29 de septiembre de 2012

Jesús Ibañez (de Urbies-Mieres)

 Un día en la prisión de Forest

Jesús Ibáñez, natural de Urbiés, fue detenido y recluido en la cárcel belga cuando regresaba de Moscú, donde había representado a los obreros españoles en la Internacional Comunista

 

La región de Bruselas es una de las tres que componen Bélgica y está dividida a su vez en 19 municipios. Uno de ellos es el de Forest, donde se emplaza una de las prisiones más conocidas de Europa, cuyas celdas, a largo de su dilatada historia, han visto pasar a miles de presos. Allí estuvo también nuestro inefable Jesús Ibáñez, detenido en 1921 cuando regresaba de Moscú, adonde había acudido junto a Joaquín Maurín, Andréu Nin, Hilario Arlandis y Gastón Leval, representando a los obreros españoles en la Internacional Comunista.
En otra ocasión ya les conté las anécdotas del viaje de ida, que seguramente recordarán quienes las leyeron en su día porque incluían aquella pelea surrealista entre nuestro personaje y el santón de una comuna nudista alemana al que le disputó los favores de su compañera. Hoy tengo la fortuna de dar conocer los detalles de lo que ocurrió a la hora del retorno, gracias una documentación completamente inédita que me ha traído de Bélgica el turonés Jorge Varela.
Varela vive en aquel país desde diciembre de 1963 y reside habitualmente en Waterloo, lo que sin embargo no le impide ser uno de los referentes culturales de su valle, ahora que las nuevas tecnologías han acabado con las distancias físicas, y desde allí coordina la página «elvalledeturon.net» que les recomiendo vivamente que visiten para que entiendan por qué se ha convertido en un modelo imitado por otros pueblos de España que quieren dar a conocer sus cosas.
Nos conocemos desde hace unos meses y solo nos hemos visto en persona dos veces. En la primera conversación le hable de Jesús Ibáñez, que como nació en Urbiés es también objeto de su interés; le conté que el revolucionario había pasado por las cárceles de media Europa y entre ellas la de Bruselas, y él me prometió que iba a buscar allí lo que pudiese. En el segundo encuentro, de nuevo en Turón, me entregó un dossier completísimo con las fotocopias de los informes policiales y del presidio, incluyendo una ficha de detención que nos proporciona la única fotografía de la juventud de Ibáñez de la que disponemos hasta el momento. Pueden suponer hasta que punto le estoy agradecido.
Hasta el momento sabíamos que la detención de Ibáñez se había producido en Stettin, por donde los españoles regresaban de Moscú y se les esperaba por su supuesta complicidad en el asesinato del presidente del Gobierno Eduardo Dato. El episodio lo contó el mierense en sus memorias, dando cuenta de su declaración inculpándose del hecho para que sus compañeros pudiesen seguir viaje: «Yo he matado al presidente Dato. ¡Ya lo he dicho! ¿Está claro?». Maurín hace esfuerzos por comprender. Una guiñada mía le tranquiliza: se da cuenta de que mi intención es despistar a la policía para que puedan embarcar los otros.
El Comisario agarra el teléfono y llama a Berlín: -En nuestro poder, Toño el de Santoña. El que estuvo encarcelado en Berlín... ¡Sí! ¡Convicto y confeso!».
Ahora, podemos saber como siguió su viaje cuando fue puesto en libertad. Una carta -que como el resto, debo traducir del francés- avisa de su llegada a Bélgica. La firma el marqués de Vilalobar desde la embajada de España en aquel país y va dirigida el 18 de octubre de 1921 a Louis Gonne, Administrador-Director general de la Seguridad Pública y las Prisiones: «Confirmando la conversación que he tenido por teléfono con usted esta mañana, pongo en su conocimiento que el Embajador del rey mi Augusto Soberano en Berlín me informa con urgencia que un anarquista peligroso proveniente de Rusia, de nacionalidad española, llamado Jesús Ibáñez Rodríguez, ha partido para París el 17 del corriente por la tarde, desde Berlín, seguido por el agente de policía alemán llamado Ludwing, por Colonia. El embajador me indica la conveniencia no solamente de que sea seguido aquí sino también de que las autoridades belgas prevengan a las francesas en el momento en que este individuo pase a Francia?»
Ibáñez fue detenido el 21 cuando el rápido Ostende-Viena llegó a la estación de Aix-La-Chapelle, la actual Aachem, una ciudad alemana, que en aquel momento, tras el final de la I Guerra mundial estaba en poder del ejército de ocupación.
