22 de febrero de 2013

Gregorio López Bravo, visitó el Pozo Polio en 1964

Un ministro en apuros.

La accidentada visita de Gregorio López Bravo, titular de Industria durante el régimen franquista, al pozo Polio en 1964 y cómo se relató a través de la prensa de entonces

http://www.lne.es.
Hace pocos años Estados Unidos desclasificó los documentos secretos elaborados por su embajada española en el periodo franquista. Entre ellos se encontraban los correspondientes a la llamada los «Lópeces» -Laureano López Rodó y Gregorio López Bravo-, miembros de lo que entonces se conocía como una familia política, ya que los partidos y tendencias estaban prohibidos por el Régimen. Los dos eran además miembros del Opus Dei, una organización ultra-religiosa, que aún sigue luchando por mantener su poder en el nutritivo espacio del integrismo católico que le disputan ahora otras corrientes más modernas en la forma, pero con su mismo fondo.

Los «Lópeces» eran considerados tecnócratas, un término que también ha vuelto a tomar actualidad y que identifica a aquellos políticos que se guían por su formación técnica en vez de seguir una ideología. Eso fue precisamente lo que convenció a Francisco Franco para dejar en sus manos el área económica de los gobiernos desde el Plan de Estabilización de 1959 cuando la Falange se convirtió en un estorbo ante la necesidad de abrirse al exterior y la imagen de España tuvo que cambiar los bigotillos de posguerra y las camisas azules por la raya en el pelo y los trajes cruzados.

Y en esto de la elegancia López-Bravo resultaba un maestro. «Lolo», como le llamaban los más cercanos, andaba siempre impecable y tenía un estética muy parecida a la que lució años después Adolfo Suárez con tan buenos resultados; además, según los americanos, era «un maestro en el dominio de los engaños políticos, incluido el uso de las generalizaciones fáciles» y tenía «la capacidad de llegar lejos con declaraciones contradictorias, adaptando su discurso para satisfacer a su audiencia en cada momento».

En 1962, cuando aún había cumplido los 40 años, fue nombrado Ministro de Industria y se propuso conocer de cerca los principales focos industriales del país para proceder a su modernización y lavar la cara a las relaciones de producción para ponerlas al nivel que exigía el neocapitalista internacional. Así se hizo inevitable su presencia en las cuencas mineras asturianas.

En el programa de actos que diseñaron las autoridades regionales para la visita prevista en octubre de 1964 el plato fuerte fue el Pozo Polio, el preferido por el Consejo de Administración de Fábrica de Mieres, que había decidido su explotación cuando las capas de la histórica Baltasara empezaron a evidenciar su agotamiento. Hasta allí se desplazó el distinguido y eficaz ministro acompañado de los próceres del momento.
 http://lugares-con-historia.blogspot.com.es. El Pozo polio perteneció a la Antigua Fábrica de Mieres, posteriormente, tras la creación de HUNOSA paso a pertenecer a la compañía  de capital público (en su mayoría) en 1967. Permaneció en servicio hasta principios de los años noventa cuando la reconversión cerró la mayoría de los pozos de la zona.

En Polio se había empezado a trabajar en julio de 1962, primero con el método tradicional de tajos escalonados y martillo picador, aunque desde febrero de aquel 1964 se había introducido un sistema moderno de mecanización con ariete que convivía con el antiguo, una combinación con la que un trienio más tarde se iba a alcanzar una producción anual de 370.000 toneladas. Era por lo tanto una especie de pozo modelo de ejemplificaba lo que el Régimen andaba buscando.

Su historia ilustraba a la vez un esfuerzo que debía ser reconocido por todos. El proyecto inicial incluía la profundización de un pozo maestro dedicado a la extracción del mineral y otro auxiliar, a 35 metros de distancia, pensado para recibir los materiales y rellenos necesarios para completar las labores, ambos debían alcanzar una hondura de 606 metros y albergar 9 plantas y fueron equipados con las técnicas más avanzadas del momento.

La profundización, iniciada en noviembre de 1954, se había tenido que paralizar unos meses por su alto coste y las dificultades del suelo, pero finalmente se logró concluir y junto al pozo se levantó también todo el conjunto de instalaciones complementarias que necesitan las minas: talleres, cuartos de aseo, salas para compresores, plazas para el depósito de materiales?

Se trabajó duro para que el día de la visita todo saliese perfectamente, pero parece que la mala suerte se conjugó para que no fuese así. Aquella mañana, y sin que en principio estuviese relacionado con aquel acto, el relevo no entró a trabajar, parando por sorpresa como venía ocurriendo frecuentemente en aquel año, especialmente convulso y caracterizado por una conflictividad inusual.

A pesar de ello, el programa se mantuvo y el Ministro de Industria llegó hasta el valle acompañado por el Director de Minas, el Presidente del Consejo de Fábrica de Mieres y un nutrido séquito. Se hicieron la foto de rigor esperando la jaula y luego descendieron airosos, para encontrarse con la sorpresa de que a la hora de la salida se les dijo que no podían hacerlo. Hubo un momento de confusión ante la posibilidad de que el bloqueo obedeciese a una acción de los huelguistas, pero pronto se aclaró que lo sucedido se debía a una avería de la máquina de extracción.

Después de más de media hora de espera y tensión, los visitantes volvieron a ver la luz de la superficie y la comitiva abandonó apresuradamente el lugar, ya que don Gregorio aún tenía que cumplir con otros compromisos en las Cuencas Mineras. El 10 de octubre, el semanario Comarca informaba de la visita en su portada, aunque siguiendo la norma de aquellos años, lo hizo evitando cualquier referencia al episodio de la avería y por supuesto sin mencionar la huelga:

«Son muy sintomáticas y halagüeñas las recientes y frecuentes visitas ministeriales a nuestra región. El miércoles estuvo en nuestra villa el señor López Bravo, con el gobernador civil y jefe provincial, los señores Posada Cacho, Targhetta Arriola, Arroyo Arroyo, delegados provinciales de Trabajo y de Sindicatos, jefe de la Jefatura del Distrito Minero y otras jerarquías. Se dirigieron a la explotación de Polio donde fueron recibidos por el señor Loring, presidente del Consejo de Fábrica. También estaba allí el alcalde de Mieres y los jefes del grupo minero. En unión de las autoridades y personal de empresa bajó al pozo hasta la tercera planta, enterándose del sistema de trabajo, rendimientos y condiciones de la mina. Una vez terminada la visita al interior, el señor ministro se reunió con el Jurado de Empresa con el que sostuvo una cordial y prolongada entrevista, escuchando a los productores con visible interés y cariño sobre diferentes cuestiones. El ministro de Industria y acompañantes siguieron luego viaje para visitar asimismo las instalaciones de Hulleras de Veguín-Olloniego?».

Es imposible no reparar en el lenguaje que se emplea en el último párrafo para referirse a los términos del encuentro. En primer lugar, el político se entrevista con los «productores», un eufemismo que evita utilizar palabras tan subversivas como obreros o trabajadores, pero lo más llamativo es el recurso al cariño. Es difícil imaginar ahora un titular en el que se diga que el Ministro de Trabajo ha recibido con cariño a los líderes sindicales, o que un empresario ha escuchado cariñosamente las reivindicaciones de sus empleados, ya ven como hemos cambiado.

En la Montaña Central hubo quien achacó el incidente del Pozo Polio a la fatalidad que en alguna ocasión acompañaba a Gregorio López Bravo. Lo cierto es que si analizamos el resto de su carrera, sí parece que tuvo cierto gafe y que este le siguió hasta la muerte. Dentro del estrecho margen que consentía el Régimen, mantuvo siempre sus opiniones. Se opuso a las posturas radicales del Almirante Carrero Blanco, quien seguramente hubiese sucedido al dictador de no haber volado por los aires en diciembre de 1973, e incluso sugirió a Franco el indulto por el proceso de Burgos, posibilidad que este rechazó ante el temor de que pudiese interpretarse como una debilidad.

En 1969, su gobierno resultó afectado por el escándalo Matesa, pionero en la corrupción endémica que vivimos hoy, pero pudo salir sin mancha y cambió su ministerio por el de Asuntos Exteriores consiguiendo mejorar las relaciones de España con la Unión Soviética.

Con la llegada de la democracia figuró en la terna que se propuso al Rey para elegir presidente del Gobierno, junto a Federico Silva y Adolfo Suárez, siendo desbancado por este último, con el que ya había tenido enfrentamientos personales; también fue diputado por Alianza Popular hasta que renunció al escaño como protesta por la entrada en vigor de la Constitución. Finalmente, el 19 de febrero de 1985 el vuelo 610 de Iberia en el que viajaba, se estrelló contra una antena de televisión en el monte Oiz, cerca de Bilbao, cuando efectuaba la maniobra de aterrizaje y su cadáver nunca se pudo identificar.

Por su parte el Pozo Polio se integró en junio de 1967, junto al resto de las minas de Fábrica de Mieres, en la flamante Hulleras del Norte S.A. (Hunosa) y tras una larga agonía también pasó al descanso eterno a finales de 1992. En este caso sí sabemos donde están sus restos, aunque algunos darían cualquier cosa para que su recuerdo y el de la historia del carbón asturiano se enterrasen definitivamente.
 Ilustración de: Alfonso Zapico

FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR
_____________________________________________________ 

http://es.wikipedia.org.

 
 Gregorio López-Bravo

Biografía

Hijo de Consuelo de Castro, y de López-Bravo Atienza. Estudió en el Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid convirtiéndose más tarde en ingeniero naval, estaba casado con María Ángeles Velasco, y era miembro supernumerario del Opus Dei.

