNT. Su hijo Galo Ramos compartió cautiverio con él y otro hermano, y sobrevivió para relatar más tarde su terrible experiencia en el libro «Sobrevivir al infierno», con fotografías de Nardo Vilaboy y supervisado por la escritora Ángeles Caso.

22 de junio de 2016

Otra versión del asedio al cuartel del Regimiento Simancas en Gijón (Y II)

La niña que sobrevivió al asedio del Simancas
Ilustración de Alfonso Zapico
Los datos sobre la biblioteca del Instituto los recuerda María José gracias a su hermano Alfonso, «cinco años mayor que yo y un chico muy estudioso y listo, que después de la guerra estudió Medicina»
Famosa fotografía de Constantino Suárez que refleja el asalto último al cuartel del Simancas (21-08-37)
Aquel chico «subía a la biblioteca con un cabo del que se hizo muy amigo, así que siempre que podía estaban allí mirando libros y después me contaba lo que había visto». Sobre esa misma biblioteca «un día dispararon un morterazo y cuando subieron mi hermano y aquel cabo, cuyo nombre recordé durante mucho años, pero con el tiempo se me ha olvidado, vieron el agujero del impacto y como ellos querían seguir yendo allí lo taparon con libros a los que nadie hacia caso».
Respecto a la actuación del crucero de la Armada Nacional que durante la guerra bombardeó Gijón, «no recuerdo en qué fecha fue, pero el "Cervera" disparó hacia los asediadores y dos obuses dieron en las paredes del jardín; yo vi la parte trasera de aquellas balas tan grandes incrustadas en sus agujeros, y como mi hermano y yo nos metíamos por todos los sitios, fuimos a la base de la torre del edificio y vimos bajar corriendo a un telegrafista al que llamaban Romanones, aunque ése no era su nombre verdadero, como más tarde supimos, porque se casó después con mi hermana Blanca».
El telegrafista Romanones «bajaba muy sucio y sudado y sacó un pañuelo muy grande que alguna vez había sido blanco y se limpiaba el sudor. Corrió hacia él el teniente López y le pregunto: "Pero Adolfo, ¿Qué está pasando"; y él respondió: "Ya, ya mandé una señal y les dije que alargaran en tiro, que nos estaban atizando a nosotros"». El nombre de Romanones (apodo que tenía en su pueblo), era Adolfo Montaña Gancedo y en los años ochenta del pasado siglo defendió que nunca se pronunció ni se envió el mensaje: «Disparad sobre nosotros, el enemigo está dentro», mandado desde el Simancas al «Cervera» en el día final del asedio.

21 de junio de 2016

Otra versión del asedio al cuartel del Regimiento Simancas en Gijón (I)

La niña que sobrevivió al asedio del Simancas
Ilustración de Alfonso Zapico
En contra de lo que cuenta la historia oficial, los sitiados advirtieron al crucero «Cervera» de que estaba disparando sobre ellos por error, según relata María José Díaz Gutiérrez, hija de los cantineros del cuartel gijonés
Ilustración de Alfonso Zapico

Pisadas en el tejado y disparos de ametralladoras despertaron a María José un día de julio de 1936. Era el comienzo. Un mes más tarde, aquella niña de 7 años huía tropezando y cayendo sobre cadáveres «que aún estaban calientes». Era el final del asedio del cuartel del Regimiento Simancas en Gijón, el episodio bélico de mayor envergadura al comienzo de la Guerra Civil en Asturias. Aquel asedio duró desde el 20 de julio al 21 de agosto y María José, hija de los cantineros del cuartel, lo vivió directamente y observó una parte importante de los sucesos. Hoy rememora todo aquello para LA NUEVA ESPAÑA, después de 77 años en los que únicamente lo había evocado ante familiares y amigos.
María José Díaz Gutiérrez vive en la calle Cabrales de Gijón, a unos 300 metros en línea recta del Colegio de la Inmaculada, que en enero de 1932 era abandonado por los jesuitas, tras el decreto de la República que imponía la expulsión de la Compañía de Jesús. Meses después, el edificio era utilizado como Instituto Jovellanos, y tras la revolución de 1934 el ministro Gil Robles le daba también uso como cárcel, hospital de sangre y cuartel del Regimiento Simancas n.º 40.

20 de junio de 2016

El Acueducto Los Pilares, una obra monumental que suministró agua a Oviedo durante casi tres siglos.

