30 de septiembre de 2013

José Gutiérrez Cortina, un aventurero de Villoria-Pola de Laviana

Un caballero aventurero

                       Puente de Villoria
El indiano, suma de infinidad de indianos, tenía una característica común a todos: la de ser un aventurero, aunque él mismo no se lo creyera. Los motivos de la emigración eran principalmente económicos: marchaba a América con el propósito de mejorar de posición con respecto a la vida que le aguardaba en la aldea. Pero también los hubo que marcharon por otros motivos, y el motivo político no fue de los de menos importancia ni de los menos frecuentes. En la múltiple tipología del indiano, los hubo que embarcaron por no empuñar las armas, principalmente por no ir a las guerras de África, y los hubo que tuvieron que embarcar por haberlas empuñado.

Entre éstos figura José González Cortina, abuelo materno de Ezequiel Canella, que fue quien me proporcionó los datos que figuran en esta breve biografía. Había nacido en Villoria, concejo de Laviana, que dio un nombre ilustre a la Iglesia y a la filosofía escolástica, el dominico fray Zeferino González, que llegaría a cardenal. En el pueblo de al lado, Entralgo, nació, como se sabe, el novelista don Armando Palacio Valdés, que saca en su novela «Sinfonía pastoral» al propio fray Zeferino aconsejando a un indiano imaginario y paisano, de nombre Antón Quirós, que era más convencional que José Gutiérrez Cortina. El año del nacimiento de nuestro personaje fue el de 1855: a tiempo para participar en la tercera carlistada. Su padre, Ignacio Gutiérrez Ordóñez, era de Lada y casó con Dolores Cortina Canella, parienta de Fermín Canella Secades, quien llegaría a rector de la Universidad de Oviedo. 



El Mapa de Oviedo ó Principado de Asturias, realizado con escala 1:200.000 por el ingeniero militar Francisco Coello (Jaen, 1822 – Madrid, 1898), fue publicado en Madrid en 1870. http://www.fundacioncardin.es

Ignacio Gutiérrez estableció una herrería detrás de la iglesia de Villoria. Su hijo José Gutiérrez Cortina era hombre de templo. En cierta ocasión, siendo todavía un muchacho, bajó al mercado de Pola de Laviana (en las aldeas, cuando se va a la villa, siempre se dice «bajar», siempre se «baja a la villa», como si se tratara de una nostalgia de la vida de otros tiempos, en que las aldeas se dispersaban por las montañas y la aldea estaba en el valle). Le acompañaba un hermano suyo. Durante su recorrido por el mercado, le mordió un cerdo. Temiendo José que el cerdo pudiera tener la rabia y no abundando los médicos entonces tanto como ahora, corrió a la herrería y solicitó al herrero que le cauterizara la herida: éste se asustó y se negó en redondo. Ante la negativa, José tomó un hierro al rojo vivo y él mismo se lo aplicó a la herida. Seguidamente, hubo de asistir a su hermano, que se había desmayado.
              

San Nicolás de Villoria, de orígen románico


Probablemente, José Gutiérrez Cortina fue de los que no se planteó abandonar el valle de Laviana en su vida. Una vez que aprendió a leer, a escribir y a echar cuentas, entró a trabajar en la fragua de su padre. Trabajo no faltaba. Se trataba de un negocio próspero y en marcha. Pero un buen día se acercó a la herrería don Melchor Valdés, pirotécnico muy conocido en el valle y gerifalte carlista que montaba una tranquila y poderosa mula blanca, que no tardaría en hacerse famosa en media Asturias. Don Melchor levantaba una partida para devolver el trono al rey legítimo, a Carlos VII, cuyos partidarios ya combatían en las Provincias Vascongadas, Cataluña y Valencia. Corría el año 1872 y José Gutiérrez no lo pensó dos veces: agarró una escopeta de caza, un puñado de cartuchos, se calzó unas alpargatas nuevas y se sumó a la partida, que llegaría a ser de unos cien hombres; casi un ejército.

Por la Colladona pasaron al concejo de Aller, reducto carlista en el que conoció a Próspero Tuñón, a Ángel Rosas, al comandante Santaclara y, sobre todo, a Faes, que dio a la guerra carlista en Asturias una gran movilidad: a través y más allá de las montañas, lo mismo estaban en Infiesto o en Ribadesella, exigiendo el pago de impuestos y raciones a los ayuntamientos liberales, que de regreso en Laviana.


AÑO1880. OVIEDO. LA MONJOYA-VEGA-SAN LAZARO http://www.todocoleccion.net

Salía por primera vez de Asturias. Al cabo de un año de campaña, un cura de León llamado don Antonio Milla recorrió las zonas leales de Asturias para reclutar guerrilleros que abandonaron Asturias por Caso para internarse en los montes de León y Palencia caminando de noche y durmiendo de día, comiendo boroña y ordeñando las vacas que encontraban en los prados. Al cabo de quince días alcanzaron Vizcaya sin disparar un tiro. En Balmaseda constituyeron el batallón de Asturias, de doscientos hombres, que entró en fuego en la línea de Somorrostro, donde se libraron combates terribles. Se perdió la guerra y en 1876 José Gutiérrez hubo de refugiarse en Francia durante unos meses.

Volvió a Laviana, y como un cuñado suyo había marchado a Guatemala, para allá marchó José con poco equipaje, sin un duro y con una carta de fray Zeferino para el arzobispo de Guatemala, por lo que pudiera necesitar. En Guatemala no vio oro empedrando las calles. Su cuñado marchó a Colón, para trabajar en las obras del canal de Panamá, y él a Cuba, donde recibió ayuda económica de un tabaquero amigo de su padre.



Ricardo Estrada Casanova], Arzobispo Guatemala, c. 1880-1916

http://pdnphotooftheday.com

Volvió a Guatemala: trabajó haciendo ladrillos y baldosas a mano para un asturiano que le pagaba muy mal y le mataba de hambre; abrió un café con un socio, hizo relaciones y un buen día se encontró con que el general Lisandro Varillas, el presidente de turno de aquella República, le llamaba porque había oído contar que era hombre decidido, para ponerle al frente de una hacienda que poseía en al alto Verapaz, lugar montañoso y selvático. José no sabía nada de cafetales, pero aprendió deprisa, ayudado por los indios del lugar. El cafetal marchó bien hasta que Varillas fue sustituido por Estrada Cabrera, que instauró una dictadura tenebrosa, y al conocer la buena relación del español con el anterior presidente, le hizo la vida imposible. La dictadura de Estrada Cabrera se fundamentaba, como toda dictadura que se precie, en la relación. José procuró ser prudente al principio, aunque se sabía vigilado. Más tarde, al comprobar el escaso beneficio que le producía la prudencia, decidió marchar a México, oportunidad que aprovechó Estrada Cabrera para ponerle en prisiones con el pretexto de que se disponía a organizar una intentona revolucionaria desde México, con el propósito de tumbarle y de reponer a Varillas. En la prisión estuvo poco tiempo, porque pronto le sacaron para fusilarle en el patio de atrás. Estaba delante de seis fusiles que iban a levantarse de un momento a otro, y a su espalda el muro: no había escapatoria. Pero José era hombre de inesperados recursos. No habiendo salvación en la huida, la encontró en sus bolsillos. En uno llevaba un crucifijo de plata. Lo sacó y, levantándolo por encima de su cabeza, se lo mostró al pelotón: salía el Sol por encima de los muros y el crucifijo brilló con los primeros rayos. Los soldados quedaron impresionados: bajaron los fusiles y el sargento que mandaba el pelotón le tomó por las solapas, le dio un empujón y le recomendó que no se le ocurriera volver a aparecer por allí. Aquel día era el 5 de febrero de 1905. No se borró jamás de la memoria del indiano. Considerando que había vuelto a nacer aquel día, todos los 5 de febrero hizo decir una misa de acción de gracias.