La prensa dio la noticia añadiendo que sus maletas contenían numerosos documentos relativos a la propaganda comunista. Al día siguiente ingresó en la prisión de Forest donde se realizó su ficha completa, incluyendo mediciones, descripción, huellas y fotografía, y apenas 24 horas más tarde fue conducido a la frontera francesa. En este tratamiento sorprende tanto la prisa por sacarlo del país como la impresionante burocracia que generó su breve ingreso y que se vio complicada además por la reclamación, como veremos más abajo, del dinero que se le requisó en aquel momento.
Por otro informe manuscrito, con el membrete de la brigada de información de la Gendarmería Nacional, conocemos que a las 13 horas del día 22, el mierense, acompañado por dos agentes fue subido a un vagón de 2ª clase en la estación de Bruselas rumbo la estación de San Quintín, ya en la región francesa de Picardía, donde debería esperar por su cuenta al tren siguiente, ya que el tenía un billete de 3ª desde Berlín hasta París y el convoy belga solo disponía de 1ª y 2ª clases.
El trayecto de la prisión de Forest a la estación de ferrocarril se hizo en taxi y el policía que redactó el escrito consideró interesante reseñar las opiniones que Ibáñez no se recató en expresar. Según él, iba a dirigirse al ministro de Justicia Emile Vandervelde para pedir el dinero que le habían requisado en la cárcel y que pensaba enviar a su familia.
Jesús Ibáñez había conocido en España personalmente a Vandervelde, abogado y político socialista belga, que en aquel momento era uno de los dirigentes de la segunda Internacional, y aprovechó el momento para acusarle de reformista ante sus acompañantes, por haber dejado que le detuviesen en un país libre. Pero no contento con esto, quiso dejar claro que pensaba «que no sería necesario más que un solo pasaporte para viajar por todos los países del mundo, pero que esta facilidad no podrá darse hasta que todos los monarcas sean estrangulados o tengan la cuerda al cuello». Lógicamente, la opinión que el alarmado policía pasó a sus superiores no pudo ser otra: «Rodríguez parece ser un anarquista decidido?»
Una vez en España, no tardó en volver a caer en manos de la policía y fue detenido en el centro obrero de Oviedo y trasladado a Madrid. El 5 de noviembre de 1921, el director general de Seguridad Millán de Priego informó a la prensa de su llegada a la capital y de su rotunda negativa a colaborar en los interrogatorios a que se le sometió». Su respuesta ante el comisario Fenol, jefe de la Brigada Social, quien luego acabaría participando en la captura de los verdaderos asesinos del presidente del Gobierno, fue lo suficientemente explícita:
-¿Por qué declaraste que habías matado a Dato y ahora lo niegas todo?
-Porque podía probar que no era cierto, puesto que estuve detenido cuando ocurrió el hecho y se me puso en libertad por falta de pruebas. Mi declaración despistaba y facilitaba la huida de Casanellas?
Desde Madrid fue trasladado de nuevo, en esta ocasión a la Cárcel Celular de Barcelona, el feudo del siniestro gobernador Severiano Martínez Anido, inventor de la Ley de fugas, pero lo único que consiguieron fue hacerle coincidir en la misma galería, en «La Especial», con lo más granado del anarquismo ibérico que en aquella década combatía a tiros el pistolerismo de la patronal: El Noy del Sucre, Ángel Pestaña, Elías García Segarra, Juan Bautista Acher, Víctor Sabater, Martí Colomé?
El recuerdo de la prisión belga le acompañó siempre, y años después, en sus memorias tuvo tiempo de recordar el silencio de tumba que se vivía entre sus paredes y el buen estado de sus instalaciones: «Modelo de higiene: se ve uno retratado en el estuco de sus paredes» -y él sabía mucho de estas cosas-. Otra cosa fue la diligencia de sus funcionarios a la hora de devolverle los 93,50 marcos y 25 dólares que le habían requisado y que aún en Barcelona seguía reclamando, adjuntando siempre la dirección de Josefina, su mujer, para que los enviasen hasta Oviedo.
En el archivo de Forest se encuentran las peticiones, con sus correspondientes respuestas, y entre ellas una carta manuscrita por el revolucionario, desde Barcelona, escrita en un correctísimo francés. Jesús Ibáñez nunca deja de sorprendernos.