El derribo en la sombra de Los Pilares

Artículo actualizado
En el siglo XVI se levantó el "Acueducto" que surtía de agua a la población ovetense.
El 11 de enero de 1915 cayeron las primeras piedras del monumento del siglo XVI; solo perviven cinco arcos. Hace un siglo que el acueducto, (que peleó doce años por sobrevivir), desapareció.
Finalmente, los arcos de los Pilares fueron derribados, quedan como testigos mudos de la historia cinco arcos, que sobrevivieron, incluso, a posteriores planes de urbanismo. Fuente de la foto: http://elnietodelespartero.blogspot.com.es   Extraido del blog de: http://abelgalois.blogspot.com.es
http://www.elcomercio.es  
La historia del monumento - Año 1537.
fue el año en que los poderes públicos decidieron acometer una importante obra, la traída de Fitoria para captar agua del manantial. Para ello era necesario la construcción de toda una infraestructura que incluía el acueducto de Los Pilares. Las obras, según recoge el llamado 'Libro viejo de Fitoria', se desarrollaron entre 1568 y 1600. El trazado de la traída era de unos ocho kilómetros y el acueducto estaba formado por 41 arcos, con una longitud de 390 metros y una altura de 10 metros. La obra tuvo grandes costes por diversos cambios del proyecto. El incremento de la demanda de agua hizo que en 1866 se autoriza la captación de aguas de los manantiales de Ules y Lillo. Fue el principio del fin del acueducto de Los Pilares.  
Vuelo de Garnier sobre Oviedo en 1911 mostrando el acueducto de Los Pilares, del que hoy sólo quedan 5 arcos. Archivo IDEA. http://www.skyscrapercity.com
Ocultos, allí donde termina la zona centro y comienza el barrio de Vallobín, casi avergonzados, víctimas del malquerer de la piqueta, sobreviven cinco arcos de un monumento que trajo el agua a la ciudad, que recibió elogios de Jovellanos, entre muchos otros, pero que hace ahora un siglo sucumbió al progreso. El acueducto de Los Pilares perdió sus primeras piedras un 11 de enero de 1915, un derribo que se inició en la sombra, oculto, callado. Hasta ese día, los 41 arcos de la construcción consiguieron sortear varias tentativas de demolición. Durante doce años, los vecinos de la ciudad pelearon por conservar esa parte de su historia. No lo lograron. Las primeras voces que sonaron en pro de su desaparición se remontan a 1902. Varios concejales presentaron un expediente en el Ayuntamiento proponiendo el derribo ante «la inutilidad de los arcos de Los Pilares y que nada benefician al ornato de la población», relata el expediente de octubre de ese año conservado en el Archivo Municipal.
Consideraban quienes tenían intereses en el proceso que su desaparición era necesaria para el plan de urbanización proyectado para los terrenos de Llamaquique, y para que esa modernización llegara a las vías del tren «a fin de lograr un embellecimiento del ensanche, remediar la falta de casas que hoy tanto se siente, dada la importancia y el aumento considerable de habitantes que ha tenido la ciudad».
El arquitecto municipal Juan Miguel de la Guardia emitió un informe en el que describía que la construcción «no puede considerarse como un monumento artístico ni histórico».

