16 de mayo de 2015

La historia del bosque de Muniellos "el mayor robledal de España"

Muniellos vio cómo se talaban sus árboles para emplear su madera en la construcción naval y otros fines. 
(Art. actualizado - ver video)
Entrada a Muniellos (Tablizas) hacia 1960. http://www.muniellos.es
Escondido en lo más profundo de Asturias encontramos el mayor bosque de roble de toda esta península ibérica, al naciente de Ibias y al occidente de Narcea se ubica este magnífico robledal considerado como el mejor conservado de Europa, resto de lo que fueron los bosques cántabros y astures hace unos cuantos siglos. Desde 1973 está prohibida la tala de sus árboles, los cuales fueron utilizados en el siglo XVI para reparación de las naves de la “Armada Invencible” que pudieron regresar de su incursión por tierras irlandesas, hoy es una Reserva integral formando parte del Parque Natural de las Fuentes del Narcea e Ibias, estando también declarado Reserva de la biosfera, permitiendo su visita a un máximo de 20 personas por día, debiendo de hacer una reserva si nuestra intención es recorrerlo.
Los troncos eran sacados con carros para terminar en el puerto de San Esteban de Pravia.https://apuntesdemontana.wordpress.com
Cuentan las leyendas que este bosque mágico está habitado por huestias, diañus, transgus, xanas y otros personajes de fábula, pero los únicos que se dejan visionar no con facilidad a las horas de ocaso y aurora solar, son corzos, rebecos, nutrias y jabalís, existen en la reserva como animales singulares osos, gatos montes, lobos y urogallos, pero con casi nula posibilidad de poderlos avistar o de cruzarnos con ellos. El origen de su nombre dicen que lo toma de las comadrejas, llamadas por la zona muniellas. Aquella «selva virgen» ubicada en el concejo de Cangas del Narcea que hasta mediados del siglo XVIII solo se usaba como lugar de pasto para el ganado vacuno y porcino y a la recolección de bellotas, se había de convertirse en aprovisionamiento maderero. Vinculado al mayorazgo de la Casa de los Queipo desde principios del siglo XVI, lleva a disputas con los lugareños, a los se les hacia pagar por el uso de las brañas, de los pastos y por la recolección de las bellotas para la sus cerdos. fue a mediados del XVIII cuando se inicio su aprovechamiento. En 1768 el rey Fernando VI ordena las cortas en este monte y los colindantes con destino al arsenal de El Ferrol dentro de un plan de regenación de la Armada. Claro que en aquel tiempo y en aquel lugar encontrar madera para construir navíos era menos difícil -revela el libro- que transportar ese material. «Las primeras labores se centraron en las vías de comunicación: por un lado, abrir una carretera desde Muniellos a la villa de Cangas del Narcea y, por otro, hacer navegable el río Narcea para bajar la maderas desde aquella villa al puerto de mar de San Esteban de Pravia», recoge el volumen, que da datos curiosos, como «las cinco varas de ancho de buena calzada» que requería la carretera o las «ocho leguas» en las que se actúo para limpiar el cauce del río. 1.251.220 reales era el presupuesto de la primera obra; la segunda, 1.650.463.
Cacería en Muniellos con la familia Herrero (1933). http://moalpuertademuniellos.blogspot.com.es
Michel Charles Durieu botánico francés, comentaba en 1835 sobre el bosque de Muniellos: “Puesto que están llenos de osos, lobos y linces, les causan bastante temor a los tímidos asturianos que no se atreven a aventurarse en el interior de sus límites ............ Me fue tan difícil encontrar un guía que me quisiera acompañar al interior del bosque, que me adentré yo solo en esta inmensa soledad y avancé tanto como la prudencia y el recuerdo de mi esposa, mi hijo y mi anciana madre me lo permitieron”.
Parecía que la riqueza maderera del lugar merecía el gasto, pero pronto se supo que los árboles no daban lo esperado. La madera no era la adecuada para la construcción naval y solo servía como tablazón para ciertas partes de los barcos. Pero, aún así, la explotación para los Reales Arsenales continuó. Las talas se iniciaron en Muniellos en 1768 y finalizaron diez años después para este fin. Fue entonces cuando el conde de Toreno solicitó permiso para continuar con la explotación y lo obtuvo, aunque pronto descubrió que esa madera ya no interesaba.
Claro que, hasta entonces, en la zona se creó un mundo vinculado a la explotación de la madera. «Supuso la llegada a la zona de gentes de afuera, sobre todo leñadores y carpinteros vizcaínos y carreteros montañeses o santanderinos», relata el libro. Se detiene además en cómo la apertura de la carretera real de Cangas al monte propició en 1772 la inauguración de una venta con cocina, un cuarto, una bodega para vender vino y una fragua para herrar los animales y arreglar las ruedas de los carros.
Traslado de los troncos. https://apuntesdemontana.wordpress.com
Fue la venta proveedora de víveres de los doscientos operarios de Muniellos, cuya vida no era precisamente fácil. «En el interior del monte de Muniellos las labores de los leñadores, serradores, carpinteros y carreteros eran muy duras», detalla Juaco López en su libro, quien revela cómo las talas se efectuaban durante el menguante de las lunas de noviembre, diciembre, enero y febrero. En carretas se transportaban los troncos dentro del monte, donde se aserraban las piezas, que luego se trasladaban a Cangas en carros tirados por cuatro bueyes. Allí se almacenaba la madera hasta poder ser enviada por el río a San Esteban en las chalanas.