Fuente:  ERNESTO BURGOS, HISTORIADOR

Belén Sárraga (lider republicana)

http://www.lne.es/

Belén Sárraga, martillo de beatas

La líder republicana pronunció en 1899 un discurso multitudinario en Mieres en el que arremetió sin piedad contra los privilegios de la Iglesia católica.







El 12 de septiembre de 1899 Mieres fue el escenario de un acto multitudinario dirigido por una mujer revolucionaria y anticlerical que llegaba precedida por su fama de buena oradora y el fuego de unos discursos en los que arremetía sin piedad contra los privilegios de la Iglesia católica.
Belén Sárraga era militante del Partido Republicano Federal, con implantación en la villa y conocida por atacar a la monarquía y sobre todo a la religión. Unos días antes, en Gijón, el más popular de los republicanos asturianos, Melquiades Álvarez, se había negado a compartir la presidencia de un acto junto a ella, defendiendo la postura de que el liderazgo político era solo cosa de hombres. Combatir aquella idea, de la que participaban todavía muchos de sus compañeros progresistas, estaba entre los objetivos de aquella joven, que instaba a las mujeres a que educasen a sus hijos en los valores del librepensamiento.
Antes de entrar en Asturias, había visitado Santander con un éxito extraordinario, como podemos leer en la crónica de uno de sus mítines, publicada por el diario «La Vanguardia». Fue el que se celebró en el teatro de aquella capital a las nueve de la noche del jueves 31 de agosto, con tanta asistencia de público que, una vez lleno el recinto, aún se había quedado en la calle una infinidad de personas. Un periodista contó así su intervención, por cierto con un pésimo estilo literario:
«Doña Belén Sárraga se presenta en el proscenio, siendo acogida con una salva de aplausos, dice que está convencida del entusiasmo de la juventud republicana, afirma que en España no existen sentimientos religiosos, sino una verdadera hipocresía, y manifiesta que nuestra decadencia es debida al clericalismo. Cree que el fraccionamiento de los republicanos se debe al jesuitismo. Concluye haciendo votos por que la mujer adquiera la conciencia de su misión y coadyuve a la obra del progreso (grandes aplausos). Una niña de un obrero regala a la oradora un ramo de flores; una comisión de mujeres, esposas de los obreros, la regalan una escribanía de plata. La señora Belén Sárraga recitó luego una poesía dedicada a la libertad».
Aquella mujer era un verdadero fenómeno social capaz de congregar a cientos de seguidores en una época en la que, como hemos visto, los discursos estaban vetados a las mujeres y representaba todo aquello que la Iglesia condenaba: fue republicana y libertaria, revolucionaria, librepensadora, atea militante, masona y hasta espiritista.
También figura en algunos textos como precursora del feminismo, aunque su visión acerca del papel que las mujeres debían jugar en la sociedad, no coincide con lo que este movimiento viene defendiendo en las últimas décadas y estaba condicionado por su obsesión anticlerical.
Para ella, la culpa del mal gobierno y de las desigualdades no la tenía la monarquía, sino el control de la Iglesia, de forma que la marginación de la mujer, provenía de esta institución, que frenaba constantemente el progreso de la Humanidad. En esta línea, la confesión con el sacerdote era la mayor de las inmoralidades que podía cometer una esposa, ya que le contaba a un hombre que no era ni su compañero, ni su padre, ni su hermano, los pensamientos íntimos que no debían salir de la pareja.
«Hay otra religión que llama a la mujer y es la religión del Hogar?¡He aquí la misión de la mujer!», llegó a decir en una entrevista para explicar cual debía ser el papel de su sexo en la sociedad progresista.
Seguramente esta opinión le pone los vellos de punta a cualquier feminista moderna, pero ella la defendía basándose en la suerte de su propia experiencia junto a Emilio Ferrero Balaguer, un hombre modelo y discreto, que siempre la acompañaba desde un segundo plano y que, a pesar de que también era buen orador, solo en contadas ocasiones compartía tribuna con ella.
Belén Sárraga se había dado a conocer en 1893 cuando solo tenía 19 años y era una de las primeras estudiantes de Medicina en la Universidad de Barcelona, desafiando a quienes consideraban que aquella profesión debían ejercerla únicamente los varones. En aquel momento participó en las protestas contra el obispo de la capital catalana, quien había condenado como heréticos los manuales de Geología, Zoología y Botánica del profesor Odón de Buen instando a las autoridades académicas a que lo expulsasen de su cátedra.