19 de junio de 2016

La "cara humana" de una región muy forestal

Los asturianos y sus árboles
El Carbayón (carbayu, significa roble en asturiano), es el nombre que recibió un roble centenario que estaba situado en la Calle de Uría de Oviedo (Asturias). Este árbol, debido a su porte y tamaño, fue de enorme importancia simbólica para la ciudad, y ha dado lugar al gentilicio oficioso de los ovetenses, llamados también carbayones por este árbol. El árbol estaba situado en el extremo inferior del Campo de San Francisco, lugar de recreo y paseo de los ovetenses a lo largo de los años. En 1874 se había construido la estación de tren a una distancia de 1 km del centro de la ciudad y se proyectó un vial para unirlos. Este proyecto se tradujo en las actuales calles de Uría, abierta en el mismo año, y de Fruela, abierta en 1880, que bordeaban el extremo inferior del Campo de San Francisco dejando aislado al Carbayón del resto del Campo, molestando la circulación por la calle de Uría.
En el momento de su tala, el arból medía 9 metros de circunferencia en su base, tenía dos troncos principales que alcanzaban una altura de 30 metros y su copa medía 38 metros de circunferencia. Una de las razones esgrimidas para su tala fue su avanzado estado de carcoma.  El Ayuntamiento sacó a subasta el derribo del árbol y fue otorgado por el montante de 192 pesetas. El 2 de octubre de 1879 se hizo efectiva la tala, se comprobó, una vez talado, que realmente era cierto el avanzado estado de carcoma del árbol, este hecho impidió su datación exacta, aunque se le supusieron unos 500 años edad.
Ejemplares notables, simbólicos, de tejos y otras especies arbóreas plantados en los pueblos representan la "cara humana" de una región forestal y son parte de la identidad y la historia local
Otro Carbayón (Roble) en Asturias
Asturias es un país de árboles. Se ve, y lo constatan las estadísticas: casi el 73 por ciento del territorio, 770.549 hectáreas, está cubierto de arbolado. La proporción es de 0.7 hectáreas por habitante. Son cifras del IV Inventario Forestal Nacional. Otro informe, éste del Principado, va más allá y cuantifica los árboles de la comunidad: 640 millones, es decir 597 por habitante. Todo esto es masa, sin discriminar unos árboles de otros, mezclados bosques y plantaciones, hayas y eucaliptos. Situando la lupa sobre ese mapa verde, el árbol predominante es el castaño (autóctono, pero promocionado por el hombre desde el período prerromano), mezclado con otras frondosas, que suma 80.560 hectáreas, según datos del Inventario; lo sigue el haya, con 68.287 hectáreas, distribuidas principalmente por áreas de montaña, en masas casi puras (el porcentaje de otras especies en la composición de los hayedos es mínimo), y en tercera posición se sitúa, con 60.311 hectáreas, el eucalipto, una especie importada de Australia y plantada de forma intensiva en la costa y en los valles bajos y abrigados. La naturaleza se hace fuerte en lo abrupto; sobrevive, modelada, domesticada, en buena parte del territorio, y sucumbe a la orilla del mar, donde el terreno, por clima y por orografía, ha estado desde siempre más humanizado y más transformado.

18 de junio de 2016

La historia del lavadero Batán de Mieres

El lavadero del Batán
Construcción del lavadero del batán, años 50
La historia de una de las instalaciones mineras más emblemáticas de la comarca
Construcción de las tolvas del lavadero Batán, años 50 del pasado siglo XX 
El lavadero del Batán con su porte es el castillo del carbón nacional en su lucha contra el carbón de importación. Un carbón de importación manchado de sangre, de explotación y de la hipocresía de aquellos que sólo ven en él su menor precio y la mentira de que contamina menos. Que se siga lavando carbón nacional en el Batán significa que nuestro carbón continúa resistiendo a sus múltiples enemigos.
El lavadero siempre ha tenido muchas críticas, fundamentalmente por estrangular el crecimiento urbanístico de Mieres y por su impacto medioambiental. Pero a la hora de juzgarlo no podemos utilizar los criterios por los que nos regimos en la actualidad. Hemos de trasladarnos al Mieres de principios de los años cincuenta del siglo pasado donde lo que importaba era el despegue industrial y las líneas de separación entre los intereses de empresas y administraciones eran difusas, por no decir inexistentes.
Hay que recordar en este punto que Fábrica de Mieres a partir de 1948 había comenzado un proceso de inversiones y modernización de sus instalaciones. Dentro de este proceso había presentado en 1952 un plan para aumentar su producción de hulla hasta el total de un millón de toneladas anuales. Como ejemplo de este esfuerzo entre 1950 y 1959 Fábrica de Mieres desarrolla a la vez los proyectos de los pozos Polio, San Nicolás y del Lavadero Central. A todo ello hay que sumar la renovación de las instalaciones siderúrgicas.