El XIX llegó al suroccidente asturiano con la explotación maderera parada, pero a mediados de siglo se retomó. Si antes fue el Estado el que asumió la explotación y las inversiones, ahora es el turno de la empresa privada. Y aquí entran en juego sociedades con capital inglés, catalán, francés y belga. «A mediados del siglo XIX, el crecimiento económico e industrial de España trae consigo también la aparición de capitales especulativos que fijarán su atención en la explotación de la madera», recupera el libro, que narra cómo van llegando gentes interesadas en su arbolado hasta que en enero de 1855 comienzan de nuevo los trabajos de explotación de la madera de la mano del británico Melvil Wilson. Franceses, suizos, sardos y alemanes se encargaron junto a nueve empleados asturianos de la explotación, que fue transferida poco después a otros británicos, y más tarde, en medio de un montón de enredos, pasó a manos del Crédito Mobiliario Barcelonés. Propiedad al margen, la explotación mantenía el traslado a bordo de balsas rumbo a San Esteban, desde donde se distribuía una madera que se destinaba «a explotación de minas, obras civiles, construcción de vagones, lanchas y otros usos». Se creó también una ferrería para aprovechar la madera sobrante y convertirla en carbón vegetal. Su actividad cesó en 1882. En los primeros años hubo beneficios; luego llegaron las deudas.
Transporte fluvial de la madera a San Esteban de Pravia
Se fueron ellos, volvieron los especuladores en busca de negocio y la familia Queipo de Llano decidió vender. Un anuncio en ‘Le Figaro’ en 1892 lo hacía público. Pero no era fácil encontrar quien quisiera explotar el monte, porque los costes del transporte de la madera seguían siendo elevadísimos. Se planeó incluso construir una línea de ferrocarril entre San Esteban de Pravia y Cangas del Narcea.  En 1.894 se realizaron los trabajos de campo y de gabinete para su construcción y en el mes de octubre se presenta el proyecto al ministerio de Fomento, uniéndose los intereses de la propiedad del monte (Condes de Toreno) con la de los empresarios (Sociedad Minero-Forestal Ferroviaria). La concesión se obtiene el 22 de noviembre de 1.896 y en mayo de 1.897 se inicia su construcción, con una gran fiesta, en San Esteban de Pravia, el 10 de mayo de 1.898 se suspendía la construcción del ferrocarril al dar quiebra la sociedad franco-belga que en esos momentos explotaba Muniellos.
Así llegó el siglo XX, que comenzó con la venta en su primer año del monte a un banquero vasco y a un ingeniero francés. Eso fue en 1901. Un año después se constituyó la Sociedad General de Explotaciones Forestales y mineras Bosna Asturiana, que tenía un proyecto muy similar al de la sociedad franco-belga. Construyeron en Las Tablizas un centro fabril con talleres y casas para los empleados y se sirvió de camiones de vapor (una especie de locomotoras) para transportar la madera. Un incendio en 1.908 destruyó la serrería en su totalidad y un número enorme de metros cúbicos de madera, no siendo capaz la sociedad de afrontar la construcción del tranvia de vapor, agravándose en años sucesivos los problemas económicos hasta el punto de tener que hipotecar el monte en garantía de varios prestamos.
Aserradero de Muniellos hacia 1960. http://www.muniellos.es
De nuevo llegaron trabajadores de fuera, en esta ocasión una cuadrilla de croatas que habría de adiestrar a los asturianos para trabajar la duela del roble. Se pelearon por conseguir la línea férrea pero no hubo forma y en 1932 se disolvió la compañía.
Los hermanos Velasco Herrero heredaron la propiedad pero hasta los cincuenta el monte no volvió a explotarse. Se hace a través de la empresa Muniellos S.A. «En este último periodo se explota con más intensidad que nunca, gracias a la apertura de varias pistas y al uso de camiones con motor de gasolina, que facilitaron y abarataron mucho el transporte de la madera», descubre el libro, que añade otro elemento, el uso de la motosierra a partir de los sesenta que propició la tala masiva hasta 1972. Hasta que, por fin, «las presiones del Estado y los problemas económicos llevaron a la empresa a vender el monte Muniellos al Icona el 17 de febrero de 1973 por 34.008.25 pesetas».
Casín, Cadenas y Baragaño en 1950. http://moalpuertademuniellos.blogspot.com.es
La gestión del instituto Icona, afortunadamente ya desaparecido, como en otros muchos lugares de nuestra geografía dejo mucho que desear, produciéndose durante este tiempo, en agosto de 1980 la muerte del guarda forestal Manuel Lago Rodríguez, conocido como "Chiquito"y vecino de Oballo, a manos de cazadores furtivos.
Así se puso fin a la explotación forestal y se dio la bienvenida a una apuesta por la conservación que a decir verdad comenzó ya en pleno siglo XIX. El primero en pedir protección para los montes de Cangas fue el secretario municipal Faustino Meléndez de Ardás. Más tarde, Eduardo Hernández Pacheco, catedrático de Geología de la Universidad Central de Madrid y vinculado a la Institución Libre de Enseñanza, pidió en el diario ‘El Sol’ la protección para «nuestra selva de Muniellos». Pero es a mediados del siglo XX cuando las voces comienzan a alzarse con fuerza. Hasta el mismísimo Félix Rodríguez de la Fuente clamó por hacer de Muniellos «el primer parque regional español». Suspendidas las talas en 1973, su camino fue otro. En 1982 se declaró Reserva Biológica Nacional y en 2000, Reserva de la Biosfera.
Para visitar la Reserva Natural Integral de Muniellos, el acceso principal al área del bosque de Muniellos se realiza desde la Carretera Comarcal AS-211, que enlaza con la Carretera Regional AS-15 a la altura de Ventanueva y se dirige por el Puerto del Connio a San Antolín de Ibias. A 3 km escasos de Ventanueva se sitúa la localidad de Moal, de donde parte un camino carretero que en poco más de cuatro kilómetros lleva a Tablizas, punto de entrada al Monte de Muniellos. El acceso a la Reserva es restringido y se limita a un número máximo de veinte visitantes diarios. La solicitud de visita debe hacerse ante la Consejería de Medio Ambiente.
El Monte de Muniellos en otoño
FUENTES: 
Eduardo Gómez de León - https://apuntesdemontana.wordpress.com
Juaco Lopez Alvarez, Cangués y director del Museo Etnográfico del Pueblo de Asturias en Gijón autor del libro "La explotación de madera en el monte de Muniellos".
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Muniellos, el bosque protegido
Muniellos
El monte del Suroccidente, una de las joyas de la naturaleza de Europa, fue declarado Reserva Biológica Nacional hace 30 años para preservar su equilibrio biológico y su diversidad de vida