Aunque con el pellejo intacto, en Guatemala no le quedaba nada que hacer, al menos mientras durara en el poder Estrada Cabrera. Y como sucede con las dictaduras, aquélla iba para largo. De hecho, Estrada Cabrera se mantuvo en el poder la friolera de veintidós años, hasta 1920. Al embarcar en dirección a Cuba, cayó en la cuenta de que todavía guardaba en el bolsillo de la chaqueta la carta de recomendación de fray Zeferino para el arzobispo de Guatemala.


General de División cubano D. Emilio Núñez http://museosagua.blogspot.com.es


En Cuba, una circunstancia fortuita acudió en su ayuda. En el año 1895, en plena guerra de independencia cubana, coincidió a bordo de un barco que se dirigía a los Estados Unidos con el general insurgente cubano Emilio Núñez. Al saber de quién se trataba, la primera resolución de José fue matarle de un tiro y arrojarle al mar. Para ello, se ganó su confianza, y tanto se la ganó que se hicieron amigos. Al desembarcar en Cuba fugitivo de Guatemala, el general Núñez era una personalidad influyente que le echó una mano. Pero José ya era viejo para volver a meterse en negocios, tenía más de cincuenta años y pensó que a esa edad donde mejor estaba era en la patria.

Volvió a España en 1907 y, de nuevo en Laviana, fundó una fábrica de chocolates que bautizó Las Camelias porque así se llamaba el cafetal que había tenido en Guatemala. Pasaba, pues, del café al chocolate. El negocio marchaba bien, pero la situación política en el valle del Nalón tiraba a peor. Predominaban unas ideas que él consideraba disolventes, implantadas durante su ausencia. Se dio cuenta de que la aldea se había perdido para siempre y, como el viejo hidalgo don César de las Matas de Arbín, exclamó airado que aquello no era el progreso, sino la barbarie. En realidad, a pesar de sus aventuras al otro lado de los mares, nunca había dejado de ser un soldado de don Carlos, defensor de los derechos de la Iglesia y de las leyes viejas. Aquel mundo había desaparecido, aunque él se resistiera a reconocerlo. La gran huelga de 1917 se lo certificó. Entonces, vendió sus posesiones y se estableció en Madrid.


LA NUEVA ESPAÑA - 25 de mayo de 2009
FUENTE:  José Ignacio Gracia Noriega.

29 de septiembre de 2013

La cabaña de cubierta vegetal Asturiana, "Teito" es una construcción habitual en el mundo.

El teito, una tradición asturiana con conexión universal.

La cabaña de cubierta vegetal, reducida aquí a una singularidad de Somiedo, es una construcción habitual en el mundo y la base de un oficio con plena vigencia

http://www.lne.es
La fotografía tiene el mismo encanto en Asturias que en Japón. Ese paisaje verde alrededor y una construcción con el esqueleto de piedra y el techo vegetal que se mimetiza con el entorno natural, que nos acerca al tiempo de las construcciones primigenias, levantadas con los materiales más cercanos. Lo que forma parte de la estampa tradicional las brañas de Somiedo se repite en Japón. Y en Holanda, en Inglaterra, en Islandia, en Alemania, y en Escandinavia. También en Cuba y en Guatemala, en Sudáfrica... En las regiones húmedas de todos esos sitios, allá donde hubiera bosque, el hombre, al final, llegó a la misma conclusión para mantener la temperatura de su casa: la solución era cubrir el tejado con materiales vegetales.
En Asturias, y en España en general, el teito es un gran desconocido. Esta cabaña de tipo ganadero que puede encontrarse en las montañas del Suroccidente es una conexión con el resto del mundo. Y aunque aquí apenas concita mucho más interés que el del escaso rédito turístico que pueda generar, en otros lugares llega a constituir un buen negocio. Tiene, por lo general, una connotación de pobreza y no aparece en los manuales de la arquitectura nacional. En castellano, además, no existe un correlato de la palabra «teito». Ni tampoco del verbo «teitar». No hay manera, al fin y al cabo, de referirse a ellas sin improvisar una explicación o tomar directamente prestados los términos del asturiano o del gallego.
Sucede, sin embargo, que abriendo el foco fuera de España se advierte todo un universo en torno a esta histórica construcción que transmite tanta solera. En Europa, en la Europa húmeda, también en partes de Asia, África y en América Central, el teito está catalogado como patrimonio arquitectónico y la de «teitador» es una profesión como cualquier otra, que tiene su título, su kit de herramientas y está bien pagada. Hay museos específicos, una jerga propia y potentes asociaciones que reúnen a los mejores profesionales. Los niños pueden aprender el oficio a través de cuadernillos orientativos, y la actividad, que todavía perdura, ha generado industria. En el extranjero, la cubierta vegetal no se vincula ni al monte ni a la pobreza, sino que se pueden ver teitadas grandes mansiones e ilustres casas como la de Anne Hathaway, mujer del escritor William Shakespeare, en Stratford-upon-Avon (Reino Unido), su lugar de nacimiento.
Así que el mundo, especialmente Europa, está lleno de imágenes familiares que recuerdan a Asturias. Y el nexo son esas construcciones similares a los teitos, que se pueden encontrar casi de forma continua desde Somiedo hasta las Islas Feroe. Así lo ha constatado Carmen-Oliva Menéndez en su libro «Teitos. Cubiertas vegetales de Europa Occidental: de Asturias a Islandia», editado por COAATPA, un extenso trabajo de investigación que la ha llevado por casi toda Europa occidental y por el que fue reconocida en 2011 con el premio «Europa Nostra». «En Asturias se saca muy poco partido a los teitos. Europa no tenía ni idea de que existían teitos en Asturias y Asturias no tiene ni idea de que existe un mundo extenso alrededor de los teitos en Europa», sostiene esta profesora madrileña de ascendencia asturiana, doctora en Arquitectura por la Universidad Politécnica de Madrid y en Lingüística General por la Autónoma también de la capital, además de licenciada en Filosofía y Letras por la Complutense. «En la mente de un inglés, o de un holandés, España son casas con tejas rojas. Y para ellos la gran sorpresa es que aquí existen los teitos y que se mantenga la tradición», agrega.
La tradición permanece, pero no se trabaja. El teito nunca ha destacado como gran reclamo turístico en Asturias, seguramente porque se desconoce su dimensión universal. «Es muy llamativo que aquí no existan casi libros y que si nos pasamos al inglés, al alemán o al holandés, la bibliografía sea inmensa, como puede ocurrir en España con los relacionados con el flamenco», explica Menéndez, que empezó a «enamorarse» de Asturias durante sus viajes de la infancia a Cudillero, de donde era su madre. La conexión entre los teitos asturianos y los de fuera se intuye asimismo a través del lenguaje. La palabra «braña» no tiene equivalencia en castellano pero sí en inglés («shieling»), y en la isla de Gotland, en Suecia, todavía hoy el «reteitado» se sigue realizando en agosto y de forma comunal, algo parecido a la conocida tradición de la «andecha» asturiana. Casi todas las lenguas tienen términos específicos para la profesión como, por ejemplo, la inglesa, donde teito es «thatch» y el teitador es «thatcher», un oficio también convertido en apellido.
Menéndez ha visto teitos en las partes más recónditas del occidente de Europa, muy variados, especialmente si se tiene en cuenta el material utilizado para la cubierta. La tipología, explica Menéndez en su libro, no es muy grande. Existen, en general, dos clases: las construcciones de planta redonda y las de casa larga. En Asturias predomina más la segunda opción, que son teitos de escoba con mucha antigüedad, como las cabañas somedanas. También se pueden hallar construcciones de este tipo en el Macizo francés. Las de planta redonda se encuentran en Galicia, lo que se conoce como palloza, y también son muy comunes en toda Gran Bretaña y en el occidente galo. A medida que se expanden por Europa se va comprobando, según la profesora madrileña, que los teitos, además de servir de refugio ganadero, van adquiriendo otra función hasta convertirse en símbolos de modernidad y riqueza, con presencia en mansiones y en construcciones modernas. Sucede, por ejemplo, en las grandes granjas alemanas o en zonas de Inglaterra y Holanda, donde no es difícil encontrar lujosos chalés con la cubierta vegetal.
Si, como sostienen muchos geógrafos, la cordillera Cantábrica es la frontera de las dos Europas, la húmeda y la mediterránea, los teitos asturianos (y los gallegos) son las primeras piezas de un puzle que enseña un mapa enorme de lugares que dan cobijo a estas casas. En Inglaterra, algunos cálculos estiman que pueden existir unas 50.000 unidades. En el noroeste de Alemania y el sur de Dinamarca se adivinan teitos grandes y muy variados, «son como cortijos en Andalucía», señala Menéndez. A lo largo de la Europa del Norte (Holanda, Gran Bretaña, Dinamarca, Suecia, Noruega,..) se conservan muchas de estas construcciones, una realidad que tiende a suavizarse a medida que aumenta la proximidad con Roma, allá donde la piedra se impuso al bosque en la arquitectura. De hecho, su presencia en Italia, aunque existe, es mínima.
Fuera del continente europeo destacan los teitos japoneses, cuyas cubiertas «rayan la perfección» y hacen gala de un «acabado estupendo», según Menéndez. En el país nipón, como en casi todos los mencionados, el teitador va bien equipado, con su arnés, el casco y una gran cantidad de herramientas, costumbre que se contrapone con lo que sucede en Asturias, donde se suele teitar con las manos. En América, los teitos se dejan ver en los aledaños del Mississippi y también en Florida. Son, en su mayoría, cubiertas de palma, como las existentes en Guatemala, en Cuba y en general en la zona de los mayas, próximos al Amazonas.
En África se concentran en los poblados subsaharianos, que tienen un perfil mucho más humilde que los que se pueden observar en Sudáfrica, uno de los países con mayor industria del sector.
El material más utilizado para teitar no es la escoba de monte, la que predomina en Asturias, sino el carrizo. Es el de más calidad y duración (60-80 años) y predomina en todo el mundo, especialmente en Gran Bretaña, Holanda y Sudáfrica. Las cubiertas de masiega, que crece en los humedales, se observan principalmente en Suecia, y de las de paja de cereal, sobre todo el centeno, todavía quedan en los Ancares gallegos y leoneses e incluso en la zona de los Oscos en Asturias. Los «tapinos» de hierba abundan en Escandinavia (Suecia, Noruega, Islandia y las Islas Feroe) por su capacidad para mantener el calor. Y los brezos, mucho más difíciles de encontrar porque la planta escasea, acaso en el norte de Inglaterra.
El mundo del teito, pues, es mucho más amplio de lo que se percibe en Asturias y en España. En su libro, que ha merecido el elogio de Barry Cunliffe, prestigioso estudioso británico de las culturas atlánticas, Menéndez critica la mala interpretación que se ha hecho en España de estas casas, una de las claves del desconocimiento. «Aquí nunca se entendió que, por tradición, conviviesen animales con personas bajo un mismo techo. Por eso, de alguna manera, no se ha tenido en cuenta. Ese tipo de establos, sin embargo, existe a lo grande en el norte de Europa y en muchos lugares del mundo», asegura. Todas esas zonas, ya se sabe, están conectadas con Asturias a través de esta extendida construcción.