17 de junio de 2016

Las cuencas mineras asturianas han sido cuna de ilustres pioneros de la aviación

Las Cuencas, una mina de los cielos
Pedro Duro y Guillermo Guisalosa al despegar en Madrid el 18 de diciembre de 1904. Imágenes cedidas por el Círculo Aeronáutico Jesús Fernández-Duro
Las comarcas carboneras, con La Felguera a la cabeza, han sido cuna de ilustres pioneros de la aviación, pilotos de caza, generales del Ejército del Aire e ingenieros aeronáuticos
JESÚS FERNÁNDEZ DURO (1878-1906)
El primer hombre en sobrevolar los Pirineos, una de las primeras mujeres en pilotar un avión en España, generales del Ejército del Aire, pilotos de cazas de combate y de aviones comerciales, instructores de vuelo, ingenieros aeronáuticos de grandes multinacionales... Las comarcas mineras asturianas, que han vivido del subsuelo durante más de siglo y medio, también son una mina de los cielos. Desde que el ser humano cumplió el sueño de volar, destacados personajes nacidos en las Cuencas han hecho realidad ese mismo empeño, dejando su huella en la historia de la aviación. Lo hizo Jesús Fernández Duro en un globo de hidrógeno hace más de un siglo, lo hizo Gloria Cuesta años más tarde en un biplano De Havilland y lo hizo Bayardo Abós en un F-18, en la guerra de Kosovo, y en un C-101 como integrante y posterior jefe de la Patrulla "Águila". Pero, ¿de dónde procede ese estrecho vínculo de las Cuencas, y de La Felguera en particular, con el aire?
Todo empezó a finales del siglo XIX, en los talleres de Duro y Compañía, en Langreo. Por allí solía corretear un niño, Jesús Fernández Duro, nieto de Pedro Duro, el fundador de la primera gran siderurgia española. Con el paso de los años, el joven Jesús se convirtió en un amante de la mecánica que disfrutaba viendo cómo funcionaban los ingenios industriales de las fábricas de su abuelo. No sólo le apasionaban las máquinas. También le gustaban los deportes y era un ávido lector de las novelas de Julio Verne. Un espíritu emprendedor y aventurero con los recursos económicos suficientes para llevar a la práctica sus proyectos. Estudió Ingeniería Mecánica en Ginebra y París, donde obtuvo el título de piloto de globo. En 1906 se convirtió en el primer hombre en sobrevolar los Pirineos, tras realizar un viaje en aerostato que le condujo de Pau a Guadix.
La hazaña de Fernández Duro se convirtió, de forma consciente o latente, en inspiración para los destacados aviadores de las Cuencas que vinieron detrás. Lo explica José David Vigil-Escalera, presidente de honor del Círculo Aeronáutico "Jesús Fernández Duro" de La Felguera: "La figura de Fernández Duro estuvo olvidada durante mucho tiempo, pero lo cierto es que todo empezó con él y las personas de las comarcas mineras relacionadas con el mundo de la aviación sí tienen muy presente lo que supuso su gesta".

15 de junio de 2016

El trágico accidente minero en una mina de Laviana en el año 1924

La catástrofe de mina "La Sota"
Ilustración de Alfonso Zapico
Una decena de trabajadores fallecieron por asfixia en la explotación lavianesa en 1924 a consecuencia de un incendio originado en la capa "Adolfita"
Ilustración de Alfonso Zapico
El miércoles 28 de mayo de 1924 el sol primaveral se volvió tinieblas en Laviana cuando un accidente minero -uno más- trajo el luto a las familias del concejo. Este fue el balance: diez fallecidos por asfixia y treinta y seis huérfanos con edades comprendidas entre los once años del mayor y los seis días del más pequeño.
Lo más lamentable del caso fue que muchas de las muertes se habrían podido evitar si los compañeros que acudieron al rescate de los primeros caídos hubiesen tenido conciencia del peligro que asumían al entrar en su búsqueda, pero el sentimiento de solidaridad que siempre ha impregnado al mundo del carbón pudo más que la prudencia y les llevó a correr la misma suerte de los que querían rescatar. Ahora les cuento como se vivió esta tragedia.
Los testimonios de los testigos coincidieron en que todo comenzó cuando los últimos trabajadores del relevo de la mañana, que dejaba su labor en la mina "La Sota" de Carrio, propiedad de don Joaquín Velasco, abandonaron la mina sin percatarse de que la dinamita que acababan de utilizar había prendido un pequeño fuego en una capa conocida como "Adolfita". Pero a las seis de la tarde, el personal que debía incorporarse al nuevo relevo dio aviso al vigilante del exterior de la imposibilidad de entrar al trabajo, porque ya era evidente que el incendio se había extendido, a juzgar por el humo que salía por los pozos de ventilación.