El 15 de octubre de 1982, hace ahora treinta años, un Real Decreto convertía al bosque de Muniellos en Reserva Biológica Nacional. El gran robledal del Suroccidente pasaba a ser el segundo espacio natural protegido en la región -tras el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, fundado en 1918-, en reconocimiento a una singularidad que el tiempo ha reafirmado. Es éste un lugar de epítetos: uno de los bosques mejor conservados de Europa occidental; el mayor robledal albar de la península Ibérica; un «punto caliente» de biodiversidad de la cordillera Cantábrica y, por extensión, de la Europa atlántica. Esos valores, acrecentados por las campañas científicas que han profundizado en la naturaleza de este bosque y han ampliado exponencialmente los catálogos de especies de musgos, líquenes e invertebrados, justifican el «blindaje» legal de Muniellos mediante sucesivas figuras de protección (la Reserva Biológica Nacional dio paso, en 1994, a la actual Reserva Natural Integral) que dan absoluta prioridad a la conservación y dejan escaso margen (un cupo de 20 visitantes diarios) a los usos recreativos. Esta es la «joya de la corona» de la naturaleza asturiana, el corazón del «paraíso natural». Por desgracia, se trata de un edén amenazado, principalmente por el fuego, que todos los años devasta hectáreas de monte y de bosque a su alrededor (tocando sus contornos de vez en cuando), y origina un «efecto isla» que compromete su supervivencia a largo plazo.