Una cabaña de teito en la braña de la Campa de Saliencia, en Somiedo. La cubierta de escoba de monte es la que más predomina en Asturias.
La Nueva España » Asturama

Arquitectura popular - Teitos.
http://www.asturias.es
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Cabañas de Teito en Asturias.

http://latablagardenias.blogspot.com.es

Para los que no conocen el  Parque Natural de Somiedo,  os diré que allí podréis alojaros en las típicas  cabañas de "teito" que pueden encontrarse en el corazón de la Cordillera Cantábrica.
Este parque, declarado Parque Natural en 1988 y Reserva de la Biosfera en 2000, posee también la carta Europea de Turismo Sostenible, de hecho,  fue el primer Parque asturiano que lo consiguió. 


Bosques de hayas y robledales, oso pardo y urogallo, jabalís, bandos, rebecos, lobos, zorros y nutrias.
Pero no es solo su valioso patrimonio natural lo que hacen singular este entorno. 

El desarrrollo de dos grupos socialmente diferentes, trajo consigo una acervo cultural valiosísimo. La trashumancia característica de los vaqueiros de alzada, dejó un rasgo distintivo:  la arquitectura tradicional con sus conocidas cabañas de teito, donde se refugian los pastores, hechas de piedra y con cubierta vegetal. Hoy en día se pueden encontrar numerosos espacios dedicados al turismo rural donde puedes alojarte en cabañas de teito, acondicionadas, claro está. 



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VIDEOS RELACIONADOS:

Guillermo Schulz Sweitzer (1805-1877)

La Asturias llena de obstáculos de Schulz.

 
Guillermo Schulz

El geólogo alemán fue testigo de la industrialización asturiana y ya advirtió de que las peleas localistas lastraban su desarrollo, según una investigación premiada recientemente.


Una tierra de obstáculos físicos, políticos y localistas. Como si no hubiera transcurrido ya casi siglo y medio, ésa fue la Asturias que conoció el ingeniero y geólogo alemán Guillermo Schulz Sweitzer (1805-1877), un profesional que, sin embargo, «trabajó por la región como un servidor público ejemplar, entregado en cuerpo y alma». Así lo describe Pelayo González-Pumariega Solís, profesor titular del departamento de Explotación y Prospección de Minas de la Universidad de Oviedo, y autor en 2011 de la tesis doctoral «Guillermo Schulz y su obra: aportaciones a la modernización de Asturias» (dirigida por Gaspar Fernández Cuesta y premio extraordinario de doctorado del departamento de Geografía), así como del libro, en colaboración, «Guillermo Schulz y los primeros proyectos para la enseñanza en materia de minas» (2000). También obtuvo el pasado año el XVIII Premio «Padre Patac» de la Consejería de Educación del Principado y el Ayuntamiento de Gijón por su trabajo «El mapa topográfico de la provincia de Oviedo de Guillermo Schulz».


 Un fragmento del plano del Cabo Peñas
 
A Schulz se le debe «la primera imagen cartográfica moderna que tuvieron los asturianos de su región», gracias a su mapa topográfico publicado en 1855, del que se extrajeron numerosas aplicaciones, desde la inicial, para uso de la Dirección General de Minas del país, hasta la de trazado de «caminos de ruedas y de hierro», pasando por la organización de Correos, la de la diócesis o como mapa militar en octubre de 1934. Pero Guillermo Schulz, además de ingeniero al servicio público, fue también testigo de la primera industrialización asturiana e impulsor de caminos y puertos y de ejes estratégicos de comunicación.
Tras realizar «estudios equivalentes a lo que hoy es la Ingeniería de Minas en la Universidad de Gotinga», Schulz llegó a España contratado por la compañía anglo- española que explotaba los plomos de las Alpujarras. Cinco años después, y ya de regreso a su país, «la Dirección General de Minas, que nacía en aquellas fechas, dispuesta a impulsar nuevas explotaciones en España tras la pérdida de las colonias de América y de sus metales, le nombra comisario de Minas y le encarga la elaboración del mapa geológico de Galicia, que traza durante dos años, «un tiempo récord», y publica su «Reseña geonógstica del Reino de Galicia», explica Pelayo González-Pumariega. Recibe entonces el nombramiento de inspector primero de Galicia y de Asturias, y se establece en medio de ambas provincias, en Ribadeo. En 1833 presenta sus credenciales a Bartolomé Hermida, gobernador civil, una figura política creada en ese tiempo. Es también la época en la que nace la Real Compañía Española de Minas, en Arnao, por impulso de empresarios belgas, la primera gran empresa asturiana, que, en palabras de Schulz, explotaba el carbón «conforme a los principios del arte». La llegada de nuevas empresas y la competitividad entre ellas están también marcadas por elementos políticos. El marido de la Reina Isabel II, el duque de Riansares, invierte como accionista en las empresas de Langreo, con lo que se dio prioridad política a la Cuenca del Nalón frente a la del Caudal, y de ahí nacerá el Ferrocarril de Langreo hasta Gijón.