Carrera política

En 1959 inició su actividad política como director general en el Ministerio de Comercio. Tal y como había dispuesto el general Franco en la década de los 50 para favorecer la apertura del régimen al exterior, se opuso a la política económica de Falange Española de mantener la autarquía, formando parte del equipo de los llamados tecnócratas.
En 1962 formando parte del IX Gobierno nacional de España (1962-1965) durante la dictadura franquista, fue nombrado Ministro de Industria, aplicando medidas de expansión y desarrollo económico. En 1969 fue cesado para pasar a ser Ministro de Asuntos Exteriores, siendo continuador de la labor llevada a cabo por su antecesor, Fernando María de Castiella Maíz. En su labor al frente del ministerio trató de aproximar las relaciones entre España y los países del este de Europa, en especial la Unión Soviética, con la que no existían relaciones diplomáticas, consiguiendo la apertura de oficinas comerciales permanentes de ambos países en Moscú y Madrid respectivamente, pero se opuso a establecer relaciones con Israel. Fue relevado del ministerio durante las conversaciones con el Reino Unido sobre la soberanía de Gibraltar al no obtener avance alguno en la materia después de haber permitido que en la reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1973 no se tratase la cuestión.
Después de la muerte del dictador, fue elegido diputado por Madrid en el Congreso de los Diputados al Congreso por Alianza Popular desde 1977 al 29 de diciembre de 1978 en que renunció al escaño como protesta por la entrada en vigor ese mismo día de la Constitución Española. Cabe destacar que, tras la dimisión de Carlos Arias Navarro, el Rey debía nombrar al sucesor de entre una terna de aspirantes, en la cual estaban el propio Gregorio López-Bravo, Federico Silva y Adolfo Suárez, quien, finalmente, sería elegido.

Fallecimiento

Murió el 19 de febrero de 1985 en el accidente aéreo del vuelo 610 de Iberia, que se estelló cerca de Bilbao. El avión en el que viajaba se estrelló al chocar contra una antena de televisión en el monte Oiz, cuando efectuaba la maniobra de aterrizaje. Su cadáver no pudo ser identificado.

                                         
                                  FICHA
Gregorio López-Bravo

COA Spain 1945 1977.svg
Ministro de Industria de España
1962 – 1969
Presidente Francisco Franco
Predecesor Joaquín Planell Riera
Sucesor José María López de Letona

COA Spain 1945 1977.svg
Ministro de Asuntos Exteriores de España
1969 – 1973
Presidente Francisco Franco
Predecesor Fernando María de Castiella Maíz
Sucesor Laureano López Rodó

Datos personales
Nacimiento 29 de diciembre de 1923
Madrid, España Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg
Fallecimiento 19 de febrero de 1985 (61 años)
Bilbao, España Flag of Spain.svg España
Partido FET y de las JONS
Ocupación político
Religión Católico

18 de febrero de 2013

Rosario de Acuña y Villanueva.

Hipatia en el recuerdo

En mayo de 1923 fallecía en su casa de El Cervigón Rosario de Acuña y Villanueva.






El día 5 de mayo del año 1923 fallecía en su casa de El Cervigón Rosario de Acuña y Villanueva. Una traicionera embolia cerebral acabó de manera inesperada con la vida de quien, renunciando a los privilegios que su distinguido origen le tenía reservados, prefirió caminar con valeroso entusiasmo por la intrincada senda de la «verdad y la libertad», por más que tal decisión le acarreara todo tipo de penalidades.
Nacida el primero de noviembre de 1850 en el seno de una distinguida familia que hundía sus orígenes en las raíces de los Grandes de España, sus primeras décadas de vida debieron semejarse bastante a las de aquellas jovencitas de la burguesía madrileña que la novela realista tan bien nos ha retratado: una vida cómoda salpicada por fiestas, teatro, viajes, modas... y ¡poesía!, para la que la señorita de Acuña parece estar especialmente capacitada, a tenor de los parabienes que reciben algunas de sus obras.
En 1876 su vida parece felizmente encarrilada: en febrero alcanza un clamoroso éxito con el estreno de «Rienzi el tribuno», su primera obra dramática; y en abril se casa con el capitán de Infantería Rafael de Laiglesia y Auset, con quien a finales de junio se traslada a Zaragoza, donde el matrimonio fijará su nueva residencia. Sin embargo, unos años después Rosario se separa de su marido, se declara librepensadora, ingresa en la masonería y se convierte en una escritora militante. A partir entonces su pluma se convierte en arma demoledora al servicio de la libertad de pensamiento, el racionalismo, la educación laica, el republicanismo o la defensa de los más desfavorecidos. Sus numerosos artículos, publicados en diversos periódicos y revistas, tanto del país como del extranjero, dan cumplido testimonio de su lucha, larga y penosa lucha, contra el fanatismo, el fundamentalismo religioso y la postergación social a la que está sometida la mujer.
El cambio de rumbo en la vida de Rosario de Acuña se produjo a mediados de la década de los ochenta, cuando su vida mediaba la treintena. Fue entonces cuando ingresó en la logia Constante Alona de Alicante y cuando, puesta a buscar un nombre simbólico, dio con Hipatia, filósofa griega que, tras algún tiempo explicando a Platón y a Aristóteles en la escuela que abrió en Alejandría, murió lapidada en los albores del siglo V por las huestes del fanatismo hábilmente incitadas por algunos de los monjes del lugar. Todo un símbolo al que nuestra escritora convierte en protagonista de la obra que con el escueto título de «Hipatia» publica en 1886. Dada la importancia de la misma y comoquiera que desde entonces no ha vuelto a ser reeditada , me parece interesante recuperar en fecha tan señalada un fragmento de la misma:
«Y sonó en el reloj de los tiempos tu último minuto; a tu alrededor se revolvía la muchedumbre embriagada por las sugestiones de Cirilo, el primero, sino el mayor de tus enemigos; el pueblo había olfateado la sangre, ¡sangre de joven y de sabio! ¡para qué necesitaba más! Por si acaso desmayabas allí estarían los vicarios de Roma, los primeros frailes católicos, el trono de aquella raza de inquisidores que se abotargaban con el calor de la carne humana churruscada en el quemadero; allí estaban, empuñando la cruz por arena, para excitar el irresponsable vulgo: un grito, cualquiera, el de "¡hereje!" "¡ramera!" o "¡bruja!" ¿qué más da? el grito que tienen siempre en los labios los herejes, las rameras y las brujas surgió de entre las masas y encendió el reguero de ideas de muerte en aquellos pensamientos entenebrecidos; los corceles de tu carro, con la nobleza instintiva, pero grande, que imprime la naturaleza, se encabritaron entre sus arreos; con las crines erizadas y el fuego del espanto escapándose de su boca hicieron la protesta al desafuero, pero cien jarras cayendo sobre sus cervices humillaron su impulso generoso e independiente: una mano osada te retorció la muñeca en que liabas las riendas; lo demás todo fue hecho como hacen las fieras sus festines, a zarpazos. ¡Aquella belleza escultural de tu hermoso cuerpo no te sirvió de nada! Si hubieras sido meretriz impura, vendedora de tu carne al mejor postor, entonces, acaso al hallarte desnuda habrían sentido un instinto de lástima tus impíos verdugos; pero no lo eras; no podía realizarse en ti el juicio de Iriné; no eras la hembra que, bien sea gran señora o hija del pueblo, necesita de la multiplicidad del varón para descansar reposada; no eras la cortesana reconocida por el Estado ni la cortesana defendida por un esposo bonachón, la que alternativamente ocupa su lecho entre varios, sin más intervalo que el necesario para tomar el precio de su venta, la una en oro o planta constante, la otra en joyas, suntuosidades, títulos de congregaciones benéficas o blasones por añadidura de su nombre? tú eras la mujer que llora viuda por la muerte o abandono comprobado de su compañero y deja que, al secarse lentamente las lágrimas de sus ojos y el recuerdo de su corazón, renazcan sus sentimientos a la vida; ¡a la vida, a la cual tiene derecho como criatura que es! y torna al amor de su igual sin que nunca se oculte ni mienta; entregándose con el alma, la voluntad, la conciencia, la fe, el entusiasmo; sin que ni en el pensamiento ni en la palabra, ni en la obra, engañe, venda o envilezca.
»Tú sentías; tú pensabas; tú eras algo más que carne y vanidad y por esto al mirarte desnuda no compadeció nadie aquel tu hermosísimo cuerpo. Te arrancaron la última túnica que defendía tu pudor, y fuiste arrastrada a una iglesia cercana; era el templo de los católicos; en aquel recinto se hallaba una divinidad impuesta por el pontificado; allí se adoraba bajo una de las infinitas formas del paganismo, conservado por la naciente secta, el llamado Dios de las misericordias; allí se reunían sus adeptos para escuchar lo que decían, era la base de su doctrina: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (hasta el presente no se sabe que Dios dijese que prójimo era sólo el católico).