Juntó a él inició la Asociación General de Librepensadores de España, entre cuyos fundadores también estaba el vizconde de Torres, conocido espiritista, que la puso en contacto con ese mundo. Luego ya intervino en otras movilizaciones y en el verano de 1896 pasó tres meses en la cárcel acusada de instigar una manifestación de mujeres contra el envío de soldados a la guerra de Cuba.
A finales del mismo año se inició como francmasona en la logia Severidad de Valencia, dependiente del Gran Oriente Ibérico; pocos meses más tarde ya era Sublime Maestra, según el Rito Nacional Español, e iniciaba una carrera masónica que iba a culminar en 1916 alcanzando el grado 33 dentro de la Federación Argentina de El Derecho Humano, una obediencia en la que trabajan en completa igualdad hombres y mujeres y que actualmente funciona con regularidad en Asturias. Aunque, como ella nunca pudo encontrar asiento en ninguna norma, acabó siendo irradiada de la Masonería por sus discrepancias con sus hermanos de mandil.
Situándonos en aquel septiembre de 1899, los republicanos mierenses lo prepararon todo para que la visita se convirtiese en un acontecimiento local y parece que lo lograron si hacemos caso de la carta que envió poco después al diario «El Noroeste» uno de sus representantes más conspicuos, José Rodríguez Bernardo. Veamos la reseña:
«Mieres. Sr. Director de El Noroeste. Distinguido compañero y señor mío: El martes, 12 del actual, se celebró en esta villa el último mitin que por este verano dio en Asturias la ilustrada e incansable propagandista doña Belén Sárraga, de Ferrero.
El acto resultó grandioso y cual nunca han visto otro igual los vecinos de esta industriosa villa. El local al objeto destinado, con ser muy espacioso, resultó deficiente para dar cabida a aquellas multitudes que, en actitud hermosa y correcta, se apiñaban para oír la voz de doña Belén. Una vez terminado el mitin, en el que reinó un entusiasmo indescriptible, se celebró un banquete en el Círculo Republicano, donde, por iniciativa de la Sra. Sárraga, quedó constituida una agrupación de librepensadores.
Tengo noticia de que en Gijón, Oviedo, Trubia y La Felguera, quedaron también esos grupos constituidos; permítame que desde las columnas de su popular diario salude a todos los que forman parte en dichas agrupaciones, y excite a todos los que amen el bien y la libertad, para que ingresen en ellas. Gracias por todo y mande como guste a su aftmo. S. S, q. b. s. m., José Rodríguez Bernardo».
Desconocemos cual fue el lugar en el que se concentraron «aquellas multitudes», aunque sabemos por la documentación que se conserva en el archivo municipal que los partidos solían convocar a sus mítines en los amplios lagares que en aquel tiempo alegraban la vida de la población como el de don Martín Estrada «Martinín», en Oñón, o «El Llagar de Luís», aunque para asambleas más reducidas también llegaron a hacerse llamamientos en espacios particulares como la casa de don Gerardo Molleda en La Villa.
En cuanto al Círculo Republicano, que durante décadas fue una institución admirable, tanto por el trabajo responsable de sus miembros, como por la estatura moral de quienes en su nombre ostentaron concejalías en el Ayuntamiento, se ubicaba en el número 29 del barrio de Requejo, la zona más poblada de aquel Mieres finisecular. Allí abrió también sus puertas el Centro Obrero, después de pasar por el número 17 de Oñón.
Sus amplias instalaciones fueron aquella tarde el digno escenario donde Belén Sárraga constituyó su asociación librepensadora, como también serían poco después el aula elegido por los profesores de la Extensión Universitaria para impartir sus lecciones y conferencias ante una audiencia numerosa que hoy se echa de menos en los escasos actos culturales que se convocan en esta villa.
No queda espacio para seguir contando más detalles de la apasionante vida de Belén Sárraga, solo decir que dedicó su existencia a luchar contra la Iglesia católica fundando numerosas asociaciones anticlericales por toda Sudamérica y que, tras regresar a España para vivir activamente la política de la Segunda República, acabó exiliándose definitivamente en México. Allí falleció en 1951 a los 77 años de edad. Como se supondrán, en su entierro no se rezaron responsos.