 El general Ochoa delante del mapa de Schulz, en 1934.

Pero Schulz, que ya era conocedor de la región y de sus posibilidades, «apostó por un ferrocarril que fuera desde Mieres al puerto de Avilés (un proyecto en el que trabajaron ingenieros ingleses)», aunque con la idea de que el embarcadero final fuera el puerto de Luanco, «al que el ingeniero alemán veía más posibilidades por estar a resguardo del Cabo Peñas». Por su parte, el puerto de Gijón, también al oriente de Peñas, «ya estaba ocupado por las salidas carboneras del Ferrocarril de Langreo, y el de Avilés estaba al servicio de la referida Real Compañía de Minas».
En cualquier caso, la idea de Schulz era que el enclave ferroviario de Mieres resultaba el idóneo «para después darle a la región una salida hacia la Meseta, mientras que el Ferrocarril de Langreo terminaba en un fondo de saco». A su vez, el eje Mieres-Luanco «podría, mediante ramales, dar conexión a las cuencas carboníferas de Riosa o Ferroñes y Santo Firme en la zona central y luego podría enlazar incluso con el Langreo-Gijón», y eso conectaría todas las explotaciones con los puertos y posteriormente enlazaría con la Meseta. Pero los choques con los intereses políticos y la gran pugna de aquellos años entre la burguesía de Gijón y la de Oviedo decepcionarían a Schulz.
No obstante, su labor fundamental fue la de elaborar durante veinte años, aunque con interrupciones, el mapa topográfico y geológico de Asturias, «una labor titánica desarrollada prácticamente con un ayudante de campo, una brújula y mediante el procedimiento de triangulación; pese a sus errores, estos son comprensibles por la precariedad de medios». Publicado en 1855, Asturias habría quedado sin cartografía hasta 1875, que es cuando se publica el plano de Coello, «más perfeccionado, pero mucho menos legible por abigarrado en cuanto a la inclusión de numerosos datos». Los trabajos cartográficos de Schulz sirvieron de base para que el gobernador Bartolomé Hermida y su sucesor, el marqués de Gaztañaga, le encargaran los proyectos de las primeras carreteras asturianas.
Del mapa de Schulz se extrajeron también numerosas aplicaciones. Por ejemplo, «el primer mapa de Correos, o el primer mapa de las parroquias de la diócesis, cuyo obispo era entonces Martínez Vigil». También fue «mapa militar». En efecto, su última edición, con correcciones ya acumuladas durante años, «data de 1935, al año siguiente de la Revolución de Octubre de 1934». Una foto muy conocida del general Ochoa, que reprimió dicha revolución, «está tomada precisamente con el militar ante el mapa de Schulz».
Y un dato curioso con plena vigencia en la actualidad es que Guillermo Schulz ya se percató «del gran número de concejos en Asturias y planteó la necesidad de una redistribución de los mismos». Proponía incluso «cambiar límites y llegó a presentar un plan en tal sentido al gobernador, pero dicho documento no se ha encontrado».
En 1854 abandona Asturias por enfermedad y cuando estaba poniendo en marcha la Escuela de Capataces de Mieres, que frente a Oviedo, Gijón o Avilés defendió «para ese municipio por la proximidad a las minas y fábricas siderúrgicas». En su epitafio del cementerio de Aranjuez, donde falleció en 1877, se leía: «Murió sin ascendientes ni descendientes, y pobre, pero sin deudas». A Asturias le había entregado lo mejor de su profesión y sus ideas.



Pelayo González-Pumariega Solís, profesor titular del departamento de Explotación y Prospección de Minas de la Universidad de Oviedo, y autor en 2011 de la tesis doctoral «Guillermo Schulz y su obra.

FUENTE: 
                                          


Guillermo Schulz: algo más que una calle en Mieres.

Portada del Atlas Geológico y Topográfico de Asturias de 1858 (Fuente: Biblioteca Digital de la Real Academia de la Historia).

Una avenida en Gijón, una calle en Oviedo y otra en Mieres honran a este personaje que, sin embargo, muy pocos hoy recuerdan. Pero ¿quién era Guillermo Schulz y qué supuso para Asturias?

http://www.territorio-museo.com

Tras el trabajo pionero Alberto MARCOS VALLAURE (La cartografía geológica de Asturias desde Guillermo Schulz a nuestros días, 1978) y la aportación de Ramón María ALVARGONZÁLEZ (Alemanes en Asturias, 2003), un reciente trabajo de investigación ha vuelto a poner de actualidad la figura de este ingeniero y geólogo alemán que tanto contribuyese a la industrialización asturiana. Guillermo Schulz y su obra: aportaciones a la modernización de Asturias es el título de la tesis doctoral que defendiese en 2011 Pelayo GONZÁLEZ-PUMARIEGA, la cual profundiza en su trayectoria vital y las obras que más repercusión tuvieron en el desarrollo industrial de Asturias: su Mapa Topográfico de la Provincia de Oviedo (1855) y varios proyectos para la apertura de vías de comunicación en la región, entre los que se encontraba una línea de ferrocarril que conectase Mieres con Luanco.

Mapa Topográfico de la Provincia de Oviedo por Guillermo Schulz (Fuente: Biblioteca Digital de la Real Academia de la Historia)

Nacido en el poblado minero de Dörnberg (Westfalia) en 1805, se forma en geología y minería en la Universidad de Gotinga, trasladándose a España para trabajar en la explotación de las minas de plomo de las Alpujarras, siendo reclutado pocos años después por la recién fundada Dirección General de Minas que lo nombra primero comisario de Minas, encargándole la elaboración del Mapa Topográfico de Galicia, para convertirlo en inspector del Distrito Minero de Galicia y Asturias con la creación de éste en 1833.

En 1855 publicaría el Mapa Topográfico de la Provincia de Oviedo, la primera cartografía científica de la región, que serviría de base para el desarrollo del sistema viario que se pondría en marcha a partir de entonces, así como para el trazado de los mapas de Correos, el mapa parroquial que promovería el obispo Martínez Vigil y el mapa militar que se seguiría editando hasta 1935.

Proyectó, asismismo, un trazado ferroviario de Mieres a Avilés con el embarcadero final en Luanco, al resguardo del Cabo de Peñas. Consideraba a Mieres como un nudo fundamental en la comunicación con la Meseta, pudiendo ramificarse hacia Riosa y Llanera y acabar conectando con la línea Langreo-Gijón. Pero la vinculación del alemán con Mieres va más allá de este proyecto. A él se debe, por ejemplo, la idea de crear una Escuela de Capataces en esta villa. Proyectada en 1840, se pone en marcha en 1854, año en el que, por problemas de salud, Schulz parte para Madrid, donde fallecerá en 1877.

Busto de Guillermo Schulz que preside la escalera principal del Ayuntamiento de Mieres. Fotografía de Roberto Álvarez.

En el Centro de Interpretación del Poblado Minero de Bustiello no se olvida lo que Asturias y la cuenca del Caudal debe a Guillermo Schulz, y por eso cuenta con un lugar propio en el espacio expositivo. 

Panel explicativo en el Centro de Interpretación del Poblado Minero de Bustiello. Fotografía de Roberto Álvarez.

FUENTE: MONTAÑA CENTRAL http://www.territorio-museo.com

28 de septiembre de 2013

Gutierre Bernaldo de Quirós, inquisidor de Toledo y México y obispo de Puebla de los Ángeles y Tlaxcala

El inquisidor ya no vive aquí.