»A aquel santo, misericordioso y fraternal lugar fue elevada Hipatia; sus desgarradas carnes, cruelmente arrastradas por los sayones de Cirilo dejaron ancho reguero de humeante sangre sobre las losas del templo y mientras la lámpara chisporroteaba delante del ara, y mientras el Cristo, irrisoriamente colocado allí por los descendientes de los que le crucificaron, extendía sus brazos en actitud de infinita piedad, uno de aquellos monstruosos felinos, cuyas uñas se hallaban enrojecidas por los despojos de la mártir, levantando la maza sobre su inteligente cabeza hizo saltar en pedazos aquel cráneo en el que la naturaleza había acumulado las maravillas de su poder organizándolo para emitir el divino fulgor de la sabiduría.
»Ya estaba Hipatia muerta; ya nada podía brotar de aquel tronco informe que, esperando su turno en el recinto de las transformaciones, llevaría miles de átomos al remolino eterno e inextinguible de la vida, para hacerlos palpitar, con igual potencia, en el mar, en la roca, en el árbol, en la nube, en la nebulosa; ya nada podían temer aquellos hombres de aquel cadáver que empezaría pronto a circular en la corriente de lo inorgánico y, sin embargo, sus instintos de fiera no estaban satisfechos: una cosa inexplicable les anunciaba que en Hipatia había algo que no moriría, algo de eterno, de inextinguible, de impalpable, de superior a ellos y a los mismo restos que estrujaban entre sus manos, y aguijoneados por esto, que pudiéramos llamar presciencia de la inmortalidad del genio, pretendiendo ¡ilusos! engañarse a sí mismos, imaginaron que cuanto más deshecho quedase el cuerpo, más difícil sería subsistir al alma? ¡el alma! ¡la inteligencia, el verbo latiendo sin cesar, sin cesar renovado en las purísimas fuentes de la verdad! El alma de Hipatia, como el alma de todos los héroes, de todos los sabios y de todos los justos queda unida a la Humanidad, oráculo eterno de la Omnipotencia de Dios, que nos lleva por los espacios infinitos en una inacabable ascensión progresiva. Ella, cuando ya no haya historia, cuando ya no haya resto de nada de lo que fue sobre la Tierra, seguirá subsistiendo, porque en la lucha por la vida hizo prevalecer el espíritu de la verdad, sufriendo los mayores dolores para defenderla, y al participar de ella consagrándola con su martirio, se hizo como ella, eterna en las leyes universales? La rabia con que sus verdugos la descuartizaron indicaba lo seguro de su gloria, lo cierto de su inmortalidad: todo les parecía poco; cuando ya no quedaron de los desmenuzados miembros más que leves partículas; cuando sus huesos blanqueaban, raídos con verdadera ferocidad por los servidores de Cirilo, encendieron la consumidora hoguera, y allí, en las llamas ardientes, avivadas con todos los rencores de que es capaz el hombre cuando se empeña en imitar a la tierra, se tornaron cenizas los inanimados restos del último filósofo de Alejandría.
»Con ella pereció la ciencia, y desde entonces sonó la hora de la decadencia para la filosofía griega que en aquellos tiempos representaba la lucha por la libertad de pensamiento: éste se encontró aherrojado por los corifeos de Roma, que, al destrozar a Hipatia, había derruido el último y más firme campeón de la autonomía de conciencia; ya no, no se debía pensar de otro modo que el impuesto por la autoridad eclesiástica: la verdad no era patrimonio del hombre, sino de unos cuantos hombres, y, fuera de lo que ellos dijeran, nada era cierto, nada era seguro, ni posible, ni siquiera probable. A contar desde entonces todas las obras de las bibliotecas alejandrinas, caudal inmenso del saber, tesoro inapreciable para el mejoramiento de la especie humana fueron dispersadas, con un resto del encarnizamiento sentido hacia Hipatia, y el crimen de los siglos quedó consumado. Una casta cruel y despótica, apoyándose en todas las pasiones bastardas; dominando con el terror al ignorante pueblo; comprando con el oro a los magnates; tranquilizando con indulgencia a los malvados; encubridora de todo cuanto la producía beneficios, y valiéndose de los seres enfermos como reclamos para la santidad y beatitud de sus fines, comenzó su tiranía reinando sobre una parte de Europa, retardando todo progreso, infeccionando toda verdad, oscureciendo toda dicha y reclutando en sus filas como grueso ejército, a las almas abyectas que, habiendo perdido la esperanza de redimirse en la tierra, se acogen a sus banderas creyendo que así les será más fácil redimirse en el cielo. El catolicismo clavó su puñal en el corazón de Alejandría, y el mundo antiguo, al derruirse con la pesadumbre de su fanatismo, dejó tras de sí, como el postrer destello de sus magníficos esplendores, el nombre excelso de Hipatia».
FUENTE:  MACRINO FERNÁNDEZ RIERA 
________________________________________________
http://mujerdelmediterraneo.blogspot.com.es

Rosario de Acuña y Villanueva (Madrid, 1 de noviembre de 1850 - Gijón, Asturias, 5 de mayo de 1923) fue una escritora y publicista española.

Rosario de Acuña es una escritora en cuyos trabajos se advierte un militante y vanguardista pensamiento feminista, sorprendente dada la época y, por tanto, polémico, que, junto con sus convicciones republicanas y su apasionada defensa de la libertad y el humanismo, le iban a ocasionar graves contratiempos a lo largo de su vida.
Nacida en el seno de una familia acomodada, Rosario de Acuña, hija de Felipe de Acuña y Solís y de Dolores Villanueva y Elices, recibe una educación amplia, muy cuidada y esmerada, siendo la suya una formación familiar y autodidacta, tutelada por su padre.
Muy pronto se despierta en ella la vocación literaria y empieza a escribir versos. Su primera colaboración aparece en 1874, en una revista popular y de gran difusión, La Ilustración Española y Americana. En febrero de 1876 se estrena en el Teatro del Circo de Madrid su primera obra de teatro, Rienzi el tribuno, que obtiene un éxito clamoroso y la da a conocer al gran público. Esta pieza, que era una llamada a la libertad en un momento poco propicio para ello, llama mucho la atención y merece el interés de la prensa de la época y el elogio de críticos tan acerados como Clarín.
Rosario de Acuña decide vivir en Pinto (Madrid) donde construye una casa "Villa-Nueva". Dos meses después de su brillante estreno teatral, contrae matrimonio con un joven de la clase media-alta madrileña, el teniente de Infantería Rafael de Laiglesia y Auset. Antes de terminar el año el matrimonio se instala en Zaragoza, ciudad a la que es destinado el militar. La relación no le proporciona la felicidad deseada, por la infidelidad del marido, por lo que se refugia en la escritura, estrenando otros dos dramas, Tribunales de Venganza y Amor a la Patria, a los que sigue una obra de gran belleza, La Siesta (1882). A partir de 1884 la separación del matrimonio es un hecho. Además, en 1901 enviudará.
Que Rosario de Acuña fue una mujer adelantada a su época lo demuestra su intervención en el Ateneo de Madrid, cuyas tribunas nunca habían estado abiertas a las féminas. En la primavera de 1884 protagoniza una velada poética que también fue controvertida.
Por entonces ya es una escritora muy conocida, con abundante obra publicada (prosa, teatro, lírica) y asiduas colaboraciones en los principales diarios ( El Imparcial, El Liberal... y revistas españolas ( Revista Contemporánea, España...).
También hay un progresivo acercamiento suyo a los sectores sociales y culturales que apoyan los republicanos y más afines al libre pensamiento que, en aquel tiempo, defendía la separación de la Iglesia y el Estado.
La polémica que rodea a Rosario de Acuña la alimenta ahora (1886) su iniciación en una logia de adopción masónica, la Constante Alona de Alicante, con el nombre simbólico de Hipatia, que nunca abandonará pues en la firma de escritos suyos va a aparecer solo o junto a su verdadero nombre. Entre 1886 y 1890 su vida es muy agitada: viaja, conoce gente, propaga los ideales de la masonería, se prodiga en recitales y discursos por Galicia, Asturias, Andalucía, el Levante...
En 1891 estrena en el teatro madrileño de La Alhambra otro de sus grandes dramas, «El padre Juan», pieza en tres actos que la convierte en una mujer de teatro tal como se entiende en la actualidad, pues se encarga de la producción, los escenarios y el vestuario, alquila el teatro, dirige la obra, y es la autora del texto y de la puesta en escena. Se trata de un obra anticlerical que, aunque levanta ampollas en la sociedad conservadora, obtiene un rotundo éxito de público. Pero a pesar de haber superado la censura previa y contar con el permiso pertinente, el gobernador de Madrid la prohíbe. La suspensión casi la lleva a la ruina.
Este duro revés le reafirma en su defensa de la emancipación de la mujer y le lleva a viajar por Europa. Al regresar deja Madrid y, en compañía de Carlos Lamo Jiménez —un joven que había conocido en Madrid en 1886 y que nunca la abandonará— y la hermana de éste, Regina, va a vivir a Cueto (Cantabria), donde hace realidad uno de sus sueños: montar una granja avícola. Rosario de Acuña, profunda conocedora del campo y de la naturaleza, llega a convertirse en una experta en avicultura, hasta el punto de acudir a la primera Exposición de Avicultura celebrada en Madrid en 1902 con una colección de artículos publicados en el diario El Cantábrico de Santander y lograr una medalla por su labor de difusión de la industria avícola.
En 1909 comienza la construcción de su solitaria y humilde casa en La Providencia (Gijón), sobre un acantilado, donde vivirá hasta su fallecimiento, después de que los dueños de la finca en que había montado la granja, sometidos sin duda a presiones, le rescindieran el contrato. En la decisión de fijar su residencia en la villa de Jovellanos son decisivos los ruegos en tal sentido de los directivos del Ateneo-Casino Obrero de Gijón.
En 1911 se traslada a vivir a su nueva casa. Pero la polémica vuelve a llamar a su puerta. Esta vez viene de la mano de «La jarca de la Universidad»un artículo que le envía a Luis Bonafoux, editor del periódico francés El Internacional de París, en el que muestra su indignación y utiliza la ironía para criticar los insultos de un grupo de estudiantes a universitarias extranjeras en Madrid, artículo que, reproducido también en El Progreso de Barcelona, causa un gran escándalo y motiva, incluso, una huelga de estudiantes que tiene un masivo seguimiento. Tal y como se ponen las cosas y ante la perspectiva de ir a la cárcel, Rosario de Acuña opta por huir a Portugal. Dos años después, en 1913, regresa del exilio con el gobierno liberal del conde de Romanones. A su vuelta a Gijón se convierte en un icono.
Fallece en su casa de La Providencia el 5 de mayo de 1923, siendo enterrada en el cementerio civil de Gijón. La manifestación de duelo fue extraordinaria.
Lo que algunas personas dijeron de ella:
Ella ha abordado todos los géneros de la literatura, la tragedia, el drama histórico, la poesía lírica, el cuento, la novela corta, el episodio, la biografía, el pequeño poema, el artículo filosófico, político y social, y la propaganda revolucionaria.
Benito Pérez Galdós
Dichosa usted, señora, que puede brillar entre los hombres por su talento, y entre las mujeres buenas por su bondad. Natural es, por consiguiente, que merecer el afecto de usted, alegre y envanezca a su respetuoso y apasionado amigo y servidor
Manuel Tamayo y Bauss
Articulo que casi la lleva a la carcel y la obligo a huir  a Portugal :http://www.telecable.es/personales/mfrie1/obras/articulos/jarca.htm