13 de junio de 2016

Mieres tiene una brillante historia en torno al hockey sobre patines

Dos figuras en la historia del hockey sobre patines
Andrés Caramés
Alfredo Visiola y Andrés Caramés, todo un paradigma
Alfredo Visiola Rollán
Que el deporte local, en núcleos de cierto relieve, sigue teniendo tirón para los amantes de determinadas facetas, constituye toda una realidad, a pesar de que los honores del máximo interés se los llevan aquellos supercampeones de las grandes epopeyas. Pero cada localidad, cada rincón asturiano tiene su corazoncito. Y Mieres, al margen de la brillante historia del Caudal Deportivo y otras prácticas de antaño, tuvo época de gran novedad alcanzando niveles nacionales y de la máxima dimensión en torno al hockey sobre patines. De la gesta más sonora, bajo la bandera patrocinadora del Kíber, principal producto de la factoría mierense de licores "Bernaldo de Quirós", dos figuras emergen con la fuerza, uno del gran creador y otro llevando el pabellón de su tierra a la gran categoría de la internacionalidad. Todo un paradigma.
A la hora de tocar este tema, el camino aparece claro y directo hacia la labor, estampa, personalidad y balance de un mierense, nacido accidentalmente en Gijón, pero mierense por los cuatro costados, que se llamaba, desgraciadamente se fue, con la tranquilidad de los bien nacidos, hace ahora diez años: Alfredo Visiola Rollán. ¿les dice algo este nombre.? Sin comentarios?
Cuenta la realidad de los hechos que, por los años cincuenta ya figuraba en nómina del deporte, para Asturias, el equipo de La Cibeles. Y Tomás Moreno, propietario la entidad patrocinadora, tuvo una entrevista con el entonces Conde de Mieres, Manuel Loring, presidente del consejo de administración de Fábrica de Mieres, a quien animó con la invitación para que, dentro de sus programas de difusión deportiva, creara una sección con el hockey patines, bajo la seguridad de que era una faceta de futuro.
Con un prudente optimismo el dirigente de "la Fabricona" consultó con alguno de sus asesores sobre quién podría hacerse cargo del asunto. Y como por encanto surgió el nombre de Alfredo Visiola, que dirigía entonces el equipo de balonmano, como jefe de la sección deportiva del Grupo de Empresa.

12 de junio de 2016

Una de las escasas ventajas que tenía ser pobre en la Edad Media

Me casó mi madre
La mayoría de edad en aquella época estaba establecida en las mujeres a los doce años de edad, mientras que a los hombres se los consideraba maduros para casarse a los catorce. www.radio.cz
Una de las pocas ventajas de ser pobre en la Edad Media era poder elegir pareja con libertad, algo que no podían hacer los hijos de los poderosos
Ilustración de Alfonso Zapico
Una de las escasas ventajas que tenía ser pobre en la Edad Media llegaba cuando los y las jóvenes decidían formar una familia y casarse, siempre con parejas de su misma condición social. Por lo menos a la hora de elegir, los humildes gozaban de una libertad que no tenían los poderosos; ya que estos estaban obligados a obedecer la decisión de sus padres para mantener el status de su linaje.
Los matrimonios entre los privilegiados se realizaban, en muchas ocasiones, más por interés que por amor. El enlace servía para ir tramando estructuras de poder entre familias y a la vez para aumentar su patrimonio económico, de manera que lo de menos era que los novios se quisiesen o incluso que se conociesen antes del compromiso.
Lo corriente era que al llegar a la adolescencia las chicas ya tuviesen marcado su destino con hombres mayores y que estaban de vuelta de muchas cosas; aunque también existía la variante de comprometer a dos niños hasta el momento en que pudiesen pasar por el altar e incluso se conocen acuerdos para concertar bodas cuando los contrayentes eran todavía lactantes.
Desgraciadamente las dos posibilidades aún se pueden encontrar en algunas etnias que se rigen por normas ajenas al avance de los pueblos y donde también se guarda un rito que sigue unos pasos muy parecidos al medieval, cuando el camino hacia la unión matrimonial tenía dos partes: primero se hacía el desposorio y luego la velación, la verdadera boda, que recibía este nombre porque los novios asistían a ella cubiertos con un velo blanco