José Ordóñez, fue un vecino de Santa Cruz de Mieres acusado de herejía por un tribunal de la Inquisición a principios del siglo XIX, la peripecia de aquel pobre sujeto, está contada en el libro "El confín del Santo Oficio", firmado en 1998 por el ex-presidente del Principado Juan Luis Rodríguez-Vigil.
Según el autor, la actuación del Tribunal de la Fe en nuestra región no había tenido la misma importancia que en otras regiones, pero que, aun así, algunos personajes de las Cuencas llegaron a desempeñar cargos relevantes en su estructura jerárquica: Tomás Bernaldo de Quirós, de Mieres, como oidor en el México de 1634; Alonso González de Escalada, de Campomanes, procurador del Fisco en 1686; Alonso Llano Valdés, de Ciaño, y Francisco Bernaldo de Quirós Valdés, de Figaredo, oficiales, respectivamente, en 1672 y 1680, y el presbítero José Fernández Loredo, también de Mieres, comisario en el Santo Oficio ya en 1817.
Pero, sobre todos ellos, nuestro ex-presidente destacaba el currículum de don Gutierre Bernaldo de Quirós, aclarando que fue natural de Mieres e inquisidor de Toledo y México y obispo de Puebla de los Ángeles y Tlaxcala, desempeñando este último cargo en 1585. En aquel momento ya no me encajaban estos datos, y por ello me limité a recogerlos aclarando que no podía ampliarlos más por la dificultad que me supone a veces cumplir con el plazo semanal de entrega de estos artículos. Supongo que ustedes entenderán de qué les hablo y sabrán disculpar el hecho de que cuando no puedo verificar un dato prefiero dejarlo enfriando en el tintero para no meter la pata.
Ahora por fin le he dedicado unas tardes a Gutierre Bernaldo de Quirós y puedo decirles que realmente fue un hombre notable en su tiempo, pero haciendo justicia histórica debemos borrarlo de la lista de los hijos ilustres de nuestras cuencas porque no nació en Mieres, sino en Tineo, y de paso también tenemos que corregir la fecha que nos daba don Juan Luis para situarlo como obispo, aclarando que efectivamente en 1585 ya era inquisidor, pero todavía no había tomado posesión de la diócesis azteca. Veamos.
El nombre propio de Gutierre, sin z, que ya nadie lleva, se hizo muy corriente en las edades Media y Moderna, como lo evidencia el elevado número de Gutiérrez con z que hoy existen señalando a los descendientes de quienes se llamaban así. Ya saben que, de la misma forma y por poner algunos ejemplos muy extendidos, los González vienen de algún Gonzalo, los Fernández de Fernando, los Martínez de Martín, los López de Lope, los Álvarez de Álvaro o los Pérez de Pero, que era la forma antigua de llamar a los Pedros... y así sucesivamente. Como, por otra parte, el apellido Bernaldo de Quirós también lleva repitiéndose aquí desde hace siglos, no es extraño que en diferentes épocas de nuestra historia aparezcan varios individuos que se llaman igual: Gutierre Bernaldo de Quirós.
El más famoso de los que nacieron en la montaña central fue sin duda el primer marqués de Camposagrado, en 1661, que también desempeñó en Madrid el cargo de corregidor y heredó un montón de propiedades y mayorazgos que lo convirtieron en un hombre rico y poderoso, pero hubo otros que tuvieron su solar en concejos más alejados.
El que hoy nos ocupa nació en Cangas de Tineo en 1565 y fue el quinto de los siete hijos nacidos en el matrimonio del Procurador General del Principado de Asturias don Diego García de Tineo con doña Elvira Osorio González Sarmiento. Uno de sus hermanos, también obispo, estuvo en Málaga como deán, pero la carrera de Gutierre lo superó con creces: después de hacer sus estudios en el Colegio de San Pelayo en Salamanca y en el Mayor de Oviedo, fue inquisidor en Guatemala, Nicaragua, Filipinas, México y Toledo, para concluir su vida como obispo de Puebla de los Ángeles.
Y, ya puestos, perdónenme cuatro datos: les diré que esta archidiócesis se asienta en la ciudad mexicana del mismo nombre y comprende las diócesis de Huajuapan de León, Tehuacán y Tlaxcala, donde recibió su nombramiento el 22 de junio de 1626, tomó posesión el 14 de octubre de 1627 y murió el 9 de febrero de 1638, después de disponer en su testamento lo necesario para una fundación que mandó hacer en su patria dedicada a sustentar anualmente a seis ancianos vergonzantes, dos estudiantes y cuatro dotes.
Podría haber errado don Juan Luis Rodríguez-Vigil confundiéndose un obispo de parecidos apellidos arriba o abajo, pero tampoco esto parece fácil porque Gutierre vino a sustituir a Alonso de la Mota y Escobar, que lo era desde 1607, y fue sustituido a su vez por Juan de Palafox y Mendoza, que estuvo en el cargo hasta 1653. Y con esto creo que ya está bien fundamentado que no puede haber equivocación y, por lo tanto, debemos borrarlo de la lista de mierenses.
No se quejen, no es la primera vez que hacemos esta operación, pero también en otras ocasiones hemos añadido alguno a nuestro panteón de ilustres. Sé que el asunto no tiene mayor importancia, pero en capítulos más delicados se ha hecho la historia con las posaderas y ahora que con un poco de paciencia y gracias a internet podemos llegar a archivos e informaciones que hasta hace poco no nos atrevíamos a soñar es hora de ir poniendo las cosas en orden.
Otra de las ventajas que tiene el revolver en estos asuntos es que a veces buscando una cosa encontramos otra; vean, por ejemplo, un caso curioso acaecido también en América con un individuo llamado Ignacio Gregorio de Mieres que, a juzgar por la expresión que le condujo a la condena, tiene toda la pinta de descender de la montaña central asturiana. Según recoge José Toribio Medina en su «Historia del tribunal de la Inquisición de Lima: 1569-1820», fue juzgado allí en 1740. El hombre, que tenía entonces 55 años de edad, fue denunciado por el ama de su esposa, que dormía en la casa familiar dos veces por semana y le había oído decir que el pan de la misa era lo mismo que el que se comía todos los días y que «quería a su mujer más que a Dios».
Ya ven que se trata de una frase que se emplea en esta tierra como el mayor de los halagos, pero que si se coge al pie de la letra y en otras latitudes acaba convirtiéndose en blasfemia. Y es que las cuestiones de alcoba, bigamia, homosexualidad, promiscuidad y otros pecados que salen de la bragueta ocupaban mucho tiempo en los debates de los inquisidores, que sufrían especialmente cuando quienes los cometían eran los mismos clérigos de su jurisdicción. Al mismo don Gutierre y a su compañero Alonso de Peralta se debe un informe dirigido a su superior general en el mes de agosto de 1603 en el que expusieron cómo en ocasiones llegaban ante el Santo Oficio personas que daban noticia y testificaban que algunos religiosos, en el momento de la confesión, «los solicitaban con tocamientos deshonestos y ósculos y los han llevado a sus celdas para cometer el pecado nefando», y pedían consejo para saber cómo tenían que proceder en estos casos.
La respuesta de arriba se limitaba a decirles que indicasen a los denunciantes que no volviesen a dirigirse al mismo confesonario y cambiasen de sacerdote, aunque consta que en algún caso especialmente escandaloso hubo que tomar otras medidas. Esto fue lo que sucedió con fray Cornelio, un agustino rijoso que mientras era prior de un pueblo de indios mexicanos fue denunciado por mantener relaciones con sus hijas espirituales, a las que solicitaba durante la administración del sacramento de la penitencia, y que durante su declaración confesó voluntariamente que tampoco le hacía ascos al otro sexo ya que, según su propio testimonio de arrepentimiento, «algunas veces confesando muchachos indios en diversos actos y pueblos tocó sus vergüenzas con intento de alguna sensualidad y deleite». El fraile, que tampoco era de Mieres, fue condenado a no volver al confesonario en lo que le restase de vida, a disciplinarse y tomar sólo pan y agua los viernes del primer año y a «abjurar de levi», que era una especie de pena menor aplicada cuando se estimaba que el delito no era de gravedad.
Ya ven, el tema de la Inquisición da para mucho y en Asturias está prácticamente sin tocar. Más arriba les citaba a Francisco Bernaldo de Quirós Valdés, uno de sus oficiales en el Figaredo de finales del siglo XVII; pregúntenles a los mayores por qué la construcción almenada que se llevó la piqueta hace pocos años frente al palacio de la localidad se llamaba El Quemadero. Nosotros lo dejamos para otra vez.
 Ilustración de: Alfonso Zapico

FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR
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La Inquisición

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Desde el siglo XV hasta que se abolió en España en el siglo XIX, la Inquisición ha formado parte de uno de los pilares más pesados de nuestra Leyenda Negra, y hay que decir que, en este caso, con fundamentos ciertos.