Obras
«Un ramo de violetas» (1873)
«En las orillas del mar» (1874)
«La vuelta de una golondrina» (1875)
«Rienzi el tribuno» (1876)
«Ecos del alma. Poesías» (1876)
«Amor a la patria» (1877)
«Morirse a tiempo. Ensayo de un pequeño poema imitación de Campoamor» (1879)
«Tribunales de venganza» (1880)
«Tiempo perdido» (1881)
«Influencia de la vida del campo en la familia» (1882)
«El lujo en los pueblos rurales» (1882)
«La siesta» (1882)
«Sentir y pensar» (1884)
«Un certamen de insectos» (1888)
«La casa de muñecas» (1888)
«El crimen de la calle de Fuencarral» (1888)
«Discurso leído en el Ateneo-Casino Obrero de Gijón la noche del 15 de septiembre de 1888
«Discurso pronunciado en el Acto de la Instalación de la Logia femenina Hijas del Progreso» (1889)
«El padre Juan» (1891)
«La voz de la patria» (1893)
«La higiene en la familia obrera» (1902)
«Avicultura» (1902)
«El ateísmo en las escuelas neutras» (1911)
«Cosas mías» (1917)
Algunas obras más...
http://www.rtve.es/alacarta/videos/mujeres-en-la-historia/mujeres-historia-rosario-acuna/83528
http://centros5.pntic.mec.es/rosariod/
http://www.asturmason.es/v1/index.php?option=content&pcontent=1&task=view&id=22&Itemid=57
http://www.escritoras.com/escritoras/escritora.php?i=2
http://www.rtve.es/alacarta/videos/mujeres-en-la-historia/mujeres-historia-rosario-acuna/835285/
http://es.wikipedia.org/wiki/Rosario_de_Acu%C3%B1a

17 de febrero de 2013

Maximiano Valdés "ovetense de adopción"

Notas para la historia de Oviedo

El director chileno, ovetense de adopción y devoción, dirigió la OSPA ante Benedicto XVI

Hay dos formas de ser de una ciudad, o por nacimiento, aunque en este caso se puede dejar de serlo en lo sentimental, aunque no en lo oficial, o por adopción, propia o ajena. Puede ser el individuo el que acoge a la ciudad o la ciudad la que acoge al individuo. Este caso está regulado por ese título pomposo, por lo de la pompa del acto no por un nombramiento tan lleno de contenido, de hijo adoptivo. Pero los tiempos los marca el corazón, de la urbe y de la persona.

Sobre esta premisa se sustenta la afirmación de que Maximiano Valdés Soublette es ovetense, porque sus vivencias de 16 años en la ciudad lo han marcado en lo personal y en lo profesional y los ovetenses lo consideran un vecino más al que agradecer muchos momentos, sensaciones y sentimientos.


Cierto. Nació en Chile, pero su paso por la dirección de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) lo hizo no sólo ovetense, sino que se convirtió en un asturiano convencido y militante. El año pasado dejó la orquesta asturiana para dirigir la Sinfónica de Puerto Rico.

Valdés llegó a Oviedo un día de niebla. Se instaló en el Reconquista y al día siguiente lo citaron en el Conservatorio. No sabía dónde quedaba, así que siguió por la calle a una chica que llevaba un chelo. Al llegar a la Corrada del Obispo se encontró a siete punkis sentados en el suelo. Había llegado a su destino y por delante quedaban muchos años de trabajo, de noches sin dormir.

Llegaba a una ciudad que, como él mismo dice, «es muy musical» y es también una de las más antiguas de Europa, algo importante para un americano que estudió en Roma. Esa relación no se ha roto nunca y el pasado sábado dirigía de nuevo a la OSPA, más de un año después de su salida de la orquesta, ante el Papa Benedicto XVI, un sueño que siempre tuvo, dirigir en la Sala Nervi del Vaticano. Vive en Puerto Rico, pero nada de lo asturiano le es ajeno. En los últimos tiempos está seriamente preocupado por la situación política regional y cómo puede afectar a la OSPA, una institución por la que siempre ha dicho que se debe apostar, y mucho, desde las instituciones, por ejemplo, con la selección de un buen maestro titular.

En el trato corto Max Valdés es un hombre reservado, «hasta que coge confianza», dicen. A partir de ahí, cuando se encuentra cómodo, es uno de los mejores conversadores con los que se puede disertar. Las dos características principales de su carácter, el perfeccionismo extremo y su amplia cultura, se despliegan en charlas que aportan a su interlocutor infinidad de datos, de opiniones y hasta de sensaciones. Porque Max Valdés es un experto en transmitir sensaciones con la batuta, pero también con la palabra.

Su historia personal se inicia en su Chile natal, en una familia muy acomodada. Su padre, fallecido recientemente, Gabriel Valdés Subercaseaux, fue presidente del Senado chileno, y su madre, Sylvia Soublette, es una excelente compositora, cantante e instrumentista que ha sido, además, uno de los pilares más importantes para el desarrollo de la cultura musical en su país. De esas partituras extrajo Max Valdés todo lo que le ha hecho ser un gran director, que el sábado logró que la OSPA fuese la primera orquesta española en tocar ante el Papa. Un concierto que sumará a otros para recordar, como cuando dirigió una memorable «Novena sinfonía» de Beethoven para inaugurar la presidencia de Patricio Aylwin, un hecho que ponía fin a 16 años de oscura dictadura militar en Chile. Una nota más en la historia personal de Max Valdés, una historia que tiene a Oviedo como protagonista de uno de sus capítulos más importantes, fructíferos y prolongados en el tiempo.


 Ilustración de: Pablo garcia

FUENTE:  DAVID ORIHUELA
____________________________________________________

SEMBLANZA: MAXIMIANO VALDÉS SOUBLETTE

7 de junio de 2010  http://www.codalario.com
 
La Voz de Asturias (Lunes/7/6/10)
A pesar del tiempo que Max Valdés lleva establecido en Asturias, su perfil biográfico apenas  ha trascendido. Pocas personas sabrán, por ejemplo,  que su madre, Sylvia  Soublette, es una reconocida compositora (que estudió en París con Messiaen y Milhaud), cantante e instrumentista chilena, que ha desarrollado una importante labor en la cultura musical del país; o que su padre, Gabriel Valdés Subercaseaux, fue un influyente político chileno que llegó a ser Presidente del Senado; o incluso que uno de sus dos hermanos (también está su hermana María Gracia), Juan Gabriel Valdés, que trabajó como Ministro de Estado durante la presidencia de Eduardo Frei, fue nombrado delegado por la presidenta Michelle Bachelet para liderar la entrega de ayuda humanitaria en Haití, tras el gran terremoto que asoló el país este año.
Maximiano Valdés nace en Santiago de Chile el 17 de junio de 1949, en el contexto de una familia perteneciente a la alta burguesía chilena, cuyo interés por la música ya había dejado una cierta impronta en el país gracias al trabajo desarrollado por su madre. Su  padre, Gabriel Valdés Soublette, abogado de profesión, procede en un primer momento de la derecha conservadora y católica, para posteriormente entrar a formar parte de la primera célula de la democracia cristiana chilena que, junto al presidente Eduardo Frei, da paso una juventud crítica con los movimientos reaccionarios en América Latina. Cuando sus padres se casan, se trasladan a vivir a Francia, donde su madre estudia composición, para luego fundar en Chile el Conjunto de Música Antigua. Este es el momento en el que aparece el pequeño Maximiano, en el que su propia madre percibe, ya desde muy joven, un talento artístico mayor que el de sus hermanos. Es ella quien decide que el niño comience a estudiar música a los 6 años. Tras realizar sus primeros estudios en la Escuela Moderna de Música de Santiago, ofrece su primer concierto público como pianista a los 12, con la Orquesta Filarmónica de Santiago, bajo la dirección de Zoltan Fischer. Durante la adolescencia, quizás bajo la fuerte influencia de su padre, decide dejar la música durante un tiempo para entrar en la universidad, con la intención de estudiar Derecho. La vida política también se convirtió en una tentación que rápidamente se disipó de su campo de interés. Con 20 años, tras la boda de su hermana y la marcha de su hermano fuera del país por estudios, se queda solo en Chile tras haber realizado tres años de Derecho, con un nivel pianístico que no era suficiente para definir  su futuro artístico. Ante la indecisión del joven, su padre decide embarcarle en el carguero de un amigo que hacía la ruta de Chile a Japón, con la intención de que la experiencia del viajar fuese un estímulo para reflexionar sobre su futuro. Max Valdés se embarca 6 meses junto a otros dos amigos, el ex senador Ignacio Pérez Walker y el arquitecto Benjamín Marambio
 