10 de junio de 2016

La madrugada del 3 de mayo de 1808 en Madrid

El asturiano Juan Suárez salvó el pellejo
Emblemas asturianos en la guerra de la independencia
En la madrugada del 3 de mayo de 1808, los franceses fusilaron a 44 personas en una tejera de la zona de Príncipe Pío, en Madrid, pero el patriota asturiano evitó las balas al arrojarse al suelo, rodar por una ladera y salir corriendo entre disparos
Escena del Tres de Mayo de 1808
El asturiano Juan Suárez salvó la vida de milagro. Formaba parte de un grupo de siete patriotas que iban a fusilar los franceses en una tejera de Príncipe Pío, en Madrid, durante la terrible madrugada del día 3 de mayo de 1808. Goya inmortalizó esos sucesos trágicos en su famosísimo cuadro histórico. Cuando sonó la descarga de fusilería Suárez se tiró al suelo, aflojó las ataduras, rodó por un terraplén, salió corriendo entre disparos y acabó llegando a casa sano y salvo. Algunas fuentes indican que allí se fusiló en la trágica madrugada a 44 personas. Suárez se libró.
Así lo cuenta ahora Arsenio García Fuertes, alcalde de Astorga, doctor en Historia y autor del libro "Dos de Mayo de 1808. El grito de una nación". Como indica este historiador y político, "Juan Suárez era un artesano del barrio de Maravillas. Estaba casado, con tres hijos y una madre anciana a su cargo". Se batió contra los franceses el 2 de mayo, a las órdenes de Daoíz y Velarde. Fue hecho prisionero por soldados del cuerpo de cazadores vasco-franceses, que comandaba el general Murat, cuñado de Napoleón. Lo apalearon y lo llevaron al palacio de Grimaldi", que estaba y está muy cerca del Palacio Real. Allí tenía establecido su cuartel general el gran duque de Berg y mariscal de Francia, que fue coronado rey de Nápoles apenas dos meses después de estos sucesos. El bando de Murat con durísimas medidas contra quienes se opusiesen a los franceses fue el que desató el levantamiento de Oviedo el 9 de mayo.

9 de junio de 2016

En la sidrería Casa Fulgencio en Requejo, se respiraba caudalismo por los cuatro costados

La peña caudalista Casa Fulgencio
César Álvarez, presidente con Fifi (hija de Fulgencio), la madrina de la peña Caudalista Casa Fulgencio
Un amplio grupo de incondicionales del equipo que lograron fomentar una entusiasta corriente de apoyo al conjunto mierense
De izquierda a derecha, Donoso, Carbajal, Alfredo, Elías, Muñeca, Casas (entrenador), Ernesto, Erro, César, Amalio, Ramón y Argimiro. En primer término, Lafuente. Muñeca y Erro, con los trofeos de jugador regular y goleador
Aún está muy reciente, en el ánimo de los seguidores caudalistas, el fallecimiento, a los setenta y nueve años el día  lunes 25 de enero de 2016 de César Álvarez Rodríguez, el conocido popular y cariñosamente como César Gainza, facultativo de minas del pozo Tres Amigos. Sus muchos amigos lo despidieron  el martes, día 26 de enero, a la una y media de la tarde, en la iglesia parroquial de Santa  Marina de Mieres con el sentimiento de que había sido el animador, impulsor y presidente de uno de los movimientos más atractivos y de apoyo al equipo de fútbol más representativo de esta comarca minera, el Caudal Deportivo.
Corrían los años de comienzos de la década de los setenta y en la plaza sidrera de Requejo, concretamente en el establecimiento Casa Fulgencio, se respiraba caudalismo por los cuatro costados. Era un grupo de entusiastas que seguían las peripecias del equipo con el deseo unánime (eso sí, y las consabidas discrepancias) de que alcanzase puestos de honor y si cabe cambio de categoría hacia niveles superiores.

7 de junio de 2016

La fauna del pleistoceno en Asturias

Ciervos gigantes en Grado
Praemegaceros Solilhacus. Diego J. Álvarez Lao
El profesor Diego Álvarez Lao documenta en dos yacimientos la presencia de la fauna del Cuaternario más antigua localizada en Asturias, de hace 500.000 años
Diego Álvarez Lao con el cráneo reconstruido del bisonte de estepa en uno de los laboratorios
Hace 500.000 años, la sierra de Atapuerca estaba repleta de fauna salvaje tras la que se movían lanza en mano los parientes de "Miguelón", el "Homo heidelbergensis" que habitó aquellos contornos y dejó su rastro en la Sima de los Huesos, donde se exhumaron decenas de esqueletos humanos pertenecientes a esta especie, que vivió hace entre 600.000 y 400.000 años. En Asturias, el escenario debió ser parecido y, aunque no contamos con la presencia de restos humanos que lo atestigüen, sí sabemos, por ejemplo, gracias a los restos de un ciervo gigante hallados en una cantera próxima a Grado, que en la cornisa cantábrica vivieron ejemplares de la misma fauna que la catalogada en Atapuerca.
Diego Álvarez Lao, profesor del Departamento de Geología de la Universidad de Oviedo, lleva años indagando en la fauna de épocas pasadas, y acaba de publicar en la revista "Boreas" un estudio de dos yacimientos asturianos correspondientes al Pleistoceno Medio que aportan algo de luz al conocimiento de la Asturias de hace cientos de miles de años, de la que aún sabemos muy poco.