Fuente:  ERNESTO BURGOS HISTORIADOR.

Bustiello

 El Poblado Minero de Bustiello


 
El poblado de Bustiello constituye una excepción dentro del patrimonio industrial asturiano: un conjunto levantado entre 1890 y 1925 por la Sociedad Hullera Española, una relevante empresa minera del grupo industrial del Marqués de Comillas – Claudio López Bru, II marqués de Comillas, hereda un consorcio basado en los negocios coloniales y lo consolida desarrollando nuevas formas de carácter industrial, creando un auténtico grupo corporativo – una iglesia (fue la primera construcción y a partir de ahí se construye el resto del pueblo), un monumento, un casino, una escuela, un sanatorio…y los alojamientos, para ingenieros y obreros, que responden a un cuidado plan de conjunto y un esmero estético inusuales. Para descubrirlo y comprender las claves del “paternalismo industrial” que ejemplifica, el recorrido debe iniciarse en el Centro de Interpretación ubicado en uno de los antiguos chalets.





 

Una columna estratigráfica (en el interior) refleja la posición y características de los yacimientos mineros. La tipología se atiene al calibre de la hulla tras su preparación mecánica: hay granos (galleta, granza y grancilla) y menudos, que junto con el cribado y los finos completan este repertorio.
La riqueza minera que tradicionalmente fue, para los aldeanos, un combustible barato que obtenían artesanal y precariamente para caleros, tejerías o fraguas, fue vista como un recurso importante para el progreso económico de España durante la Ilustración.
Los estudios de Schulz determinan la posición y características de los depósitos, sentando las bases para la futura industria hullera regional.
La primera guerra mundial espoleó la producción y algunas medidas proteccionistas mantuvieron cierta bonanza hasta la guerra civil; técnicamente, es entonces cuando comienzan a profundizarse pozos mineros, sustituyendo, progresivamente, los antiguos grupos de montaña.
Con la crisis, patente ya en los años 60: la solución será la nacionalización de las minas. La constitución de Hunosa en 1967 supondrá el fin de la gestión privada y el comienzo de una nueva época.
Bustiello, un poblado minero modelo, se emplaza en una zona sin pasado urbano y conectado sólo a través de un puente metálico que salva el río Aller con la antigua carretera de Boñar a Campo de Caso. Dotado de las instituciones, servicios y lugares de ocio necesarias para los residentes en estos alojamientos.
Se jerarquiza atendiendo a una «urbanística patronal» que estructura el poblado en bandas adaptadas a la topografía (dos planos diferenciados) y presididas por el centro cívico en el plano superior, que canaliza los accesos desde el puente y donde se hallan los elementos más representativos. Las viviendas, situadas en el plano inferior, pareadas rodeadas de huerto siguiendo modelos franceses de fines del XIX resulta excepcional y permite relacionar Bustiello con experiencias de la época, como la «ciudad jardín».



 
Arquitectónicamente, posee valor por la adopción de corrientes estilísticas vigentes entonces en Cataluña (historicismo o modernismo) en algunas piezas, junto con elementos incorporados de la tradición asturiana (galerías, buhardillas, etc.), logrando obras de calidad. En la zona existen edificaciones diseñadas por Gaudí
Por su esmerado tratamiento artístico destacan la iglesia de San Claudio (1890), el Círculo Obrero (1894), el sanatorio (1902) y la escuela de niños (1906), pero resultan de interés también las viviendas y el monumento al II marqués (1925).