En 1970 pasa una temporada en Japón y, poco después, toman el Transiberiano y atraviesan, en pleno invierno, toda la Unión Soviética. Después llegarían Polonia, Inglaterra, Alemania, Yugoslavia y, finalmente, Italia, donde decide no ser abogado. Ya en Chile, dedica un año al estudio exclusivo de la música y, cuando su padre se desplaza a EE.UU., le acompaña. Dadas sus importantes relaciones sociales, Gabriel Valdés mantenía una gran amistad con la esposa de Leonard Bernstein, lo que posibilita un encuentro entre Max Valdés y el propio Bernstein, quien le aconseja estudiar en la Juilliard School de Nueva York, donde entra como pianista. Más tarde, el propio Bernstein le habla del trabajo Franco Ferrara en Italia, un país que, aparte de contar con algunos familiares, en aquel momento resultaba mucho más atractivo para el joven músico que EE.UU. Viaja a Roma e ingresa en el conservatorio de Santa Cecilia, donde estará 6 años. Allí estudia composición con Goffredo Petrassi, además de piano y violín. De su período en Roma, que concluye en 1977, resulta interesante el estímulo de maestros como Vincenzo Vitale, el propio Franco Ferrara y, naturalmente, Sergiu Celibidache, uno de los directores más influyentes del siglo XX. En 1976 es nombrado director asistente del Teatro La Fenice de Venecia y, al año siguiente, director invitado del Festival de Tanglewood, donde trabaja con Leonard Bernstein y Seiji Ozawa. En 1980 obtiene el primer premio en el Concurso Nicolai Malko para jóvenes directores en Copenhague, el primer premio en el Concurso Vittorio Gui en Florencia y el segundo premio en el concurso para directores organizado por la BBC de Londres y la Fundación Rupert. Después de trabajar en países como Dinamarca, Finlandia o Noruega, conoce a Gelmetti, un importante empresario que le ofrece la oportunidad de dirigir "Orfeo" en la Radio de París, como explica el propio Valdés: "Una semana antes del estreno se me ocurre llamar para confirmar que se tocaría la versión de Viena, y me dicen que no era el "Orfeo" de Gluck sino el "Orfeo en los infiernos" de Offenbach. Contaba con muy poco tiempo y sólo tenía la partitura para piano y voz. Tras el primer acto vinieron dos o tres agentes, a los que les había gustado mi trabajo. Me ofrecieron dirigir en la Ópera de París. ¡Menos mal que no se quedaron al segundo acto!".
 
De esta manera, su carrera da comienzo como director de ópera. Su primer contrato fue el "Romeo y Julieta" de Gounod en la Ópera de París, con Alfredo Kraus como protagonista. "Yo no era muy consciente del privilegio de hacer aquella ópera en el Palais Garnier de París. Alfredo Kraus, que era una gran estrella,  me decía: esto lo hago así, esto otro de la otra manera. Me dirigía él a mí". La Ópera de París le contrata para hacer "Norma", "Don Carlo", "La bohème" o "Carmen", de las que salieron contratos para la Ópera de Roma, Liceo de Barcelona, Venecia, Catania, Bolonia o Palermo. Valdés empezó a ser requerido para el repertorio del bel canto, pero lo que realmente le gustaba era el sinfónico. "Yo debo mucho a España, que es dónde comenzó de verdad mi carrera como director de orquesta". Aquí conoce a Alfonso Aijón, Tomás Marco y Jesús López Cobos, que le proporcionan  la posibilidad de dirigir  a la Orquesta Nacional de España, de la que es principal director invitado desde 1984 hasta 1987. Tras su debut con la ONE llega la Orquesta Sinfónica de Euskadi, que dirige durante tres años y que deja "porque la expansión de mi carrera operática en París no me dejaba mucho tiempo". En 1987 acepta una invitación de Semyon Bychkov para dirigir la Filarmónica de Buffalo e, inmediatamente, vuelve al año siguiente. En 1989 fue nombrado director titular de la Filarmónica de Buffalo, un cargo que mantendría hasta 1998. Con base en Norteamérica, dirige a algunas de las más importantes orquestas de EE. UU. y Canadá, entre las que están las de Chicago, Baltimore, Seattle, San Francisco, Filadelfia e Indianapolis, Toronto y Montreal. "Buffalo me pareció una oportunidad. Bychkov estaba buscando a alguien que le reemplazara y, sin pensármelo dos veces, me fui a EEUU a hacer repertorio sinfónico". Mientras tanto, decide acercarse a Europa. "Quería estar cerca de mis dos hijos: Marco y Mateo". Este es el momento en el que Jessi Levine le invita a  dirigir en Asturias. "Inmaculada Quintanal era la gerente. Me llamó me dijo que este proyecto no se podía hacer en menos de 15 años, cosa que yo nunca creí que pudiese cumplir". En 1994 se traslada a Asturias para comenzar su trabajo al frente de la OSPA. Durante su último concierto como titular de la Filarmónica de Buffalo, en 1998, conoce a Jody Snyder, su actual esposa. "Nos casamos en EE.UU. hace diez años. Ella tenía una empresa de marketing, pero lo dejó todo para venirse conmigo. Me dio muchos ánimos cuando decidí irme de Asturias, y me ayudó a tomar la mejor decisión para mi futuro, que es la Sinfónica de Puerto Rico".  En el 2004 es nombrado director titular de la Orquesta Filarmónica  de Chile y de su Teatro Municipal y, en marzo del 2008, es nombrado director titular de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico.  El 4 de junio de 2010 dirige su último concierto como titular de la OSPA en el Auditorio de Oviedo.
 
Maximiano Valdés ha dirigido, en Francia, a la Orquesta Nacional, Nouvel Philharmonique, Opera de París, Lyon, Burdeos y Estrasburgo; en Inglaterra, la London Symphony, Royan y London Philharmonic y la English Chamber Orchestra; En Polonia, la Orquesta Nacional de la Radio Polaca y la Orquesta Filarmónica de Varsovia. En España, a la Orquesta de la Ciudad de Barcelona, Orquesta de Radio Televisión Española y Sinfónicas de Bilbao, Málaga  y Valencia, entre otras. En chile, la Orquesta Filarmónica. En México, la Orquesta de Xalapa y la Filarmónica ciudad de México. En Caracas, la Orquesta Simón Bolívar y la Sinfónica Nacional. Además, ha realizado grabaciones con las Orquestas Filarmónica y Sinfónica de Londres, la Orquesta Simón Bolívar de Caracas y con la OSPA. Ha dedicado buena parte de su trabajo a estrenar obras contemporáneas de autores como Marco, Halffter, De Pablo, Bernaola, Prieto, Guinjoan, Zulema de la Cruz y Carlos Cruz de Castro, entre otros. 

FUENTE: Aurelio M. Seco

13 de febrero de 2013

San Petersburgo generó en 1905 actos de repulsa en las Cuencas

El eco del «Domingo Sangriento»

La brutal carga del ejército zarista contra una multitud hambrienta de San Petersburgo generó en 1905 actos de repulsa en las Cuencas, donde se gestaba el sentimiento de solidaridad internacional

http://www.lne.es
El 22 de enero de 1905 las tropas de élite del ejército zarista, esos cosacos bigotudos y gritones que solían aparecer en los cuentos de nuestra infancia, cargaron en San Petersburgo contra una multitud hambrienta, congregada frente al Palacio de Invierno con la intención de presentar a Nicolás II un escrito que recogía una lista de peticiones para ayudar a solucionar su miseria. Cuentan los investigadores que en aquellos momentos el soberano se encontraba lejos de la ciudad, pero a pesar de todo -cosas de tener el poder absoluto- no pudo negar la responsabilidad en el baño de sangre que dejó en las calles un número de víctimas que los más optimistas dejan en más de 200 muertos y 800 heridos de todas las edades, cifras que los periodistas de la época elevaron a más de 4.000 entre los dos grupos.
Aquel «Domingo Sangriento» abrió una brecha que ya no se iba a cerrar entre el pueblo ruso y la dinastía gobernante, los Romanov, que culminó en 1918 con la abdicación del zar, el fusilamiento de toda la familia imperial a manos de los bolcheviques en Ekaterimburgo y el nacimiento del primer estado comunista.
En la Montaña Central se siguieron de cerca los acontecimientos rusos porque en el mundo obrero estaba empezando a gestarse aquel sentimiento de solidaridad internacionalista que acabó siendo determinante para el éxito del llamamiento revolucionario de 1934.
Además, ni Rusia ni la familia que la dominaba eran unos desconocidos, ya que se recordaba que María Nikoláyevna Románova, hija del zar de entonces Nicolás I, y hermana de Alejandro II, había aportado en 1872 el 50% del capital para la creación de una sociedad destinada a explotar las minas de carbón y hierro asturianas promovida por los banqueros D'Eichtal, con la participación del duque de Riánsares y en la que habían trabajado muchas familias del Nalón. De modo que para recordar el «Domingo Sangriento» y protestar contra sus consecuencias, se convocaron varios actos que tuvieron una nutrida concurrencia.
En el archivo municipal de Mieres se guarda el panfleto que editó la Agrupación Socialista de Turón llamando a un mitin que debía celebrarse en la localidad a las tres de la tarde del domingo 19 de febrero. En su texto encontramos algunos párrafos que nos resumen la indignación con que se vivió aquel momento:

"Ciudadanos: los crímenes cometidos en las calles de San Petersburgo, nos demuestran cuan humana es la sociedad actual con los indefensos proletarios que reclaman un poco de lo mucho que les pertenece?ancianos, niños, mujeres e indefensos obreros han pagado con su vida, arrebatada de forma traidora por los defensores del Zarismo, años de sufrimiento, de opresión y barbarie, de esclavitud y látigo, de prisiones y torturas, de expatriaciones y deportaciones a temperaturas glaciales, en fin de todo aquello que ha constituido la forma de gobierno brutal y sanguinario del imperio moscovita, de ese imperio blanco como el sudario de la muerte y frío y amoratado como el cuerpo de un ajusticiado».
Quien redactó este pasquín conocía bien la situación rusa. El gran país había crecido en la última década del siglo XIX gracias a la entrada del dinero extranjero que favoreció su industria; en consecuencia y, como sucedió en otros lugares de Europa, muchos campesinos dejaron sus pueblos para atender la demanda de mano de obra que necesitaban las fábricas y se trasladaron en masa a las ciudades. Allí malvivían hacinados, sin derechos y trabajando duramente más de 16 horas para recibir a cambio salarios de miseria: habían cambiado su condición de siervos por otra que se le parecía mucho, donde, por ejemplo, participar en una huelga se castigaba con trabajos forzosos.
La entrada del siglo XX fue aún peor, porque la crisis económica forzó a cerrar muchos talleres, con lo que las calles se llenaron de despedidos que tampoco podían retornar a un campo arruinado por las sequías y anclado en unos sistemas de cultivos medievales. Para colmo de males, la mala política del zar embarcó a su pueblo en una guerra contra Japón, donde se puso en evidencia el atraso de su ejército. La sucesión de derrotas ocasionó una sangría constante de vidas jóvenes y un descontento generalizado, que, sumado al hambre que crecía entre los humildes, había conducido a una protesta generalizada y a los trágicos sucesos de San Petersburgo.
El socialista turonés tampoco se equivocó en sus predicciones sobre el futuro de Rusia: «El zarismo está cadavérico, no tardará en finalizar. Indefensa sangre ha enrojecido las heladas y nevadas calles de la capital rusófila. Las blanquecinas sábanas por motivo de los fusilamientos infames, tomaron el tinte de la bandera roja, bajo la cual se agrupan todos los que desean luchar por establecer el reinado de la paz?».
Por último, la proclama se cerraba con un llamamiento propio de los afanes pacifistas que todavía se defendían en aquel momento: «¡Trabajadores! Descubrámonos ante los fusilados cuerpos de nuestros compañeros los explotados rusos, y gritemos, muy alto para que nuestros tiranos nos oigan: ¡Abajo los asesinos del mundo entero! ¡Viva la paz universal!».
Al otro lado del cordal que separa las Cuencas Mineras, los obreros de Langreo también se agitaban en el mismo sentido y unieron el homenaje a los muertos de San Petersburgo con las demandas habituales que defendían en sus mítines. En el diario «El Noroeste» encontramos el resumen del que se celebró el día 27 de marzo de 1905 en el patio de don Ángel Roces, con una numerosa concurrencia entre la que se encontraban muchas mujeres.
Los primeros en hablar fueron los oradores Perfecto García y José Meneses, pero el discurso más esperado era el de Eduardo Varela, un conocido propagandista de entonces que comenzó su intervención manifestando sus dudas por estar a la altura que demandaban las circunstancias internacionales. Así que para analizar aquellos acontecimientos recurrió a esa muletilla, que cada vez se escucha menos en los políticos y más en los conferenciantes, y que consiste en pedir la benevolencia del público antes de entrar en materia.
Según la información que publicó el cronista del periódico, el activista repasó la historia del movimiento industrial que se estaba desarrollando en Rusia y del estado autócrata que regía aquella nación para detenerse en los grandes literatos que con sus que con sus conocimientos impulsaban a aquel pueblo a la civilización.
«No importa -dijo- que los sicarios del pueblo moscovita hayan ensangrentado las calles del Imperio. El zarismo se tambalea, caerá, caerá irremisiblemente para no volverse a levantar más. La Historia con sus irrefutables hechos así nos lo demuestra; ¿Más no creáis trabajadores que el régimen autócrata ha de ser sustituido por medio de la revolución social, por un régimen igualitario. Eso es hoy por hoy imposible».
Al historiador no deja de sorprenderle el acertado análisis que eran capaces de hacer aquellos hombres sobre una realidad tan lejana y su clarividencia para adivinar un futuro que acabó desarrollándose paso por paso tal y como ellos lo imaginaban, en contraste con la absoluta incertidumbre que hoy se vive sobre la resolución de la crisis que nos ahoga.
Vean como siguió su discurso y sorpréndanse: "La misma burguesía que hoy lucha al lado de los obreros se encargará de impedirlo, así pues, esto no es más que un preludio de lo que ocurrirá cuando la clase trabajadora, suficientemente organizada, tenga fuerza bastante para acabar con todos los regímenes de las injusticias existentes".
Luego puso punto final a este capítulo con otras consideraciones sobre la figura de Nicolás II, que a su modo de ver no era ni más ni menos que un maniquí manejado por sus consejeros y pasó a tratar el tema de las subsistencias, reclamando del Gobierno su abaratamiento y la apertura de obras publicas "donde encuentren colocación los muchos obreros que huelgan por fuerza".
Los hechos del Domingo Sangriento iniciaron una cadena de protestas por todo el Imperio que por vez primera se vio al borde de una revolución: los campesinos ocuparon las tierras en algunas regiones negándose a entregar las cosechas a los terratenientes y las huelgas paralizaron las industrias También sirvieron para unir a la clase obrera de todo el mundo, que respondió unida ante la agresión e incluso, en otro bucle de la historia, en cierta forma llegaron hasta nuestra época, animando la lucha de quienes vivimos la transición española gracias a «El Acorazado Potemkim», esa película que supo dar un salto en el tiempo para contarnos los enfrentamientos entre humildes y los poderosos que se dieron poco después en el seno del ejército ruso. Y es que el mundo es un pañuelo y la sangre -ya se sabe- muy escandalosa.


FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR
____________________________________________________
 http://tintarojablog.wordpress.com
  El partido de los esclavos insurrectos.

Lo increíble se vuelve real, lo imposible se hace probable.

(León Trotsky, Mi Vida.)
 
La clase obrera, entra al nuevo siglo con grandes experiencias en sus espaldas. Los militantes revolucionarios, los que están fuera de la ley, van transmitiendo de generación en generación; el internacionalismo. Esa experiencia, en organización y programa, como también en tácticas y en la ideología socialista que les da un fundamento real, es heredada por la clase obrera para que esta no tenga que empezar cada vez desde cero. La historia y las luchas de la clase obrera por su emancipación, por conquistar el reinado de la libertad, el derecho al ocio y a la pereza, nos muestran la justicia de esto que decimos.
Desde Marx a las formulaciones más claras y actuales de Trotsky, hay una continuidad revolucionaria que se mantiene, pero que en la segunda posguerra del Siglo XX empezará a resquebrajarse.
Es esta continuidad histórica, desarrollada, criticada y superada bajo un mismo método (el del materialismo dialéctico) es el que permite a los revolucionarios del Siglo XX, – y también a los del XXI- recrear al marxismo, buscar y aprender de la tradición revolucionaria  y así luchar por el comunismo.
1905 significa “ensayo general”, una introducción, el preludio de la revolución socialista en la nueva era. En ésta se van a poner de manifiesto las nuevas formas de lucha y de organización, pero hay un elemento subjetivo de vital importancia: el partido revolucionario. Lenin cumple un papel clave en la historia acerca de esta cuestión. Inspirado en las mejores enseñanzas que dejo la gran revolución francesa, e incluso la rebelión de los esclavos en Roma antes de cristo, con Espartaco como figura visible, plantea construir un partido revolucionario, que pueda en los momentos decisivos inclinar la historia en  favor del verdadero progreso de la humanidad: la revolución socialista.

Antes de presentar una obra de teatro, e incluso una orquesta sinfónica, los actores hacen un ensayo general de lo que será la presentación en público. En el escenario de la lucha de clases, vamos a ver a los mismos actores, mismos papeles y música de fondo – la de los cañones y las guerras, y luego las canciones propias de la clase obrera revolucionaria- que se volverán a mostrar doce años mas tarde, en las revoluciones de Febrero y Octubre de 1917.
“Para Rusia, el movimiento de 1905 fue el ensayo general que había de preceder la revolución de 1917. Y lo mismo fue para mí. La decisión y la firmeza con que pude afrontar los sucesos del 17 nacían de ver en ellos la continuación y el desarrollo de aquella labor revolucionaria que vino a interrumpir, el 3 de diciembre de 1905, la detención del Soviet de Petrogrado.”
La revolución de 1905, tiene varios episodios, en primer lugar surge de una derrota.
El 9 de Enero, los obreros se contaban por millares, se concentraron frente al Palacio de Invierno, dirigidos por el cura Gapón, para peticionar ante el Zar, los derechos políticos mínimos e indispensables que todo régimen de dominio debería dar, para mantener la hegemonía sobre sus esclavos.
Sin piedad, los cosacos se lanzan contra la multitud, y abren fuego contra ella que sólo reclamaban ver al Zar.  “Según el informe de la policía, hubo ese día mas de mil muertos, y mas de dos mil heridos. La indignación de los obreros era indescriptible.”
Así empieza la revolución, con ese día, más conocido como el Domingo Sangriento.