6 de junio de 2016

El asturiano Aurelio Pérez Lugones participó en el desembarco en Cuba de 1961

En Bahía de Cochinos se pudo cambiar la Historia
Bahía de Cochinos en la isla de Cuba
Aurelio Pérez Lugones, de origen asturiano, participó en el desembarco en Cuba de 1961 frustrado por la falta de apoyo de Kennedy
Manuel Artime (izquierda) y Aurelio Pérez Lugones (derecha), junto a un compañero, Alejandro, poco antes del desembarco de Cochinos
"El triunfo de la operación de Bahía de Cochinos hubiera cambiado el curso de la historia pero Kennedy no autorizó el apoyo aéreo que nos habría dado victoria; todo se torció". El domingo 17 de abril se cumplieron 55 años de la operación fallida, pero Aurelio Pérez Lugones, "Yeyo", nacido en 1937 en Sagua La Grande, (antigua provincia de Las Villas), nieto de sierenses por línea materna y de canarios por la paterna, fue miembro de la legendaria Brigada de Asalto 2506, uno de los 1.400 anticastristas que desembarcaron en la Bahía de la costa sur de Cuba en 1961. Hoy, uno de los últimos cubanos de origen asturiano que vivió aquella odisea, relata aquellos días.
Nunca ha votado por un demócrata y tampoco lo hará esta vez por Donald Trump, el probable candidato republicano. "Yo soy más de Bush y también de Marco Rubio, pero los dos se han retirado". El comentario no es banal. La actuación de Kennedy en Bahía de Cochinos es el origen del escaso cariño que la comunidad cubana profesa al partido del asno, en teoría protector de los derechos de las minorías, al que sí votan el resto de los latinos estadounidenses. Así que lo que pasó en aquellos días de 1961 pesa, y mucho, en el ánimo electoral del exilio que ni olvida ni perdona lo que consideran una traición del presidente que había prometido su ayuda.

5 de junio de 2016

El Rey Alfonso XIII paseo por Cimadevilla en 1912

Alfonso XIII participó en las primeras regatas en la bahía de San Lorenzo
El rey Alfonso XIII en 1930
Aquellos días de 1912 también tuvo tiempo para pasear por Cimavilla y visitar la Fábrica de Tabacos
El piloto francés Leoncio Garnier delante de su avión Bleriot XI “Canal de la Mancha” con el que participó en el I Festival de Gijón en 1922
Tras haberse lanzado la idea de la creación del Club de Regatas en la cervecería Lion d'Or en el boulevard de la calle Corrida -en aquel verano en el que el aviador francés Leoncio Garnier sobrevoló con su aeroplano la plaza de toros de El Bibio lanzando al ruedo un "bouquet" con la frase "Saludo a Vicente Pastor, el más bravo de los toreros españoles"- un año después -ya oficialmente constituidos desde el 10 de septiembre de 1911- alquilaron una sede en el número 10 de la calle Corrida -después de descartar la llamada Casa de las Piezas en la subida a Santa Catalina y el local de la antigua Aduana en la lonja- hasta que fuese posible hacer realidad la construcción de un pabellón mirando al mar. El presidente José Antonio García Sol se volcó en ayudar económicamente para que la sede fuese lo más suntuosa posible, por lo que contrató al pintor Demetrio Monteserín para decorar los salones con unos modernistas "panneaux" alusivos a los deportes y a la vida social, como el recordado cuadro de las pecheras y escotes.
José Antonio García Sol, un singular personaje que fue mucho más que un mecenas. En los archivos de la mansión de "Solavieya" se cuenta que "José Antonio García Sol era hijo de José García Álvarez "Paletica", hermano de Manuel el de La Quinta, rico comerciante instalado en La Habana. José se casó con María Josefa Sol y Sánchez con la que tuvo este único hijo quien se casó con Obdulia Rodríguez Ortiz, hija del también indiano establecido en La Habana Pedro Rodríguez Suárez.