Aunque apareció en Francia en el siglo XII, fuimos los españoles los que la pusimos de moda a lo largo de los siglos XV y XVI. Sus tentáculos se extendieron por toda la geografía del Imperio alcanzando América, con un rigor y una irracionalidad que hoy difícilmente comprendemos.

La Inquisición perseguía cualquier tipo de comportamiento heterodoxo planteado por la Iglesia y las Sagradas Escrituras. Es decir, se consideraba herejía cualquier otra religión, comportamientos supuestamente amorales, creencias en elementos paganos, etcétera.
La sociedad de la época mostraba un prisma de doble moral. Uno de sus mayores baluartes lo encontramos en el propio rey, Felipe II (1527-1598), instigador de la Inquisición y azote de infieles, mientras que al mismo tiempo y en su propia casa disfrutaba de libros de magia y de las reliquias más esotéricas e idólatras.
La Inquisición, en su celo de controlar todo aquello que estuviera relacionado con la Iglesia, también persiguió a algunos de sus protagonistas más insignes. Es el caso de santa Teresa de Jesús (1515-1582) y de su obra el Libro de su vida. A raíz de su estancia en la villa ducal de Pastrana, bajo la mano de la princesa de Éboli en Pastrana (Guadalajara), el texto de santa Teresa estuvo diez años secuestrado por la Inquisición, institución que tenía una casa en la propia villa alcarreña.
En la conocida calle de la Palma todavía se ve el escudo con la palma y la espada, símbolos del Santo Oficio de la Inquisición. A oídos de los inquisidores debieron de llegar los rumores y los comentarios del servicio de la Princesa sobre los extraños y sobrenaturales prodigios protagonizados por la santa abulense. No hay que olvidar lo presente que estaba en la mente de todos la existencia de supuestas herejías de alumbrados en Pastrana y que tanto se hicieron eco en el reinado de Felipe IV ya en el siglo XVII.
La expansión del protestantismo
Entre los siglos XVI y XVII Europa sufre intensamente los problemas que acarreaban la expansión del protestantismo y de diferentes corrientes religiosas denominadas heréticas. Esta es la razón por la que en 1542 el papa Pablo III funda el llamado Santo Oficio como una versión corregida y aumentada de la antigua Inquisición. Al mismo tiempo, cuando todo parece indicar que visto desde fuera nos encontramos ante una sociedad ultraconservadora, integrista y tradicional, resulta llamativo observar que en realidad sucedía todo lo contrario. Parecía ser público y notorio que absolutamente todo el mundo fuera de la condición social que fuese, tenía sus pequeños contactos con la magia y lo que hoy denominamos esoterismo. Cualquiera que se haya acercado a los libros de historia de esta época habrá comprobado la constante ambigüedad a la que nos referimos.
Como hemos dicho, el monarca español Felipe II, por ejemplo, fervoroso creyente y uno de los principales defensores de la institución inquisitorial, tenía su biblioteca particular de El Escorial repleta de libros de magia y astrología además de haber contratado para la fabricación de potingues maravillosos a diferentes alquimistas europeos. En el reinado de su nieto Felipe IV, el Conde Duque de Olivares (1587-1645), hombre fiel a la causa y la fe españolas, contaba con sus magos que, como cuenta Gregorio Marañón en su libro El Conde Duque de Olivares, la pasión de mandar (Madrid 1936), le ayudaban a decidirse en las cuestiones de estado o las de su familia. Ante todo esto, la Inquisición hacía la vista gorda.


FUENTE:  NACHO ARES  http://www.cadenaser.com

27 de septiembre de 2013

La fiebre del mineral rojo

Buscando las venas de la tierra

El cinabrio se convirtió en la primera mitad del XIX en imprescindible para la industria de la guerra, y en la Montaña Central de Asturias hubo una auténtica fiebre del mineral rojo.

Mina La Terronal - Mieres - http://www.arqueologiaypatrimonioindustrial.com


¡Ah, el cinabrio! Rojo como si fuese la sangre de la tierra, capaz de enriquecer rápidamente a los capitalistas que invirtieron en él y de matar con la misma velocidad a los mineros que se emplearon en sus minas. En la primera mitad del siglo XIX se convirtió en un mineral imprescindible para la industria de la guerra que lo empleaba para la fabricación de detonantes, por lo que elevó su cotización haciendo que los geólogos lo buscasen con el mismo interés que empeñaban en las minas de oro. Y -no podía ser otro- Guillermo Schultz acabó encontrándolo en Asturias.
Al alemán, que era inspector del distrito de Asturias y Galicia le llegaron unas muestras recogidas en el invierno de 1838 en una calicata en La Peña, en Mieres, y no tardó en mandarlas a un laboratorio para que se determinase su pureza. Los resultados que recibió fueron tan satisfactorios que poco después buscó unos socios para financiar la apertura en el lugar de Los Argayos de una galería de reconocimiento de más de 120 varas de largo. 



                 Antigua mina de mercurio en Mieres. (FOTO:NACHO ARIAS)

Después de haber gastado 2.000 duros en dos años de trabajos, se encontró un banco de cuartita con algunas impregnaciones de eflorescencias cinábricas y una capa de muy mal carbón, también manchado de cinabrio que no lograron convencer a los inversores por lo que después de una visita del ingeniero Gómez Pardo se abandonó esta labor y también los socavones de El Terronal y La Flecha. Pero Schultz no cejó en su empeño y en cuanto pudo volvió a reorganizar una compañía, esta vez con más pretensiones y la seguridad de la recompensa final.
Así nació la empresa El Porvenir de Asturias, constituida en Madrid en 1842 con 102 socios que aportaron 60 reales de vellón por acción y no tardaron en ver multiplicado su dinero, ya que pronto se presentó en La Flecha un «manchón de hermosísimo cinabrio» con un rendimiento del 58% y un 7% por término medio en el mineral impregnado.
A falta de los instrumentos precisos para beneficiar el mercurio, que empezaron a buscarse en el extranjero, se almacenaron muchos miles de quintales de mineral, mientras las acciones llegaban a venderse al increíble precio de 12.000 o 13.000 reales cada una, libres de todo gasto.
La fiebre roja no tardó en atraer a nuevos inversores que también formaron sus propias compañías adquiriendo en algunos casos minas más antiguas, como consta en la documentación de la época, donde no deja de llamar la atención esta intensa actividad dedicada al almacenamiento del mineral, ya que en aquel momento se carecía de la tecnología precisa para la destilación, que tuvo que encargarse a fábricas extranjeras.
En aquel mismo 1842, 190 accionistas, la mayoría de Mieres y Lena se unieron en La Concordia, para buscar en Brañalamosa (Lena) y en mayo del año siguiente se constituyó La Unión Asturiana, dirigida por Pedro José Pidal, con accionistas de todo el país que aportaron inicialmente cuotas muy pequeñas: 500 acciones a onza de oro, que se cubrieron en pocos días sobre las explotaciones de La Peña, en Mieres, y Maramuñiz, en Lena, aunque a la hora de la verdad tuvieron que hacer un desembolso extraordinario para completar aquel capital inicial.



               Mina abandonada  de la Soterraña en Lena.