FUENTE:  Tinta Roja blog
_______________________________________________________

 http://antoniocdelaserna.wordpress.com
 El padre Gapón, ¿revolucionario o infiltrado?
En 1903 el padre o pope Georgi Apollonovich Gapón formó la Asamblea de los Trabajadores Rusos ante las pésimas condiciones de vida de los obreros de San Petersburgo, además contó con la colaboración de la policía zarista en el afán de reducir el poder de otros grupos más radicales. Ya se rumoreaba en esta época que Gapón podría estar a sueldo de la policía. En 1904 las condiciones empeoraron con la subida de precios de los productos básicos y con la consiguiente caída del poder adquisitivo de los salarios. Cuando en la fábrica Putilov fueron despedidos de su trabajo cuatro obreros afiliados a la Asamblea, el padre Gapón organizó una acción de boicot que dejó sin luz la ciudad y que continuó con una huelga apoyada por 110.000 trabajadores. Con este apoyo Gapón se dirigió al zar presentándole las demandas de los trabajadores. Reivindicaron la libertad de los presos políticos y religiosos, libertad de expresión, educación universal gratuita, igualdad ante la ley, separación iglesia estado, creación de impuestos progresivos, entrega de tierras al pueblo, creación de comités de empresa, jornada de ocho horas, regulación salarial y un sistema de seguridad social estatal.
Estas peticiones fueron respaldadas por 100.000 firmas y Gapón convocó una manifestación pacífica para el día 9 de enero de 1905, a cuya finalización se entregarían las peticiones de los huelguistas en el Palacio de Invierno. Las autoridades de la ciudad prohibieron la manifestación, el zar había partido para Tsarskoe Selo el día anterior pero Gapón continúo con el proyecto.
El día 9 los huelguistas y sus familias se concentraron en seis puntos de la ciudad portando iconos religiosos. Se pusieron en camino hacia el Palacio de Invierno que se encontraba protegido por el Regimiento Preobrazhenski y la caballería cosaca. Cuando la muchedumbre se dirigía a la plaza del palacio los soldados abrieron fuego al aire para posteriormente volver a cargar sus armas y disparar contra los manifestantes. Al desorden producido siguió una carga de cosacos con las espadas en ristre.
Los huelguistas huyeron por todos los lados mientras los soldados cargaban contra hombres, mujeres y niños. Pese a este brutal ataque lo obreros lograron organizarse y reanudaron su avance obligando a los cosacos a retroceder sobre el rio Narva. Apenas les separabas escasos 50 metros cuando la infantería abrió fuego. Sobre el suelo quedaron cerca de 1.000 manifestantes muertos.
Según parece Gapón tenía conocimiento de que el zar no se encontraba ya en el palacio y que despareció de la manifestación poco antes de la carga de los cosacos. Otras fuentes apuntan a que permaneció oculto entre los cadáveres simulando ser un fallecido. Después de este domingo sangriento fue detenido disfrazado de obrero en una pensión de la ciudad pero antes publicaría el siguiente mensaje:
“A los soldados y a los oficiales que asesinan a nuestros hermanos inocentes, a sus mujeres y a sus hijos, a todos los opresores del pueblo, mi maldición pastoral. A los soldados que ayuden al pueblo a obtener la libertad, mi bendición. Les eximo de su juramento de soldados hacia el zar traidor que ha ordenado verter sangre inocente. Ya no hay Dios. Ya no hay Zar“.
La policía zarista le ofrece trabajar para ellos a cambio de salvarle la vida. Gapón acepta y se traslada a Suiza, como un exiliado, con 50.000 rublos proporcionados por sus nuevos patrones con el cometido de vigilar a la colonia de activista rusos en exilio, entre ellos Lenin. Los exiliados desconfían de él y, cansado de una vida austera y apartado de la comunidad rusa de Ginebra se traslada a la Costa Azul donde se dedica a despilfarrar el dinero. Cuando se le agota vuelve a Rusia de forma clandestina pero es descubierto por anarquistas, o por miembros del Partido Social-Revolucionario según otras fuentes, que descubren su doble condición de agente.
Se citan con el padre Gapón en una pequeña casa a las afueras de San Petersburgo donde es asaltado por una masa de obreros que le golpean y finalmente le ahorcan bajo una viga de la vivienda. Meses después se descubrió su cadáver.
                            El Zar Nicolas II y su familia

10 de febrero de 2013

La Pola milenaria poco tiene que ver con la villa actual

Fe milenaria

La Pola cuenta con entidad urbana, localización y comunicaciones para desafiar al futuro mediante ideas que aprovechen las potencialidades y contengan el declive demográfico reciente

Fermín Rodríguez / Rafael Menéndez / Pola Lena (Lena)
Pola de Lena es referencia urbana, histórica y actual, de la Montaña Central de Asturias. Puerta urbana que abre Ciudad Astur a los que llegan atravesando la Cordillera. Tan sorprendidos, hoy como ayer, al franquear los puertos y atisbar, desde el mostrador de la serpenteante autopista, el escaparate del mundo de la alta montaña, al que sus guardianes permanentes, la nublina y el orbayu, oscurecen sin previo aviso, para cegar al viajero y hacer sentir, al acongojado primerizo, que entra en otro país.
Así que la Pola fue y es el contraste civilizado frente a naturaleza tan desbocada. Por eso debe cuidar sus formas urbanas, comenzando por las que hoy son fachada principal de la villa carretera y también ferroviaria, ahora punto final de la modernización del ferrocarril que avanza con dificultad desde Valladolid.
Pola de Lena lleva siendo centro urbano desde tiempos medievales, cuando en el reinado de Alfonso X, allá por el siglo XIII, se hace cabeza de un inmenso conceyón que aseguraba el tránsito desde Asturias a la Meseta, además de constituirse en el núcleo civilizador de un extenso territorio de alta y media montaña, que hoy limita por el Sur el área metropolitana asturiana. Ocupación del territorio milenaria que se ha mantenido sin rupturas ni cataclismos desde el origen de los tiempos, para alimentar con dificultad a una federación de parroquias ganaderas y garantizar la función caminera para integrar en España al centro regional.
Pero la Pola milenaria poco tiene que ver con la villa actual, hecha por el carbón, el mercurio e, incluso, los altos hornos, que también tuvo en sus inmediaciones. El carbón la hizo de forma rápida y deslavazada, de ahí ese carácter de villa incompleta, con muchos recortes y medianeras. Las explotaciones mineras lenenses fueron desapareciendo y la villa volvió a su carácter residencial de siempre, pero con un volumen muy distinto al de la Pola tradicional y con una composición social también muy diferente, que va variando con el tiempo, siguiendo las vicisitudes y la edad del sector dominante.  
Pola de Lena logró crecer incluso en los duros años de la crisis de la minería. El auge hullero le permitió doblar su población y densificar su casco urbano, extendido desde la Caleya carretera al ensanche propio de villa ilustrada, con Casa Consistorial con pretensiones y plaza de la Iglesia con jardines y edificios públicos. Pero también el crecimiento mal controlado le hizo perder, al albur de modernidades apresuradas, el estilo de villa vintage, dificultando su transformación en pequeña ciudad (2.235 habitantes en 1950, 5.760 en 1970). Después, sus capacidades residenciales y la oferta de servicios escolares de calidad (Colegio del Pilar, Colegio Sagrada Familia, hoy fusionados, y los centros públicos) le permitieron mantenerse en las décadas del declive. La crisis la afrontó así con una continuidad del crecimiento urbano, a partir de su función de núcleo de residencia y de servicios para una creciente población de familias de mineros en activo y jubilados, que optaron por la Pola y no por otras localidades, percibidas como menos urbanas. Funciones que se sobrepusieron aquí a la tradicional especialización en actividades comerciales y terciarias para su red de parroquias.
La Pola tiene el corazón partido, como el propio concejo. Por un lado, la Lena de Yuso, la de les feries, relacionada con su antigua hijuela de Mieres con quien comparte barriadas y carbón, y, por otro, la Lena de Suso, la de las ferias, y el mundo ganadero, el que anida en los mayaos, brañas, caserías y erías, bajo las más altas cumbres de la arriscada cordillera. Para esa Lena «la ^sová ta n la Pola», donde estaban las ferias, el comercio, la conexión con el mundo y los que mandaban. Era la referencia de los pequeños mundos ganaderos, y sigue siéndolo. Una gran parte de la diferencia de Pola de Lena con Mieres está en ese espíritu vaquiru que hoy anida en las calles y casas de la Pola, y que utilizan los que viven en sus barrios para saber que la Pola es un poco diferente. Espíritu con el que se galvanizaron los que siguieron viniendo hasta los años finales del siglo XX, en los que la Pola llegó a superar los 9.000 habitantes, conformándose como uno de los más importantes núcleos urbanos secundarios del ámbito metropolitano y una de las polas regionales de mayor población. Pero en lo que va de siglo, el agotamiento comarcal, la pérdida de actividad económica y de empleo, los escasos nacimientos y el envejecimiento de la población han dado la vuelta al crecimiento anterior. Hoy cuenta con 8.555 residentes (8.883 en la parroquia, de los 12.545 del concejo). En la Montaña Central ya prácticamente ninguna localidad aguanta en sus niveles de población de principios de siglo, aunque Pola de Lena es de las que menos pierden, hasta el punto de haber mostrado durante las últimas décadas una evolución relativa mejor que Mieres, su mayor centro urbano.
Pola de Lena cuenta, sin embargo, con entidad urbana suficiente, una localización privilegiada en el principal corredor de comunicaciones regional y un casco urbano capaz de sostener aún crecimiento y mayor actividad. Pero no es así, la Pola se ha ido dejando arrastrar por el mal comarcal. Envejecimiento, pesimismo, desactivación, y adocenamiento cultural que llevan a la búsqueda de otras opciones territoriales. Urge pasar de la administración del declive a las apuestas de futuro, aprovechar las infraestructuras creadas y dar paso a las ideas, en un entorno de menos recursos para las políticas territoriales.
Para cambiar hay que atacar el mal en sus raíces. Activar, remodelar y creer en uno mismo. Abrir la posibilidad real de emprendimiento de la gente joven, más allá de la retórica política y social. En época de escasos recursos, habrá que dar paso a las ideas, ya que la abundancia anterior no resultó en una mejora de la actividad y el empleo, ni siquiera en el mantenimiento de los niveles demográficos.