4 de junio de 2016

El Marido de Dolores Ibárruri “La Pasionaria”

Julián Ruiz no tiene quien le escriba
Dolores y su hijo, Rubén Ruiz Ibárruri, posan felices en un parque de Moscú
La historia del marido de Dolores Ibárruri, "Pasionaria", que pasó a la historia como un hombre bueno y sencillo, consciente de su papel secundario
Dolores Ibarruri, la Pasionaria
Dolores Ibarruri nace en 1895 en Gallarta, Vizcaya, en el seno de una familia pobre y numerosa. El contexto que la rodea es la pérdida total de las colonias españolas.
La industria nacional española que estaba muy poco desarrollada, empieza a tratar de surgir. Para eso, proliferan las industrias textiles, siderúrgicas y mineras. Los dos centros más importantes de estas actividades son Cataluña y Vizcaya.
Mientras tanto, Isidora Ibárruri Gómez (verdadero nombre de la Pasionaria) había crecido y sus padres la habían empleado en una casa para hacer trabajos dométicos, a pesar de haber deseado seguir la carrera de maestra, sueño que los padres sintieron demasiado ambicioso para ella.    En Gallarta surge un importante centro minero, y de la mano van tomando fuerza también los movimientos obreros que defendían los derechos de los trabajadores y que se sustentaban con el comunismo.
Vestida de negro siempre, Dolores aprendió costura y fue una verdadera adicta a la lectura, por lo que adquirió una importante preparación, gracias a la cual pudo llegar muy alto.
Debido a sus experiencias y a lo que estaba ocurriendo en su país, Dolores prontó se adscribió al Partido Comunista. A sus 25 años, se casa con el líder comunista Julián Ruiz. Su matrimonio no fue muy feliz, debido a que él pasaba la mayor parte del tiempo en diligencias o en la cárcel.
A pesar de esto, Dolores tuvo varios hijos. La primera murió muy pequeña. Después tuvo a Rubén y luego trillizas de las que sobrevive sólo una a la cual llamó Amaya, y la última llamada Eva, muere también a temprana edad.
Higinio Menéndez, miembro de la Fundación Andreu Nin, sigue empeñado en completar los detalles de la biografía de su tío, fusilado con 22 años y cuyo cuerpo reposa en la Fosa Común de Oviedo. El afán por conservar su memoria le ha llevado este invierno hasta los archivos de otra fundación, en este caso la que lleva el nombre de José Barreiro, un histórico luchador socialista, que falleció en Toulouse, en agosto de 1975, convertido en un ejemplo de integridad socialista.
La sede de esta institución cuenta con un excelente fondo documental que incluye hemeroteca y biblioteca especializada, archivo fotográfico y audiovisual e incluso colecciones de panfletos, carteles y objetos vinculados a la historia del socialismo regional, que invitan a la investigación y han fundamentado ya numerosos trabajos, entre ellos el libro "Tiempos Heroicos. Diccionario biográfico del socialismo asturiano", donde su vicedirector, Adolfo Fernández Pérez, recoge las vidas de más de 6.200 militantes asturianos.

2 de junio de 2016

Rafael Benjumea y Burín, primer conde de Guadalhorce fue hijo adoptivo de Mieres

Una campaña bien encauzada
Rafael Benjumea y Burín, Conde de Guadalhorce
Rafael Benjumea Burín, primer conde de Guadalhorce, fue declarado hijo adoptivo de Mieres por "su apoyo" al municipio tras la I Guerra Mundial
Ilustración de Alfonso Zapico
El general Miguel Primo de Rivera, dictador con el consentimiento de su majestad Alfonso XIII, tuvo su propio partido, la Unión Patriótica, que fue durante su mandato el único que pudo actuar libremente en el país, siguiendo la norma de los regímenes autoritarios. Pero la organización no sobrevivió a su fundador, ya que don Miguel falleció el 3 de abril de 1930 a los dos meses de haber dejado su mandato y el mismo día del entierro sus hombres más próximos firmaron el manifiesto de la Unión Monárquica Nacional, donde se reunieron muchas de las figuras que acabarían teniendo un papel protagonista en los acontecimientos que pocos años después iban a sacudir España. Entre ellos, su hijo José Antonio y el diputado José Calvo Sotelo.
La nueva estructura nació para aglutinar a los partidarios del rey cuando el avance de los republicanos ya era imparable. Por ello, conociendo que el ansia de liderazgo de algunos de sus iniciadores podía enfrentarlos y dar al traste con el proyecto, el general dejó dispuesto que el jefe del partido debía ser un hombre más moderado y apreciado por la Casa Real: el ingeniero sevillano Rafael Benjumea Burín, I conde de Guadalhorce, quien tenía un magnífico historial y había realizado una gran labor en las obras públicas como ministro de Fomento en el directorio civil desde 1926 hasta su final, ampliando y mejorando la red de carreteras.