 Esta empresa diversificaba su inversión con otros minerales. Era propietaria de sendas minas en otras partes de la región, una de rica y abundante calamina a cielo abierto y otra de galena argentífera que daba un 70 por ciento de plomo y dos onzas de plata en quintales, de manera que en un año había multiplicado por cien los beneficios de su inversión inicial. En cuanto al cinabrio, tuvo éxito cuando dejó de buscar en el cerro de La Peña y decidió hacerlo acertadamente en el sitio llamado Casallena, puesto que seis meses más tarde ya tenían en sus manos 500 arrobas de buena mena y mil quintales de mineral aprovechable, que estaban a la espera de que se pudiese comprar el aparato conveniente para poder beneficiarlo.
Por su parte, la conocida Asturian Mining Company, que luego tras su quiebra acabaría siendo el germen de Fábrica de Mieres, también quiso completar su actividad principal centrada en la fundición de hierro, con la compra de minas de ese mineral y del carbón necesario para sus hornos, pero a la vez registró otros yacimientos de plomo y -por supuesto- de azogue, en la Montaña Central.
La Compañía Anglo-Asturiana también conocida como Compañía Minera Asturiana fue la última en formarse, el 17 de septiembre de 1844 con un capital social de 5 millones de francos, aportado por capitalistas y financieros británicos, franceses y españoles tan importantes como José Safont, José de Salamanca y Mayol, el futuro marqués de Salamanca, y Juan José García-Carrasco, conde de Santa Olalla.
El 30 de junio de 1845, en su primer informe anual, que leyó en las oficinas de Londres su presidente Gedeón Colguhoun se comunicaba la satisfacción de los directores de la explotación que calculaban el valor de la mina al menos en 360.000 reales y se decía que se había encontrado una veta de cuatro pies de espesor de la que se podrían extraer de 300 a 400 libras de mineral al día. Por su parte, en Lena la mina Eugenia daba también muy buena impresión y dejaba a la vista hermosos trazos de cinabrio. En aquel momento, la demanda de mercurio hacía que estas vetas prometiesen muchas más ganancias que cualquier otra empresa mercantil y con estas perspectivas se tomó la determinación de constituir una sociedad anónima.
Sin embargo, a pesar de que hizo venir hasta nuestras cuencas desde Inglaterra a sus operarios especializados, incluso con sus herramientas, y de establecer un avanzado sistema de lavado por pilas, la empresa detuvo inesperadamente su producción porque perdió su filón y tuvo que iniciar un nuevo plan general del terreno y un estudio geológico. Por fin, La Compañía Minera Asturiana empezó a fundir a mediados de 1848, hasta que una Real Orden de 26 de junio de 1849 le negó la autorización para que pudiera continuar con sus operaciones, porque los accionistas no habían desembolsado la totalidad del capital social de acuerdo a la ley de Comercio que entonces estaba vigente. Así, quedó disuelta y sujeta a liquidación.
En enero de 1846, «El Español» informaba que la compañía cinábrica de El Porvenir seguía extrayendo diariamente algunos quintales de rico mineral de La Flecha mientras esperaba la inminente puesta en marcha de su horno para el beneficio, de tal forma que era de suponer que en menos de un mes el gobierno ya podría examinar y apreciar el mercurio asturiano. A la vez estaba pendiente de que llegasen los modernos aparatos que había encargado en la ciudad belga de Lieja y que debían seguir el sistema adoptado con éxito en las minas de Ripa, en La Toscana, reducido a unas retortas refrigeradas con una lluvia continua, con lo que se esperaba obtener mucho mercurio, sin pérdida sensible y a un precio módico.



Instalaciones del Pozo de La Soterraña, en La Peña, Mieres, Asturias. Hacia 1970. http://www.archivohistoricominero.org

En mayo, el corresponsal de otro diario, «El Heraldo», escribía desde Gijón sobre los progresos que iba haciendo la empresa El Porvenir sobre sus ricos criaderos, contando que ya funcionaba en Mieres un taller para la construcción de útiles precisos y hornillo para el beneficio del mineral edificados cerca de las minas y con operarios «activos e inteligentes».
Efectivamente, aquella primavera ya se pudieron destilar en aparatos pequeños y provisionales quinientas arrobas de azogue que se entregaron al Gobierno según lo previsto en la legislación vigente. En cambio, La Unión Asturiana, aún no tenía montado su horno de destilación y trabajaba «con poca animación e incluso con inercia y apatía», pero sus minas de cinabrio, calamina y galena seguían dando buenas ganancias y por ello el periodista preveía que Asturias se iba a convertir en una nueva Albión o una pequeña Suiza.
Tampoco avanzaba al ritmo previsto la fábrica de fundición de la compañía Anglo-Asturiana, que a las dificultades que se le presentaban sobre el terreno elegido para su explotación tuvo que añadir en junio de aquel año el problema de conducir varias piezas de la maquinaria que llegaban desde Inglaterra y que se llevaron hasta Mieres sobre varios carros construidos al efecto para poder soportar su peso.
Cuando Pascual Madoz publicó su famoso Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de España, con datos recogidos entre 1845 y 1850 se encontró con que estas cuatro empresas -La Unión Asturiana, El Porvenir de Asturias, La Anglo-Asturiana y La Concordia- ya extraían cinabrio de una docena de minas en nuestra región. Luego no tardaron en llegar malos tiempos para este mineral, cuya historia, hasta nuestros días ha sido mucho más irregular y desconocida que la del carbón, oscilando según los tiempos entre la euforia y el fracaso, lo que la convierte en mucho más interesante.


Ilustración de: Alfonso Zapico

FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR 

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MERCURIO (CINABRIO)

Etimología:
Su nombre se debe al planeta del mismo nombre. Discórides lo llamaba plata acuática (en griego hydrárgyros), Hydra=agua, gyros=plata. El Mercurio se obtiene del Cinabrio del latín cinnabari, y éste del griego kinnábari, bermellón, por su color. Sinónimo: cinabrita.
Fórmula química:
Elemento: Mercurio Hg
Mena: Cinabrio: HgS.


Propiedades físicas:
Mercurio:
Color: Plata. Brillo: Metálico.
Cinabrio:
Sistema: Trigonal. Hábito: se acostumbra a encontrar en masas granulares compactas, a veces acompañado de otros sulfuros, como la antimonita, los cristales son raramente tabulares a romboédricos. Dureza: 2,5. Densidad: 8,1. Color: rojo claro, rojo oscuro a rojo pardo.
Brillo: adamantino, en agregados masivos exhibe un brillo mate a terroso. Raya: escarlata. Exfoliación: perfecta según las caras del prisma. Fractura: astillosa. Tenacidad: blando. Diafanidad: translúcido.


Descripción:
Es el único metal líquido a temperatura ambiente que existe. Sus vapores son muy tóxicos, produciendo debilidad mental acompañada de deficiencias en el sistema nervioso. El mineral de mercurio más importante es el cinabrio (HgS), del cual se obtiene el metal por tostación:

HgS + O2 ------> Hg + SO2
Es un mineral blando, muy pesado, frágil, inalterable al aire libre, se volatiza a temperaturas superiores a 580 ºC, produciendo gotas de mercurio que se depositan en las partes frías próximas; es insoluble en los ácidos pero es atacable por el agua regia y el cloro gaseoso. Presenta una intensa polarización rotatoria.

Origen:
El cinabrio es un mineral de génesis hidrotermal a temperatura muy baja; se encuentra en filones, incrustaciones o impregnaciones en rocas de distintos tipos, relacionados con las manifestaciones volcánicas.
Está también presente como sublimado en los cráteres activos y como depósito químico de las fuentes hidrotermales probablemente alcalinas.


Aplicación:
El mercurio se emplea para hacer termómetros, barómetros y manómetros. También se fabrican lámparas eléctricas y rectificadoras de descarga a base de mercurio. En odontología se utilizan las amalgamas de Estaño, Plata y Oro que son aleaciones de mercurio con estos metales. El cinabrio constituye el principal mineral industrial para la obtención del mercurio. Se ha utilizado también como pigmento mineral con el nombre de bermellón.



Mercurio (elemento)

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24 de septiembre de 2013

Uno de los epílogos en la represión, "la colonia penitenciaria de San Martín del Rey Aurelio"

La colonia penitenciaria de El Sotón.