Sama de Langreo ha perdido el «sabor» de su vida comercial

Un mercado de valores

                                      Escudo de langreo

El poeta salmerón Ricardo Labra recorre su villa natal, que ha perdido el «sabor» de su vida comercial y se busca en el nuevo mapa de una reindustrialización «sin alma»

Marcos Palicio / Sama de Langreo (Langreo)
El edificio del mercado cayó al amanecer, un día gris en los años ochenta. Aquel derribo, mirado con la perspectiva del paso del tiempo, es una metáfora para los ojos del poeta, algo así como «el hundimiento simbólico de Sama», la frontera que separa el antes del después en esta villa que ha visto desplomarse lo que era y que ya no ha vuelto a sentirse «el centro comercial más importante del valle del Nalón». Ricardo Labra, salmerón de sentimiento y compromiso, langreano de agudo resquemor por el tiempo perdido, pasa con pesar por delante del sustituto moderno de la vieja plaza de abastos, que hoy ocupa la misma manzana de siempre en un lateral de la iglesia de Santiago, pero que es física y esencialmente diferente, ya sin el rumor alborotado de los charlatanes que vendían de todo, de maquinillas de afeitar a navajas, de quesos a embutidos; sin «los animales que traían para portear las estructuras de los puestos» ni «la vida y los aromas del mercado» que remolcaba literalmente a la villa.
Cayó el edificio, se calló la plaza y a Sama, en aquel amanecer sucio de los ochenta, se le fue algo más que una construcción emblemática de su pasado. El inmueble sobrevive reconstruido de otra manera, «pero nunca más ha vuelto a funcionar». Detrás de su nueva fachada marrón, demasiado impersonal al decir de Labra, en la frialdad del gran supermercado que ahora ocupa el interior, ha quedado sepultado algo, afirma, «de aquella Sama finisecular que se va alejando poco a poco por las aguas de la memoria». No es sólo la demolición de la edificación ni la huida de los puestos del ferial, son los indicadores de un cambio de sentido, las alertas de un sentimiento de pérdida en el tránsito de una villa a otra. Alrededor de la plaza, «toda la zona está muerta», se duele el escritor langreano. «Y mira que tenía vida» cuando el niño que fue Ricardo Labra venía a comprar «con mi madre, con una ilusión enorme, engañado porque me decía que me iban a traer un burrín y yo venía aquí a preguntar cuándo llegaba. Todo ese sabor ya se ha perdido».
Esta Sama que no se parece a aquella, vuelve el poeta a la metáfora, es más bien hoy «una coronaria de Asturias». «Lo que ha ocurrido en Sama equivale de algún modo a lo que le puede pasar al Principado». Ni el nuevo mercado suple al viejo ni las minas dejaron más sustituto que aquellos polígonos industriales que querían ser, descifra Labra, «pistas de aterrizaje para que llegase Leviatán a poner el huevo. Pero Leviatán no tiene el vínculo con la tierra que tenían las antiguas empresas de la zona y el futuro se hace incierto si todo se construye sobre las subvenciones», concluye. La villa natal del poeta, aquella del río negro y las minas en el casco urbano, la de la campana de niebla que elevaban las industrias del entorno, está hoy limpia y cuidada, «tal vez nunca estuvo tan atildada, pero puede que la apariencia sea atrezzo, un oropel», que por dentro haya perdido en parte «la identidad, la fuerza». Habla Labra en el parque Dorado, a los pies de «La carbonera», una mujer de mármol con pañoleta y madreñas sacando carbón de una vagoneta empotrada en la peana que sostiene un busto del ingeniero Luis Adaro. Habla en uno de los escenarios donde Sama rinde tributo alegórico al apego con su identidad y su historia, a las mujeres que se buscaban la vida rascando el mineral sobrante en los vagones de transporte y que tampoco ha olvidado, como el poeta, que «esta zona fue el motor industrializador de Asturias. Por aquí se pasó de la Asturias rural a la industrial, esto fue una vanguardia en el movimiento obrero y una avanzadilla democrática y, si todo eso desaparece, el futuro se resentirá. El tejido social se empobrecerá si sólo somos una villa en la que la gente viva y se desplace a su trabajo. Hay que encontrar otras fórmulas, aunque sea difícil, porque Leviatán no tiene alma».
Es el canto a la mirada al futuro sin perder de reojo el pasado, al concepto difuso de la identidad y a la sensación de que al explorar alternativas fuera de la mina tal vez no convenía «una ruptura tan violenta. Es cierto que vivimos una revolución tecnológica avanzada, pero esto no es Silicon Valley. Aquí se pasó directamente del siglo XIX al XXI y si es cierto que no se pueden acometer las épocas nuevas con fórmulas viejas, también lo es que no conviene actuar sobre una zona con tanta historia con una óptica absolutamente nueva. He ahí el gran problema, el dilema en el que está inmersa esta zona», la encrucijada de todo el Valle y no sólo de esta villa que conserva en torno al Ayuntamiento la perimetría medieval y que no puede querer ser, porque nunca lo ha sido, una «ciudad-dormitorio» en exclusiva. Sama «es un sitio para dormir, vivir, sentir y morir, no un lugar sin alma».
Por eso sigue él aquí, ahora viviendo en La Felguera y sólo aparentemente solo, porque es cierto que el éxodo posindustrial se llevó a muchos de sus compañeros de quinta, pero también que le queda «una gran ventaja: las calles me hablan. Ése es tal vez el gran error de la gente mayor que se ha marchado a otra ciudad, que son exiliados, que no saben adónde ir, que se sienten solos. Yo aquí no puedo sentirme solo, la calle me habla». Es otra forma de hacer que el discurso regrese a la identidad, al vínculo entre el poeta y su villa.
La definición que mejor se le adapta toma prestadas las palabras que utilizó un día el periodista y escritor Juan Cueto, allí donde dijo que Sama era «la población más posmoderna de España». El retrato resulta de la elevación para mirar desde arriba la histórica capital langreana y de la vista de una villa que fue «una campana entera cubierta por toda la bruma de las industrias que había en La Felguera y Ciaño, pero abierta al mismo tiempo al mundo rural». A un paso del trazado más urbano del centro, concreta, Sama se convierte de inmediato en Rondera, en Costadarcu, «en ese universo totalmente agrario donde se daba esa economía mixta tan típica de las zonas mineras». Ricardo Labra sabe lo que hay porque  nació en La Casa Nueva, barrio viejo al otro lado de la vía de Renfe, exactamente en el número 10 de Hernán Cortés -hoy calle de La Casa Nueva-, en otro lugar de la villa donde se mezclan mundos opuestos. Aquí la vivienda baja, en la orilla opuesta de los raíles del tren la edificación residencial de clase media y el centro comercial y urbano, un área que creció tan de espaldas a esta zona que los edificios que limitan con la vía no tienen ventanas que den hacia aquí.
Labra, de oficio «descifrador de significados», todavía identifica Sama por sus sonidos. A la sola mención del topónimo de la villa vuelve a oír el eco fundido de aquellos dos mundos limítrofes, «las esquilas del ganado y el trepidar del valle entero con los sones industriales, los turullos de las fábricas de La Felguera y el eco del río, porque puede que haya pocas poblaciones en las que tenga tanta importancia el río. Sama siempre estuvo además llena de campanas, la de la iglesia, la del Ayuntamiento... Incluso creo que sonaba la cúpula del edificio de Ridruejo que estaba en la esquina entre la carretera general y la calle Soto Torres y que alguien decidió tirar cometiendo un atentado urbanístico de primera magnitud que cambió la fisonomía de Sama». En esta memoria con banda sonora suena todo eso y alrededor muchos trenes, porque «la vía era un cinturón que cruzaba toda la red urbana y estaba llena de ellos: el de Modesta, el que iba a Duro Felguera, Renfe, Feve...». «Siempre digo que soy una planta del río Nalón», persevera el poeta, y que «Sama es una buena medida del mundo, en el sentido de que hay personajes que se pueden encontrar en cualquier ciudad, el noble y el villano, el inteligente y el bufón...».
Sin nombrar, porque sería «peligroso», «los grandes personajes de una ciudad son los que en una novela formarían parte del inframundo, del mundo marginal», pero Ricardo Labra, el poeta, no puede marcharse sin mencionar a Eugenio Torrecilla, escritor y alma de una tertulia literaria «que iluminó esta zona durante tantos años». Él, que vive aún en «los siete pisos», el edificio racionalista que envuelve el cine Felgueroso, fue y sigue siendo «esa luz intelectual» sobre esta Sama con su «gran sabor de personajes» y su arquitectura peculiar, de un eclecticismo atrayente para el que sabe mirar o da con el guía adecuado. «Esto es de la Rusia de "Crimen y castigo"», señala Labra un edificio que se incendió hace poco en La Casa Nueva. Aquel otro, azul, con adornos blancos, recién restaurado frente a la estación de Renfe, «es Portugal»... Por eso siempre vuelven a Sama, destaca Ricardo Labra, todos los viajeros con sombrero que pintaba Eduardo Úrculo, salmerón ilustre. Es aquí adonde viene Williams B. Arrensberg, ese otro viajero de bronce salido de las manos del artista langreano, plantado con el equipaje a los pies en la plaza de Porlier de Oviedo, mirando a la Catedral. «Ahí paraba el Carbonero», explica Labra, «está esperándolo para volver a Sama».