Una explosión de vida
La vida bulle en el interior de esta selva caducifolia, aunque bien puede aplicarse en ella el refrán de que los árboles no dejan ver el bosque: el arbolado es tan denso y la orografía tan intrincada que apreciar los detalles de la estructura y la composición del medio forestal y, más aún, descubrir la fauna que lo habita se convierte en una empresa ardua. No obstante, si uno se fija, advierte enseguida la cantidad y variedad de líquenes que cubren los árboles y cuelgan de sus ramas, la abundancia de musgos en tocones y rocas, y la propia diversidad del arbolado, muy patente en otoño por el contraste de colores que proporcionan los distintos tempos de caducidad de la hoja de cada una de las especies. Esa proliferación de vida vegetal implica la existencia de múltiples hábitat o, dicho de otro modo, de abundantes oportunidades para la fauna. Los números hablan por sí solos: 504 líquenes, 335 musgos, 396 plantas vasculares, 1.149 invertebrados y 144 vertebrados entre peces (una especie), reptiles (siete), anfibios (ocho), mamíferos (35) y aves (93).
La fauna menuda, de invertebrados, la más desconocida, tiene gran entidad a la hora de subrayar las singularidades y los valores de este espacio. Por ejemplo, en Muniellos se han descubierto varias especies de insectos nuevas para Asturias o para toda el área cantábrica, sobre todo escarabajos, dos de los cuales no se conocen en ningún otro lugar de la península Ibérica. Otro ha sido redescubierto después de casi un siglo de su descripción, en 1909, a partir de un único ejemplar examinado por el entomólgo francés Maurice Pic. Este aspecto aún dará muchas sorpresas en el futuro si se mantienen las investigaciones. Otro tanto cabe decir de los líquenes, cuya variedad no sólo es apabullante en sí misma, sino también por comparación: el número de especies descritas en Muniellos incrementa en casi un 70 por ciento el catálogo asturiano de 2001, incluyendo el descubrimiento de un nuevo género y 15 líquenes desconocidos previamente en la flora española. También se han registrado aquí la segunda cita mundial de una especie y la primera de otras dos en Europa meridional.

Las plantas vasculares y la fauna vertebrada son los organismos más conspicuos, no en vano forman la masa arbórea y aportan las especies emblemáticas del bosque. Los árboles son protagonistas por derecho propio, pero su sombra no eclipsa la relevancia de una pequeña planta herbácea, propia de las gleras o pedrizas móviles, que lleva el nombre de este lugar, el único del mundo en el que vive: el ranúnculo de Muniellos. El roble albar es el árbol por excelencia de Muniellos y, junto con el roble orocantábrico, descrito recientemente, compone casi tres cuartas partes de la superficie forestal. Sin embargo, la diversidad de suelos, exposiciones, grados de humedad y altitudes permite el desarrollo de casi todas las especies que caracterizan los distintos tipos de bosques caducifolios de la cordillera Cantábrica: abedulares, en las zonas más altas expuestas al Norte; rebollares, en los fondos de valle y las laderas soleadas; hayedos, en las zonas de ambiente más húmedo, y bosques de ribera, de aliso, en las vegas, y de arces y fresnos, en los tramos fluviales más altos y pendientes.

El oso pardo es el señor indiscutible de la fauna, un símbolo, lo mismo que el urogallo cantábrico, que tiene en este y otros bosques del suroccidente (y del noroeste leonés) su último bastión. A su lado, destacan el rebeco cantábrico, que alcanza aquí el límite suroeste de su área de distribución; la trucha común, cuyas poblaciones, libres de interferencias (la pesca está prohibida), presentan una inusual abundancia de ejemplares viejos, de entre seis y 11 años de edad; el picamaderos negro, el mayor y más espectacular de los pájaros carpinteros de Europa, y los murciélagos, representados en la Reserva Natural por 13 de las 22 especies asturianas.

FUENTE: LUIS MARIO ARCE
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Bosque Muniellos Reserva de la Biosfera
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2 comentarios:

  1. Gran articulo!

    Mi pareja y yo fuimos de los pocos afortunados de cruzarnos con "el oso" a escasos 4 metros en un tramo del camino de este bosque maravilloso. Fue al pie de dos hayas centenarias al margen del río. Una de las experiencias mas maravillosas de mi vida.

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  2. Nosotros con un lobo persiguiendo un corzo!

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