 Presos republicanos trabajadores forzosos en un BDSTP, en el Pozo minero de El Sotón http://todoslosrostros.blogspot.com.es

Las investigaciones del geógrafo Faustino Suárez pueden poner punto final a la polémica sobre la existencia de barracones para presos republicanos en la explotación de San Martín del Rey Aurelio

            Imagen actual del Pozo Sotón de hunosa

 http://www.lne.es/
Nuestra última guerra civil tuvo un epílogo en la represión que tuvieron que soportar durante décadas los vencidos. Una enorme piedra que cerró el camino de la reconciliación y que tuvo varias facetas. La más siniestra fueron los fusilamientos y con ellos las largas condenas justificadas por sentencias que se firmaban en juicios de pandereta. Además, como siempre sucede cuando alguien tiene el poder de imponer su voluntad sin que nadie le tosa, también hubo quien aprovechó esta situación para aumentar sus rendimientos económicos.
El nuevo Estado necesitaba mano de obra para reconstruir el país asolado por la contienda, pero lo que era una catástrofe para la mayoría, constituía a la vez una oportunidad de enriquecimiento para los grandes empresarios y algunos la aprovecharon bien. Este fue el caso de Dragados y Construcciones, Banús; o en Asturias, Carbones Asturianos y Duro-Felguera.
Se trataba de hacer volver a los tajos a muchos obreros que permanecían en las prisiones por haber militado en organizaciones de la izquierda o combatido en el bando republicano y para ello se dictaron varias disposiciones tratando de articular como debía producirse este proceso. Ya en junio de 1937 se publicó en Burgos un decreto para encuadrar a los prisioneros en Batallones de Trabajadores, dándoles la consideración de personal militarizado «debiendo vestir el uniforme que se designará, y quedando sujetos, en su consecuencia al Código de Justicia Militar y al Convenio de Ginebra de 27 de junio de 1929».
El 1 de octubre de 1938, otra orden del Ministerio de Justicia sobre «Redención de Penas por el Trabajo» clasificaba a los presos en tres grados (adictos, dudosos y desafectos), haciendo que aquellos que estuviesen entre los últimos y además hubiesen tenido alguna responsabilidad en el bando republicano pasasen a depender de las Auditorías de Guerra para ser juzgados en Consejo de Guerra y cumplir su pena como penados o reclusos-trabajadores.
La ley de 28 de septiembre de 1939 creó el Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas donde se especificaba una estructura represiva definida por las Colonias Penitenciarias, Destacamentos Penales y Batallones de Trabajadores. Por fin, a mediados de diciembre de 1942, los Batallones de Trabajadores se transformaron en Unidades Disciplinarias organizadas en Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores Penados (BDSTP), donde se encuadraban según un estadillo conservado en el Archivo General Militar de Ávila, casi 50.000 hombres.
La filosofía de aquellas Colonias Penitenciarias Militarizadas perseguía aminorar las penas de los condenados a penas inferiores a veinte años, que después de un año de trabajo forzado acreditasen un buen rendimiento y una conducta sin mácula. Como es lógico, con la nueva situación económica, las minas habían pasado a tener un carácter estratégico; entonces el valle del Nalón fue el lugar elegido para establecer algunas de las colonias más importantes de Asturias.
Para impedir cualquier tipo de reacción o protesta, se vio la conveniencia de alejar a los reclusos de sus lugares de residencia habitual. Por ello, los asturianos se fueron a otras regiones -mayoritariamente a León- y hasta aquí llegaron condenados desde distintos puntos de España.
El procedimiento para reducir la pena consistía en canjear un día de pena por cada dos de trabajo, y estaba inspirado por el pensamiento del jesuita José Augusto Pérez del Pulgar, quien dentro del más puro nacional-catolicismo, pretendía que los detenidos viviesen «La disciplina de un cuartel, la seriedad de un Banco y la caridad de un convento».
A cambio de su esfuerzo, los trabajadores recibían dos pesetas, que según el historiador Juan Antonio Sacaluga, se empleaban en mejorar el rancho, ayudar a los familiares y ahorrar en cuentas individuales que eran administradas por el Patronato Central para la Redención de Penas por el Trabajo, con el compromiso de que en el momento de la libertad los reos recibirían el total de sus depósitos.

Para el alojamiento de los mineros se construyeron barracones, regidos por una disciplina militar que se encargaban de regular la Guardia Civil y las tropas africanas. Desde allí, los reclusos partían cada mañana para pasar la jornada en la explotación y retornar a la hora del descanso, aunque las condiciones de habitación eran tan lamentables y la alimentación tan mala, que las epidemias de todo tipo se cebaron con sus ocupantes.
Según Sacaluga, las tres estructuras más importantes se habilitaron en los pozos «Fondón», «La Nueva» y «Mosquitera», pero siempre se ha mantenido la duda sobre si existió otra en «El Sotón», un pozo en el que sí trabajaron los presos republicanos durante estos años.
Ahora, en una reciente monografía sobre esta emblemática explotación de San Martín del Rey Aurelio, publicada por el investigador Faustino Suárez Antuña, vicepresidente de la asociación de arqueología industrial INCUNA, se aportan los datos que pueden poner punto final a esta polémica.
Según el autor, las instalaciones que en alguna ocasión se han interpretado como barracones para los presos se corresponden en realidad con una medida pionera de la S.M. Duro Felguera para captar mano de obra joven, ofreciendo alojamiento y manutención al lado de la mina en una colonia residencial destinada a los trabajadores solteros.
Faustino Suárez ha determinado que el gran edificio, formado por un cuerpo central cercano a los cien metros de longitud y varios brazos más pequeños perpendiculares, se construyó entre 1938 y 1947. Una buena obra que no se corresponde con lo habitual en los barracones para presos y que por su calidad acabó albergando a mediados de la década de los 60 a las oficinas de la empresa.
El autor atribuye el origen de la confusión al error cometido por José Barreiro en una carta dirigida a Rodolfo Llopis y Pascual Tomás, cuando eran respectivamente secretarios del PSOE y la UGT, en la que les proporcionaba una relación de las colonias penitenciarias de Asturias y León, incluyendo una en el pozo «San Luís», en el concejo de San Martín del Rey Aurelio. Como vemos, el político se equivocó al ubicar esta explotación, confundiéndola seguramente con el pozo «San Mamés», donde sí había un establecimiento penitenciario.
El investigador aporta también la interesante información de que tras la liberación de Francia, durante la II Guerra Mundial, «El Sotón» sirvió de alojamiento a un grupo de soldados alemanes y centroeuropeos protegidos por el gobierno español de la época, aunque estos nunca llegaron a trabajar en la mina, por lo que resulta más difícil que -tanto por su nacionalidad como por esta circunstancia- se hayan podido confundir con presos republicanos.
No cabe duda de que el estudio que Faustino Suárez Antuña ha llevado hasta donde ha podido, a pesar de la dificultad que supone la cerrazón de los archivos de la empresa HUNOSA ante este tipo de investigaciones, nos aclara casi definitivamente esta cuestión. La confirmación definitiva tendría que venir de los testigos que aún viven y pueden contar como trabajaron allí, aunque es casi seguro que los hombres que dejaron sus mejores años trabajando en «El Sotón» como esclavos del Régimen y de la empresa Duro Felguera, que se benefició de su afinidad con él, se desplazaban diariamente desde otra colonia próxima, que tal vez era la de «El Fondón».
Allí, desde el mes de noviembre de 2008 un monumento recuerda a aquellos penados que trabajaron en grupos de entre 85 y 91 hombres, desde su apertura en enero de 1940, hasta 1959 en que dejó de funcionar.
En cuanto a la evolución de las colonias penitenciarias durante el primer franquismo, a partir de los años 50 casi todas tuvieron la misma historia, transformándose poco a poco en instalaciones para los trabajadores que fueron llegando libremente desde otras regiones para sustituir a los penados y que no contaban con otro tipo de residencia. Su gran tamaño y la proximidad a las explotaciones las convirtieron en albergues idóneos para los más jóvenes. Se había pasado página.

FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR